Marca España

Analizamos el vídeo de Rajoy ahora que sabemos que estaba mintiendo

Es necesario observar de nuevo a nuestro presidente mintiéndonos descaradamente para entender dónde estamos.
Todas las imágenes vía el YouTube de Europa Press.

Es maravilloso ver a tu interlocutor mentir cuando sabes perfectamente que solo está soltando mierda por la boca. Es en este punto cuando detectas el sufrimiento e intuyes las gotas de sudor frío que están recorriendo el interior de su rígido rostro. En el mundo del guion audiovisual existe una cosa llamada la “ironía dramática”, que es cuando hay una información que solo uno de los implicados conoce —ya sean personajes de la narración o el propio público—. Un ejemplo: puede que ese tipo que está sentado tranquilamente hablando sobre las bondades de la soja no sepa que debajo de su silla hay una bomba que estallará en 20 segundos, cosa que sí sabe el espectador: ironía dramática.

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Pues bien, ahora podremos disfrutar de este trampantojo narrativo si revisualizamos las declaraciones del Presidente en la Audiencia Nacional como testigo en el caso Gürtel, en las que juró que diría la verdad.

Porque el caso es que la sentencia de la primera etapa del caso Gürtel cuestiona la credibilidad de Mariano Rajoy en el momento en el que negó rotundamente que existía una contabilidad B en el PP y que se cobraran sobresueldos. Los magistrados creen que las pruebas son tan contundentes que su testimonio no puede ser lo suficiente verosímil.

Observemos de nuevo, por favor, estas imágenes en las que podemos ver al Presidente de España mintiendo en directo y creyendo que nos la está colando. El tema es que ahora, nosotros como espectadores, sabemos perfectamente que está mintiendo vilmente: ironía dramática. El regador regado.

Aquí tenemos al tipo, nuestro amigo. Joder, aquí ni se esperaba que le iban a petar fuera del Gobierno. Aquí Rajoy lleva puesta la sonrisa del que miente y se sabe muy consciente de ello. Ha ensayado toda la noche en casa las frases que tiene que decir y se siente seguro. Ha hecho los deberes.

Mirad su manos, bien cerradas, bien herméticas en una extrema posición de defensa. Ahí dentro, acurrucada y bien calentita —como si estuviera protegiendo un pollito que acaba de salvar del matadero— está oculta la verdad de Rajoy. Una verdad débil, miserable y deprimente.

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En este frame vemos a nuestro presidente mintiendo mientras expone sus mentiras que se ha ido aprendiendo a lo largo de su legislatura. La mano ayuda a fingir cierta credibilidad y seguridad, ayuda incluso a que uno mismo crea que todas las chorradas que está diciendo sean verdad. Este es el momento en el que el mentiroso se está mintiendo a sí mismo. Nosotros, desde nuestra nueva perspectiva en la que sabemos que es un cuentista, no podemos sentir si no una gran ternura por el tipo. Pobre diablo, las debe estar pasando canutas dentro de ese cerebro.

Ese momento en el que alguien que está mintiendo descaradamente se indigna por la posibilidad de que su interlocutor pueda pensar que está mintiendo. La dignidad del fullero, la imagen de ese que salta al vacío sin paracaídas para demostrar que sí que lleva un paracaídas, “Y MUY BUENO”. El cuerpo quedó irreconocible.

Ahora viene un momento bastante guapo. Muy guapo, colegas. De la indignación pasamos al enfado, un enfado muy fuerte y violento. De repente, el verdugo se posiciona como víctima. “Vamos, encima de que esta señora me obliga a meterle la mano en el bolso y cogerle un billete de diez mil pesetas, encima tengo que sentir como me llaman ladronzuelo”. El mundo se le ha puesto en contra, es el nuevo Galileo.

Enormes gotas de sudor recorren la corteza exterior de su cerebro. Ni él mismo entiende cómo puede estar colando toda esta farsa a todo el mundo. Ya ha entrado en el papel de la víctima indignada, ya ha revertido el proceso. Se está envalentonando, ahora mismo podría defender cualquier cosa, que el sol realmente no existe, que es lícito asesinar niños y tirarlos a la basura o que no hace falta dentífrico para lavarse los dientes, “lo importante es cepillar bien”. Este es su mejor momento, es la etapa dorada de Hollywood, la toma de Berlín por parte del ejército ruso.

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Aquí le vemos en un pequeño momento de duda. De repente recuerda que está mintiendo, el tipo incluso se estaba creyendo sus propias diatribas. No salgas de tu personaje tío, que la vas a liar. Lo único que puede ayudarle es salvar el momento con bromas y chistes, como lo que hace la gente para salvar su matrimonio. Ahora llegará esa frase célebre de “La respuesta debe ser muy gallega, porque no puede ser riojana”. Qué entrañable es ver a alguien al límite.

El derrumbe. Aquí realmente Rajoy nos está comunicando de que, efectivamente, todo es una gran farsa. Incluso está pidiendo ayuda, necesite que esto termine, que le dejemos en paz. El llanto del niño que se ve perdido en un centro comercial está cerca.

Cuando veíamos en directo sus declaraciones lo intuíamos, ahora, con la sentencia del caso Gürtel, ya podemos saber que esta es la cara de un embustero.

Pero da igual, todo está bien. Aquí el Presidente está contento porque cree que la cosa ha colado. El trolero feliz ya puede irse para casa. El problema es que ahora lo hemos pillado y podemos revisitar estos momentos y darnos cuenta de lo lamentable del momento. De lo lamentable de la política de este partido que, dentro de unos años, saldrá en Wikipedia que, literalmente, destruyó España.