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Cómo se convirtió Malvineitor en una película de culto

En Argentina, las películas de género y serie B son más que un encuentro de política, sangre y cerveza. Pablo Marini, director de cine, habla sobre Malvineitor, una suerte de Soldado Universal del Cono Sur que "da con un caño" a toda la especie humana.
Cortesía de Pablo 

Artículo publicado por VICE Argentina

En 1985, armado con un presupuesto de 10 millones de dólares y vestido con ropa de camuflaje, Arnold Schwarzenegger conquistaba la taquilla mundial mientras rescataba a su hija de las manos de mercenarios en Comando. Dos años después (y con la misma ropa de camuflaje), el actor doblaba la apuesta, alcanzando los 100 millones en taquilla con la ayuda de un presupuesto un poco mayor y un extraterrestre con visión de infrarrojos y dreadlocks conocido como Depredador. En 2017, en Buenos Aires, un director y su equipo técnico se aventuraron a hacer un film futurista sobre una segunda guerra de las Malvinas, provistos con un sujeto llamado Vic Cicuta en el lugar de Arnold, varios litros de sangre falsa casera y un monstruo con penes en lugar de brazos llamado Margaret. Esta es la historia del rodaje de Malvineitor: un film inspirado en las clásicas producciones de acción de Hollywood de los 80 y sus primeros pasos hacia convertirse, inevitablemente, en una película de culto.

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Estreno de Malvineitor

Las referencias a Comando y Depredador no son fortuitas. Pablo Marini, el director de Malvineitor, se crió viendo películas de ese género. “A mí siempre me gustaron las películas yankees”, cuenta Pablo. “El género de acción, el suspenso. A mí me gusta Indiana Jones, me gusta Volver al Futuro, me gusta Jurassic Park. No me gusta Dogville, por ejemplo. Detesto esas películas”. A los 15 años estaba grabando cortometrajes con una cámara que le había regalado su padre para su cumpleaños. Lo que le faltaba de conocimientos cinematográficos lo compensaba con pasión y entusiasmo. Con Batman y Robin versus el Capitán Frío, su primer corto, Pablo convirtió a sus amigos de secundaria en técnicos y actores, todos con las mismas ganas de pasarla bien. No podía sospecharlo en ese entonces, pero ese mismo espíritu (incluso con muchos de los mismos amigos) sería una constante a lo largo de su carrera.

Como era de esperase, Pablo estudió cine en la universidad. A medida que crecían sus destrezas técnicas, lo hacía también el tamaño de sus proyectos. Comenzó a subir cortometrajes a Youtube constantemente, “comedias y bizarradas” como el mismo se refiere a ellas. Pero siempre con la promesa pendiente de poder proyectar algo suyo en una sala de cine. “Youtube estaba bueno porque era algo más moderno, pero lo clásico de ir a la sala de cine no lo teníamos”. Entre rodar cortos y buscar trabajo en la industria del cine, Pablo y sus amigos comenzaron a frecuentar un festival que se estaba convirtiendo en el espacio preferido para fanáticos y creadores del cine de género en la capital argentina: el festival Buenos Aires Rojo Sangre. Nacido en el año 2000, el BARS parecía tener más en común con un festival de música que con uno de cine. “Gritaba la gente, entraban con cervezas a la sala. No es común ir al cine así. Si vas al cine te sentás y no querés que el de al lado hable. Esto es más como un evento que la película en sí misma. Y eso nos parecía hermoso”.

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Pablo conquistó el BARS en 2007 con Masacre Marcial IVX, una parodia al cine de artes marciales. El galardón significó para el equipo una suerte de consagración. A Masacre Marcial le siguió otro largometraje llamado Dos Locos en Mar del Plata y luego una pausa prolongada en la que Pablo se dedicó más de lleno a la asistencia de dirección en películas comerciales. “De esta experiencia, lo positivo fue el aprendizaje. Soy un chabón medio esponja. Siempre estoy preguntando y averiguando. Y en toda esa época aprendí un montón y cambió la forma en que yo terminé haciendo mis películas. Las cosas son más fáciles de planificar luego de todo ese laburo”. Equipado con esta nueva perspectiva, Pablo se aventuró a ponerlo en práctica. Junto a Pablo Parés, fundador de la mítica productora de género Farsa y director de obras emblemáticas como la saga Plaga Zombie y Daemonium, se lanzó a revolucionar el cine de género en la Argentina, agregándole valores de producción. “La idea era profesionalizar un poco más la técnica, la historia, darle un poco más de laburo a todas”. Y así nació Grasa, “la película del escándalo”, como se podía leer en todos sus posters. La trama es un delirio absoluto que, para resumir en pocas palabras, incluye a un gusano con poderes especiales llamado Néstor que logra escapar del local de comida rápida más grande de la Argentina revelando que su especie es utilizada para manufacturar las hamburguesas del local, haciéndolas pasar por carne de primera calidad. La película consiguió un público de inmediato, atraído por su irreverencia. Tal vez nadie la haya descrito mejor que el blog argentino llamado Altapeli: “Probablemente nunca una película en la historia de la humanidad fue capaz de ofender a tantas razas, religiones, militantes por la igualdad de género, partidarios políticos, instituciones y organismos gubernamentales o no gubernamentales y hasta al propio intelecto humano, como lo hace Grasa. Es una película a la que todo, absolutamente todo, le chupa un huevo”.

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Cartel de la película Grasa

Mientras hacían Grasa, los Pablos se enamoraron de una locación en particular: La Ciudad Universitaria de Buenos Aires, en la zona donde hay una reserva ecológica. En un sitio en el que la mayoría de los estudiantes veían árboles y un espacio para relajarse después de clases, ellos vieron el lugar ideal para recrear una película de guerra. Si bien Pablo Parés salió a mitad del proyecto, Pablo Marini continuó adelante con una idea que, una vez más, buscaba la controversia: “Yo dije que tenía que ser algo que fuese polémico, algo que pegue en el corazón de la sociedad. A mí siempre me ha gustado eso. Ya en Grasa hay algo político que incluso anticipaba lo que venía con el gobierno de Macri, y en esta que queríamos hacer la idea era darle un contexto más social, todo influenciado por este Gobierno, el eterno primer semestre y la mentira”. La película imagina un futuro en el que el presidente (referenciado sólo como MM en la película), ante el descenso en su popularidad, decide invadir las islas Malvinas y así unificar al país. Siguiendo la línea políticamente incorrecta que marcó Grasa, la película se encarga de “darle con un caño” a todos por igual: Macristas y Kirchneristas, los de izquierda y los de derecha, feministas y machistas… Nadie parece a salvo en una película de Pablo Marini, quien parece entender al máximo la licencia que le otorga un cine como este. “Lo fantástico hace que uno pueda volar más y escaparse con decir casi cualquier cosa”.

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Vic Cicuta

Con el guión en mano, Pablo se dio a la tarea de ensamblar un equipo acorde, formado por viejos conocidos (algunos de los amigos de siempre) y nuevas caras que se sumaron, entendiendo las condiciones de un rodaje como los que él lidera. “Cuando nos juntamos a grabar son 30 personas que tienen que estar, no es un capricho. El movimiento es el mismo, tanto en el cine industrial como en este, sólo que acá lo que necesitamos es compromiso. Si yo un día tengo que grabar y el chabón me dice que no porque tiene el cumpleaños de su abuela. Le digo… Bueno, andá más tarde. Porque tuve que convencer a 29 personas para que hicieran esto”. A cambio, todos los que trabajan en una de sus películas tienen la posibilidad de dar rienda suelta a su creatividad, algo que rara vez se les permite en rodajes más comerciales. Para Pablo, cada rodaje es una oportunidad para además trabajar con varias de las personas que más admira del medio. Está Vic Cicuta, el actor que interpreta a Malvineitor (“para mí es un actorazo y lo he visto actuar en un millón de películas, pero siempre sentí que no se podía lucir en todo su espectro actoral. Entonces queríamos darle una película en la que fuese un héroe, fuese un sensible y tuviese todo ese arco emocional”). Están Constanza Pugliese, Roman Kampelmacher y Enzo Giordano, encargados del maquillaje, los efectos y la concepción de Margaret (“Son unos genios, laburan con nosotros desde hace tiempo”). Está Pablo Fuu, el cordobés detrás de la banda sonora (“es un número uno, tendría que estar haciendo cosas para Hollywood y está en su casa en Córdoba con su teclado y su computadora”). Pablo Marini había armado un equipo hecho a su medida y estaba listo para conquistar una vez más el Buenos Aires Rojo Sangre.

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Foto del estreno

“El estreno fue en el BARS en Belgrano y fue una bomba”, recuerda Pablo. “Yo estaba muy borracho y drogado. Porque habíamos terminado la película dos días antes. Es más, el programador nunca vio la película. Le mandé veinte minutos de la película para que se diese una idea de cómo era, pero bueno, ya tenía la referencia de Grasa y nos conoce a todos. La gente se cagó de risa”. Malvineitor fue uno de los éxitos del festival, logrando quedarse con el ansiado premio del público y previendo un recorrido promisorio por el circuito habitual de películas de género, que incluye festivales y centros culturales. Mientras Malvineitor continúa sumando audiencia de culto, Pablo trabaja actualmente en la imprenta de su padre, trabajo que, además de ofrecerle estabilidad económica, le permite continuar haciendo películas, motivado más por pasión que por necesidad, con las mismas ganas y entusiasmo que tenía cuando levantó una cámara por primera vez a los 15. “Yo siempre lo transmito así: en vez de juntarme con mis amigos un fin de semana a tomar una birra, me junto a hacer una película… Y a tomar una birra”.

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