Cultura

¿Qué pasará cuando nuestra generación se haga mayor?

Somos adultos maduros viviendo en un constante estado de infancia suspendida. ¿Qué va a ser de nosotros dentro de 20 años, cuando lleguemos a los cuarenta?

por Hannah Ewens
18 Octubre 2016, 4:00am

Ilustración por George Yarnton

Este artículo fue publicado originalmente en VICE UK.

Compartimos piso con gente que no conocemos o con nuestros padres, vivimos al día y estamos instalados en la cultura del miedo. Sufrimos graves problemas de autoestima y la mayor parte de nuestra vida social se desarrolla en internet. Sabemos lo que deberíamos ser porque lo hemos aprendido de nuestros padres, que se casaron cuando tenían nuestra edad y luego vinieron los hijos, la hipoteca y el coche unos años después.

Y ¿qué hay de nosotros? Somos adultos maduros viviendo en un constante estado de infancia suspendida. ¿Qué va a ser de nosotros dentro de 20 años, cuando lleguemos a los cuarenta? ¿Qué va a pasar con los millennials cuando se hagan mayores?

Somos adultos maduros viviendo en un constante estado de infancia suspendida. ¿Qué va a ser de nosotros dentro de 20 años, cuando lleguemos a los cuarenta?

Una imagen acude de inmediato a la mente: una persona de 43 años, aquejada de alguna enfermedad mental y viviendo en una caja de cerillas por la que paga 2.000 euros al mes y en la que se pasa el día mirando Tinder de forma obsesiva.

Lo cierto es que nadie sabe cómo será nuestro futuro. Ninguno de los varios académicos, científicos y economistas con los que contacté quiso aventurar una hipótesis, aunque tal como están las cosas ahora, quizá no haga falta ningún experto para hacerse una idea de hacia dónde nos dirigimos.

Hoy día vivimos sin blanca y probablemente sigamos igual en el futuro. Ryan Bourne, director de Políticas Públicas del Institute of Economic Affairs, afirma que nuestra generación llegará a los cuarenta con mucha menos riqueza acumulada y en un estado de precariedad mayor del que debería. "La carencia de riqueza se debe en parte a que los jóvenes no están adquiriendo vivienda y en parte también a que siempre se han visto obligados a pagar tanto por el alquiler que les resulta difícil ahorrar algo para un plan de pensiones o una inversión. Es un gran problema". Jason Dorsey, experto en materia generacional, coincide con Bourne: "El pronóstico es que cuando esta generación alcance los treinta o los cuarenta, seguirá dependiendo en gran medida de la ayuda de sus padres: los de treinta y tantos seguirán viviendo en casa con ellos y los de cuarenta seguirán pasándoles las facturas del teléfono móvil. Ese fenómeno está ejerciendo mucha presión sobre la generación de más edad. Como no haya un aumento drástico de los ingresos, habrá problemas".

En resumidas cuentas, si pensabas que a los veintitantos ya tenías bastante presión, espérate a cumplir los cuarenta. Bourne asegura que llegará un punto en que alcancemos la llamada mediana edad y nos demos cuenta de la gravedad de la situación. "Muchas personas de nuestra generación llegarán a los cuarenta y les entrará el pánico al percatarse de que no tienen suficiente patrimonio acumulado para vivir otros 30 años cuando se jubilen", explica. "Habrá, por tanto, muchos cuarentones preocupados porque no tendrán una jubilación demasiado feliz".

El pronóstico es que cuando esta generación alcance los treinta o los cuarenta, seguirá dependiendo en gran medida de la ayuda de sus padres: los de treinta y tantos seguirán viviendo en casa con ellos y los de cuarenta seguirán pasándoles las facturas del teléfono móvil

Pero ¿llegaremos alguna vez a recuperar la calidad de vida de nuestros padres y acumular riqueza? Según los economistas con los que hablé, lo más probable es que no.

"El problema es que seguiremos persiguiendo muchas de las cosas que querían las generaciones anteriores, pero no estarán a nuestro alcance", señala Dorsey. "Cuando nuestra generación llegue a los treinta y tantos, será momento de ver si los millennials han alcanzado ese concepto de madurez". Uno de los mayores miedos de los lectores de VICE es el de no encontrar el amor, lo que sugiere que no descartamos por completo la idea de casarnos, y nuestra indignación respecto a la crisis inmobiliaria demuestra que seguimos valorando la seguridad de tener un techo bajo el que vivir. A medida que pasen los años y nos acerquemos a los treinta, nuestra frustración e infelicidad irán en aumento.

Como a nuestra edad no podemos permitirnos tener hijos, aplazaremos el momento a los treinta o los cuarenta. "Tener hijos a los treinta es más complicado e implica un riesgo mayor", asegura Dorsey. "Es la tormenta perfecta. Y la idea será: si vas a hacerlo, que sea ahora. Todo ello resultará en una menor tasa de natalidad, al retrasarse la edad a la que se tienen los hijos".

Dependeríamos enteramente de la inmigración para perpetuar nuestra existencia como país. Habría más iniciativas para atraer inmigrantes jóvenes a nuestras fronteras

La carga psicológica de todo ello recaerá sobre las mujeres —algunas de las cuales se darán cuenta de que no pueden tener hijos—, pero se notará en toda la sociedad. Tal como nos explicó la Dra. Amy Kaler, profesora de Estructura Social en la Universidad de Alberta, si las mujeres dejaran de tener hijos, "Lo primero que advertiríamos es el cese de la actividad económica relacionada con los niños y los padres, como las tiendas de bebés, los servicios de canguro, las guarderías, etc. Luego empezaría a afectar a los colegios de educación básica y los centros deportivos para niños. Por otro lado, dependeríamos enteramente de la inmigración para perpetuar nuestra existencia como país. Habría más iniciativas para atraer inmigrantes jóvenes a nuestras fronteras".

La Dra. Carole Easton —directora ejecutiva de Young Women's Trust, organización para el apoyo y la representación de mujeres con edades entre 16 y 30 años que viven en el umbral de la pobreza en Inglaterra y Gales— pone de manifiesto su preocupación por el futuro de las mujeres. "Las mujeres tendrán más dificultades porque seguirán recibiendo sueldos inferiores, teniendo contratos más precarios y, sobre todo, seguramente seguirán siendo las encargadas del cuidado de toda la familia".

Nadie puede predecir con exactitud el estado de nuestra salud mental y nuestro bienestar dentro de veinte años, pero parece muy probable que nuestra generación se caracterice por la ansiedad y los problemas mentales. Pero lo que debería preocuparnos es la prevalencia de este último tipo de problemas a los veinte años. Por lo general, cuanto antes se aborden, más probable será la recuperación y mayor la calidad de nuestra salud mental en el futuro.

La edad de jubilación se retrasará aun más, en parte porque tendremos que mantener a los hijos que hayamos tenido mucho más tiempo, un problema que se agrava por el hecho de que el Gobierno está dispuesto a que trabajemos prácticamente hasta el día antes de que muramos

"No tratar los síntomas solo puede derivar en sufrimiento innecesario para las personas, lo que les impediría llevar una vida plena y evolucionar", afirma la psicóloga clínica Lisa Orban. Respecto a los problemas de ansiedad que los jóvenes de veintitantos aseguran sufrir, la doctora Orban afirma: "El cerebro es todavía muy maleable durante los primeros años de la madurez, y estar expuesto al estrés a una edad muy temprana puede influir a la salud mental a largo plazo. Aprender a identificar el estrés de forma precoz y a desarrollar estrategias para su gestión es de suma importancia para prevenir o mitigar sus efectos en el futuro".

Pero ¿cómo se nos da lo de desarrollar mecanismos de gestión del estrés?

La principal preocupación de los profesionales de salud mental es el desconocimiento de los efectos a largo plazo que puede tener el hecho de vivir una "adolescencia suspendida". "Sabemos que todo lo que le ocurre a los jóvenes en la actualidad está influyendo de forma negativa en su bienestar y puede acabar generando problemas de ansiedad", afirma Lucy Lyus, de la organización benéfica MINDS, y añade que no hay perspectivas de que ninguno de esos factores vaya a cambiar en el futuro. Si queremos garantizar el futuro de la salud mental de los jóvenes, es preciso que haya cambios ahora.

Bueno, al menos nos podemos consolar con tener una larga y agradable jubilación, ¿no? Pues no exactamente. La edad de jubilación se retrasará aun más, en parte porque tendremos que mantener a los hijos que hayamos tenido mucho más tiempo, un problema que se agrava por el hecho de que el Gobierno está dispuesto a que trabajemos prácticamente hasta el día antes de que muramos. "Vamos a sufrir un aumento drástico de la edad de jubilación debido al envejecimiento general de la población", asegura Bourne.

En España, ya se prevé que la edad de jubilación aumente a los 66 años para el año 2020, y no sabemos cuánto más puede llegar a ascender a partir de 2027.

Toda esta información resulta muy desesperanzadora y aciaga, pero debemos tener en cuenta que no somos una generación que viva en una burbuja. No se nos puede simplemente ignorar, ni a nosotros ni los problemas que nos afectan. "Es demasiado horrible siquiera plantearse lo que puede llegar a pasar si no hacemos algo", explica Rachel Laurence, de New Economics Foundation. "Estoy convencida de que si no ponemos solución a estos problemas, se producirá una crisis económica y entraremos en una depresión a gran escala. Tengo la esperanza de que la situación cambie cuando toda esta gran cantidad de población alcance la segunda y la tercera etapa de la madurez".

Cierto es que, como señala Laurence, el motor de toda nuestra economía se basa en la deuda. Si los miembros de toda una generación no tienen medios para adquirir vivienda o propiedades para ellos o sus hijos y mientras tanto los sueldos siguen manteniéndose a niveles bajísimos y la economía sigue creciendo, nos encontramos ante "una verdadera bomba de relojería".

¿Cuándo abandonaremos esta adolescencia prorrogada? Según Dorsey, tendremos la sensación de haber alcanzado la edad adulta más o menos a los cuarenta años. Lo que sabemos con certeza es que lo que entendemos por "edad adulta" va a cambiar por completo a partir de nuestra generación.

Quizá en un futuro no muy lejano, llegar a los 18 años no signifique nada más que una excusa para hacer una fiesta y la llegada del momento en que puedes comprar alcohol sin enseñar el DNI. También puede que vayan cayendo otras marcas tradicionales de la llegada a la madurez; quizá "ser adulto" deje de implicar tener una casa en propiedad o hijos. Al igual que nuestros padres establecieron los parámetros que definían la madurez, nosotros tenemos la responsabilidad de decidir el mismo término para la generación Z y las venideras.

Sigue a Hannah Ewens en Twitter.

Traducción por Mario Abad.