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Cultură

Suplanté a un señorito andaluz en un examen a cambio de 2.000 euros

Xoan es un matemático exitoso pero para ganarse la vida el otro día se llegó a rapar la cabeza para parecerse a un tío.
23.9.15

Foto: Mercedes Pérez

Hace varios años que Xoan terminó la carrera de Matemáticas. Desde entonces, ha trabajado en el mundo de la empresa. Su mayor logro fue crear un software de control de operaciones aéreas. A raíz de este proyecto, trabajó en varias de las compañías españolas más potentes del sector de la energía y comunicaciones. Actualmente hace el doctorado en su especialidad y participa en un programa de desarrollo sostenible en colaboración con una universidad sueca.

Cualquier alemán que leyese esta retahíla de logros académicos y profesionales, pensaría en Xoan como alguien plácidamente asentado en el campo científico, un seguro beneficiario de becas de investigación y ayudas varias. Un tío con un cerebro privilegiado y una vida acorde con este cerebro. "La realidad -dice Xoan- es que me gano la vida dando clases particulares a universitarios. Les hago trabajos de fin de grado y de máster que cosechan muy buenas notas, y me presento a exámenes por ellos. No he suspendido nunca. Como hay profesores que valoran mis ideas, colaboro en proyectos varios con algunas universidades extranjeras, pero sin recibir un duro. Hasta he programado un software basado en mi tesis".

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Pero esto último, por lo visto, al Ministerio le da igual. Por eso precisamente, el otro día Xoan se rapó la cabeza, en lo que sería una primera fase que culminaría con un afeitado completo de cabeza. En principio, cuando Xoan "suplanta identidades" para presentarse a exámenes, suele retocar un poco ciertos detalles de su imagen para parecerse lo máximo posible a la persona que va a suplantar. "Nunca había llegado a un cambio tan radical como afeitarme la cabeza. También es cierto que nunca me habían pagado tanto dinero por presentarme a un examen", aclara.

Todo empezó con una llamada. Un chico de Málaga, estudiante de último año de Matemáticas por la UNED, había oído hablar de Xoan. Un amigo suyo al que le había hecho el trabajo de fin de máster y que había sacado sobresaliente, le había recomendado. "En principio le dije que no. Era una asignatura complicada. No iba a ser tan sencillo como otras veces. Quiero decir que tenía que estudiar unos cuantos días antes y prepararme a conciencia para no cagarla. Era la última oportunidad de aprobar que tenía este chico. Así que me negué. Era demasiada responsabilidad".Ahí parecía que había terminado todo. Pero a la semana llegaron los mensajes en los que el estudiante le ofrecía más y más dinero. "Cuando me dijo que estaba dispuesto a pagarme 2000 euros mas el billete de ida a vuelta a Málaga, le dije que de acuerdo. Y empecé a prepararme. Le pedí una foto suya y me la envió al momento. Ahí vi que la cosa iba a ser complicada. No nos parecíamos en absoluto. Llevaba gafas, aunque eso era fácilmente solucionable. Pero además era más alto y parecía bastante más fuerte. Y era completamente calvo, de estos que llevan la cabeza afeitada para que no se les note".

Un señorito andaluz que no es capaz de aprobar, un cerebrito que lo va a suplantar y una madre dispuesta a cualquier cosa para que su retoño acabe la carrera, en un cortijo con chicas de servicio y cochazos.

Pero los 2000 euros latían al fondo, como en la pantalla de un concurso de televisión, así que Xoan siguió adelante con el plan. "Fui a Málaga con todo bien estudiado, con la cabeza rapada, pero aún sin afeitar (el "cero" completo, con retoque de patillas, lo haríamos en su casa). Cogí el AVE, me planté en su ciudad y cogí un taxi hasta su casa. De pronto me vi a la puerta de un chalet tipo cortijo, con todo su rollo andaluz, muy pijo. Creo que el encuentro cara a cara nos puso a los dos bastante nerviosos. En directo, nuestras diferencias trascendían bastante el tema capilar. Parecía que por la parte donde el Photoshop a mí me debería refinar, a él tenía que ensancharlo, y al revés. Ahí fue donde entró en el tema la madre del chico, una señora andaluza muy desenvuelta que, además de pegarme el afeitado definitivo a la cabeza, me hizo ponerme ropa de mi talla que se acercase más al estilo de su hijo".

Mientras realizaban el cambio imagen, Xoan iba tomando consciencia de la situación esperpéntica en la que se encontraba: Un señorito andaluz que no es capaz de aprobar, un cerebrito que lo va a suplantar en un examen y una madre dispuesta a cualquier cosa por que su retoño acabe la carrera de una vez, todo ello situado en un cortijo con chicas de servicio y cuatro cochazos a la puerta. "Mientras me 'transformaban' -cuenta Xoan- apareció una tía del chico, una señora mayor que vivía con ellos, y entre los tres me empezaron a hablar de toros, vírgenes y fiestas típicas de allí. Tenían mucha devoción por no sé qué virgen andaluza. Aunque me estaban poniendo la cabeza loca, había una parte de mí que atendía, porque de alguna manera sentía que tenía que saberlo todo de él".

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La hora del examen se acercaba. Una chica del servicio apareció con unas bandejas. Le ofrecieron merendar, pero Xoan, ya en un estado de nervios importante, declinó la oferta y anunció que se iba. Xoan y el chico se pusieron el uno al lado del otro para recibir el visto bueno de la madre y la tía. "Se santiguaron -se ríe - y pidieron por que todo saliese bien a la virgen de la que me habían estado hablando todo el rato. No digo que me parezca mal, pero flipé bastante con los límites morales del ser humano, así, en general, y con los religiosos en particular. Todavía me estaba descojonando por dentro cuando llegué a la puerta del examen".

En la puerta del examen, como es habitual, le pidieron la identificación y, tras un rápido vistazo, confirmaron que el de la foto del DNI y el que estaba delante de ellos era el mismo estudiante de calva reluciente y gafas de pasta negras. Xoan se sentó y tardó poco en hacer el examen, pero, por precaución, siguió un rato más sentado. A la salida, volvieron a comprobar que era él. Nuevamente, dieron el visto bueno. Al rato, ya estaba de nuevo en el AVE de vuelta a Madrid. "Saqué la calificación que me pidió el alumno, una mediocre, para no levantar sospechas. Una vez que salieron las notas, el chico me realizó la transferencia por el importe que habíamos acordado. Y ahí ya pude respirar tranquilo. Aunque, visto todo el percal que se traían, aquella casa, las criadas, todo eso, se me quedó mal gusto de boca, para qué engañarnos".

En la universidad sueca con la que Xoan colabora en su programa de desarrollo sostenible, un estudiante de doctorado recién empezado, en el primer año (en el que sólo se le pide que estudie, nada más), se le pagan 50.000 euros anuales. Es un país con un nivel de vida mucho más alto que España, de acuerdo, pero, aun así, el estudiante cobra el salario medio, aproximadamente. En España, las becas son la mitad del salario medio (sólo un poco mayores que el salario mínimo). Xoan se sincera:"Contar esto en este artículo supone de alguna manera un alivio. Está la parte de 'confesar un pecado', claro está, porque sí que siento cierta culpabilidad por presentarme a exámenes por otros y hacer trabajos para otros. Aunque quizás esto también vaya de razonar qué parte de pecado hay en todo esto, y qué parte de 'no tenía otra salida' o de 'la situación de mi país me está obligando a hacer esto'".

Esos 2000 euros que cobró son fundamentales para Xoan, así como el dinero negro que cobra en las clases particulares que da. Quizás dentro de unos años, cuando acabe su tesis, pueda irse (o no tenga más remedio que irse) a esos países en los que se cobra de manera justa y se valoran las competencias profesionales. "Haré lo que dijo nuestro presidente", confiesa. "Mostraré al resto del mundo lo preparados que estamos los españoles. Es gracioso que diga eso, puesto que Rajoy hace con las palabras lo mismo que yo hago con los exámenes y trabajos de la gente que me paga. Les da otra identidad y trata, por todos medios, que resulten creíbles. Sé que la época en la que más dinero gane y en la que más contribuya a un país no va ser esta, ni va a ser en este país".

A veces, Xoan se imagina a Rajoy llegando a casa, quitándose el pelo y la barba, y hablando sin deslizar las eses. Todo era un disfraz, todo era mentira. Podría ser que el aumento de la nota para conseguir una beca impulsada por el ex ministro Wert y las declaraciones en las que contaba que como estudiante era "asquerosamente bueno" hayan hecho más daño del que creemos. Podrían ser un incentivo perverso, porque, en realidad, estudian los que tienen más dinero. Pero mucho más. Tanto como para pagarse la matrícula, las clases particulares, e incluso a un listo no tan adinerado que te hace el trabajo de final de carrera o del máster o, incluso, se presenta por ti a un examen. "Seguro que ellos, además, podrán quedarse en el país", añade. "Seguro que encontrarán un trabajo en la empresa de tal o cual primo o amigo de la familia. Pero bueno, trato de no juzgarlos más de la cuenta. Al fin y al cabo, son mis mejores clientes".