Australia

Estos aborígenes quieren detener el boom de la extracción de gas en el norte de Australia

Grandes corporaciones energéticas planean hacerse con las reservas de gas natural del Golfo de Carpentaria, en Australia, a través de la extracción por fracking. Los aborígenes prometen luchar sin tregua contra la invasión de su tierra.
29.3.16
Imagen vía Frack Free NT Alliance
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Las comunidades de conservacionistas y de aborígenes del norte de Australia se están preparando para la lucha. Su ancestral Territorio del Norte se ha convertido en objeto del deseo de las mayores corporaciones energéticas del planeta.

Las gigantescas empresas desean perforar el suelo de los aborígenes e instalar el devastador sistema del fracking para obtener el valioso gas natural que se esconde en sus profundidades en cantidades industriales.

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Santos, Sasol, Inpex y, más recientemente, algunos empresarios que han amasado millones perforando el suelo de Estados Unidos han sido hipnotizados por las bondades de la cuenca de McArthur en el Territorio Norte australiano.

La sociedad American Energy Partners (AEP), la compañía fundada por Aubrey McClendon, fallecido hace dos semanas y pionero del fracking en Estados Unidos, ha cerrado ya cuatro acuerdos para desplegar sus gigantescas taladradoras a lo largo de una zona de 55 millones de acres, que estaría cubierta de gas naturaly de petróleo.

Por su parte la compañía Energy&Minerals Group, una sociedad de accionistas privados de Texas, se ha apresurado a costear el 18 por ciento de la inversión de la empresa australiana Pangaea Resources para llevar a cabo su propia prospección en la zona.

Si bien la producción está todavía en fase exploratoria, las labores de prospección han desatado los temores de las cuatro comunidades de aborígenes que viven en el golfo de Carpentaria.

Se trata de una de las zonas más remotas de la sabana tropical del norte de Australia, una parte del país extremadamente rica en biodiversidad, cuyas tierras son propiedad de los aborígenes, quienes también se encargan de gestionarlas.

Los propietarios más tradicionales y los activistas temen que el fracking pueda contaminar el subsuelo y que las excavaciones puedan liberar líquidos que terminen arruinando la calidad del agua de la superficie, y el único y frágil medioambiente de la zona

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"Necesitamos agua limpia, necesitamos un país limpio", afirma Gadrian Hoosan, portavoz de la comunidad Garawa. "Nuestra comunidad necesita trabajos sostenibles, ocupaciones que llevan todo la vida — y eso es algo que el fracking jamás logrará procurar".

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Uno de los propietarios de toda la vida, el pastoralista Jonesy Anderson, cuya tierra es parte de la zona que está siendo explorada por Armour Energy y AEP, ha comentado que le preocupa que el fracking pueda afectar la calidad del agua en los abrevaderos de su ganado, situado al sur del municipio de Borroloola. "Será el fin del negocio del ganado", ha comentado. "Ahora mismo estamos atravesando un sequía importante".

De hecho, la acuciante sequía también ha puesto en la picota a las reservas de agua de la región del Golfo, según relata Lauren Mellor, una de las gestoras de la sociedad antifracking Territory Frack Free Alliance. Según Mellor, a tenor del elevado consumo de agua que exige el fracking, la escasez de agua se ha convertido en una preocupación cada vez más presente.

"Se trata de una zona donde existen grandes áreas de pastoreo. Si el fracking llega hasta aquí, entonces será imposible acometer algunas de las actividades básicas de manutención del territorio, como los fuegos controlados. No podremos quemar matorrales ni tierra si estamos rodeados de gas. Por no hablar del negocio del ganado, que se ha consolidado, junto al turismo rural, como una de las actividades económicas fundamentales de la zona", asegura Mellor.

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El fracking es una práctica de perforación que ha sido prohibida en varios países del mundo y en dos estados de Estados Unidos. Su controvertido proceso consiste en inyectar enormes cantidades de agua, de productos químicos y de arena a presión muy alta en el subsuelo, para así liberar el gas o el petróleo que pueda estar contenido en sus profundidades.

El volumen de agua empleado para llevar a cabo el fracking varía según las condiciones geológicas del entorno; sin embargo, cuando esta técnica se utiliza para obtener gas esquisto — como en el caso de la cuenca del McArthur — acostumbra a exigir ingentes cantidades de agua, tal y como revela un estudio realizado el año pasado por la compañía estadounidense especializada en sondeos geológicos Geological Survey.

Según revela el informe, entre 2000 y 2014, solo en Estados Unidos, cada año se extrajeron 36.620 metros cúbicos de agua — una cantidad suficiente para llenar 14 piscinas de 100 metros de longitud, la distancia olímpica — destinados a la extracción de gas esquisto. Las enormes cantidades de agua extraída, siempre según el informe, habrían provocado un problema de escasez en las reservas de agua y en la ecología acuática en general.

Un grupo de pastoralistas y de propietarios tradicionales se manifiestan en contra del fracking en la región australiana del Golfo de Carpentaria. (Imagen por Frack Free NT Alliance).

Otra de las preocupaciones entre los vecinos aborígenes es el daño potencial que las perforaciones puedan infligir en zonas reverenciadas en las que se llevan a cabo actividades espirituales.

"Tenemos varios zonas sagradas repartidas por todo el territorio. Hay lugares específicamente diseñados para ir a soñar", cuenta Hoosan. Los maestros más viejos de nuestra comunidad nos siguen enseñando. Si las prospecciones llegan a perjudicar nuestros sueños y la historia de nuestra tierra, entonces nos habrán arrebatado una página de nuestra historia".

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El gobierno del Territorio Norte se avino a revisar la ley de medioambiente el año pasado después de un informe redactado por el doctor Allan Hawke, un experto contratado para investigar las potenciales consecuencias medioambientales que podía ocasionar el fracking. El informe de Hawke detallaba la existencia de zonas donde la regulación medioambiental podía mejorarse, pero en líneas generales concluía que los riesgos asociados a la práctica del fracking podían combatirse con una "regulación robusta".

El gobierno habría publicado recientemente los borradores de unas nuevas normativas que prohibirían el fracking en zonas residenciales y en espacios donde existan importantes actividades agrarias. Igualmente, las normativas en materia de agua del Territorio Norte están siendo revisadas, incluidas aquellas que contemplan según qué exenciones para las todopoderosas industrias del gas y del petróleo. Igualmente, se contempla reforzar severamente toda la normativa relativa a la gestión de los vertidos y al uso de productos químicos.

Por su parte, el departamento de Minas y de Recursos Energéticos de la administración del Territorio Norte, ha informado que los pastoralistas y los vecinos de la zona no deberían de preocuparse por la escasez en el suministro de agua ni por la contaminación medioambiental. Un portavoz del departamento ha asegurado que las regulaciones actuales serían lo suficientemente "robustas", y que tal es la clave fundamental para garantizar la salud del agua y la sostenibilidad del entorno.

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El gobierno se ha mostrado de lo más empático con toda la problemática que podría generar la explotación de los combustibles fósiles del territorio. Las estimaciones realizadas apuntan a que las reservas de gas esquisto de Australia son monumentales, pero que siguen sin ser explotadas.

Las autoridades consideran que el desarrollo de la industria del gas en el Territorio Norte podría ser una buena manera de sacar provecho a las medidas tomadas por Asia en pos de utilizar recursos energéticos más ecológicos y sostenibles. A ese nivel, la administración considera que la oportunidad de extraer el gas esquisto es demasiado buena como para que se la deje escapar.

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Sin embargo, muchos de los vecinos de la región del Golfo se han mostrado de lo más escépticos con la promesas asociadas a los muchos beneficios que tendría la actividad. Así lo considera el doctor Seán Kerins, que trabaja en el Centro de Investigación de Políticas Económicas Aborígenes, un organismo que depende de la universidad nacional de Australia.

Lo cierto es que el Golfo ya cuenta con una nociva historia de contaminación medioambiental derivada de los trabajos de minería en la zona. Y aquel legado ha provocado que ahora la gente esté de lo más inquieta.

Minas como la mina del río McArthur y la mina de cobre de Redbank, ya cerrada, han provocado la contaminación de muchos ríos de las zona, algunos de los cuales han sido escenarios habituales de la abundante pesca de los aborígenes, uno de los recursos fundamentales de sus supervivencia.

El año pasado 3.600 vecinos de Borroloola ya suscribieron una petición para exigir el cierre de la mina del río McArthur. La denuncia fue interpuesta ante la administración del Territorio del Norte.

"Los aborígenes se quejan de que ya saben en qué consiste lo de tener minas en casa y la idea de que les siembren los territorios de prospecciones, las mismas tierras de las que viven, les parece muy peligrosa", cuenta Kerins.

El partido de la oposición al actual gobierno australiano ya ha prometido introducir una moratoria en contra del fracking si conquista el poder en las elecciones parlamentarias que se celebrarán durante el próximo mes de agosto. Sin embargo, más allá de ellos, no parece haber mucha más oposición política a las perforaciones de los suelos del país.

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Por su parte, el Garawa Land Trust, la sociedad que protege las tierras comunitarias de los Garawa se ha opuesto al fracking en sus tierras y se ampara para ello en el la ley de los territorios aborígenes del Territorio Norte, una ley que concede el derecho de veto a las tribus de la zona.

Sin embargo, en territorios regulados por otras normativas no existe el derecho a veto que ofrece la ley aborigen. De tal forma, hasta el momento, ya se han concedido los permisos necesarios para que las grandes corporaciones exploren el 90 por ciento del territorio.

Algo que perturba considerablemente a Hoosan, el portavoz de los Garawa.

"Estamos rodeados de zonas que se ha permitido explorar — de modo que seguiremos estando afectados", ha dicho. "Pero vamos a luchar por nuestra tierra. Tenemos unas tierras hermosas aquí".

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