fabio damotta
Fotografía
Sexo

¡Átame!: el arte shibari de Fabio Damotta

La obra del brasilero es una oda a la sumisión y al flujo de control que no se pierde: se presta.
27.4.21

La cara escondida, las manos atadas tras la espalda, la tensión de un cuerpo inmovilizado que decide, por un rato, ceder el control. La vastedad de una fantasía no cabe en una foto, pero puede que sí en una sesión. Amarres, flores y muchos colores: al igual que el profesor Utonio en Las Chicas Superpoderosas, Fabio Damotta se topó, de casualidad, con una fórmula mágica. Este fotógrafo brasilero de 37 años le dio un giro a su carrera cuando, en 2015, en busca de nuevas formas de agregarle belleza y expresión a su trabajo, se zambulló de lleno en el shibari. Esta práctica de origen japonés, conocida como el arte de atar gente, está relacionada al imaginario del BDSM, aunque también lo excede en tanto no tiene por qué ser, aunque muchas veces lo sea, algo sexual o erótico. A los patrones intrincados de nudos y la restricción sensorial y de movimiento que la caracterizan, Damotta les agrega plantas, stickers de princesas o montajes inusuales que muestran otra cara de esta antiquísima práctica. Una más tierna, suave, en la que los colores tamizan el dolor, las flores reemplazan al cuero, y el cuerpo atado, expuesto, es un objeto más de la composición. Con una mirada que tensa el límite entre cuerpo y espacio como la mano tensa la cuerda, la obra de Fabio Damotta es una oda a la sumisión y al flujo de control que no se pierde: se presta.

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Fotografía Fabio Damotta.

Vice: ¿Cómo surgió la idea de incluir sogas y ataduras en tus fotos?

Fabio Damotta
: mi primer contacto con el shibari, tanto profesional como personalmente, fue en 2007. Estaba haciendo unas fotos para una editorial de moda con temática BDSM, para las que contraté a un shibarista profesional. Recuerdo el primer impacto que tuvo la belleza de su trabajo: el acto de anudar como una ceremonia lenta y paulatina, pero a la vez intensa, in crescendo. Fue un momento de fascinación extrema, aunque pasaron ocho años hasta volverlo parte de mi obra. En 2015 volví al recuerdo de ese primer atisbo e intuitivamente empecé a pensar de qué manera podía sumar las cuerdas a mis composiciones estéticas. Al principio vi tutoriales en Internet y practiqué los primeros nudos en mis piernas. Después de un proceso de prueba y error, me animé a experimentar con otros cuerpos en sesiones de fotos con amigos y, gradualmente, se fue transformando en mi expresión estética de cabecera. Aunque en los últimos cinco años tuvo una presencia muy fuerte en mi obra, y a pesar de estar disfrutando plenamente esta fase, ni el shibari ni el BDSM son el foco principal de mi trabajo. La fotografía y el arte son mis pasiones reales, lo que mantiene mi vida en movimiento.

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Fotografía Fabio Damotta.

 ¿Tienen las sogas un rol en tu intimidad? ¿Se mezclan en tu vida el trabajo y el placer?

Con el tiempo el shibari también se volvió parte de mi vida sexual. Disfruto muchísimo cuánta creatividad le aporta a mis relaciones y cuánto mejora y aumenta el suspenso y la sensibilidad al tacto, lo que a veces puede llevar a una satisfacción mucho más profunda y potente que la penetración. Siempre disfruté cierta dosis de BDSM en mis relaciones sexuales, aunque me costó darme cuenta de eso. El shibari es algo que me genera placer a través de la estética de la inmovilización y, desde luego, puede ser placentero durante una sesión con un cliente. La belleza de ver a una persona inmóvil es lo que más me satisface. Tanto para mí como para el cliente, la inmovilización en sí misma puede ser la experiencia más excitante. De todos modos, tengo claro que eso es trabajo. El shibari, para mí, es algo que va más allá del sexo. No necesita contacto físico para alcanzar su punto cúlmine. Pero sí, el trabajo y el placer a veces pueden mezclarse.

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Fotografía Fabio Damotta.

¿Te atrae estar del otro lado de la cuerda?

En ese sentido me considero dominante. Sin embargo, una vez fui yo el atado, con suspensión y todo, lo que cambió por completo la forma en la que entiendo y trato a mis clientes.

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¿Cómo es una sesión con Fabio Damotta? ¿Es necesaria una preparación previa?

Cada sesión es única. Para algunos, incluso, es un antes y un después en sus vidas. Es increíble. No solo sexualmente, también en cuanto a lo afectivo. El primer paso siempre es averiguar si la persona tiene algún problema de salud, principalmente del corazón o respiratorio, y si tiene o no experiencia previa. También me parece muy importante sentir una conexión con las personas que voy a atar. Me gusta preguntarles cómo fue su día, qué comieron, si durmieron bien, cómo se sienten. Aunque parezca un detalle, esto puede tener un gran impacto en la sesión, que suele durar de una a dos horas sin parar. De alguna manera, las sesiones son universales, pero también dependen de la persona que está siendo atada. Si siento que está disfrutando del proceso, me permito poner más énfasis en las cuerdas y la composición. Pero a veces la inmovilidad causa nervios o molestia, por lo que también trato de priorizar la comodidad y apresurar un poco las cosas. Liberar una mano, por ejemplo, puede ayudar bastante.

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Fotografía Fabio Damotta.

¿Te consideras un trabajador sexual?

Veo mi trabajo como la mezcla de lo real y lo ficticio, lo montado. Siempre intento dirigir a la persona en las sesiones de fotos. Estas suelen ser más una composición visual y artística que una experiencia sexual. De todos modos, como mencioné antes, los nudos y la inmovilización gradual pueden resultar placenteros dependiendo del confort y la conexión que haya entre nosotros. Así, me identifico como fotógrafo y artista que también produce pornografía, pero no me considero un trabajador sexual... al menos no todavía. Pero no lo veo como un tabú. Estoy pensando algunas ideas para poder ofrecer también otro tipo de sesiones más picantes, más kinky, para las personas interesadas en una experiencia más holística y completa. Estoy tratando de entender cómo podría funcionar un contrato BDSM entre ambas partes, ya que creo que reglas y parámetros claros son fundamentales para ese tipo de trabajo.

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Fotografía Fabio Damotta.

¿Tu trabajo te llevó a lugares inesperados?

Viajar a Europa gracias a lo que hago fue algo que nunca imaginé que fuera posible. La gira se dio de manera orgánica y natural, como todo en mi vida: rara vez planifico las cosas con anticipación. A través de Instagram, mi plataforma de trabajo, cada vez más extranjeros empezaron a contactarme, lo que amplió mi perspectiva. La gira por Europa la hice con el dinero que gané vendiendo el primero de mis zines, las compilaciones físicas de mis fotos que son también mi fuente principal de ingresos. Después de Europa tenía pensado hacer una gira por Estados Unidos. De ahí, arrancar en México una gira por Latinoamérica y, por último, Australia. Pero a comienzos de 2020 la pandemia puso todos mis planes en pausa.

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Fotografía Fabio Damotta.

Aunque ese no fue el único imprevisto que tuviste el año pasado, ¿no? Instagram también canceló tu cuenta principal con casi 300 mil seguidores. ¿Cómo afectó eso tu trabajo?

Me sentí demasiado decepcionado cuando me enteré. Estaba cansado, desmotivado. Fue como si me hubieran despedido: alguien había cortado brutalmente la única conexión que tenía con la gente que admiraba y apoyaba mi trabajo. Por suerte, tenía una cuenta paralela (con solo 10% de los seguidores) que permitió que la pérdida no fuera total. De a poco estoy empezando a recuperarme, a reanudar mis actividades. Al mes ya había reabierto las sesiones y terminado también mi cuarto zine. Este es mucho más colorido. Hay bastante bondage y desnudez, pero es distinto a los anteriores. Recién cuando finalmente salga a la venta voy a poder ver realmente cuánto impactó el cierre de mi vieja cuenta mi vida profesional.

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Fotografía Fabio Damotta.

 ¿Cómo ves la situación actual de Brasil?

Nunca me interesó mucho la política dura, pero sí los derechos civiles y de las minorías. La comunidad LGBTQ+, así como muchas otras minorías, siempre tuvo que luchar por lo propio. A pesar de haber conquistado algunos derechos civiles en los últimos años, en Brasil la tenemos difícil. Incluso antes de la llegada de Bolsonaro al poder ya venían incrementándose la discriminación y violencia hacia la comunidad LGBTQ+. Pero el actual presidente ha estado trabajando activamente en revocarnos esos derechos. Personalmente, Bolsonaro representa todo aquello a lo que me opongo. Me entristece vivir con un presidente a quien desprecio y con quien no puedo encontrar nada en común, más cuando sé que mucha gente lo eligió: gente que vive en mi ciudad, que compra en los mismos mercados que yo, que podrían ser mis vecinos e incluso mi familia. ¿Es posible que sus valores y su accionar resuenen tan bien en tanta gente?

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Fotografía Fabio Damotta

Aunque por el momento tu vida sea algo nómade, ¿dónde te imaginas viviendo de viejo?

Crecí en una granja en la parte rural de Brasil, cerca de Cuiabá en un pequeño pueblito llamado Poconé. El contacto directo con la naturaleza y ese estilo de vida más relajado y tranquilo son cosas que llevo siempre conmigo y aún hoy atesoro. De viejo me veo viviendo en el campo, en algún terrenito que me permita estar cerca de la naturaleza y plantar mi propia comida. Pero por ahora estoy abierto a vivir donde me lleven las posibilidades. Hasta el año pasado, Europa era una de las alternativas más viables pero, con el comienzo de la pandemia, todo se volvió inestable e impredecible. Por lo pronto, espero poder retomar mis giras por América Latina, Estados Unidos y Australia apenas la situación lo permita. ¡A cruzar los dedos!

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Fotografía Fabio Damotta.

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Fotografía Fabio Damotta.

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Fotografía Fabio Damotta.

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Fotografía Fabio Damotta.

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Fotografía Fabio Damotta.

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Fotografía Fabio Damotta.

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