Cultură

ArteBA o la permanencia de un Oasis

Paseamos por la edición número 27 de la feria de arte contemporáneo en Buenos Aires.
La Pantera Rosa con Julia Converti, directora de la feria ArteBa

Artículo publicado por VICE Argentina

Que el mundo cambia desde el lugar donde se lo mira es un hecho conocido hasta por un antropólogo de pregrado; por ello, y para tener una visión diferente de la emisión de #arteBA respecto al año pasado, decidí beber menos en aras de tener una mejor comprensión de su complejidad. El reto no ha sido menor, puesto que aunque se encontraban ausentes colegas de armas tomar a la hora de celebrar el arte contemporáneo —sobre todo bajo la disponibilidad irrestricta de champagne— en esta ocasión a quien le tomaron la foto cuando ya no daba más fue a la Pantera Rosa, que lucía más bien desencajada.

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Lo primero que llama la atención en relación a la Feria del año pasado es la disposición de espacios y la sensación de amplitud entre pasillos, que tornaron los recorridos más dinámicos, con una sensación de vastedad que hace del espacio de La Rural un sitio camaeleónico por excelencia. Cuesta trabajo no sólo pensar que hace apenas unas semanas este mismo lugar estaba alfombrado y repleto de toneladas de material impreso debido a la Feria del Libro, sino que en julio próximo este mismo espacio será de nuevo la sede de la Exposición Ganadería, Agricultura e Industria Internacional de la Argentina, plena de bosta, quesos, curtiembres, vacas y cerditos.


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A las secciones estables como U-Turn Project Rooms (curada por Magalí Arreola), Solo Show Zurich (curada por José Luis Blondet, quien tuvo un papel protagónico en Pacific Standard Time: LA/LA, la mega exposición californiana cerrada en enero), el Open Forum (que giró en torno a las razones y pasiones del coleccionismo), el Performance Box (curado por Rodrigo Alonso), Barrio joven (sin duda la parte más floja de la Feria, curada por Miguel A. López y Santiago Villanueva) se sumó el apartado nuevo Stage Irsa, que nucleó a galerías jóvenes con menos de cinco años de existencia o que previamente hubieran formado parte de Barrio Joven. Esta curaduría estuvo a cargo de Ana María Batizztozzi, Orly Benzacar, Eduardo Brandão y Sabine Schmidt, quienes fueron también los responsables de la fantástica Sección Principal, que este año —con un número de adquisición de pieza mayor al anterior— brilló por la calidad de las obras, por su compleja heterogeneidad y sobre todo por el diálogo permanente entre la exhibición de artistas consagrados, proyectos en plena (re)evolución y el atisbo de algunas jóvenes promesas. Pocas, si precisar es necesario.

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Una mención aparte merece el espacio dedicado a Isla de Ediciones, curada en esta ocasión por Santiago García Navarro y Nancy Rojas. Este espacio, signo que caracteriza y singulariza a a la feria, se vuelve notable no sólo por la calidad de los materiales presentados y el diálogo transversal que presuponen sus foros y debates, sino porque a través de la exploración del libro como un dispositivo complejo más allá del lugar en el que lo coloca tradicionalmente la literatura desborda por mucho sus papeles asignados —de corte más bien conservador y utilitario— y lo vuelve una auténtica bomba molotov: ya sea que se piense desde el soporte y el diseño, el marco conceptual o la pieza artística.

Isla de Ediciones

Atentos a lo debates más álgidos del presente, no sólo se presentó Arte y Feminismo y arte latinoamericano de Andrea Giunta, o Mauricio Marcín dio a conocer el funcionamiento, los alcances y las estrategias de incidencia urbana desde el arte contemporáneo de un lugar como Aeromoto en la ciudad de México; también hubo recapitulaciones sobre experiencias de la militancia queer y feminista, y como plato principal se presentó el fantástico proyecto editorial del MUAC-UNAM con la presencia de la editora Ekaterina Álvarez y el curador en jefe del museo, Cuauhtémoc Medina, recién llegado de la bienal de Shangai de la que ha sido el curador este mismo año y quien contestó amablemente unas preguntas, en su carácter “provisorio y degradado de librero”, grado que suscribió con picardía.

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VICE: ¿Qué opinión te merece #arteBa en el contexto latinoamericano?

En los últimos años ha habido un desarrollo muy interesante de varias ferias que han ido perfilando un circuito latinoamericano, tanto ArtBO como MACO en México y la feria de Río en un primer escalón y luego ferias como la de Lima o el Chaco. Todas juntas han creado una suerte de mercado expandido. Por una parte tiene que ver con el corrimiento donde la galería se ha convertido en una especie de oficina coordinadora del mercado que está ocurriendo en las ferias. Es un hecho que estos enclaves artísticos se han vuelto un enclave tanto regional como global. En ese sentido arteBA ha sido uno de esos motores, personalmente encuentro fascinante su proceso de maduración, dentro de un esquema muy característico en el mundo de habla hispana que es una combinación del mercado puro y duro, una serie de iniciativas institucionales y la sinergia de la interveción de los artistas en tratar de tener un espacio de visibilidad que en el caso de Argentina se benefició de la falta de una estructura institucional operativa. Hoy existe una condición renovada donde varios de los espacios museísticos tanto del país como de la provincia tienen ya una textura sólida y compleja.


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Algo distinto al caso mexicano…

La lógica posrevolucionaria mexicana fue capturar el campo de la cultura como uno de los modos de renegociación del desorden. La hipótesis de Vasconcelos era que se trataba del instrumento con el cual se iba a pacificar el país. Ello generó una relación muy especial donde la generación y producción de cultura es una de las obligaciones del aparato público. No es lo mismo en relación con la lógica argentina de una cultura burguesa sostenidas por las clases altas, modelo que aquí prevalece. Estas trayectorias a largo plazo son distintas de otras políticas culturales regionales. En términos generales la impronta de la historia de las políticas culturales en América Latina hace que la estructura institucional mexicana lo vuelva en cierta manera el jugador principal de la circulación de arte en México, sobre todo a nivel de públicos.

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Parece bastante singular un espacio como Isla de Ediciones en una feria como ésta…

La variedad de recursos de publicación en los circuitos artísticos es hoy enorme. Estamos viviendo un auge de las ediciones de artista, de teoría y el consumo en general de los libros de arte. La cultura del arte contemporáneo es una cultura de reflexión, de crítica pero también de juego y de seducción. Eso parte del circuito, que está siempre mediado por la cultura impresa, pero el objeto libro se ha localizado en el campo artístico como uno de sus campos, voy a decírtelo así, olfativos de placer. Es cada más un lugar de mercado y producción.

Hace un año estuvo en este mismo espacio Damián Ortega presentando Alias, su estupendo proyecto editorial. ¿Qué piensas al respecto de su idea de la edición de libros como una suerte de esculturas públicas íntimas?

Me parece muy bien que Damián piense eso, es una caracterización concreta, pero hay muchas variedades de intervención en el campo editorial, no todas ellas en la trama para producir una especie de arte monumental. Describe un poco lo que Alias ha significado con este cierto carácter de generar una serie de objetos canónicos y un registro histórico frente al que los artistas de la generación de Damián se sitúan pero en realidad hay muchas otras funciones que atraviesan la producción editorial, algunas de ellas de orden agitacional, otras en relación a tener acceso y control de los medios de producción y otras en las que cierta producción académica y política se unen a la circulación artística.

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¿A qué atribuyes que hoy por hoy tenga más llegada, swing y fantasy el arte contemporáneo que campos como la literatura tradicional?

Yo no estaría seguro de lo que estás diciendo, puesto que una de las cosas más increíbles que me han pasado curando la bienal de Shangai es entrar a sus librerías y ver la cantidad de libros latinoamericanos traducidos al chino. Pilas y pilas de Borges y Roberto Bolaño, de Paz, Fuentes, García Márquez y Cortázar. No sé si es una nueva ola pero Roberto Bolaño es algo de lo que se habla en Shangai, algo que me ha dejado honestamente atónito y conmovido. Compré ediciones del Atlas de Borges en chino y en japonés porque quiero ver cuántas colecciono. Aún estoy buscando las suecas y finlandesas. Creo que el circuito del arte contemporáneo primero tenemos que asumir la importancia que el Boom tuvo en generar una expectativa sobre la cultura de la región. En Buenos Aires y la ciudad de México el auge de las ediciones de literatura tanto en poesía, cuento y ensayo es extraordinaria. En hábitos de consumo libresco te puedo decir que en mi caso es siempre creciente. Regreso a México con la maleta llena de literatura, sobre todo de Argentina, donde su tradición por las traducciones y la teoría es verdaderamente formidable. El circuito de ediciones de América latina ha rebasado el momento del monopolio del circuito editorial español para estallar en una variedad de pasiones y direcciones muy interesante. Un auténtica artesanía intelectual generalizada”. Hasta ahí Medina.

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Por mi parte, dudo que pueda pedírsele mucho más a una feria con estas características, que no crea sólo sus propios anticuerpos ante su impreciso origen elitista (y hasta clasista), sino que transforma ya de manera sustantiva el ágora contemporánea para la exhibición y consumo de arte contemporáneo, porque por más que comprar y vender sea el núcleo con el nace una feria de arte, su aparición es un acto público complejo y permanente para la cultura de masas.

Por ello, pese a los tiempos de penuria que campean en el presente, lo verdaderamente sorpresivo es que las cosas permanezcan, como esta feria. Y para ese apetito permanente no hay inflación que merme ni políticas ineptas que alcancen.

¡Salud!

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