Chikungunya, crónica de una epidemia

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Chikungunya, crónica de una epidemia

Chacahua, una población arrasada por esta enfermedad, ahora se prepara contra el zika.
26.1.16

Fui a Chacahua en diciembre. Desde hace más de quince años acostumbro visitar la comunidad —una pequeña población pesquera embebida dentro del parque nacional Lagunas de Chacahua, en la costa oaxaqueña— donde viven aproximadamente 1,200 habitantes divididos a ambos lados de la laguna. La playa amplia y libre de desarrollos turísticos de gran escala, los kilómetros de manglares prístinos, el oleaje activo y la tremenda biodiversidad (tortugas marinas, mantarrayas, cocodrilos, iguanas, tejones, boas, cangrejos, pelícanos y demás fieras emblemáticas del trópico) convierten el sitio en uno de mis lugares favoritos del Pacífico mexicano.

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Así que llegué a Chacahua una vez más y en esta ocasión me encontré con una comunidad abatida por las secuelas de la plaga, consternada ante el abandono total de las autoridades sanitarias y afligida por la falta de información sobre la enfermedad que les había pegado. Escuchando los testimonios de sus habitantes, algunos de ellos, amigos míos ya de años, me percaté de que yo tampoco sabía mucho sobre este virus de reciente llegada a nuestro país.

Fotos de Pedro Gómez Millán

Vista panorámica de los manglares del parque nacional Lagunas de Chacahua.

Al filo de la temporada de lluvias de 2015 se presentó un pequeño contingente de la Secretaría de Salud en la comunidad costeña, con el fin de alertar a la población sobre la inminente llegada de un virus nuevo a localidad. Se exhortaba a los pobladores a tomar medidas precautorias y limpiar sus terrenos de cacharros para evitar que los mosquitos —vectores del virus en cuestión— se propagaran. Después los efectivos de salubridad continuaron su camino, dejando tras de sí poca información al respecto de la amenaza en puerta que un extraño nombre: Chikungunya.

Ante la desconcertante advertencia, la gente de la comunidad puso manos a la obra; niños y adultos se abocaron a la tarea de trasegar patios, terrenos baldíos y playas para eliminar llantas, botes, latas y demás desperdicios que, al fomentar el estancamiento de agua, representan un medio propicio para el desarrollo de larvas de mosco. El problema fue que el fenómeno de oleaje extremo, denominado como mar de fondo, había azotado recientemente las costas del Pacífico mexicano, ocasionado que la marea incrementara drásticamente y arrastrara consigo más basura de la habitual.

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Aproximadamente diez días más tarde se registró el primer incidente: una señora que regresaba de visitar a unos parientes en La Luz, un poblado a unas horas de distancia y que ya era devorado por el padecimiento, comenzó a presentar los síntomas característicos de la enfermedad: fiebre elevada, náuseas y dolor intenso de articulaciones. "Estaba tan jodida que la pobrecita no podía levantarse ni para ir al baño", cuenta su sobrina Nayeli.

Pocos días más tarde empezaron a suscitarse nuevos casos; niños, viejos, hombres y mujeres de todas las edades caían doblegados por el malestar ante la mirada azorada de los que les rodeaban, hasta que prácticamente todo el pueblo parecía enfermo. La epidemia se había desatado.

"Uy, mijito, esa madre agarró parejo, no dejó ni a uno sano", dice la señora Isabel, que sobrevive de vender tostadas de coco; "a todos nos dio pero bonito". Afirma que tuvo problemas para caminar durante casi dos meses y que aún sufre dolores esporádicos de rodillas, lo que tuvo una consecuencia catastrófica sobre sus ventas, única fuente de ingreso.

De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el virus que causa chikungunya es originario de África, el primer brote se registró en Tanzania en 1952 y durante los siguientes cincuenta años la enfermedad se limitó a distintos países del continente africano. Sin embargo, a partir de 2005 comenzaron a presentarse casos en Asia y Oceanía, desde ese momento se han reportado cerca de 1.9 millones de casos en India, Myanmar, Tailandia e Indonesia. En 2007 la enfermedad alcanzó el continente europeo y en 2013 las islas del Caribe y el continente americano. En octubre de 2015 el Centro para Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), catalogó la transmisión local en más de 43 países y territorios americanos, y registró cerca de 1.7 millones de casos en el Caribe y Latinoamérica. Durante el verano de ese mismo año la epidemia se propagó con fuerza inusitada por las costas y zonas cálidas mexicanas.

El nombre chikungunya proviene del idioma africano kimakonde y significa "estar doblado", en alusión a la posición que adopta el cuerpo del afligido ante el dolor extremo de las articulaciones. La transmisión sucede por medio de la picadura de moscos, específicamente por hembras de las especies Aedes aegypti y Aedes albopictus, conocidas en nuestro país por ser también las que trasmiten el virus del dengue.

Estos insectos, como el resto de sus congéneres, normalmente se alimentan de desechos vegetales, pero al llegar la temporada reproductiva (durante la época de lluvias) las hembras recurren al plasma sanguíneo de mamíferos para nutrir a sus larvas en gestación.

No se registra contagio directo de humano a humano; sin embargo —a diferencia del dengue, el cual se trasmite sólo a través de la picadura de moscos infectados previamente— cuando un mosco sano pica a una persona con chikungunya, puede fungir como portador y contagiar a la siguiente persona que se cruce bajo su probóscide, lo cual le confiere un carácter epidémico a la enfermedad.

"Yo sentí que ya me iba. Así como que se me escapaba el aire. Pensé que dios ya me quería llevar", dice Paula, de 55 años, estirando las manos y haciendo un ademán como implorando hacia el cielo. "Es que después de dos días de chinga en las piernas, en los que no pude ni poner pie sobre la arena porque sentía como si me clavaran cuchillos, quedé como muerta de la cintura para abajo".

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Linda Afrodita, nieta de Paula, que tiene cinco años y está sentada sobre las piernas de su abuela, hace un gesto afirmativo con la cabeza, se toma la falange superior del dedo índice y dice: "Me dolía aquí". Después, tomándose la siguiente falange, añade: "y aquí" —posteriormente señala su mano— "y aquí". Luego se sujeta la muñeca y dice un tanto pensativa: "Y aquí. Es que me dolía todo mi cuerpecito".

"Primero me dio a mí, luego a Dorlan; a los tres días cayeron enfermos Bambucha, Sony, Mariana y Andrei", cuenta Cata, de 29 años, y madre de cinco. "Lo que nos salvó fue que a Óscar [su marido] no le pegó tan gacho, porque si no, imagínate, ¿qué hubiéramos hecho? ¿Quién habría cuidado a los niños?"

"Nombre, mano, hubieras visto, yo parecía como un potrillo tiernito. Era como un caballo recién nacido, todo acartonado y dando pasos acalambrados", dice Luis Miguel de 22 años. Después me cuenta que en un principio se burlaba de sus amigos, diciéndoles que no fueran chillones, pero que, cuando le tocó caer enfermo a él, se percató de que no exageraban. "No, vergas, si no podía ni tragar un buche de agua", concluye con una mueca desagradable.

Camaro (30 años), un joven fuerte y uno de los más duros de la localidad donde de por sí son gente recia —habituados al trabajo arduo bajo el sol y la subsistencia autosuficiente— cuenta que cuando le explotó la enfermedad se desplomó y no pudo volverse a parar en cuatro días. "Esa madre está muy pinche cabrona", dice meneando la cabeza como si aún no diera crédito de sus recuerdos. "Me quería yo morir. Sentía como si tuviera llagas en los pies. Y lo peor es que como aquí vivimos prácticamente al día, pues no me podía dar el lujo de no ir a trabajar. Pero, puta, por cada día que lograba chambear, luego eran tres tumbado. Sentía como que se me quebraban las muñecas. Casi dos meses estuve así. Es más, todavía me jode aquí", dice conforme se soba la muñeca izquierda.

Berta (40 años) cuenta que durante el pico de la epidemia el pueblo completo estaba enfermo. "Parecía como una de esas películas de zombis", dice entre risas, "todos convaleciendo y gimiendo, apenas éramos capaces de arrastrarnos para llegar al baño". Luego su mirada se torna un poco más severa al recordar esos días y lo difícil que fue salir adelante; el impacto que la enfermedad causó, y aún merma, sobre la precaria economía local.

De acuerdo con el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), los síntomas pueden comenzar a manifestarse entre tres y siete días después de la picadura (con un rango máximo de doce jornadas) y presentan una fase aguda variable, pudiendo durar tan poco como dos días o extenderse a más de diez. La doctora Teresa Uribarren Berrueta, del Departamento de Microbiología y Parasitología de la Facultad de Medicina de la UNAM, dice que el cuadro —de instalación abrupta— se caracteriza por fiebre elevada, dolor de espalda, cefalea y fatiga. El dolor articular se presenta de forma bilateral, simétrica, y compromete sobre todo a articulaciones distales, tales como muñecas, tobillos, falanges, en tanto que las articulaciones mayores más afectadas son hombros, codos y rodillas. En casi la mitad de los casos existen lesiones cutáneas, que se manifiestan como salpullido o dermatitis, y se ha reportado conjuntivitis en hasta 56 por ciento de los pacientes. Las afecciones digestivas se presentan entre el 15 y 47 por ciento de los casos con diarrea, náusea, vómito y dolor abdominal. La mayor parte de los pacientes refiere, asimismo, debilidad y fatiga.

Es posible que algunos de los síntomas, en especial el dolor de articulaciones, retornen de manera crónica por periodos prolongados, siendo posible que estos persistan durante meses e incluso años. No es común que los cuadros clínicos se compliquen más allá de las afecciones mencionadas, sin embargo, en personas mayores, que sufren enfermedades inmunodepresivas o bebés recién nacidos puede contribuir a la causa de muerte. Aunque en Chacahua no se registraron decesos, la angustia de saber que en algunas localidades cercanas, como Río Grande, sí hubo quienes perdieron la vida debido a la enfermedad, se posó como un velo nefasto sobre los que se iban contagiando.

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Al día de hoy no existe un antiviral específico o vacuna para combatir el chikungunya. El tratamiento se centra en paliar los efectos nocivos sobre el organismo con analgésicos, antiinflamatorios y suero electrolítico para evitar la deshidratación. Por lo pronto la mejor arma en su contra es la prevención: mosquiteros, repelentes, insecticidas y eliminar cacharros y posibles fuentes de propagación en las zonas de riesgo.

Kalin (39 años): "No puedes ni limpiarte el embuto. Algunos caminaban como cojeando, yo gateaba. No te pasa la comida; puro caldo y suero". Dice que bajó casi diez kilos debido a la enfermedad y que el paracetamol, única medicina con la que contaban en la pequeña clínica del poblado, no le surtía efecto; sólo encontró alivio cuando fue a Río Grande, donde se localiza el hospital más cercano, a que le inyectaran un remedio contra la artritis.

"¿Sabes por qué dudo que fuera el mosco?", me pregunta Don Ñoño, a sus 98 años, quien además es el miembro más viejo de la comunidad, "porque de haber sido así, habrían venido a fumigar, como se supone que hicieron en otros lados. Pero aquí nada… Yo digo que hay gato encerrado".

Esta parece ser una creencia común en el grueso de la población chacahueña, que en general se muestra escéptica ante la versión oficial de que la enfermedad se transmite a través de los moscos. "¿Si fuera como el dengue, entonces cómo explicas que haya tanto?", me pregunta Sandra, y después, sin esperar respuesta, agrega: "aquí hemos tenido dengue desde siempre y no pasan de uno o dos casos por año. Pero con esto, pues ya ves cómo nos fue… Nos cargó la chingada".

Muchos opinan que el origen del chikungunya obedece a motivos más oscuros y no son pocos los que afirman que es algo que está en el aire. Don Ñoño propone que es un virus que se le chispó al gobierno y cita como ejemplo un incidente ocurrido en el Cerro de la Candona, no muy lejos de donde estamos, en el que, según sus fuentes, el PRI roció a los pobladores con la enfermedad para hacer experimentos de métodos de control. "¿O si no, cómo crees que esos cabrones van a lograr quedarse en el poder por otros setenta años?", dice.

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Estas teorías afloran cuando se confrontan circunstancias extremas en combinación con carencia de información fidedigna, como sucedió en el caso de esta epidemia en Chacahua y en muchas otras comunidades similares que fueron abandonadas a su suerte. No hay que olvidar que por estos rumbos no hay acceso a internet y que la señal de celular es algo que se presenta, si acaso, una vez por semana.

Don Ñoño nació durante los albores de la primera Guerra Mundial en 1918. Asegura que durante los más de cincuenta años que lleva viviendo en la comunidad, nunca antes había visto algo como lo que sucedió con esta enfermedad.

En marzo de 2015, la CDC y la Secretaría de Salud, hicieron una estimación preliminar que arrojó un resultado de un total de 1,060 casos comprobados dentro de México, y corroboró que la enfermedad estaba presente (en orden de casos reportados) en Guerrero, Chiapas, Oaxaca, Colima, Sinaloa, Sonora y Coahuila.

Más tarde, durante septiembre, el número total de casos oficiales incrementó a 5,721, como reportaron distintos diarios nacionales; a las entidades antes mencionadas, se sumaron prácticamente todos los estados del país que cuentan con costa.

Según la última estimación de la OMS, al día 15 de enero de 2016, en México se han registrado un total de 11,577 casos. No obstante, esta cifra representa un subregistro claro, pues el conteo se basa en datos obtenidos de páginas oficiales. Lo que sí es seguro es que a los poco más de 1,200 individuos que componen la población total de Chacahua les pegó con tubo. Prácticamente todos se enfermaron.

La doctora Marcia Hiriart, directora del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM, opina que en definitiva el número total de casos a nivel nacional debe de ser mucho mayor al estimado, pues las entidades rurales, donde se presenta la mayor incidencia de la enfermedad, ni siquiera figuran dentro de las estadísticas gubernamentales. "Es más", dice, "incluso en lugares más desarrollados, como Acapulco, la mayoría de los habitantes contrajeron chikungunya, lo cual no parece estar reflejado en las estadísticas".

José Alfredo, mejor conocido como Fallo (56 años), es un pescador que se ufana de ser el único chacahueño que no cayó víctima de la enfermedad. No se conoce aún qué factores, si es que los hay, pudieran desempeñar un papel importante para la inmunidad, pero al menos en México esta pareciera no suceder con frecuencia.

Es posible que este año la epidemia alcance proporciones aún mayores. Se han reportado ya los primeros casos de chikungunya en la Ciudad de México y otros estados del centro del país con densidades poblacionales elevadas. Por ahora nos protege el frío —pues el mosco requiere de calor y agua estancada para propagarse—, pero es probable que durante los meses de verano la incidencia de contagio aumente considerablemente.

A esto, dice Hiriart, habría que sumar la reciente aparición en México del zika, otro virus también trasmitido por las dos especies de moscos antes mencionadas, y que actualmente registra una erupción considerable en Brasil, con al menos 400 mil casos comprobados (aunque The Lancet estima que podrían ser tantos como 1.3 millones). Lo preocupante de esta patología es que está ligada con malformaciones fetales, específicamente microcefalia —de acuerdo con datos de El País, se han reportado al menos cuatro mil casos recientes de microcefalia en Brasil posiblemente debidos al zika—, y algunos estudios parecen sugerir que podría relacionarse con un tipo de parálisis autoinmune, llamada Guillain-Barré.

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Por lo demás el cuadro es similar al del chikungunya. Se presentan afecciones como dolor en las articulaciones, fiebre y nauseas; así como lesiones cutáneas. Pero los síntomas suelen ser menos agudos y, en parte debido a ello, es que hasta que se le comenzó a relacionar con casos de microcefalia, la comunidad médica internacional no le prestó mayor atención.

De acuerdo con la OMS, este virus se aisló por primera vez en Uganda en 1947, proveniente de monos del género Rhesus. Después se registraron casos esporádicos en humanos a lo largo de los siguientes cincuenta años en distintos países del continente africano. No fue hasta 2007 que el virus saltó el océano y sucedió el primer brote fuera de África, en Micronesia. De ahí se dispersó a través del archipiélago Indonesio alcanzando América en 2014-2015, probablemente por vía de la Isla de Pascua. Hoy en día se han reportado casos en Colombia, Venezuela, El Salvador, Surinam, Paraguay, Puerto Rico, Guatemala y recientemente en México.

Debido a que ambos virus se trasmiten por moscos del genero Aedes, se teme que durante los meses subsecuentes la epidemia de zika siga una ruta similar a la acontecida con el chikungunya; alcanzando durante este año, según la OMS, todos los países del continente excepto Canadá y Chile continental (donde las condiciones climatológicas funcionan como barrera para el vector). Aquí pueden ver una inquietante proyección de The Lancet sobre cómo podría propagarse el virus.

Alma (29 años) pregunta que si una vez curado de chikungunya puedes volverte a enfermar. Sería de esperarse que, como sucede en el caso de otros virus, el paciente afectado desarrolle anticuerpos y, por ende, resulte improbable que pudiera sufrir dos veces la misma patología. Sin embargo, después de investigar, no he encontrado información concluyente al respecto.

La OMS recomienda a las mujeres embarazadas abstenerse de realizar viajes a Brasil y otros países sudamericanos en zona de riesgo, moratoria que fue secundada esta semana por la Unión Europea y algunos países asiáticos (lo cual promete generar controversia hacia mitades de año, cuando se acerquen las olimpiadas a celebrarse en julio en la nación carioca). El Salvador emitió un comunicado en el que exhorta a sus ciudadanas a no embarazarse hasta 2017 y Colombia y Venezuela también han elevado el nivel de alarma.

No hace falta recalcar que nos encontramos ante una cuestión con consecuencias sumamente serias y que resulta imperante que la Secretaría de Salud adopte medidas efectivas e inmediatas; en esta ocasión no nos podemos dar el lujo de proceder con la incapacidad y torpeza gubernamental con la que se enfrentó el chikungunya en Chacahua y tantas otra poblaciones del territorio mexicano.

Dorlan tiene apenas un año y también sufrió uno de los cuadros más severos registrados durante esta epidemia.

Aquel que declaró: "El mosco es el peor enemigo de la humanidad", probablemente tenía razón. No hace falta recordar que tan solo la malaria —enfermedad parasitaría trasmitida por moscos del genero Anophelesprovoca 600 mil muertes al año, lo que probablemente la haga más letal que todas las guerras de la historia sumadas.

Más información:

http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs327/en…

http://www.cdc.gov/chikungunya/geo/index.html

http://outbreaknewstoday.com/mexico-chikungunya-de…

http://www.facmed.unam.mx/deptos/microbiologia/vir…

http://www.imss.gob.mx/salud-en-linea/fiebre-chiku…