El mundo se emociona por el Manana Festival en Cuba, pero, ¿acaso le importa a los cubanos?
Photos by Reeve Rixon

El mundo se emociona por el Manana Festival en Cuba, pero, ¿acaso le importa a los cubanos?

Manana logró la aprobación del gobierno de Cuba con la promesa de una colaboración cultural, el reto ahora es ganarse a los cubanos.
8.5.16

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Fotos por Reeve Rixon

Cuando el trompetista Jeffery Valdés, el productor electrónico Pouya Ehsaei y el percusionista Hammadi Valdés subieron al escenario en un concierto tributo en Santiago la noche del pasado 30 de abril, nadie estaba seguro de cómo iba a reaccionar el público. A última hora se le abrió un lugar a los tres músicos en la programación en un esfuerzo por atraer la atención de los locales a la primera edición del festival Manana, la pionera creación cubano-británica que mezcla música electrónica innovadora y la fuertemente arraigada cultura afrocubana, el cual aterrizó en Santiago la semana del 4 al 6 de mayo.

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Utilizando filtros digitales, Ehsaei transformó la trompeta triste de Valdés y el tambor batá doble cara de Valdés, primordial en la música religiosa afrocubana, en afilados bordes metálicos. Esta fusión de sonidos viejos y nuevos fue una experiencia novedosa para una ciudad empapada de una larga historia de música en vivo. Así que cuando el público rompió en aplausos y gritó un "¡bravo!" entusiasmado al final de su presentación, los tres músicos sonrieron con alivio.

El cálido recibimiento de la audiencia es un buen presagio para el debut de Manana. Santiago, la segunda ciudad más grande de Cuba, se encuentra en el extremo este de la isla. Esta envidiable posición que conecta con África, el Caribe y Latinoamérica le ha permitido absorber nuevos sonidos por siglos, pero en estos tiempos inéditos para colaboraciones externas con cubanos ahora posible gracias a que Estados Unidos alivió las restricciones de viajes al país socialista, lograr un festival de esta envergadura no fue tarea fácil.

Las sesiones improvisadas de jamming en casas privadas con intérpretes como Obbatuké son parte de la magia de Manana

El turismo de fiesta en el Caribe no es nada nuevo. Desde festivales con todo incluido en la República Dominicana hasta veladas techno que duran toda una semana en San Martín, la seductora idea de dejarse llevar por los potentes beats en islas vacacionales del trópico no es para pensarla dos veces.

Pero el concepto de Manana es uno completamente distinto. Para empezar, no esperen las publicidades inflables de licores ni el público estilo St. Tropez que conseguirían en otros festivales caribeños orientados a turistas. En su lugar, Manana destaca la colaboración entre actos locales y extranjeros en su alineación. Artistas como A Guy Called Gerald, Quantic, Nickodemus, Dengue Dengue Dengue y Nicolas Jaar no sólo vienen a tocar sus sets y regresar a casa, sino que también grabarán con músicos cubanos en estudios locales, y estrenarán los temas que realicen juntos durante el mismo festival. Incluso el nombre del festival se relaciona con la idea de la reciprocidad: "manana" es como los cubanos describen la conexión espiritual entre un artista y su audiencia (no debe ser confundido con "mañana").

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Claro, Manana no es el primer festival de música electrónica en Cuba. Rotilla fue fundado en 1998 partiendo de la pequeña escena rave de La Habana, y desde entonces se ha extendido a una aventura de 20.000 personas en la playa. El festival anual Proelectrónica comenzó en 2010, presentando música experimental en locales cerrados, como un intento habanero del Mutek. En la provincia central cubana de Holguín, el festival Electrozona sirve al público EDM desde hace ya tres años.

Pintor local contratado para hacer señalizaciones y decoraciones para el festival

Pero todos estos festivales presentan DJs cubanos y se promocionan únicamente a fans locales. Manana abre nuevos caminos con su público y artistas internacionales, con boletos para visitantes extranjeros que requieren de visas cubanas para sortear el embargo aplicado desde hace 56 años a viajes y comercio entre ambos países. Mientras tanto, las entradas para los cubanos tienen un costo de $4, ajustado para reflejar el hecho de que el salario mensual promedio allí es de $24.

Aun así, contar con los locales será un reto. Los taxistas y conversadores desconocidos con quienes he hablado casualmente en los bares y cafés de Santiago tienen sus reservas, inseguros de lo que es exactamente Manana, y de si merece sus pesos ganados con esfuerzo, cuando la música gratuita abunda en las calles. El virtuosismo instrumental florece los siete días de la semana en esta ciudad musical. Después del concierto tributo del sábado, por ejemplo, conté una media docena de bandas en vivo de primera categoría tocando en escenarios improvisados en calles cercanas.

Will "Quantic" Holland, el cantante local Diógenes y su Changüí y Frankie Francis, jefe de Sofrito Records, grabando música en un diminuto estudio en Santiago

"Ésta es una gran brecha", dijo el musicólogo Ned Sublette, autor de Cuba y Su Música y miembro del consejo asesor de Musicabana, otro festival que también se llevará a cabo la semana del 5 al 8 de mayo en La Habana. "[Los músicos cubanos] no necesitan producciones electrónicas elaboradas porque ellos saben tocar [sus propios instrumentos]". La música electrónica es a menudo asociada exclusivamente con DJs de EDM como Major Lazer, quienes se presentaron ante una multitud de 400.000 cubanos en el centro de La Habana el mes pasado. En consecuencia, ha sido difícil para los organizadores predecir si la idea de combinar música afrocubana con producciones electrónicas y artistas extranjeros será un éxito. Si Manana logra levantar vuelo entre los santiagueros, será un hype generado de boca en boca a lo largo de las tres noches.

"Ésta es una gran brecha. Los músicos cubanos no necesitan hacer producciones electrónicas porque ellos saben tocar sus propios instrumentos". -Ned Sublette, autor de Cuba y su música

Pero si un cambio drástico está llegando a la escena musical de Cuba, tiene sentido que comience en Santiago. Históricamente, la ciudad ha sido lugar de nuevos comienzos. La lucha de independencia de Cuba en el siglo 19 comenzó en Santiago, el ejército improvisado de Fidel Castro hizo los primeros disparos de la Revolución Cubana cuando asaltaron el cuartel de Moncada, que casualmente queda a una milla de Heredia, el lugar donde Manana se llevará a cabo. Hasta el fenómeno del reggaeton que ahora está barriendo con Cuba se popularizó aquí. "Los vientos de revolución en Cuba soplan de este a oeste", señala Sublette.

Alain García Atola, rapero del grupo de hip-hop TnT Rezistencia, jugó un papel fundamental en lograr que Manana ocurriera en Santiago

El cofundador de Manana, el británico Harry Follet, vino a Santiago en 2014 para estudiar percusión con un maestro de batá llamado Gila. Rápidamente se topó con Alain García Artola, personaje influyente en la escena musical de la ciudad y miembro del aclamado grupo local de hip-hop Tnt Rezistencia. Juntos abrieron un estudio temporal para grabar a músicos folclóricos locales, dándose cuenta de que si lograban que músicos de sellos como Warp Records colaboraran con estos locales inmensamente talentosos, algo increíble podría pasar.

El dúo concibió la idea de un festival que tomaría ventaja de la apertura cubana en desarrollo. Los músicos no solo conocerían contrapartes extranjeras, sino que aprenderían unos de otros y formarían relaciones duraderas.

Harry Follett y Jenner Del Vecchio convencieron a la escena local de Londres para traer la artillería pesada al debut del festival Manana

Garcia Artola convenció a sus contactos de halar los hilos necesarios para lograr la aprobación del gobierno en asuntos importantes. Como muchos aspectos de la vida en la Cuba socialista, las instituciones gubernamentales controlan la industria musical de Santiago, operando sus teatros, locales musicales y estudios de grabación, e incluso empleando a músicos locales en su nómina. García Artola y Follett vendieron los festivales a los funcionarios enfatizando la colaboración artística. "Insistimos en el hecho de que no creíamos que hubiera una cultura de grabación y producción muy desarrollada en Cuba, y que no era realmente vista como una forma de arte", explicó Follett.

Según Follet, Manana ni siquiera es un festival. Oficialmente hablando, es un "intercambio cultural" entre músicos extranjeros y cubanos gestionado por Cultura, la Oficina Cultural de la Provincia de Santiago. Cuando Manana aseguró su luz verde por parte de Cultura en febrero del 2015, Follet, ya de vuelta en Londres, corrió con las buenas noticias, reclutando a su amigo Jenner Del Vecchio, quien renunció inmediatamente a su odiado trabajo en publicidad, y se convirtió en el tercer cofundador.

El cofundador de Manana Jenner Del Vecchio reunido con Indira Gámez de Empresa de la Música, la compañía estatal de manejo de artistas

Para organizar las conexiones en la amplia comunidad de música electrónica, Follett y Del Vecchio contactaron a Soundway y Sofrito—las dos disqueras británicas líderes en lo relacionado a lo afrolatino caribeño. Ambos crews se anotaron inmediatamente—el jefe de Soundway Miles Cleret y Frankie Francis de Sofrito se presentarán en Manana, así como los capos neoyorkinos de Fania Records, quienes curarán su propio escenario.

Una campaña de Kickstarter lanzada en octubre de 2015 ayudó a generar emoción en el extranjero, recaudando exitosamente alrededor de la mitad de los costos. El gobierno cubano se está haciendo cargo del resto de la cuenta proporcionando locales estatales, incluyendo la sede principal, el teatro Heredia, con capacidad de 2000 personas, y músicos locales, quienes son efectivamente empleados públicos. Manana también se apoya en contribuciones pro bono de quienes creen en la causa. Dos compañías con base en el Reino Unido, No Nation y Event Production Management, han donado su experiencia en logística y miles de dólares en equipos de audio.

Plaid, artistas de Warp, en estudio con Obbatuké, de Santiago

El festival obtuvo aún más exposición internacional gracias a un takeover deBoiler Room en noviembre. Ehsaei, el director sonoro de Manana, se unió al trío cubano Ariwo y a los músicos locales Yelfris Valdés, Oreste Noda y Hammandi Valdés para brindar un ejemplo poderoso del sonido de la fusión afrocubana/electrónica. El set de Boiler Room fue esencial. Después de eso, recuerda Follett, "mucha gente vino a nosotros".

Entre ellos estuvo la leyenda británica A Guy Called Gerald. "Manana Cuba me da la oportunidad de completar una parte de mi rompecabezas musical", contó a THUMP. "Las raíces musicales de Cuba son mis raíces. Ansío poder improvisar, explorar e intercambiar nuevos sonidos y ritmos con músicos cubanos".

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Mientras el momentum aumentaba en el exterior, los organizadores de Manana luchaban para navegar la compleja red de hacer negocios en Cuba. La comunicación entre el equipo binacional fue entorpecida por el hecho de que las llamadas telefónicas a números cubanos cuestan más de un dólar por minuto, y los locales deben pagar $2 por minuto por accesos dudosos a internet en hotspots públicos.

De izquierda a derecha: los cofundadores de Manana Jenner Del Vecchio, Harry Follett y Alain García Artola discuten a fondo los detalles finales con Adam Isbell de No Nation en el Centro Cultural Heredia

La comunicación no fue el único obstáculo para Manana. Comprender lo que hacen las organizaciones gubernamentales y cómo interactúan también fue una batalla, dijo Follett, sacudiendo su cabeza. "Hay presiones para usar los servicios del gobierno [en todo, desde vendedores de comida hasta producciones audiovisuales] en lugar de ir con negocios privados que también podrían hacer un buen trabajo", explicó.

"El gobierno está buscando activamente la manera de atraer más turistas. Culturalmente, definitivamente hay más posibilidades, más potencial". Harry Follett, cofundador de Manana.

Asegurar el sello de aprobación oficial también significó perder un grado de control creativo. La cultura cubana es un punto de orgullo nacional, y las autoridades tienen un interés particular en su representación. Así que mientras Manana ha estado promoviendo su enfoque afrocubano, el gobierno estaba acostumbrado a promover música local como la salsa y su predecesor, el son, nacido en Santiago. Ambas partes terminaron llegando a un acuerdo. "Ellos han aprendido cómo se lo estamos vendiendo a una audiencia internacional", dijo Follett. "Estamos escuchando lo que tienen que decir, pero también estamos poniendo límites en el aspecto creativo".

Alain García Artola presentándose en las calles

Al final, el reciente deshielo de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba fue lo que hizo posible la realización del festival de Manana. "El gobierno está buscando apoyar eventos como estos de manera más activa y así atraer más turismo" Dijo Follett. "Culturalmente, definitivamente hay más posibilidades, más potencial".

Pero si hay una revolución en marcha, todavía se tiene que filtrar hasta las masas. En una noche húmeda de domingo, fácilmente mil santiagueros se reunieron en la plaza central de la ciudad, la Plaza Marte, para disfrutar de las últimas horas del Día del Trabajo, la festividad nacional más grande del país. Una banda en vivo comenzó a tocar, y la audiencia, que oscilaba entre los ocho y los ochenta años, recibió el entretenimiento gratuito con gusto, mientras que las parejas bailaban al ritmo de la música que han estado escuchando desde que estaban en el vientre. García Artola, agitado con preparaciones de último minuto para Manana, se encontró conmigo en el lobby de un hotel cerca de la plaza para conversar un rato. Inspeccionando al público bailante de afuera, se notaba nervioso pero determinado. "Hemos convencido a las instituciones", dijo. "Ahora necesitamos convencer a la gente".

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Pendientes por aquí de todo lo relacionado con el festival.