Una imagen vale más: la prensa apunta, la poli dispara

Peces fuera del agua.

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15 diciembre 2011, 12:00am

Estoy decepcionado con la prensa. Siendo los periodistas como son (por naturaleza, tremendamente narcisistas), yo pensaba que tomarían las ondas para airear su berrinche por haberse convertido en objetivo del 15-O. Pero no, ni siquiera he podido encontrar el vídeo de ese reportera de Antena 3 siendo interrumpida en la manifestación de ayer en Barcelona. No deja de ser una lástima, porque era un gran ejemplo de todo lo que está mal en la prensa generalista española, y en particular del modo en que llevan cubriendo toda esta historia desde mayo. Aquí tenéis una foto que hice.

¿No os recuerda a esos reporteros que Fox News envía a cubrir huracanes? Casi sentí lástima por el tipo, intentando con toda determinación grabar su pieza de dos minutos a pesar de estar rodeado de chavales cabreados con máscaras ahogando sus palabras.

No quiero que parezca que estoy intentando justificarme. También yo estaba allí como periodista y lo que escribí ayer probablemente no haya hecho mucho para ayudar a la causa, pero al menos estamos intentando encontrar un ángulo interesante de toda la movida. Odiadlo si queréis, pero es nuestro punto de vista.

Lo que el follón de ayer demostró realmente es que la prensa ya no puede esconderse detrás del velo de la objetividad. O, si la prensa quiere ser objetiva, tiene que dejar de limitarse a cumplir el expediente y empezar a poner algo de esfuerzo en encontrar una historia que contar. Al igual que no es excusa lo de la policía diciendo “sólo hacemos nuestro trabajo”, tampoco lo es en el caso de la prensa cuando su cobertura de la historia se emplea como pruebas para incriminar a la gente.

Unos 30 minutos antes de que estudiantes, activistas y anarquistas se volvieran contra ella, tuve una charla con una bien vestida periodista que estaba en medio de la multitud, con su micrófono de Antena 3 apenas oculto en su enorme bolso de cuero. No grabé la conversación (mal periodista, malo), pero el meollo de la cosa fue más o menos éste:

¿Por qué sigues viniendo? ¿Qué encuentras interesante en esta historia?

Te seré sincera, sólo grabamos los choques con la policía.

¿Y esa es la noticia?

Es triste, pero sí. Siendo inglés, tú deberías saberlo.

Me parece que esto resume sus objetivos de forma bastante clara, además de denotar algo de ligero racismo lo de acusarme de los disturbios de este verano en Inglaterra (de verdad, mamá, yo no fui). No debería resultar sorprendente: lo que motiva a ser periodista televisivo siempre ha sido el ansia de ser el centro de atención, unida a una inseguridad crónica que te impide ser de verdad la estrella de la función. Lo que a mí aún me desconcierta es lo desnortada que iba y su aparente carencia de lo que siempre he creído que era el impulso básico del periodismo: contar una historia que todavía nadie ha contado. Esto último lo resume otra parte de nuestra conversación:

¿Cómo ves a los manifestantes?

¿A qué te refieres?

Bueno, qué piensas de ellos. Yo creo que son geniales. ¿Tú qué opinas?

Bueno, es complicado, hay muchos aspectos. Quiero decir, todos estamos indignados por algo.

Sí, es complicado, claro que lo es. Pero el ‘trabajo’ de un periodista es coger esos aspectos y examinar cada uno de ellos, no contar la misma historia ad infinitum bajo la errónea premisa de que eso es lo que el público quiere oír. Eso no es ser periodista. Es ser un funcionario.

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