Noisey

'Take Care' de Drake es el mejor disco emo de todos los tiempos

Cinco años después de su lanzamiento, el disco sigue ofreciéndonos la mirada más sincera de Aubrey Graham: decaído, contemplativo y solo en una vida llena de lujos.
Emma Garland
London, GB
7.11.16

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La portada del Take Care de Drake es ridícula. En ella vemos al cantante con una camisa negra medio desabrochada, varias cadenas doradas y un anillo en el dedo meñique, observando con amargura un cáliz dorado. Está rodeado de varios objetos, incluyendo un búho y un candelabro dorados que parecen reliquias heredadas de una familia de barones escoceses. La paleta de colores podría describirse como 'todos los tonos de las hojas del otoño' y el ambiente en general sugiere que se encargó por ser la alternativa más económica a una pintura al óleo. Una llama, encendida poco antes de hacer la foto, está empezando a derretir la cera.

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Es, a todos los efectos, la imagen más arquetípica y memorable de Drake, superando otras tan icónicas como la de 'Drake agachándose en Timberlands dentro de un cubo iluminado', 'Drake escondiendo la erección que le regaló Nicki Minaj en el vídeo de "Anaconda" e incluso 'Drake disfrazado de George Costanza en un partido de baloncesto'. Su segundo, aunque fue el primero (y seguramente el único), disco coherente, Take Care, nos presentó a Drake como el personaje que conocemos hoy: decaído, contemplativo y solo en una vida llena de lujos.

"Ese es el que está ahí sentado en la portada del disco, ese chaval que acaba de salir del sótano de su madre en Toronto para convertirse en el rey", dijo Drake a MTV News antes del lanzamiento de Take Care. "De eso va la portada del disco y da pie a una profunda reflexión porque puedes quedarte muy chalado haciendo esto".

Con "esto" se refiere a los clubs, copas, chicas y fama. "Esto" significa el rap, un mundo que Drake estuvo años observando a través de la ventana para luego por fin entrar y tratar de averiguar en primer lugar "de qué va" realmente. "Esto" es de lo que trata Take Care: el tira y afloja psicológico entre el querer y el tener, entre la imaginación y la realidad, cuando de repente te encuentras metido hasta las narices en todo lo que siempre habías deseado y no eres capaz de aceptar que se te ha ido de las manos. Todos estos conflictos internos se desarrollan dentro de una narrativa emocional que alcanza proporciones shakespearianas, repleta de rupturas y ligues, egocentrismo y llamadas en estado etílico, preocupaciones por quiénes son tus amigos y quiénes tus enemigos. Es como un culebrón pero con contratos discográficos de por medio. Cinco años tras su lanzamiento en 2011, Take Care continúa siendo el mejor disco emo hasta la fecha.

La primera vez que escuché Take Care hacía unas semanas que lo había dejado con mi pareja, acababa de quedarme sola a los 22 años, sin tener ni puta idea de lo que estaba haciendo. En situaciones como esta, uno se ve forzado a reevaluarse, puesto que tú mismo eres la persona con la que vas a pasar la mayor parte del tiempo a partir de ahora. Lejos de la burbuja de comodidades y afirmaciones externas que te ofrece (en sus buenos días) una relación, empiezas a plantearte cosas como: ¿Y ahora qué?, ¿cómo voy a encontrar a alguien para follar cuando aún falta un año para que inventen Tinder?, ¿debería buscarme un hobby, empezar a nadar o algo?, ¿me puede llegar a gustar el agua?, ¿quién soy?, ¿Dios, esta es mi personalidad?, ¿tengo que enfrentarme a todo este caos de dudas, malestar e incapacidad para escoger una peli en Netflix día tras día y para siempre?, ¿he cometido un grave error?

El hecho de que Drake publicara este disco que tenía todo y nada que ver conmigo fue como un acto de benevolencia cósmica; parecía deslizarse como si fuera una marioneta sobre mi cuerpo y exteriorizar mis sentimientos a pesar de ser algo muy lejano a mi experiencia personal. Toda esa producción ambiental, las frías líneas de piano y el tono que nos pone los pelos de punta; gran parte de la razón por la que sentimos las emociones de Take Care tan de cerca se debe a su sonido y texturas. Es básicamente una actividad sensorial, como acariciar unas sábanas de calidad o hacer el amor tras haber tomado éxtasis. También contribuye el espectáculo que representa Drake al tomar su trono, pero de esto hablaremos después.

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Recuerdo escucharlo en el coche cuando volvía a casa del trabajo; era una noche sombría de noviembre y lo único que se veía en las calles desiertas era la tenue luz de las farolas. El ruido sordo y rítmico de los limpiaparabrisas y los neumáticos deslizándose sobre el asfalto mojado son sonidos que asocio con el disco, a pesar de no estar incluidos en él. Los primeros acordes de "Over My Dead Body" se han grabado en mi cerebro con mayor firmeza que cualquier recuerdo de mi infancia o encuentro violento. Se expanden y contraen con fuerza, como la respiración de alguien mientras duerme. La voz de Chantal Kreviazuk se sitúa en primer plano, resonando como si se dirigiera a los asistentes de una amplia sala abarrotada. Entonces aparece Drake elegantemente con lo que básicamente es una lista de logros. En poco más de un minuto, establece todo un paisaje emocional que nunca antes nos habíamos encontrado dentro del rap. Drake está ahí solo y, en lo que dura el disco, nosotros también estamos ahí.

Take Care se presta a momentos de soledad. Va de la mano con la imagen de Drake conduciendo sin rumbo por Toronto, pasando por delante de la casa de una ex, reduciendo ligeramente la velocidad y pensando en parar antes de acelerar para desviarse rápidamente hacia un club y ponerse hasta las cejas. Es la primera y extraña evolución del Drake que ahora vemos en Views, sentado en la parte trasera de un coche como si fuera una pantalla de inicio de a GTA.

Drake está obsesionado con la idea de quedarse atrapado, ya sea geográficamente, en un recuerdo o en una forma de empleo. Take Care se supone que está inspirado en el tema So Far Gone de "Houstatlantavegas", que cuenta con todo detalle su aventura con una ambiciosa striper "atrapada" en esa vida. Por ello se pasa la mayor parte de Take Care o bien revolviendo entre los escombros que le han dejado las mujeres con las tuvo alguna relación, como si fuera el fantasma de sus anteriores relaciones, o bien afirmando su posición dentro del rap del momento. El amor y el hip-hop son narrativas que avanzan de forma paralela a lo largo de todo el disco, detallando su ascenso a lo más alto y los daños psicológicos colaterales. Sitúa a Drake como el último Ícaro del rap: "Si voy a algún sitio, seguramente es demasiado lejos", dice encogiéndose de hombros en "Headlines". Hasta ahora todo bien, supongo.

Pero el tema general de Take Care es la soledad, en un círculo íntimo, en una ciudad que ha acabado representando y en el ojo público. Es el monólogo interior de un joven que intenta encontrarse mientras se sitúa en una posición donde todo el mundo está intentando llevarse algo de él. Llegó el mismo año que House of Balloons de The Weeknd, en la misma fecha que Camp de Childish Gambino y poco antes de Man on the Moon I y II de Kid Cudi, y Take Care nos ofrece una muestra introspectiva y retrospectiva de sus tiempos. Como todos esos discos, es una obra maestra de la vulnerabilidad masculina. House of Balloons nos lleva por un deambular poco sano lleno de sexo y drogas a las 3 de la mañana, con el dedo firmemente apretado contra el botón de autodestrucción, mientras que Camp nos ofrece una visión más adolescente sobre la ruptura y las políticas de identidad y Man on the Moon I y II se presentan como un doble impacto de soledad y adicción en forma de sueños surrealistas y crudas realidades, respectivamente. Los cuatro sitúan a sus protagonistas como outsiders, pero Drake es diferente. Su cursilería en lugar de ser aceptada se transforma en algo distinto, en algo cool. Porque esto es lo que pasa: Drake es un auténtico nerd.

Como anterior niño estrella de familia judío-canadiense que acabó pareciéndose al hijo de un político, Drake no tiene nada que encaje en la definición de rapero en la década de los 2000. Incluso el vídeo de "HYFR" –uno de los temas más presuntuosos y difíciles del disco– se abre con una filmación casera donde le vemos de niño vestido con un chaleco de cachemira. Luego pasa a representar su propia Mitzvah, acompañado de DJ Khaled luciendo una chaqueta de béisbol en una sinagoga y con el propio Drake alzado en volandas sobre una silla con una gran sonrisa de satisfacción antes de pasar a destrozar su pastel de cumpleaños. Un choque realmente alucinante de modales de mesa y bravuconería, "Me metí la servilleta en la camisa porque me estaba moviendo así" es un verso que no le podría funcionar a cualquiera, pero a Drake le funciona. De algún modo hace que todo funcione, incluyendo la afirmación de que todas sus amantes anteriores solo fueron una "práctica" para él, la exagerada veneración de Nicki Minaj (que, en Take Care, representa a todas las mujeres fuertes del mundo) y transformar su propia inseguridad y narcisismo en algo emotivo en lugar de objetable.

Sobra decir que la combinación alternativa y melancólica de R&B, hip-hop y electrónica del disco transcendió los géneros convencionales para establecerse como uno de los sonidos más memorables de la pasada década. Pero el mayor logro de Take Care es haber convertido al Drake rapero en un icono. Si prescindimos de la bravuconería, la masa muscular y los memes que hoy constituyen el relleno del personaje de Drake, nos encontraremos con Take Care. Es la razón por la que se puede quitar la pelusa de los pantalones en un partido de básquet para nuestro regocijo. Es la razón por la que puede hacer el baile de "Hotline Bling" sin que le tachemos de ir de molón. Es la razón por la que podemos verle como un niño adulto siempre al borde del llanto –ese tipo que se llevaría una chica a casa para lavarle el pelo en lugar de llevársela a la cama– sin dejar de admirarle. Todos los chistes que hemos hecho sobre él parten de la base que creó con Take Care, estableciendo un equilibrio personal entre la vulnerabilidad y la ambición. Es emo de cojones, sirve para establecer al Drake que conocemos hoy y, por eso mismo, sigue siendo su mayor logro hasta la fecha.

Traducido por Rosa Gregori.