guerras y conflictos

Tres niños mueren al explotar una mina durante el alto el fuego en Siria

Los tres pequeños no pudieron recibir asistencia sanitaria porque el siniestro equilibro geopolítico de Madaya, la aldea siria en la que vivían, dilató la evacuación 7 horas. Para entonces los niños ya se habían desangrado.
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Imagen vía Reuters
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El doctor Mohammed, un dentista cualificado, es el mejor facultativo de Madaya, un pueblo sirio que lleva asediado desde el verano de 2015 por Hezbollah, la milicia libanesa que ha mostrado su fidelidad a las tropas del presidente sirio, el dictador Bashar al-Assad. Este pasado miércoles tres niños murieron en el hospital improvisado que dirige el doctor Mohammad, quien hasta ahora había trabajado de veterinario, junto a siete voluntarios no cualificados.

Los cuerpos de los pequeños explosionaron después de que se tropezaran con una mina en su camino de regreso a casa. Los pequeños volvían de la escuela.

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"Al menos uno de los tres podría haber sobrevivido", relata Mohammad a VICE News en conversación telefónica. Si hubiesen podido ser desplazados a un hospital mejor preparado en Damasco, es muy posible que no todos hubiesen fallecido, asegura el veterinario.

Claro que no es tan fácil salir de Madaya. La ciudad está cercada por decenas de puestos de control y de campos de minas, y el tráfico de entrada y salida está estrechamente controlado. Ali Othman Dalati, de 6 años, su hermano Mohamad Wassim Dalati, de 7, y el amigo de ambos Yusef Muhammad Ammar, de 7, confundieron la mina con una de las latas de comida que a menudo les habían suministrado las organizaciones humanitarias que trabajan en Madaya.

Los tres pequeños nunca pudieron recibir la asistencia médica que la gravedad de sus lesiones hubiese requerido. Claro que no fue por falta de infraestructuras, sino por culpa de los siniestros malabarismos que explican el precario equilibrio geopolítico del pueblo. Madaya vive bajo un estado de sitio permanente que solo se levanta cuando se dan determinados y rocambolescos requisitos; esto es, cuando la guerrilla de Hezbollah, que rodea Madaya, y las fuerzas rebeldes que controlan la vecina aldea de Zabadani, levantan sus respectivos asedios, entonces las fuerzas rebeldes que rodean las dos siguientes aldeas, Fu'a y Kefraya, hacen lo propio. La alambicada solución es parte de un acuerdo sellado entre Naciones Unidas, Turquía, el gobierno de Assad, Hezbollah y los rebeldes, durante el pasado mes de septiembre.

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Osama Dalati es primo de los hermanos Dalati. Osama relata que las familias de los chicos negociaron durante horas la necesaria evacuación de los pequeños para que recibiesen la asistencia médica que requerían. Sin embargo, nadie fue capaz de organizar la urgente y necesaria evacuación. Así que, finalmente, los niños murieron desangrados.

"Ni siquiera les pedimos que quitaran de en medio a sus guerrilleros. Tampoco les pedimos que socorrieran a alguien que había caído herido durante un enfrentamiento", relata Osama. "Simplemente les pedimos que permitiera salir a los chicos, salvar sus vidas, dinamitadas por algo completamente ajeno a ellos".

Osama cuenta que las minas que envuelven Madaya fueron sembradas primero por los combatientes de Hezbollah en el verano de 2015 para impedir que nadie huyera del pueblo.

La ONU dice que hay que evacuar a 400 sirios que sufren por inanición en la ciudad de Madaya. Leer más aquí.

Claro que los tres niños no han sido las únicas víctimas inocentes de las escabrosas trufas explosivas. En enero, poco después de la llegada de un convoy de ayuda humanitaria en Madaya, el coordinador humanitario de Naciones Unidas, Stephen O'Brien, informó que, al menos 400 residentes del pueblo requerían ser evacuados urgentemente de la localidad para recibir una asistencia médica adecuada.

Sin embargo, según las cifras suministradas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), desde el pasado 28 de diciembre tan solo se ha consentido la evacuación de 18 pacientes, quienes habrían salido del embudo paramilitar en que se ha convertido su pueblo junto a 53 familiares.

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Según la OMS, actualmente hay 95 personas, entre enfermos y familiares que necesitan acompañarles, que necesitan ser evacuados urgentemente. Un listado con los nombres de cada una de las 95 personas ha sido compartido por la organización Syrian Arab Red Crescent, que ha intentado tender lazos diplomáticos con el régimen del dictador — sin embargo parece que el esfuerzo no ha servido de nada.

El miércoles O'Brien volvió a informar al Consejo de Seguridad y expuso una propuesta coordinada para desplegar las pertinentes operaciones de socorro en Siria. Sucede que a lo largo de los últimos meses el ruido de las armas ha disminuido hasta casi hasta silenciarse en muchas partes del país, después la tregua parcial alcanzada entre los rebeldes y el régimen de Assad.

Los convoyes de Naciones Unidas, explica O'Brien, han podido socorrer a 150.000 personas atrapadas en zonas sitiadas desde principios de año. Sin embargo, también ha detallado que solo el 30 por ciento de las áreas cercadas y menos de un 10 por ciento de las zonas a las que se conoce como "de difícil acceso", han llegado a recibir suministro alguno de los efectivos humanitarios de Naciones Unidas, o de las organizaciones humanitarias que lo han intentado.

"Sucede que incluso cuando accedemos a los lugares más difíciles, se nos siguen arrebatando suministros médicos de los convoyes", relata O'Brien. "Más de 80.000 paquetes de ayuda médica han sido intervenidos o arrebatados de nuestros convoyes en lo poco que llevamos de 2016, y la amplia mayoría de las veces ha sido a manos de las mismas autoridades sirias, de los hombres de Assad".

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"Muchas de las zonas que el régimen de Assad ha impedido alcanzar a los convoyes de Naciones Unidas quedan apenas 'a diez minutos' en automóvil de los almacenes de Damasco habilitados con aparatos médicos", explica O'Brien. Y si bien es cierto que algunos convoyes han llegado hasta Madaya una vez al mes, lo cierto es que sus vecinos siguen siendo prisioneros de las fuerzas del régimen y de las de Hezbollah. De tal manera, cuando exigen ser evacuados se ven abocados al agotador e interminable toma y daca paramilitar y geopolítico en el que están enzarzados el gobierno, sus aliados y las fuerzas de la oposición.

Raffiullah Qureshi, portavoz del Comité Internacional de la Cruz Roja ha descrito el enfermizo equilibrio de fuerzas como una versión siniestra de la ley del Talión, un escenario en el que el único idioma que se habla es el del "ojo por ojo y diente por diente", un escenario en el que los servicios sanitarios son meras comparsas.

"A mí me parece que cualquier solución que no contemple la urgencia de los pacientes no va a resultar de ayuda ninguna para la gente realmente necesitada. No importa que se trate de un parto, de la víctima de una mina o de alguien que haya sido disparado y se esté desangrando", comenta Qureshi. "Es una desgracia que nadie haya rescatado a estos tres niños, pero así es como está el patio, así funcionan las cosas según el acuerdo. Los procedimientos son muy lentos, llevan mucho tiempo, y las evacuaciones de emergencia funcionan de manera calamitosa porque no hay nada que se gestione con poca antelación que se solucione de manera rápida".

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Las circunstancias que rodean a la muerte de los chicos fueron relatadas a VICE News por los trabajadores humanitarios y por algunos de los familiares de las víctimas que están en el interior de Madaya, pero no han podido ser contrastadas de manera independiente.

En medio de la pobreza y la guerra, los niños de Siria son ahora el sostén de la familia. Leer más aquí.

Los tres niños explosionaron la mina, cuenta su primo, mientras recogían hierba después del colegio.

"Es algo que los chicos hacían a menudo", cuenta. El año pasado la brutal hambruna que golpeó a los vecinos de Madaya provocó que se popularizara el comer hierba como forma de combatir el hambre. Lo que no se ha podido contrastar es si los niños estaban recogiendo la hierba para llevársela a la boca en el momento de caer heridos.

"No es la primera vez que sucede", cuenta el doctor Mohammad a VICE News — quien ya ha tenido que socorrer a otras 7 víctimas de las explosiones de las minas que siembran el suelo de la aldea en los últimos cuatro meses.

Uno de los niños murió en el acto, pero dos de ellos fueron trasladados al hospital improvisado que supervisa el doctor Mohammad. Los familiares de los niños se habrían pasado las siete horas inmediatamente posteriores a la explosión intentando negociar con Hezbollah, para que los combatientes de la milicia les procurasen un salvoconducto para salir con garantías de Madaya con los niños heridos. Existe un hospital en Damasco, a solo 30 kilómetros de allí, donde habrían podido ser atendidos.

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Osama, el primo de los hermanos muertos, dice que Hezbollah informó a la familia que los niños conseguirían el salvoconducto si los familiares juraban que las heridas no eran culpa de la milicia libanesa. "Les dijimos que de acuerdo, que ningún problema", cuenta. Según relata el primo la familia se habría comunicado con Hezbollah a través de un mediador. Pero siguieron pasando las horas y las negociaciones no se terminaban.

Siete horas después los dos pequeños supervivientes murieron desangrados. Si bien el doctor Mohammad se habría enfrentado antes a heridas provocadas por explosivos, es el primero en reconocer sus limitaciones. "Nos faltó contar con algún cirujano especializado en heridas de huesos. Y nos faltó contar con algún anestesista", explica. Si los niños hubiesen sido trasladados hasta Damasco, ahora tendrían un 70 por ciento de posibilidades de estar vivos.

Los cuerpos de los hermanos Dalati estaban tan desmembrados que su primo le sugirió a la madre de los chicos que no fuera al hospital. Osama ayudó al padre de los pequeños a enterrar sus respectivos cadáveres en el jardín trasero de su casa. Lo hicieron con sus propias manos.

"Desde entonces todas las madres están vigilando de cerca a sus hijos", cuenta Rajai, una profesora de matemáticas de 26 años que trabaja en Madaya. "Todo el pueblo está hablando de lo mismo".

Según la Syrian Medical Society, un colectivo humanitario que suministra apoyo a las organizaciones de asistencia médica del país, en Madaya y Bakkin han muerto ya 82 personas desde que las cuatro aldeas suscribieran su rocambolesco acuerdo de alto el fuego. Todas ellas murieron a consecuencia "de los disparos de francotiradores, de las explosiones de minas o mientras intentaban huir del infierno en el que viven".

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En este recuento, no figuran los casos de aquellos que han muerto de hambre. Nueve de los fallecidos han sido víctimas de las minas. Una mujer de 45 años, que padecía una insuficiencia renal, murió después de que nadie le permitiera una evacuación segura a Damasco, donde hubiese recibido la diálisis que le hubiese salvado la vida.

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Mientras que en el caso de los dos niños que sobrevivieron, los vecinos intentaron contactar también a los responsables del Comité Internacional de la Cruz Roja y a los de Syrian Arab Red Crescent, aunque sin suerte.

"Se pasaron todo el día intentando conseguir a alguien en Damasco", cuenta el doctor Jaber Monla-Hassan, un miembro de la Syrian American Medical Society (SAMS), que vive en Estados Unidos y que está en contacto con los vecinos de Madaya. "Contactaron a la Cruz Roja Internacional y a la Syrian Arab Red Crescent. Les imploraron su ayuda".

"A menos que se alcance un acuerdo para evacuar a alguien desde alguna localización distinta, no será posible rescatar a nadie de Madaya", concluye Monia-Hassan.

Steffan De Mistura, el destacado especial de Naciones Unidas en Siria, cuya oficina ayudó a cerrar el alambicado acuerdo en vigor, se ha abstenido de manifestarse sobre los sucesos de esta semana, pero ha referido a VICE News a las declaraciones formuladas ayer por Jan Egeland, el responsable del cuerpo especial de ayuda humanitaria de Naciones Unidas.

En declaraciones a la prensa, Egeland afirmó que el personal médico "todavía no tiene el acceso permitido en las zonas sitiadas y que las evacuaciones médicas siguen estando impedidas".

"Esos niños tendían que estar vivos", sentenció.

Reem Saad ha colaborado en este artículo

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