Identidad

Todo lo que aprendí en un taller sobre el orgasmo femenino en Barcelona

Desde hace 15 años, la sexóloga Marina Castro imparte talleres para mujeres y hombres sobre el placer sexual femenino.
22.7.16
IMÁGEN TOMADA DESDE EL MÓVIL DE LA AUTORA

Lo primero que hice fue descalzarme. Así empezó todo. Yo creía que era por comodidad, pero luego nos explicaron que era porque estábamos en un centro budista. Nos habían citado a las 10 am en un lugar más o menos céntrico de Barcelona para asistir a una jornada de sábado dedicada exclusivamente al orgasmo femenino, un taller que imparte el Instituto de la Sexualidad y la Pareja desde hace más de 15 años. La noche antes le había explicado a todo el mundo lo que iba a hacer y me habían mirado entre maravilladas y sorprendidas "¡A ver todo lo que aprendes! ¡Quizás te cambia la vida!", me decían. Así que las expectativas eran casi tan altas como mis nervios.

Llegué unos cinco minutos antes y al poco empezaron a llegar mujeres de edades y perfiles muy diversos y entre nosotras nos saludamos con una mezcla de timidez muy divertida. Al fin y al cabo íbamos a pasar un sábado entero hablando de nuestros orgasmos con unas desconocidas. En total nos juntamos 17 mujeres y nos sentamos en semicírculo, de manera que pudiésemos ver todas las caras. Marina Castro, experta en sexología y terapia de pareja, la responsable del taller, empezó la ronda de presentaciones. Sin miedo, sin tapujos y animando al resto a explicar un poco la vida. A ella, le siguieron las demás. Hay que indicar aquí que todas las mujeres hablaron siempre de relaciones heterosexuales.

¿Quién se atreve a admitir que solo con penetración vaginal disfruta poco o nada?

"Después de 12 años casada con mi marido, he descubierto que no disfruto", arrancó el primer testimonio. "¿Esto es así? ¿Un orgasmo es eso? Entonces no es para tanto", "Me aburro con el sexo, "Después de 30 años, me he dado cuenta que soy una persona organizada, educada, trabajadora, puntual, pero no disfruto con el sexo, me he olvidado completamente de mí", "No sé lo que me gusta, porque nunca lo he pedido", "He estado tanto tiempo soltera y acostumbrada a masturbarme que siento que soy incapaz de disfrutar sexualmente ahora que tengo pareja", "Yo me puedo generar placer, pero mi marido es incapaz de provocarme un orgasmo".

Foto tomada con el móvil de la autora

Cada testimonio era bastante distinto entre sí, pero prácticamente todos obtenían la comprensión de alguna compañera que respondía con un "a mí me pasa lo mismo, yo siento igual". Charlamos un poco entre todas sobre la cultura sexual aprendida en casa, de nuestras primeras relaciones, de la incomprensión o falta de empatía de algunos hombres. Y fue curioso comprobar cómo entre las más veteranas del grupo, que rondaban unos 50 o 60, y las más jóvenes, de unos veintitantos o poco más, las experiencias compartidas a veces eran casi idénticas. ¡No han pasado tantos años!

"Está claro, nos ha pasado a muchas, ¿no? Estás con un hombre que está intentando aguantar mucho rato por ti, esperando a que tú te corras y tú solo estás pensando en que acabe ya ese infierno de una vez", explica Castro. Muchas asienten, claro, las clitorianas, es decir, mayoría del grupo. "¿Quién se atreve a admitir que solo con penetración vaginal disfruta poco o nada?", pregunta la sexóloga. Una mujer de unos cuarenta y pocos asiente con la cabeza y afirma que a ella le pasaba lo mismo: toda la vida fingiendo orgasmos hasta que un día se animó a contárselo a su pareja para buscar una solución. Problema: después de tanto años, ahora no sabe ni cómo empezar. La media de edad del grupo es de unos 35 años.

Estás con un hombre que está intentando aguantar mucho rato por ti, esperando a que te corras y tú solo estás pensando en que acabe ya ese infierno de una vez

"El porno es una trampa, te muestra ahí a una pareja durante 30 minutos de penetración vaginal y se supone que a ti te debería gustar", continua la sexóloga. Y muy ligado a eso, pasamos a ver los tipos de orgasmos que todo el mundo conoce, pero que provoca frustraciones en algunas. Equipo clitorianas, equipo vaginales. Es así. Eres lo que te ha tocado y no puedes cambiarte de bando cuando te de la gana. "Si eres clitoriana, tengo que decirte que no serás vaginal y lo mismo a la inversa", contesta Castro en respuesta a una mujer a la que le gustaría mucho ser vaginal. "Otra cosa es que la clitoriana pueda llegar a alcanzar el orgasmo con penetración vaginal a partir de la estimulación de otras partes", matiza. Ya sabes: con los dedos (tu mano nunca te abandona) y cacharros no humanos, es decir, consoladores. Apunta tres nombres robóticos que, al parecer, son mano de santo: Lelo-Ina Wabe, We Vibe 4 y G-Kii Joue. Y prepara unos cuantos euros, porque su precio ronda entre los 100 y 200 euros.

"Es muy frecuente encontrarte en los talleres con mujeres que creen que su orgasmo es "el peor" y que les gustaría tener otro, pero no hay que idealizar lo que tienen las demás y hay que aprender a disfrutar del propio orgasmo", explica Castro. Pasa lo mismo con el ritmo o la intensidad. Las hay que tienen orgasmo explosivo –según la sexóloga, solo un 5%– lo que significa un solo orgasmo corto, pero muy intenso. Luego está el grupo mayoritario: un orgasmo bastante intenso y, luego, posibilidad de réplica de otros más leves. Y un grupo más: un orgasmo prolongado, mucho menos intenso. "Este último es el menos común, es como un tembleque. Es frecuente que la mujer no identifique eso como el orgasmo y dude de si lo ha tenido o no", explica.

Estamos un buen rato hablando de la famosa complacencia, tan instalada en esta sociedad patriarcal, y como nos enseñan, desde pequeñas, a complacer siempre al hombre. "¿En cuántas películas hemos visto como la mujer hace una buena mamada a un hombre, y en cuantas pasa al revés, que el hombre coma un coño?", pregunta una chica. Las demás se suman al alegato y muchas de ellas (esto pasa durante la comida grupal) coinciden en haberse topado con hombres que se niegan a hacerlo o que ponen cara de que no les gusta. "Y el muy cretino incluso te avisa de que lo está haciendo porque sabe que te gusta, pero que a él eso no le va", añade una chica de unos 30 años.

Vayamos al punto G, o sea, la prostata femenina. Es muy importante saberla estimular y que la estimulen bien para tener orgasmos mucho más placenteros. Castro nos explica algunas posturas para poder estimulársela a una misma sin necesidad de otra mano ni de un consolador. Y nos da algunas claves para mejorar el suelo pélvico con la ayuda de Laura Pastor, una fisitoterapeuta especializada en fisiosexología. Hacemos unos cuantos ejercicios sobre una pelota bajo las nalgas y las piernas cruzadas. Teóricamente no debería doler. Pero duele. Eso nos indica el estado de nuestro suelo pélvico. Las mujeres que hacen yoga o pilates parece que controlan y no les duele ni un poco. Reconozco que aquí me han ganado. A mí me cuesta una barbaridad, las miro con un poco de envidia. "La musculatura del suelo pélvico es muy importante también para hacer más leve la incontinencia urinaria derivada del post-parto", explica la fisioterapeuta. Tengo mucho calor después de esta actividad, pero me siento afortunada de estar sentada justo enfrente del ventilador.

Después de esta parte de ejercicios, abordamos la última fase del taller. La visualización. Yo no sé qué diablos significará eso, pero pienso que por fin nos estamos acercando a la fase en la que pondremos en práctica todo lo aprendido. Primero nos pasan un vídeo muy ilustrativo de técnicas de masturbación femenina. La mujer que no logra el orgasmo con su marido exclama: "¡Se lo pienso enseñar en cuanto llegue a casa!". Después, sacamos unas colchonetas y la tallerista nos explica que ahora, quien se sienta cómoda, puede estimularse en este ejercicio de "masturbación colectiva". Es optativo y todas tenemos los ojos cerrados. De fondo, suena una música relajante. Ahí culmina bien la cosa… para algunas. Mientras que otras estarán pensando en lo que harán cuando lleguen a casa, en la importancia de pedir o guiar con las manos, o en el buen material que tienen para enseñar a sus parejas: un montón de hojas grapadas y unos cuantos lubricantes de regalo.