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Stranger Things 2 suma fantasía y fascinación por los años 80

La segunda temporada de esta serie adictiva ya está aquí para demostrar dos cosas: que el mal siempre regresa, y que los 80 nunca pasarán de moda.
30.10.17
Todas las fotografías cortesía de NETFLIX

Ahhh, los años 80. El walkman a toda pastilla, las Nike Air Max saltando por las aceras, neones alumbrando cada visita al videoclub, y horas machacando los botones para superar el récord del Pac-Man en el salón recreativo. Por aquel entonces, los aires crepitaban con la amenaza atómica, nadie consideraba hortera el desparpajo chillón, el respeto se ganaba bailando,… y podía haber un monstruo al girar cualquier esquina.

Stranger Things 2 exalta la nostalgia ochentera hasta niveles estratosféricos, trayendo de vuelta la excitación de un grupo de niños que se topan de frente con el terror en forma de todo un plano de existencia paranormal, el mundo del revés. En la primera temporada de esta serie de culto ya descubrimos que la pequeña localidad de Hawkins es altamente propensa a lo desconocido, y en esta segunda entrega el mapa de aventuras y ciencia ficción va a extenderse más allá de lo imaginable.

La fascinación que provocaban las secuelas en los años 80 queda homenajeada a lo grande desde un momento iniciático y ritual: en pleno crescendo de la sintonía de la serie, un 2 gigante se estampa sobre el logo de Stranger Things, con un fulgor sobrenatural y la expectación latiendo a más no poder en nuestras sienes.

Ha pasado casi un año, estamos en 1984 y los habitantes de Hawkins (Indiana) tratan de olvidar los estragos causados por el Demogorgon y el Mundo del Revés, que provocaron la desaparición de Barbara "Barb" Holland y causaron un trauma enorme en el pequeño Will Byers, quien estuvo atrapado por un largo tiempo en esa siniestra dimensión alternativa. Nadie está seguro de si Will está recuperado del todo, pero mientras su madre y su hermano le sobreprotegen, se acerca la cita más importante del año para Will, Mike, Dustin y Lucas: la noche de Halloween. Menudo escenario para un regreso a las infiernos, ¿no crees?

La legión de seguidores de Stranger Things es adicta a los sustos retro, por eso el segundo volumen de las aventuras en Hawkins eleva a la enésima la imaginación fantástica de los años 80, una década donde el cine de género eclosionó gracias a una creatividad renovada, potenciada por las mejoras tecnológicas. El éxito de películas como Star Wars y 2001: Odisea del Espacio provocó que por aquellos tiempos las pantallas fueran invadidas por multitud de mundos imposibles, repletos de monstruos, robots, magia, láseres ,viajes temporales y la eterna lucha entre el bien y el mal. Los 80 eran el futuro: por eso, más que volver constantemente, lo cierto es que nunca se han ido.

El descenso del colorido universo de Hawkins hacia las sombras del misterio está plagado de referentes de la época, desde los fascinantes looks de sus habitantes, hasta la impulsiva conducta de nuestros héroes frente al peligro. Los personajes de esta serie representan como nadie la actitud de aquellos tiempos de stupid phones & smart people. En esta fábula moderna, el hedonismo de los 80 le planta cara al horror.

Incluso en el momento más crispado de una crisis a amenaza hay un respiro para la despreocupación, una broma ingeniosa que destensa el ambiente, o algún invento casero que insufla esperanzas en los pequeños héroes del instituto. La serie logra transmitir con un encanto innegable aquella sensación de autenticidad de la era Reagan, los encuentros en la tercera fase y la paranoia nuclear, cuando incluso lo fantástico parecía más real.

No hace falta ser un genio para darse cuenta de que las cosas no están del todo bien dentro de la cabeza del tímido Will Byers. Desde que en el epílogo de la primera temporada el niño escupe una babosa alienígena a escondidas en el lavabo de su casa, nadie duda de que el peligro no había acabado. Ahora, con el Halloween a las puertas, su fuero interno resbala espontáneamente hacia horizontes de locura demoníaca: cada tanto, Will se pierde en ensoñaciones del Mundo del Revés, donde la realidad se transforma en una tierra gris y yerma, y entre las nubes negras de una tormenta poltergeist aflora una criatura de sombras, un titán de dimensiones colosales y formas de pesadilla.

¿Tienen algo de real las visiones de Will, o son solo consecuencia de un trauma profundo? ¿Pueden hacer algo por él su madre, su hermano Jonathan, o el entrañable sheriff Hopper? ¿Y dónde está Once? ¿Cómo han pasado este curso sin ella Mike y el resto? Y bueno, ya que estamos, ¿sigue saliendo Nancy con ese fanfarrón de Steve Harrington? Las preguntas se multiplican en la segunda temporada de Stranger Things, aunque tal vez no deberíamos descuidar la más importante: ¿De qué van a disfrazarse para Halloween Mike, Lucas, Will y Dustin? ¡Por supuesto, de Cazafantasmas! El disfraz de los freakies del pueblo no podía ser menos que genial y absolutamente ochentero, y a partir de ahí, el medley de homenajes a los fabulosos años 80 está servido, empezando por el trailer de la segunda temporada, con fabuloso inserto del speech de Vincent Price en el Thriller de Michael Jackson incluido. No vamos a destriparlos aquí, solo diremos que atentos los fans de Los Goonies, Evil Dead o Pesadilla en Elm Street.

Mención aparte merece la rutilante discoteca de la serie. Si uno de los primeros ganchos de atracción fue su sobrecogedora sintonía, con la que los músicos Kyle Dixon y Michael Stein recrean el aire de las películas de miedo y ciencia ficción de los años 80, la nueva temporada de Stranger Things se convierte en otro viaje onírico entre sintetizadores ambientales, rematado con picos emotivos gracias a canciones como Whip it de Devo, Time after time de Cindy Lauper, aquella chica que, contrariamente a lo que se suele pensar, no siempre se divertía, y el candoroso Runaway de los primeros Bon Jovi, que encaja a la perfección con la huida de uno de los personajes clave de la serie.

Stranger Things regresa para inyectarnos las retinas, hacernos flotar los oídos y volarnos la cabeza. Aquí empieza el baile de fin de curso definitivo, uno al que están invitados monstruos, jóvenes ocultos, y lo que sea que esté creciendo bajo el suelo de Hawkins. ¿Vas a acercarte a mirar, o seguirás escondiéndote tras la manta? Shhht, no hables, solo mira las luces: un parpadeo para decir sí, dos parpadeos para…