Recordando a la Senegal del Mundial 2002 y cómo enamoró al planeta entero
Vía EPA Jack Mikrut.
Mundial 2018

Recordando a la Senegal del Mundial 2002 y cómo enamoró al planeta entero

Prohibido olvidar a Papa Bouba Diop sin playera celebrando el primer gol de Corea/Japón 2002 con todo Senegal bailando.
25.6.18

El futbol africano ha sido la eterna promesa. Una necia y que no se cumple. Luego de Túnez 1978, Marruecos en 1986 y Camerún en 1990, Pelé clavó una maldición sobre los equipos africanos: "Para el año 2000 habrá un campeón africano". Esto más bien riega una mala suerte imposible de sacarse. Cada vez que una estrella, o alguien que fue muy exitoso en el tema en cuestión hace "predicciones" (basándose nada más en que fueron absurdamente buenos en el campo del que se está hablando) todo se va a la mierda. Y bueno, Pelé fue quizás el mejor o el segundo mejor jugador en la historia del futbol, pero incluso en su país odian sus predicciones y hasta el mismo Luiz Felipe Scolari [campeón del mundo 2002] dice que "sus análisis siempre terminan siendo equivocados".

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África ha dado selecciones y jugadores dulces. Es un cliché ver las plantillas de equipos campeones de las ligas más competitivas del mundo con piernas africanas como base. Hasta campeones del mundo han tenido, aunque representen a otro país: Zinedine Zidane (Argelia) y Patrick Viera (Senegal), por ejemplo.

Volvamos al año 2002. Año donde la mayoría de nosotros éramos niños y todo era mucho más fácil. No teníamos deudas ni preocupaciones por votar en alguna elección. Solo importaban el corte de pelo de Ricky Martin, los Backstreet Boys y los Mundiales. El Mundial fue en Corea del Sur y Japón, y además de tener una pelota (Fevernova) que la mayoría de los porteros se quejaban por el "rarísimo efecto" que tomaba, tuvo el partido inaugural con la mayor sorpresa de la historia de los mundiales: la recién campeona del mundo Francia, perdía con Senegal que debutaba en el Mundial. Senegal compartía el Grupo A con Uruguay, Dinamarca y Francia.

Vía PlanetFootball

Nadie conocía a la Senegal de Pape Bouba Diop, El Hadji Diouf, Khalilou Fadiga, Henri Camara y Salif Diao que venía de perder por penales la final de la Copa de África contra Camerún. Eran los chicos nuevos del barrio y era un insulto pensar que podían hacerle alguna herida a la glamurosa y todopoderosa campeona del mundo. 21 de los 23 seleccionados de Senegal para ese Mundial, jugaban en Francia. Entonces no era nada nuevo para ellos el fútbol champagne de Emmanuel Petit, Thierry Henry, Youri Djorkaeff y compañía. En el minuto 30, Diouf se sacó a Frank Lebouf para central la pelota y Pape Bouba Diouf anotó el gol más famoso en la historia de la selección de Senegal luego de un rebote entre Fabien Barthez y Petit. Diop fue a la bandera del corner, se sacó la playera para ponerla en el piso, y junto con los demás jugadores bailar y hacerse amigos en cada país del planeta.

Hay una especie de consenso en cuanto a los equipos africanos: que en cualquier momento están bailando dentro del vestuario, con música altísima y que siempre están sonriendo. El vestuario de Senegal en el 2002, antes del partido contra Francia, no estaba así, según Salif Diao: "Cuando fuimos al estadio, todos estábamos realmente relajados. El silencio antes de la guerra. Desde la hora del almuerzo, las personas solo hablarían con los ojos. Teníamos esa creencia, sabíamos que había un trabajo por hacer e íbamos a ganar el juego. Esta era una ocasión para que África y Senegal dijeran 'sí, podemos ganarle al poder colonial'".

Gol vs Francia vía getreading.co.uk

Cinco días antes de este juego, Khalilou Fadiga, Salif Diao y El Hadji Diouf estaban en una joyería en Daegu, y Diouf retó a Fadiga a robar un collar. Fadiga nació en Colobane, uno de los distritos más peligrosos de Dakar, la capital senegalesa, antes de mudarse a los suburbios pobres de París. Fadiga lo robó, y la noticia llegó a todas partes. Incluso funcionarios de la embajada senegalesa entraron en un restaurante donde estaban comiendo y Fadiga fue interrogado por la policía de Corea del Sur.

La peor distracción posible para debutar en un Mundial, claramente. Bruno Metsu, francés y entrenador de Senegal habló con sus jugadores luego de que se supiera en todo el mundo la noticia del robo: "Todo el mundo está hablando de esto. La única forma en que las personas pueden olvidarse de esto es ganándole Francia. Si ganamos este juego, habrá un terremoto en el mundo". Vaya que sucedió.

Bruno Metsu, técnico de Senegal 2002. Vía Wikipedia.

Vino la segunda fecha y el juego contra Dinamarca. Luego de un penalti cometido por el mismo Diao, Jon Dahl Tomasson marcó el 1-0. "Pensé en el error. Yo no era el jugador de Senegal, era el hijo del señor Diao. En África dicen que si eres un buen hijo, eres el hijo de toda la comunidad. Si eres un mal hijo, eres el hijo de tu padre". Acá funcionó el trilladísimo dicho de bar futbolero de mala muerte, "el futbol siempre te da revanchas". Y vaya que fue rápido: Diao anotó una gran contra de Senegal para empatar a los daneses.

"Los africanos siempre encontramos un recurso dentro de nosotros mismos, dentro de nuestros antecedentes, para ir y extraer energía para resolver las cosas. Debes ser un personaje sólido para ir y encontrar esa energía positiva. Para ayudarte a ir a otro nivel. Ya no eres tú mismo. Eres otra persona, como un superhéroe de la película", dijo Diao sobre su gol. El partido terminó 1-1 y dejaba a Senegal líder del Grupo A con 4 puntos.

Para cerrar el grupo, Senegal jugaba contra Uruguay. Comenzó con un baile tremendo: 3-0 en el primer tiempo. Recuerdo estar frente a mi televisor y pensar que nunca antes haber visto a un equipo tan rápido en transiciones y con una energía que parecía venida de otro lado. Era como si jugaran con una o dos velocidades más que Uruguay. Camara parecía Bebeto y Diouf una especie de Ortega esquina Batistuta. El problema en ese partido fue que Diao, el cerebro del equipo, estaba suspendido y en el segundo tiempo se hizo notar: Morales hizo el 3-1, Forlán el 3-2 y el Chino Recoba el 3-3 de penal en el último minuto. "Empecé a llorar en el banco", dijo Diao sobre la remontada de los dos veces campeones del mundo. De igual manera, Senegal terminó clasificando a Octavos de Final para jugar contra la Suecia de Henrik Larsson.

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El gol de oro ha sido uno de los inventos más sádicos de la historia del futbol. Jugar con piernas pesadas y pulsaciones a más de 100 BPM más el miedo constante a que un error te saca del Mundial, debe ser lo más parecido a ser una herida que camina. En cualquier momento te abres en dos y se sale un chorro de sangre. Camara corrió con una energía que ningún privilegiado de la selección sueca tuvo ni tendrá en sus venas para amagarle a dos o tres suecos y mandar la pelotita a guardar. Celebró Camara, Senegal y todo el mundo. Yo salté de la silla de mi recámara como si hubiese nacido en Dakar. Hay algo con el futbol africano que —al menos a los latinos— nos hace sentir parte de su misma lucha. Venimos de África. Cuartos de final del Mundial, y esperaba la otra sorpresa del torneo: la Turquía de Rüştü Reçber y Hakan Şükür.

El futbolista africano no tiene la misma personalidad que la del europeo. Es un espíritu libre. El colonial probablemente se acueste a las once de la noche luego de cenar yogurt deslactosado, dos tostadas del pan de centeno más caro del mercado y dos botellas del agua con gas más en boga en las Men's Health del año. Y no es su culpa, pero así están hechos. "Les falta sangre", diría mi primer entrenador de futbol. Salif Diao comulga con la idea de lo distinto del futbol para los africanos: "La gente no comprende: el fútbol es mucho más que un juego en África. No solo estás jugando para ti. Cuando el himno nacional está sucediendo, puedes ver a tu madre, a tu papá, a tus propios hijos, a tus vecinos, al tipo que no conoces, que está ahí apoyándote. Al tipo que se llevó todo su dinero para comprar su boleto y venir al estadio para soñar durante dos horas; el tipo que está en el pueblo en el medio de la nada, escuchando el informe en su pequeña radio, y a este tipo, lo estás tocando. Cuando se escucha el himno nacional, representas a todas estas personas que no tienen voz para decir nada y que nunca tienen la sensación de ganar algo en sus vidas".

El equipo de Senegal era una fiesta dentro y fuera del campo: abiertos a la prensa y armonía en el grupo, pero todo esto se fue al carajo cuando el presidente de Senegal para ese entonces, Abdoulaye Wade, decidió detener el entorno abierto del equipo, mandando enviados especiales a la base del equipo para hacerse cargo de todas las operaciones. El técnico Metsu no estuvo de acuerdo: "Este es mi equipo, lo he estado haciendo a mi manera y obteniendo resultados. Si quieren ejecutarlo a tu manera, veremos cuál es el resultado"; le dijo a uno de los enviados especiales.

Se acabaron los juegos y la armonía. Encerrados todos en sus habitaciones de hotel solos, sin nada que hacer aparte del estrés y ansiedad del juego, la energía y armonía de Senegal obviamente se debilitaron. Según Salif Diao estuvieron 48 horas sin verse, solo entre el almuerzo y el entrenamiento. El resto de las horas las pasaron dentro de la habitación, mirando al techo, y jugando el partido contra Turquía cientos y cientos de veces en sus cabezas. El equipo de Senegal se cansó psicológicamente.

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Senegal no fue la misma Senegal que había sido en todo el Mundial. El partido contra Turquía terminó 0-0 y en el tercer minuto del tiempo extra, Ilhan Hanzis antó un gol de oro luego de pegarle de una a la Fevernova después de un centro de Ümit Davala. Adiós Senegal.

La barrera de los cuartos de final para un equipo africano fue mucho para Diouf, Diao y compañía. Se convirtieron en el segundo equipo africano dentro de los ocho mejores del mundo. Volaron a África como héroes nacionales y enseñaron lo hermoso que puede ser el futbol cuando los jugadores juegan sin ningún tipo de miedo. Varios de elloss tuvieron su fichaje esperado en el futbol europeo: Camara, Diao y el más sonado: El Hadji Diouf para el Liverpool. Aunque fue un desastre total, para esa época fue la respuesta del Liverpool de Houiller para quitarle la Premier League al Manchester United. No funcionó.

El futbol africano sigue estando uno o dos pasos detrás de las élites. Y luego de la Senegal del 2002 llegó la Ghana de Asamoah Gyan, para estar a segundos de llegar a semifinales si no fuera por la mano kamikaze de Luis Suárez y terminar perdiendo por penales contra Uruguay. 16 años después aún se habla de esta Senegal como la mejor selección que ha tenido África en un Mundial, y cómo la orden de un Presidente dañó la armonía y el plan del equipo.

El partido contra Francia es uno de los más recordados en la historia de los Mundiales y una de las sorpresas más agradables y que dan un ligero respiro para seguir creyendo que de alguna forma todo estará bien en nuestras vidas. Para todos nosotros, esa Senegal fue quizás el primer contacto con un equipo africano de primer nivel, que hasta el día de hoy no ha sido superado por ningún otro en Mundiales.

Está prohibido olvidar a Papa Bouba Diop sin playera celebrando el primer gol de Corea/Japón 2002 con todo Senegal bailando. Es de mis recuerdos más vívidos y felices de mi infancia, y la de muchos probablemente.

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