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El documental de realidad virtual de la ONU te sitúa en un campo de refugiados sirios

El asesor principal de la ONU, Gabo Arora, habla sobre su documental de realidad virtual que hizo con Chris Milk y Barry Pousman.
11 Febrero 2015, 9:11am
“Clouds Over Sidra” de Gabo Arora y Barry Pousman te sitúa en el medio de un campo de refugiados sirios gracias a la realidad virtual. Imágenes cortesía de los artistas

El conflicto en Siria ha convertido a casi 4 millones de hombres, mujeres y niños en refugiados. Mientras continúa la guerra civil, individuos y familias enteras abandonan el país en masa y muchos encuentran un lugar a salvo en los campos para refugiados de Turquía, el Líbano, Egipto y Jordania.

Si resulta que no vives en el Oriente Medio, puede que la crisis de los refugiados sirios te suene tan lamentable como abstracta, pero Clouds Over Sidra, la primera incursión de la ONU en un proyecto de realidad virtual, hace que la cuestión se haga tangible situándote en el campo de refugiados de Za’atari en Jordania, donde te deja en manos de tu guía, Sidra, una niña siria de doce años que está aprendiendo a acostumbrarse a las limitaciones y promesas de su nuevo hogar.

Clouds Over Sidra fue creado como parte de la primera serie de experiencias de Chris Milk diseñadas para la realidad virtual móvil (Millions March de Vice es otra de ellas). El proyecto contó con varias colaboraciones para su desarrollo, Milk cocreó el proyecto con el asesor principal de la ONU, Gabo Arora, que compartió las tareas de producción y dirección sobre el terreno con Barry Pousman. Como anticipo al estreno de Clouds Over Sidra en el World Economic Forum y Sundance, nos pusimos en contacto con Arora para que nos hablara de esta experiencia y de su posible impacto.

The Creators Project: Háblame de los orígenes de este proyecto. ¿Cómo surgió?

**Gabo Arora: **Bueno, en la ONU siempre intentamos estar al día. Entendemos que hay nuevas dinámicas de poder en juego y que nuestro viejo modelo tradicional, donde confiamos en que personajes populares y el New York Times transmitan nuestro mensaje a las masas, se está quedando obsoleto. Tenemos que trabajar con nuevos personajes influyentes, nuevas tecnologías y nuevas formas de llegar a la gente.

¿Llevabais tiempo pensando en hacer algo dentro del terreno de la realidad virtual o fue una casualidad que acabarais trabajando con este medio?

Habíamos estado experimentando con la creación de vídeos virales, yo había hecho uno para el cambio climático titulado Keep the Oil in the Ground, y queríamos hacer más. Iba con esa idea en la cabeza cuando conocí a The Edge. Trabajo con Bono y su campaña One y me habían invitado a una fiesta de presentación de su nuevo disco. Bono estaba en el hospital y comentaron que era una pena porque estaban preparando un proyecto de realidad virtual que Chris Milk iba a hacer y no podían seguir adelante.

Y tú pensaste: "Con Bono en el hospital, esta es la mía", ¿no es así?

(Risas) Bueno, sabía que estaban listos para empezar el proyecto, así que se lo dejé caer a The Edge y le encantó la idea, y le dijo a Chris que se reuniera conmigo. Chris dijo que siempre había tratado de hacer un proyecto para el bien social aprovechando el motor de empatía que puede ser la realidad virtual, así que empezamos a desarrollar la idea.

Si Bono no se hubiera hecho daño, seguramente esto no se habría llegado a hacer, lo que resulta extraño de pensar. Pero estoy seguro de que estará orgulloso de que saliera algo bueno de su caída. Yo solo quería hacer películas sobre nuestros temas, y ya había hecho algunas que resultaron medianamente exitosas. Entonces Chris me pasó una demo de realidad virtual en Bond Street y vi que era algo grande, que era el futuro.

Muhammad Yunus_ experiencia “Clouds Over Sidra” en Davos. Foto: Socrates Kakoulides_

Me gustaría saber cómo fue la experiencia del rodaje.

Es como filmar a ciegas. Hay algo de puro en el proceso, tienes que dejar la cámara y salir corriendo del lugar para esconderte, y no puedes ver lo que has filmado. No tienes ni idea de cómo está yendo, diriges a la gente para que actúe y haga ciertas cosas, pero después de un rato creo que se olvidan de la cámara. No es muy invasivo. Además, me distraía a menudo y los rodajes no eran muy largos.

De todas las escenas, hice una en la que los niños corren hacia ti y te rodean a cámara lenta. Tuve que dirigir a unos 200 niños, era como ser el flautista de Hamelín, creamos un juego de correr y jugar durante cuatro horas.

Esto me hace pensar en la intención de la obra. Por una parte, es obvio que el objetivo aquí es el impacto social, pero al mismo tiempo se siente una sensación de transporte como en el cine.

El objetivo es hacerte sentir que estás allí y hacerte empatizar con lo que es vivir allí de forma cotidiana, como un día en la vida de una niña de doce años que vive en un campo para refugiados. Pero sí, se trata de arte, o de una obra artística.

¿Cómo fue la colaboración con Chris Milk?

Yo era el director y él era el productor ejecutivo, así que básicamente él y su equipo trabajaban bajo mi dirección. En ocasiones también aportaba su punto de vista, y algunas veces estábamos de acuerdo y otras no. Pero es un genio de primer orden y no tiene nada de ego. Al segundo de decir algo, sabía cuál iba a ser su reacción, porque ayudaba a marcar el tono y los estándares, el ritmo, y me hacía trabajar bajo esa visión. Era como Brian Eno y U2. Un buen productor tiene esa forma de sacarte tu material en crudo y pulirlo para hacerte pensar de formas distintas.

¿Cuáles te gustarían que fueran las consecuencias de este trabajo?

Quiero que influya sobre los encargados de tomar decisiones. Por desgracia, vivimos en un mundo lleno de autoridades que controlan las vidas y destinos de otra gente. No creo que todos ellos sepan realmente cómo es la vida de Sidra, y al acercarles esta experiencia espero que les llegue de cerca y se paren a reflexionar más en las consecuencias de sus decisiones.

Espero que no se vea como algo demasiado exagerado. Me emociona ver cómo esto llega y conmueve a la gente corriente. Se lo he enseñado a taxistas, porteros, executivos... y veo que aquí está pasando algo. Lo que encuentro fascinante es la dinámica de poder que se crea entre Sidra y su público. En circunstancias normales, tendría que luchar por conseguir nuestra atención, mientras que ahora, al estar asociada a una nueva tecnología y a algo molón, la gente corre tras ella. Me encanta eso, la gente la desea a ella y a su historia.

Kel O’Neill y su colaborador Eline Jongsma fueron recientemente escogidos como finalistas para el premio Tim Hetherington Visionary. Pues ver su trabajo en el siguiente enlace: www.jongsmaoneill.com.

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