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Las seis tipos de personas que arruinan Burning Man solo con su presencia

Una útil guía de referencia para las muchas clases de personas molestas con la que te cruzarás durante tu estadía en Black Rock City.
Illustrations by Howl

Ilustración por Howl

Burning Man es el festival al que asistes cuando quieres una experiencia transformativa y un escape de la vida mundana. La meta de tu utópico viaje de nueve días es salir agradecidamente de The Playa, sin dejar rastro, con una percepción alterada de la realidad. En términos simples, se trata de un jugo desintoxicante de carbón activado, libre de gluten, químicamente mejorado para tu alma.

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Para gente como yo, Burning Man resultaría probablemente en nuestra muerte. El pensar en andar en bicicleta a través de una cegadora tormenta de arena para encontrarme a un hippie usando un hula hula como arma contra un niño que se atrevió a usar shampoo, me daría un aneurisma. Una vez lancé por el retrete a una familia de peces dorados para evitar limpiar su tanque; sobrevivir de la transmisión de buenas vibras y de intercambiar atrapa sueños por una lata de frijoles no funcionaría en mi favor.

Pero en su polvoriento núcleo, Burning Man es un crisol demográfico, con subculturas y mentes psicodélicas, cada una más molesta que la siguiente. Aún así, el lado más humanizante de este a veces alegre festival es la variedad de gente de cada clase económica: siniestros genios de la tecnología como Elon Musk y Mark Zuckerberg y excéntricas celebridades, como P.Diddy y su famosa sombrilla rosa, rozan hombros con personas que creen que los cristales curativos y el aceite de oliva sanarán la fibromialgia.

A continuación, realizamos una útil guía de referencia para las muchas clases de personas molestas con la que te cruzarás durante tu estadía en Black Rock City.

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1. Los modelos

"The Sparkle Ponies", también conocidos como los modelos, pasan la mayoría de los días arreglando sus decoraciones hindús, tirando agua en la tierra para crear un charco donde puedan admirar su reflejo y tratando de descubrir como traer en helicóptero a Annie Liebovitz para tomar una sesión de fotos con un Jamie Jones semidesnudo en lo más alto de una instalación de arte.

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Si los Sparkle Ponies no están siendo mimados o alabados por su manada de seguidores en Instagram, pueden ser vistos vagando por Deep Playa sin una causa, a veces muy de cerca de "el uno por ciento", como un montón de pacientes dementes con selfie sticks. Mientras serpentean a través del duro terreno de Black Rock City en su apretado látex, sus llamativos brasieres de un millón de dólares y sus ejercitados abdominales relucen con la luz del sol. Los hombres cambian sus licuados de proteína por hongos y GHB, y las mujeres intercambian cigarrillos por un collar de piel de serpiente muy a la moda, mientras desesperadamente tratan de hacer un viaje en el segway de Katy Perry o abrirse camino a un capitalista puesto de comida rápida, "Burger King". Después de un día de escala social, se aburren y se van.

2. Los techno exagerados

Estos adictos al género solo van a Burning Man porque vieron un flyer en un grupo de Facebook sobre techno y tienen la impresión de que Ben Klock y Marcel Dettmann estarán tocando back-to-back por días o terminarán a mitad de un desolado calabozo. Todos se conocen entre sí en la sección de comentarios de YouTube, donde pasan días en videos de Marco Carola tratando de encontrar todos los track ID. Ponen en su lista negra a cualquiera que use Shazam o cualquier otro iPhone más allá del 6+ gris (sin protector).

Principalmente vienen de Nueva York, Miami y Los Ángeles, pero juran que "Berghain es su hogar". A pesar de que solo han estado estudiando alemán con Rosetta Stone por aproximadamente un día, en cualquier momento, Leo de Miami, estará preguntando "Wo ist die techno?" A lo que Jerry del Bronx responderá, "¡Tienes que para tu techno alemán, hermano! Ya te dije que lo único que sé decir es 'DJ rumano' y 'warehouse'".

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No traen bicicletas porque creen que el desierto tiene Uber Black listo para llevarlos de un campamento a otro. Se les puede ver limpiando los alrededores de su campamento, tratando de localizar la cabeza calva de Chris Liebing en un mar de coloridos unicornios galácticos. Asistieron al set al atardecer de Lee Burridge en Robot Heart, solo para quedarse dormidos en la tierra, diciendo, "me puso a dormir. ¿Dónde está Len Faki cuando se le necesita?".

3. El uno por ciento

Cuando no están preocupados acaparando el 99% de la riqueza del mundo, el uno por ciento vuela a Black Rock City para buscar un espacio lejos de sus mayordomos y asistentes. Sus métodos de ingresar al festival incluyen volar en el jet privado de algún inversionista de TAO Group y acaparar las autopistas de Nevada en vehículos recreativos equipados con regaderas de agua Fiji y sábanas de algodón egipcio. Entre sus DJs favoritos se encuentra la estrella de Miami Heat convertida en DJ, Rony Seikaly, Behrouz y Guy Gerber. Su guardarropa incluye gorras de baseball con leyendas como "Mykonos se coge a Ibiza", bufandas de Louis Vuitton con capucha bordadas con la piel de llama y trajes que hacen juego con sus botas pintadas con spray por Mr. Brainwash y Alec Monopoly.

Durante el día, puedes encontrarlos cargando las cenizas de Albert Hofmann en un frasco de Cartier y copulando entre ellos para concebir a un bebé en el polvo. En la noche, estarán alegremente colgando del autobús de Robot Heart (que es como un bus Greyhound que experimentó con ácido en la escuela de arte), o en sus bicicletas, gritando: "¡así se siente no tener nada!".

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Ya sabes, como cuando un DJ superestrella es forzado a volar en área comercial, pero en el fondo sabe que es algo temporal. Así se sienten los del uno por ciento al pasear entre los plebeyos de Burning Man.

4. El hastiado y temeroso

Son los veteranos de Burning Man. Horrorizados sobre la creciente popularidad del festival, incesantemente te dirán que en 1996 fue el año donde "todo terminó". Constantemente señalan en los grupos y comunidades de Burning Man en Facebook sobre cómo empeora la calidad de la gente que asiste y cómo la cultura ha sido arruinada por la llegada de "los niños, los ricos y Skrillex".

Estos descontentos hombres y mujeres se arrastran en sus propios generadores y flamingos rosas desde sus hogares en Reno, Nevada, y pasan sus días en Playa, estacionados cerca de una combi Volvo 1976, bebiendo cerveza tibia y fumando porros. Odian el house y el techno, se burlan de los grupos de fiesteros que corren al set de Maceo Plex y fervientemente creen que las canciones sin guitarras no califican como "música real". "Muéstrame a alguien que pueda tocar un instrumento real en el escenario, eso es a lo que llamo talento", dicen gruñendo ante cualquiera que ponga atención a The Chainsmoker.

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5. Los vagabundos de Stardust

Estas almas veganas de comida orgánica cruda llegan a Burning Man porque el universo los guió ahí. Las constelaciones les sirven como Google Maps, y la luna de Saturno hace que sus pulsantes señales cerebrales los lleven en dirección a Nevada. Llaman a Burning Man el único lugar al que pertenecen, olvidando que apenas hace unos meses, aseguraban que las hamacas de Electric Forest eran su verdadero hogar.

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Estos anti-conformistas son lo que pasaría si una frase de Carl Sagan cobrara vida, destruyendo todos sus neurotransmisores al consumir mucha ayahuasca y posteriormente mutaran. Los vagabundos de Stardust no creen en el jabón, el calzado o la higiene básica, pero creen que la caspa del cuero cabelludo que no lavan es más efectiva para curar que la medicina moderna. Tratarán de convencerte de que tu tercer ojo tiene conjuntivitis por haber tocado los pasamanos en el último set de Flosstradamus, y que debes decir "leche de almendra" tres veces frente a un espejo para curarte.

Estos vagabundos mantienen a las compañías de juguetes para raves en el negocio y pueden ser vistos con sus máscaras para respirar y bastones LED mientras juegan hula hula en un set de Bassnectar o Infected Mushroom, que suena en sus bocinas de semillas de cáñamo. Pasan sus días en el festival practicando saludos al sol, masturbándose con aceite de coco y previniendo sobre el daño a la salud de beber de botellas de plástico, pero cuidadosamente se meterán ketamina a través de un popote cuando les surja la necesidad. Traen a sus hijos a domo de orgías para que expandan sus mentes y golpearán a cualquiera con una vara de incienso si desobedecen los diez principios de Burning Man.

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6. Los europeos desconcertados

Estos aventurados europeos de algún modo consiguen un boleto a Burning Man a través de un amigo de la novia de un dealer en Ibiza que dirige un club nocturno en lo más profundo de Italia. En su viaje mágico a Playa, toman diecisiete autobuses, un bote, un taxi, el Arca de Noé, y una vez que están ahí, no tienen idea de qué hacer y terminan más confundidos que el manager de Ten Walls después de que alguien logra fichar a su cliente un show. Completamente sin preparación, llegan con una maleta del tamaño de una lonchera de pre-escolar y olvidan empacar un cepillo de dientes y papel higiénico. Una iluminada familia de una comuna de Seattle quizá termine "adoptándolos", compartiéndoles de su comida, bebidas y refugio. Pero, inevitablemente, los europeos dejarán sus cigarros y su basura por todas partes, lo que resultará en un ataque por parte de los Vagabundos de Stardust, que tratarán de tomar venganza contra los europeos, blandiendo sus luces de juguete violentamente contra el viento.

Los europeos no están felices con el actual line up de DJs en Burning Man, el cual incluye fiestas y escenarios con nombres como Intergalactic Sasquatch and the Automatic Subconscious. Si fuera por ellos, estarían fumando Marlboro Light mientras Jamie xx o James Blake flotan por el cielo con un croissant de nutella.

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