Cultura

Comparto piso con mi expareja

Contacté con tres personas que actualmente viven con sus exparejas para que me explicaran sus experiencias, desde cómo afecta la convivencia a cómo se resuelven las citas con otras personas en un espacio tan reducido.
19.7.16
cama separada

Hace dos años, mi novio de entonces y yo nos mudamos al otro extremo del país, a Los Ángeles, donde yo iba a cursar un posgrado. Vivimos allí dos meses y luego terminamos la relación. Como no podía permitirme pagar yo sola los 1.200 dólares del alquiler y habíamos firmado un contrato de un año, decidimos seguir viviendo juntos seis meses más, durmiendo uno en la cama y otro en el diminuto sofá del salón. Fue un poco raro, pero era agradable ver una cara conocida al llegar a casa en una ciudad a la que te acabas de mudar.

Soy consciente de que mi situación es bastante común. Para muchos jóvenes que viven en ciudades caras, seguir compartiendo piso con su pareja tras la ruptura es la única solución para poder pagar el alquiler.

Contacté con tres personas que actualmente viven con sus exparejas para que me explicaran sus experiencias, desde cómo afecta la convivencia al proceso de cicatrización de las heridas a cómo se resuelven las citas con otras personas en un espacio tan reducido.

Damien, 25 años

Llevamos unos dos años viviendo juntos y rompimos hace un mes. El contrato termina al final de este mes y luego cada uno se irá por su cuenta. Si faltara mucho más, seguramente tendría que rescindirlo antes de tiempo. Ella es muy orgullosa, y supongo que yo también lo soy. Nos cuesta bajarnos del pedestal para afrontar las cosas cara a cara.

La última semana y media la he pasado durmiendo en casa de mis amigos. El día mismo que lo dejamos, mi ex se lesionó la pierna y no podía moverse mucho. Como le incomodaba dormir conmigo, se montó la cama en el sofá. Después de una semana en este plan, una noche llegó a casa, entró en la habitación hecha una furia y me preguntó, "¿Por qué te tienes que quedar tú con la cama? Me duele la pierna y hemos compartido la cama durante dos años. ¿Por qué te la quedas tú?". Fue un malentendido. Ella lo interpretó como una falta de respeto hacia su espacio por mi parte, y yo entendí su rabieta como una forma de echarme de la cama por la misma razón.

Normalmente estoy fuera de casa cuatro o cinco días a la semana, y los fines de semana trabajo de noche. El único momento en que coincidimos los dos en casa es después del trabajo, durante una o dos horas. Intento buscarme cosas que hacer para no estar en casa. Tenemos un salón, un dormitorio y un estudio, así que o bien estamos los dos en el salón con un ambiente muy tenso o me subo al dormitorio.

Lo que gano me da para ir tirando, así que cuando me vi venir la ruptura, me busqué otro trabajo de camarero los fines de semana y empecé a ahorrar dinero. Una vez estaba con un amigo, ella me llamó y acabé colgándole el teléfono. Al día siguiente, cuando llegué a casa, vi que había destrozado un montón de cosas: el despertador, una lámpara, un espejo y la barandilla de las escaleras. No creo que nos vayan a devolver el depósito porque se ha cargado muchas cosas, y es un asco, porque me habría ido genial para pagar el depósito del piso nuevo.

Suzi, 30 años

Jared y yo nos compramos un edificio en Cincinnati y nos trasladamos a él en abril de 2014 desde Portland. Es un edificio de cuatro pisos, un sótano y tres plantas. Como al principio estábamos juntos, vivíamos en la primera planta.

En marzo del año pasado, decidimos transformar la primera planta en lo que es ahora el FreeSpace, un centro de información y un espacio gratuito para celebrar reuniones, por lo que empezamos a prepararlo todo para pasarlo al sótano. En ese punto, de repente decidí que no quería irme a vivir al sótano ni tampoco seguir con la relación.

Él se trasladó al sótano y yo a la parte de arriba, con lo que estamos separados por tres pisos. Tenemos la suerte de disponer de mucho espacio, pero aun así es duro.

Todavía nos queremos y el hecho de que aún vivamos bajo el mismo techo hace que sea más difícil empezar de cero, porque seguimos viéndonos, yendo juntos a comprar y comiendo en la misma mesa - Suzi

Llevábamos ocho años menos tres días juntos y conviviendo desde el principio. Cuando nos conocimos, él tenía 18 años y yo, 21. Él quería irse de casa de sus padres y yo buscaba un sitio donde vivir después de acabar la universidad, así que nos fuimos a vivir juntos, por comodidad y para vernos más.

Nunca hemos tenido problemas de convivencia ni compartiendo los recursos comunes. En ocho años, vivimos en habitaciones superreducidas en pisos compartidos, en cabañas y en granjas. Incluso estuvimos un mes en una caravana antes de comprar el edificio.

Rompimos hace un año y cuatro meses. Ahora estamos bien como amigos, pero ha sido un proceso duro. Todavía nos queremos y el hecho de que aún vivamos bajo el mismo techo hace que sea más difícil empezar de cero, porque seguimos viéndonos, yendo juntos a comprar y comiendo en la misma mesa.

Para mí no es tan complicado porque ya estoy en otra relación; estoy preparada para verlo como un compañero y copropietario del edificio. De hecho, ahora incluso tenemos inquilinos. Hecho de menos algunas cosas de nuestra relación, y me alegro de que tengamos este edificio y el proyecto FreeSpace porque nos mantienen unidos, aunque por otro lado, soy consciente de que eso ha evitado que pasemos página más rápidamente.

Mi actual pareja tiene prohibido vivir aquí o asistir a eventos en FreeSpace y yo tampoco estoy dispuesta a mudarme. Cuando lo dejamos, establecimos la norma de que ninguno de los dos podía traer a su pareja a casa, pero como ya ha pasado bastante tiempo, le dije a Jared que por mí no había problema si traía a alguien. Yo quiero traer a mi pareja, pero Jared todavía no se siente cómodo. Supongo que cuando conozca a alguien será más fácil.

Lily, 25 años

Eric y yo llevábamos tres años y medio juntos y lo dejamos hace cuatro meses. El contrato de alquiler de este piso lo firmamos hace dos años, en un momento en que ni se me pasaba por la cabeza que pudiéramos romper. Es mi mejor amigo. Aunque ya no estamos juntos como pareja, sigo preocupándome por él como si lo fuera. Vivir juntos no es fácil ni creo que sea muy saludable. Es como tener una herida abierta constantemente.

Sorprendentemente, mi actual novio, Tommy, lleva muy bien la situación. Se ha mostrado comprensivo en todo momento y muy respetuoso con Eric, algo muy importante para mí. Quien esté conmigo tiene que respetar la relación que tengo con Eric. Nosotros tampoco nos acostamos si Eric está en casa, porque me siento incómoda y estoy segura de que a Eric tampoco le haría mucha gracia.

Eric duerme en el que antes era nuestro dormitorio. Yo me pasé a su despacho y duermo en la cama que él tenía antes de estar conmigo. Es muy positivo que cada uno tenga su espacio. A veces, si no queremos estar solos, dormimos en la misma habitación.

En el segundo mes, cada vez que coincidíamos en casa nos poníamos a llorar - Lily

Nos hemos enrollado varias veces desde que lo dejamos. Creo que ninguno de los dos se arrepiente, y en varias ocasiones me he planteado volver con él. Nunca ha traído a nadie a casa, pero recuerdo la primera vez que se acostó con otra. Estaba tan atacada que hice un agujero en la mesa de la cocina de tanto rascar con un cuchillo. Por eso le pedí que no trajera a nadie aún. Creo que me pasaría todo el tiempo que ella estuviera en casa llorando en mi habitación.

Durante el primer mes después de la ruptura procuré estar en casa lo menos posible. Pasaba la noche en casa de amigos, a veces durmiendo en el suelo. No era capaz ni de mirar a Eric a la cara. En el segundo mes, cada vez que coincidíamos en casa nos poníamos a llorar. Más que pelearnos, le dábamos vueltas al mismo tema una y otra vez, sin llegar a ningún lado. Bebíamos mucho y no pegábamos ojo.

Ahora, en cambio, hablamos incluso más que cuando estábamos juntos y de forma mucho más sincera. Tenemos días muy buenos y otros horribles, pero cuanto más tiempo pasa, más mejora nuestra relación.

Nuestro contrato de alquiler vence mes a mes, pero no tengo ninguna intención de mudarme. Siempre que me enfado le digo que me voy a ir, pero lo cierto es que me gusta vivir aquí. No creo que podamos volver a tener una relación estrictamente monógama, al menos en mucho tiempo, pero tampoco me imagino una vida sin él cerca, aunque nunca volviera a haber sexo.

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Traducción por Mario Abad.