nba

Curry rompió una marca histórica pero los Warriors siguen teniendo problemas

Steph Curry estableció la marca de más triples en un partido de la NBA ante los Pelicans. Por un momento nos recordó los tiempos dorados de los Warriors.
8.11.16

La noche del viernes pasado ante los Lakers, Stephen Curry falló sus diez intentos de triples, dando fin a una racha de 157 partidos consecutivos con al menos un triple encestado. El lunes frente a los Pelicans, decir que se desquitó es poco. Curry encestó 13 de 17 intentos detrás del arco, acumulando 46 puntos, y estableciendo un nuevo récord en la NBA de más triples en un solo partido. Los Warriors derrotaron a Nueva Orleans 116-106, pero seguramente ya lo habías adivinado.

Publicidad

Conforme los minutos transcurrieron, el partido nos daba la sensación que pertenecía a un vídeo de las mejores jugadas de la historia; incluso si no has visto el resumen, tienes más o menos una idea de cómo sucedió. Curry recibió el balón de parte de Draymond Green, ejecutó un tiro veloz frente a un jugador más alto, y durante una jugada no finalizada, agarró un paso diagonal sobre la esquina, hizo como que iba a tirar, dio un paso a su costado, y encestó. En algún punto del segundo cuarto, recuperó un pase errante sobre la banda, pasó en medio de dos defensores casi a mitad de la duela, y se levantó para lanzar un triple. El anunciador de los Warriors, Jim Barnett, se maravilló por su astucia: "Si logra meter este…" Y lo logró.

Debió ser gratificante para los Warriors ver a su MVP recobrar su nivel, pero fue menos satisfactorio el hecho que tuvieron que recurrir a él. Los Pelicans, equipo que no conoce la victoria, se mantuvieron cerca en todo momento, y extendieron una racha en la que Golden State ha lucido, en ocasiones, como un conjunto brillante, en ocasiones perdido, y a ratos tosco y lento. Por más que la noche histórica de Curry haya impresionado, también le recordó a todos que los Warriors aún no alcanzan el nivel que los fans esperaban luego de la contratación de Kevin Durant en julio: el basquetbol del futuro armado a partir de un balance de talento y elecciones fáciles, donde toda posesión está en jaque.

De todas formas, el arrebato de Curry trajo consigo una mirada al pasado. Aunque Steve Kerr le dio poca importancia a su récord después del partido —"No me sorprendió", dijo, tal vez es verdad—, su hazaña nos hizo recordar aquellos días más tranquilos para los Warriors, cuando podían dejarnos boquiabiertos sin la presión de las expectativas. Para un equipo de su calibre, existe un desafío en cada partido para ganar y armar una química visible, para organizar a todas sus estrellas de forma que rindan a su máximo nivel; el trabajo detrás de ello puede convertir cada partido en un asunto tenso y táctico. En contraste, el vendaval de Curry lució como algo digno de la temporada 2014-15: genialidad pura con un poco de notoriedad estadística.

Los Warriors de la actualidad aún tienen cosas de qué preocuparse. Carecen de protección en el aro; necesitan a alguien que la provea o diseñar una defensa que no la requiera. Klay Thompson se atrevió a salir del arco en el partido del lunes, pero sus triples siguen estando por debajo del promedio. La ofensiva cuenta con una unión poco natural que hemos visto en equipos en proceso de transición; el juego no es totalmente cohesivo y las tendencias de los jugadores todavía no son muy claras.

Si los Warriors siguen siendo, por ahora, un amontonamiento de materiales en lugar de una estructura terminada, el rendimiento de Curry de este lunes refuerza la idea de la excelente calidad del plantel. Golden State tiene 75 partidos de sobra para lograr entenderse. Tal vez para el final de la temporada hayan progresado hasta la casi aburrida y monótona faceta de virtuosismo a la que nos tenían acostumbrados. Para ese entonces, a lo mejor extrañaremos los días cuando tenían que trabajar arduamente para conseguir sus objetivos.