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deportes

En Colombia no hay fútbol sin DIOS

Nos pusimos en la tarea de buscar a un jugador ateo en el país y fue imposible encontrarlo. Les preguntamos a cuatro exfutbolistas, cuatro jugadores activos, siete técnicos y dos dirigentes si conocían a algún escéptico y todos respondieron lo mismo.
19.6.14

Ilustración: Paula Osorio.

Mientras el árbitro pitaba, él miraba al cielo arrodillado con los brazos y las manos abiertas. Ya había participado en el padrenuestro comunal de su equipo, pero no conforme, rezó una vez más y se echó tres bendiciones. Me impresionó la devoción de sus actos con apenas 14 años y enseguida me percaté de que el otro equipo manejaba las mismas dinámicas. Incluso el árbitro se bendijo antes de silbar. Luego en casa noté que mi hermano, compañero del arrodillado, empezaba a usar a Dios como muletilla. "Sí, Gracias a Dios me fue muy bien", respondía a los saludos, cuando antes de ingresar a ese equipo de la Liga de fútbol de Risaralda, su apatía sobre temas religiosos era conocida entre nosotros.

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No fue difícil que lo evangelizaran porque desde el fútbol base, los bombardeos religiosos no cesan. Esta disciplina en Colombia sin un Dios, eliminaría una cantidad de dinámicas: las vírgenes y jesucristos en los camerinos, los altares con velones y estampillas, las misas antes de los partidos, los rezos a los guayos, las camisetas con mensajes fanáticos y los semanarios tatuados en los tobillos. "¿Habrá un ateo en el fútbol colombiano?", me preguntaron mucho después y me quedé en silencio porque en mi oficio de periodista deportivo solo he visto lo contrario. He llegado a contar hasta 30 veces la palabra Dios en una entrevista de rutina y algunos tienen tan interiorizado el tema, que la misma fe les equivoca sus discursos: "Gracias a Dios quedamos eliminados", dijo algún día Wason Rentería. Con la fe reencuentran sentimiento de confianza y unidad, de perdón y revancha. Y algunos se sienten impunes si no se bendicen antes de los juegos.

Una encuesta realizada por Gallup hace unos años ratifica que los países más pobres son los más religiosos, en muchos casos por la necesidad de un soporte para afrontar las dificultades. Y quienes practican fútbol en este país son pobres en su mayoría, o al menos esa fue una de las reflexiones de una investigación realizada este año por el Centro Nacional de Consultoría. De los encuestados, el 90% de hombres y el 70% de mujeres juegan fútbol, y de ellos, un 78% son de estrato uno. Al unir las respuestas de ambos sondeos, la conclusión es simple: imposible concebir el fútbol sin religión.

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Sobran ejemplos. Los jugadores de Santa Fe, antes de los partidos, caminan descalzos sobre la cancha y repiten para sí mismos: "La cancha que pisares será tuya", por un pasaje biblíco que les enseñó la guía espiritual, porque ahora hay de esos en varios equipos en Colombia. El técnico Jorge Luis Bernal no dirige un partido si antes no acude a misa o al menos reza un rosario. Johan Vonlanthen, conocido por sus creencias adventistas, le construyó a su abuela una iglesia de 20x20 al frente de su casa en Santa Marta. Antes de dormirse, Jackson Martínez reza la biblia con su hijo, que por cierto se llama Josué. En el estadio de Bucaramanga regaron las cenizas de un aficionado y meses después organizaron una misa para que los resultados mejoraran.

John Mario Ramírez fue conocido como un jugador talentoso y a la vez díscolo, pero desde hace 10 años predica la religión cristiana y ha asesorado espiritualmente a equipos como Millonarios. Este año el volante Daniel Torres ha subido 26 fotos en su Twitter en las que se pueden leer palabras como Cristo, Redentor, Honra, Bendición y Dios. Jorge Betancur, entrenador de las divisiones menores del Envigado, antes que enseñarles sobre técnica, lleva a los jugadores a la Iglesia y por eso todos le dicen 'Chucho'. César Pastrana, presidente de Santa Fe, no se quita la manilla roja de la Virgen de Luján que algún día compró en Argentina y que se convirtió en su instrumento de fe.

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El técnico Eduardo Lara asiste al menos cada mes a la Basílica de Buga e incluso en el 2005 llevó al plantel de la Selección Sub-20 antes del Suramericano del Eje Cafetero. "Hemos venido para que el Señor nos dé sabiduría y nos muestre el camino para lograr la clasificación al Mundial", dijo Lara en ese entonces. Y hace muchos años cuando era hincha, el volante Sebastián Hernández le pidió a su papá que le estampara una imagen del Divino Niño en una camiseta blanca, porque quería imitar a Giovanni Hernández, que por esa época celebraba los goles del Medellín mostrando una trusa idéntica.

El fútbol oculta mil historias que involucran a Dios. Por eso me seguí preguntando si en realidad existía un ateo en este campo y recordaba todo eso que vi para creer que no. Pero me animé a tratar de encontrarlo. Empecé entonces a contagiar mi inquietud. Alexis García, 18 años futbolista, 15 como entrenador, recordó a dos compañeros en Atlético Nacional que decían ser escépticos, pero una vez los vio rezando durante la turbulencia de un vuelo de Aces. Le indagué al respecto a Herman Aceros, volante que disputó el Mundial de Chile 62. Y me sorprendió en un principio: "Yo no era tan fanático…", dijo, entonces pensé que estaba lejos de creer en cualquier deidad, hasta que se despidió:

–Que Dios lo acompañe y lo guíe–

Seguí buscando. Germán 'Basílico' González me contó que al asumir un proyecto, él siempre pregunta: "¿Están de acuerdo con que pongamos esto en manos de Dios?". Y jamás, desde hace 44 años que está metido en el fútbol, ha escuchado un no como respuesta. Tampoco le ha pasado eso al técnico Eduardo Julián Retat, quien antes de los partidos convoca padres para que presidan misas. Y nadie se resiste. Todos oran.

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–¿Ateo? ¡No lo vas a encontrar!–, enfatiza Retat.

–Y mejor que nos los haya–, me dice después Alejandro Otero, arquero de Patriotas.

Hallar a un jugador escéptico en el fútbol colombiano es mucho más difícil que identificar a un masónico, porque los primeros ni siquiera dan pistas, ni firman con tres puntos, ni veneran al ojo de la providencia como los segundos. Simplemente se dejan arrastrar para evitar resistencia y no hablan al respecto. "No quieren ir en contra y se quedan callados. Acá en Colombia nadie te lo va a confesar, como tampoco nadie te va a decir que es homosexual. Debe haber de los dos, pero no lo sabrás nunca. Este tema de la religión en el fútbol es como ir al colegio con uniforme: ¡Es una obligación!". Y lo dice Agustín Garizábalo, un cazatalentos del Deportivo Cali que descubrió, entre otros, a Juan Guillermo Cuadrado y Abel Aguilar, jugadores de la Selección Colombia.

Gracias, Dios, por darnos la oportunidad de jugar este deporte tan lindo. Vamos a salir convencidos, Padre, de que vamos a representar a un país. Pedimos tu bendición, Señor, pedimos la gloria y la honra de Jesucristo. ¡Amén!

Jackson Martínez es quien toma la voz de la oración antes de un partido de la eliminatoria con la Selección, mientras Pablo Armero se arrodilla, mientras Falcao mira hacia el cielo, mientras todos cierran los ojos. En el camerino de la Selección Colombia no hay discursos de guerra, como el de Maradona a sus compañeros antes de enfrentar a Inglaterra en México 86, cuando a putazos les exigió una victoria para vengar las muertes en la Guerra de las Malvinas. En nuestra Selección nunca habrá un insulto; solo adulaciones y peticiones a Dios.

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Hemos entrenado bien, Señor. Lidera el rezo Falcao. ¡Te queremos dar la gloria en el campo, Señor! Frunce el ceño y pide que no haya lesiones. Protégenos con tu sangre poderosa, al igual que al rival. Todos miran hacia el piso y forman un círculo mientras se abrazan. ¡En el nombre de Jesús, Amén! Salen aplaudiendo y echándose más bendiciones, como si ese fuera su discurso de batalla.

Esa noche en un amistoso contra Jamaica, Falcao no vistió una camisilla por debajo con mensajes cristianos, pero ya lo había hecho cuatro meses antes al ganar la Europa League con Porto. "Con Jesús nunca estarás solo", se pudo leer mientras levantó el trofeo en Dublín, Irlanda. "Cree y verás la gloria de Dios", se vio un año después en Bucarest, donde alzó la misma corona pero con el Atlético de Madrid.

Es como si creer en Dios fuera el requisito para ingresar a la Selección y además tuvieran que hacerlo público. Teófilo Gutiérrez lució una camiseta en el último título de River Plate que decía "Jehová es mi pastor", Carlos Bacca siempre que celebra un gol levanta sus brazos y señala al cielo con los índices, James Rodríguez tiene tatuado a Jesucristo en su gemelo izquierdo y Abel Aguilar una cruz en su brazo derecho. Y en la última Selección Colombia femenina sub-17 tenían un altar que ocupaba la mitad del camerino. Contaba con dos escapularios, nueve estampillas, dos velones amarillos y 10 estatuillas de santos y vírgenes, incluyendo a la Dolorosa y al Divino Niño.

En los momentos de espiritualidad, muchos piden evitar lesiones, como lo hacen los trapecistas, los malabaristas y otros que ponen su vida en riesgo por sus oficios. El miedo al dolor se convierte en una excusa para los misticismos en el fútbol, como también las ganas de lograr una victoria. De hecho, cuando obtienen un triunfo impensado, algunos lo toman como señales para depositar su fe. "Tengo amigos que han compartido conmigo momentos deportivos que parecían improbables. Les dije que podían suceder de la mano del Señor y se han convertido en realidad. Eso les ha permitido creer más", dice Falcao en Informe Róbinson cuando le preguntan si suele evangelizar a sus compañeros.

Por esas confusiones entre fe, suerte y resultados, hubo alguien aquí que cuestionó esta dinámica, pero no era colombiano. Su nombre, Fabricio Cerrado: un uruguayo que dudó del Dios de todos sus compañeros mientras jugó en Deportivo Pasto. Edwin García, lateral izquierdo y coequipero suyo en ese entonces, le preguntó si creía. "Las cosas pasan por el destino. No por Dios", dijo el hombre que tuvo el coraje de resistirse. Lo miraron como a un extraño y entonces empezaron las disuaciones.

Cuestionarlos demanda bastante tiempo. Poner en duda sus creencias puede terminar en horas de conversación, como me ocurrió a mí con los técnicos, jugadores y dirigentes a quienes consulté sobre este tema, como por ejemplo a John Jairo 'La Turbina Tréllez, quien a pesar de ser rastafari y desparpajado también reza. Sin importar sus personalidades, escuché respuestas muy comunes y llegué a la conclusión de que, así sea una moda para algunos, esta fe epidémica se transmitirá en el fútbol colombiano por años. Tal vez por los siglos de los siglos…

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