Dinero

La guía VICE para sobrevivir a la crisis de los 25

Estas crisis se han hecho más evidentes entre los jóvenes, no sólo porque el mundo se ha convertido en un lugar horrible, sino también porque las cosas que solíamos hacer a los veinte años se han pospuesto una década.
Hannah Ewens
London, GB
23.11.16
Illustration by George Yarnton

Estás de vacaciones, viendo la carta de un restaurante, y de repente caes en un abismo existencial. ¿Papas fritas o papas con cuero? ¿Qué te gusta más? Al fin de cuentas, ¿acaso importa? Ambas son harinas grasosas y baratas. Por cierto, ¿no deberías preocuparte un poco más por tu economía? ¿Y si despilfarras demasiado y no eres capaz de mantener a tus hijos en el futuro? Bueno, igual cuando cumplas 26 tu fertilidad ya habrá pasado por su mejor momento, ¿no? Viste una línea de tiempo y las cosas no pintan bien. Probablemente tengas que adoptar; eso, si eres de las que quieren hijos (¿quién eres?). Si sabes que todo esto ocurrirá pronto, ¿no deberías terminar con tu novio y pasarte los próximos cuatro años acostándote con todo el que se te cruce por delante?

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Le dices a tu novio que quieres las papas fritas clásicas, y cuando te las traen están frías.

Primer día de vuelta al trabajo después de las vacaciones y te sientes rara; finalmente te das cuenta de que esa sensación extraña es simplemente que "te sientes relajada". Una colega te pregunta cómo estuvo tu viaje y le contestas que genial. Te pregunta lo mismo otro compañero y dices que una maravilla: un mundo lejos de la productividad, en el que dejaste de sentirte como un engranaje más de la máquina, con más de 2.000 emails por responder y con un salario regular. Luego te encierras en el baño y comienzas a buscar maestrías en Google.

¿Dudas de ti mismo intensamente y te sientes estancado en una relación o un trabajo?, ¿estás decepcionado de lo que es la "vida real"? Pues entonces es probable que estés sufriendo la crisis del cuarto de vida.

El doctor Oliver Robinson también atravesó una etapa de dificultad, dejó atrás varias cosas de su vida y dedicó su profesión a estudiar este fenómeno que aqueja a tantos jóvenes en sus veinte. "Las crisis a los 25 años son como una espada de doble filo", explica. "Son periodos de inestabilidad y estrés, pero también épocas de intenso potencial para el desarrollo y el crecimiento".

Hoy más que nunca estas crisis son evidentes entre los jóvenes, no sólo porque el mundo se ha convertido en un lugar horrible de habitar, sino también porque las cosas que solíamos hacer a los veinte años se han pospuesto una década: ahora la gente se casa y tiene hijos bien entrada en los treinta. "Lo positivo es que ahora los jóvenes tienen la posibilidad de experimentar más cosas antes de instalarse en la rutina; lo negativo es que estos cambios propician la aparición de una crisis a los 25, ya que a esa edad son más inestables y están sometidos a más estrés", afirma el doctor Robinson.

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Según él hay dos tipos de crisis: la de los encerrados y la de los excluidos. "En la crisis de los excluidos, los jóvenes sienten que, pese a todos sus esfuerzos, no pueden integrarse a la sociedad adulta", señala. "En la de los encerrados, los jóvenes se dan cuenta de que van por un camino que no quieren recorrer y se ven obligados a tomar decisiones sobre lo que quieren hacer, lo cual puede resultar en un proceso largo y doloroso".

Las cosas no tienen que ser así necesariamente. Con algo de suerte, podrías vivir una mezcla de ambas experiencias.

Y como no quieres que te empiecen a recomendar la meditación o hacer un diario para enfrentar esta confusión, aquí te presentamos algunas ideas de coaches, psicólogos y expertos en salir indemnes de una crisis de los 25 para que te muestren cómo hacer de la vida algo un poco más manejable.

Un grupo de jóvenes en motos (Foto: Chris Bethell)

Empieza por reconocer tus reacciones a las crisis. (son ridículas pero normales)

Según Karin Peeters, coach de vida y psicóloga, la crisis del cuarto de vida consiste en, básicamente, mantenerse en un estado prolongado de estrés por la constante toma de decisiones. "Hay gente que se queda bloqueada y es incapaz de tomar decisiones, otra reacciona huyendo del problema: dejando el trabajo, a la pareja o la ciudad", afirma. "La tercera reacción es la lucha, la voluntad de trabajar duro para lograr algo, lo que sea".

Es importante que sepas reconocer tu reacción. La mía está entre la parálisis respecto a las decisiones más simples (como qué hacer de comer) y el intento de evadir determinadas circunstancias. No recomiendo ninguna de las dos, pero si quieres analizar tu comportamiento y trabajar esos impulsos en lugar de tomar decisiones precipitadas y a ciegas, ayuda mucho tomar consciencia de tu modus operandi.

Cambia el concepto que tienes del tiempo

Tomemos como ejemplo un dilema clásico de la crisis de los 25: ¿Debería conservar mi puesto de trabajo mediocre e ir dejando que el tiempo me acerque cada vez más a la muerte o quizá tendría que dejarlo todo e irme a viajar por el mundo?

La ansiedad que genera esta decisión se acentúa por el hecho de que se trata de una situación inmediata o a muy corto plazo. ¿Debo hacerlo ya, ya mismo? La coach de vida Natalie Dee recomienda ampliar nuestro concepto del tiempo: "Planea las cosas a largo plazo", señala. "Es mejor que pienses: 'en algún momento durante los veinte quiero viajar una temporada'. Es un plan muy general pero tienes más tiempo para llevarlo a cabo. 'A los treinta y tantos quiero estar encaminado hacia una carrera profesional que me guste. A los cuarenta me gustaría tener la vida establecida'. Podrías incluso plantearte, en esos diez años, la posibilidad de conocer a alguien".

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En otras palabras: deja de andar como loco porque ya te quieres ir esos tres meses a Tailandia y date cuenta de que ya eres cinco años mayor que los demás en las full moon parties, así que porque esperes un par de años más no pasará nada. También puedes aplicar este tipo de planeación menos neurótica a otros aspectos de tu vida.

Deja de ver el matrimonio y todo lo que este conlleva como el centro sobre el cual deben girar tus primeros años de vida adulta

"No sé por qué estoy obsesionada con esta edad, pero creo que es genial tener 37 años y estar soltera", afirma Bertie Brandes, una de las creadoras de la revista Mushpit, que acaba de publicar un número dedicado a la crisis. "Creo que es necesario volver a plantearse el concepto del matrimonio como el epicentro de tus primeros años de vida adulta y empezar a valorar todos los años de tu vida por igual. Esta es una presión que nos autoimponemos. Tengo amigos solteros mayores que yo que, aunque no están emocionados con su situación, son conscientes de que no es ningún drama".

Una extensión de esta preocupación es tener hijos. Esto normalmente afecta más a las mujeres que a los hombres. No puedes competir con la biología, pero sí puedes reducir la presión que te impones.

Olvídate de regresar a la universidad

Si tienes la plata, adelante. Si tienes la imperiosa necesidad de seguir formándote o de cambiar de profesión, vuelve. Pero si quieres volver a estudiar una carrera y endeudarte aún más simplemente para perpetuar esa sensación de eterna adolescencia, es mejor que lo superes y pases de página porque es una idea terrible. No eres Van Wilder y tampoco quieres serlo. Sigue adelante con tu adultez; no pidas un préstamo para estudiar una maestría en emprendimiento creativo.

Confía en tus rupturas provocadas por la crisis

Cuando terminas con tu pareja en plena crisis del cuarto de vida, es fácil creer que lo hiciste por tu situación y que, cuando pienses en ese momento dentro de dos años, te arrepentirás mucho de haberlo hecho. "No son síntomas accidentales", explica Bertie. "Llegas a un punto de tu vida en que te das cuenta de que la persona con la que estabas no era la indicada y no quieres seguir con ella. Es una etapa muy egoísta y tienes que obsesionarte un poco contigo mismo".

Siendo egoísta aprendes sobre ti y sobre lo que necesitas de los otros para no quedarte estancado con personas terriblemente aburridas.

No dejes de tener sexo regularmente

Esto tiene justificación científica, así que no lo cuestiones. Es posible que cuando pasas una temporada sin acostarte con nadie mejoren mucho tu productividad y tu capacidad de desarrollarte, pero también corres el riesgo de volverte un poco maniático y antisocial. Esto no es ningún concurso para ver quién aguanta más sin follar.

"Intenta practicar sexo al menos una vez cada cuatro meses. Al menos", recomienda Bertie. "Si no lo haces, empezará a aterrarte la idea de compartir tu intimidad con alguien y te centrarás en tu trabajo, o la falta de él, o en cómo sales en las fotos. Terminarás más obsesionado con tu propio perfil de Instagram, que con el de cualquiera de tus exnovios. Se te olvidará cómo interactuar con la gente desde ese lugar".

No hagas de tu habitación un espacio sagrado

"Si conviertes tu habitación en un altar en el que todo tiene que estar perfectamente ordenado, te estás refugiando en un segundo útero y empezarás a reforzar la idea de que nunca podrás compartir tu espacio con otra persona", afirma Bertie.

(Foto: Bruno Bayley)

Aprende a distinguir si el estrés es causado por deseos o por necesidades

Vamos al colegio, a la universidad, buscamos trabajo y seguimos la ruta que se nos ha trazado sin cuestionarla. Por eso no es ninguna sorpresa que la mayoría de las crisis de los 25 se deban a que nos quedamos pastando solos mientras vemos cómo se esparce el rebaño.

Natalie opina que a esta edad es muy importante distinguir entre lo que quieres y lo que crees que deberías tener. "Una 'necesidad' es algo impuesto, quizá por la sociedad, los amigos o los colegas. Tiene una energía diferente a la del deseo", explica. "Es casi como una obligación y te somete a mucha presión. El deseo es lo que te mueve a hacer algo; eres tú el que lo busca".

Procura no atribuirlo todo a un aspecto concreto de tu vida

Es fácil empezar a creer que si tuvieras un trabajo decente serías una persona totalmente distinta y más centrada. "Yo me obsesiono con la idea de que no puedo seguir soltera, pero no tiene nada que ver con que quiera o necesite una relación, sino más bien con que estoy confundida respecto a qué estoy haciendo con el resto de mi vida", asegura Bertie. "Eso es peligroso, porque si culpas al trabajo de tu infelicidad, lo dejas y luego te das cuenta de que no era la causa, vas a tener un problema aún más grande".

Defiende tu derecho a estar cansado

Me ha costado 25 años no sentirme increíblemente culpable por "no ser productiva" cuando decido echarme en la cama a ver series de Netflix todo el fin de semana porque estoy hecha polvo. No te castigues si de vez en cuando te tomas un periodo de inactividad.

"El año pasado atravesé una etapa en la que me sentía deprimida y me pasaba el día en la cama viendo vlogs de YouTube; no podía pasar sin ellos", recuerda Bertie. "Me sentía como si estuviera desperdiciando la vida, y tres meses después escribí un artículo sobre el tema, en el que expresaba todo lo que sentía y entonces todo cobró sentido. Cada una de las experiencias que vives, aunque sea la de pasarse cinco días en la cama, resulta útil de un modo u otro, aunque en ese momento no te lo parezca. Estamos tan condicionados a pensar que deberíamos ser productivos en todo momento que le hemos perdido todo el respeto al arte de perder el tiempo. Y es precisamente en esos momentos cuando pasan cosas geniales o se te ocurren ideas tontas que pueden acabar siendo brillantes. El descanso es útil. Cuando estás en la cama, tu cuerpo descansa, aunque tu mente esté a cien".

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Esta cultura de tener que estar "prendido" constantemente y vivir a toda velocidad en todos los aspectos de tu vida tiene el mismo origen que la crisis de los cuarenta. Como señala Robinson, tienes más probabilidades de tomar una decisión correcta si lo haces con calma que si lo haces estresado. Así que date tiempo para relajarte cada que tengas la oportunidad.

(Foto: Jake Lewis)

Manda a la mierda a quienes desprecien tus sentimientos

"Muchos adultos jóvenes temen que los demás piensen que sus crisis no son más que quejas y lloriqueos", explica Robinson, "sobre todo gente más mayor o que nunca ha sufrido estos periodos de duda existencial. Hay que recordar que todo lo que sientas es válido, pese a que los demás no opinen lo mismo".

Así que la próxima vez que alguien te diga que los veinte años son la mejor época de la vida, diles que un experto en crisis generacionales dijo: "Este quizá sea el periodo más difícil de la vida en lo que respecta al estrés y la salud metal, debido al gran número de decisiones importantes que hay que tomar".

Haz algo, lo que sea

Consuélate pensando que, al margen de lo jodida que esté tu vida, seguramente no será tan mala a la larga. Puedes pensar eso o quedarte ahí, con este artículo guardado en Favoritos, comiéndote una ración de papas fritas frías junto a alguien que ni te va ni te viene.

@hannahrosewens