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Parir en Colombia es una pesadilla

Opinión // Tuve un parto humanizado, cantando, con luces tenues, mi hijo nació sin violencia. Pero esa no es la realidad de Colombia, en donde los partos son agresivos tanto para la salud como para la sicología de la madre.
20.5.16

Aunque todo es muy confuso, recuerdo que tenía mucho frío. Pedí una manta y me la negaron. Había gritado mucho, tenía la garganta seca, y cuando pedí agua también me la negaron. Me gritaban, se reían de mí y hablaban de lo que me iban a hacer como si yo no estuviera presente. Sentí mucho miedo. Me tocaban los genitales muchas veces sin pedirme permiso y bruscamente, como si no sintiera. Me inyectaron en la espalda sin decirme nada, me cortaron el perineo, tenía mucho dolor y sólo escuchaba amenazas: que algo le podía pasar a mi hijo si yo no cooperaba, que me iba a morir si seguía así. Después se llevaron a mi marido y me amarraron, se llevaron a mi hijo y todos se fueron, me quedé en una horrenda soledad, abandonada, atada, maltratada y olvidada durante varias horas. No sabía si mi hijo estaba bien o no, nadie me hablaba y yo ni fuerzas de llorar tenía.

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El anterior no es un testimonio del conflicto armado, sino el de una mujer después de sobrevivir un parto en una clínica del país. Parir dentro del sistema de salud colombiano es una pesadilla. En el año 1985, la Organización Mundial de la Salud emitió unas recomendaciones sobre la forma correcta de dar a luz que, 30 años después, aún no son acogidas por los hospitales colombianos. En nuestro entorno patriarcal se mantienen discursos médicos, cuyas prácticas ni siquiera son revisadas para autenticar su verdadera necesidad. Estos niegan la importancia de la participación de la mujer en lo que podría ser uno de los eventos más importantes de su vida.

Cuando una mujer queda embarazada emergen dos grandes miedos: la salud del bebé y el parto, esos dos pilares sobre los cuales se soportan las muchas formas de violencia que experimentan durante esa fase de su vida. El sistema médico-clínico actual no le ofrece a las mujeres embarazadas ninguna herramienta real a la hora de parir. Por eso, cuando me entregaron el resultado del examen de sangre que confirmaba lo que ya había indicado la famosa línea doble de la prueba casera, pensé que debía existir una forma de vivir esos nueve meses sin miedo.

Hasta ese momento, la única información que tenía era un video que había visto en Internet sobre una mujer que paría en su habitación mientras cantaba. Al investigar sobre el video encontré que se trataba de una técnica descubierta por el ginecólogo francés Frédérick Leboyer en uno de sus recurrentes viajes a la India, en el cual encontró que las mujeres embarazadas se reunían a cantar. La técnica, llamada canto carnático, sostiene que el primer chakra y el quinto (ubicados en los genitales y en la garganta, respectivamente) están energéticamente conectados. Así, si se aprende a relajar la garganta por medio del canto, se pueden relajar el periné y el cuello uterino para un expulsivo (etapa final del parto) tranquilo, rápido y sin rasgamientos.

La técnica funciona, lo puedo afirmar después de haber parido en casa cantando, sin complicaciones y en un tiempo récord de dos horas desde la última contracción, que fue la última porque no cesó hasta que mi hijo nació. Pero nacer en medio del amor y sin violencia no es rutinario en Colombia. El parto en clínica es un impresionante repertorio de violaciones a los derechos de las mujeres que en varios países (no en Colombia) se conoce como violencia obstétrica.

La violencia obstétrica es un tipo de violencia de género que implica muchas manifestaciones y es ejercida generalmente por el personal de salud (aunque también por otros miembros de la sociedad) hacia mujeres embarazadas, en proceso de parto y mujeres puérperas (en su posparto). Es una violencia invisible, porque se considera normal; las víctimas están completamente abandonadas, muchas ni siquiera saben que sus derechos han sido vulnerados, razón por la cual la restitución de los mismos y la reparación es prácticamente imposible. Pero, ¿cómo es posible que el médico y la enfermera, que se supone están allí para ayudarte, puedan terminar ejerciendo sobre ti la violencia obstétrica?

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Vamos por pasos:

Según la última estadística de Profamilia, del año 2010, en Colombia el 95% de las mujeres tiene a sus hijos en una institución de salud, algo que podría considerarse un avance en prevención de mortalidad perinatal (cuando el bebé muere entre los siete y nueve meses de gestación o durante la primera semana de nacido). Sin embargo, aunque el índice de mortalidad perinatal ha disminuido a 14 muertes por cada 1.000 niños nacidos, es bastante más alto que en Holanda o España, donde se promueve el parto en casa con parteras, con una tasa de siete muertes por cada 1.000.

Ese mismo porcentaje de mujeres da a luz en litotomía, que implica que estén acostadas y con las piernas levantadas, un protocolo médico que prioriza la comodidad del médico y no de la madre. La OMS recomienda que ninguna mujer sea obligada a parir en litotomía por las siguientes razones: existe mayor probabilidad de desgarres graves e incremento en la duración del parto, lo que implica mayor agotamiento y aumento de probabilidad de una cesárea de emergencia; el uso de fórceps y otros instrumentos altamente riesgosos para el bebé y la madre reduce la capacidad de pujar, lo cual aumenta la necesidad de episiotomías que con frecuencia implican secuelas en la vida sexual de la mujer para toda su vida; aumenta el riesgo de necesitar maniobras de Kristeller (una persona sube al vientre de la madre a empujar con violencia para obligar al feto a descender): en esta posición se oprimen venas y arterias importantes y puede presentarse hipotensión y, por ende, estrés fetal y aumento en la probabilidad de hemorragia intracraneal en el bebé. Estas son solo algunas de las más graves, todas comprobadas científicamente por la OMS.

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Ningún hospital en Colombia ha cambiado esto en su protocolo.

Parir en litotomía es, sin embargo, la punta del iceberg.

Hablemos de la episiotomía (corte o incisión en el perineo para incrementar la apertura vaginal) que se realiza de forma rutinaria en Colombia. El Dr. Frank Albino Sánchez del Hospital de Sullana, Perú, demostró mediante un estudio que la episiotomía no brinda las ventajas propuestas por los médicos y el sistema hospitalario, algo que también había ya dicho la OMS, que sostiene que la episiotomía es más dolorosa y tarda más en cicatrizar que un desgarro natural.

El Doctor Albino encontró en su estudio que las mujeres con episiotomía presentaron dolor después del parto en el 83% de los casos, mientras que las mujeres sin episiotomía presentaron dolor solamente en el 27%. La espisiotomía se realiza para evitar supuestamente los desgarros de tercer y cuarto grado. Digo "supuestamente" porque el estudio del doctor Albino Sánchez encontró que en el grupo de mujeres episiotomizadas el 14% sufrió desgarros de tercer grado y el 6% de cuarto grado, mientras que las mujeres con parto normal no presentaron ningún caso de desgarros de tercer y cuarto grado. ¡Ninguno!

En el mismo estudio se demostró que, del total de mujeres con episiotomía, el 62% presentó hematomas, mientras que entre las mujeres sin esta clasificó un discreto 3%; el 51% de las mujeres con episiotomía tuvo infección, mientras que del total de las mujeres con parto natural solamente el 5%. Y podría seguir hablando, por ejemplo, del dolor permanente que experimentan el resto de su vida cuando tienen relaciones sexuales o hacen pipí. Aún con estas evidencias, en Colombia se sigue haciendo la episiotomía de manera rutinaria, complejizando el postparto que de por sí ya tiene gran carga hormonal, emocional y física.

Mientras todo lo anterior ocurre, aparece entonces la violencia expresada en tratos denigrantes, irrespetuosos y ofensivos por parte de enfermeras y personal médico. Frases que se han hecho famosas porque muchas mujeres las han escuchado en la sala de partos como "ay, así no gritaba cuando lo estaba haciendo, ¿no?" o amenazas constantes como "si no se va a dejar hacer los procedimientos yo no respondo por lo que le pase a su bebé" cuando las madres piden información o rechazan un procedimiento.

En el documento realizado por el Grupo Médico por el Derecho a Decidir–Colombia, de la Red Global Doctors for Choice, "Violencia Obstétrica, aportes para el debate" se hace referencia a dos estudios realizados en Nigeria y Venezuela que arrojan una prevalencia de violencia obstétrica entre el 79,5 y 98%. Los procedimientos no consentidos son el tipo de maltrato más frecuente, con un 54,5%; el abuso físico, en segundo lugar, se sitúa en un 35,7%. En el mismo estudio, las enfermeras son nombradas como las principales ejecutoras de la misma (67,5%) y luego los médicos (53%), ocasionando un serio impacto en la salud de las mujeres embarazadas y los recién nacidos.

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Según la antropóloga especialista en nacimientos Sheila Kitzinger, diferentes estudios han encontrado una amplia similitud entre las víctimas de violaciones sexuales y de violencia obstétrica, lo cual tiene bastante lógica, pues la violencia obstétrica es una forma de abuso sexual. Se agrede a la mujer en el ámbito de su intimidad y sexualidad, en uno de los momentos en que se encuentra más vulnerable psicológica y físicamente.

Igualmente se agrede a los recién nacidos. Ha sido demostrado que la primera hora de vida es la fundamental para formar los sustentos de la identidad de la persona. Michel Odent, el ginecólogo que más ha estudiado el nacimiento respetado, que introdujo la técnica de nacimiento en agua, afirma que el bebé debe permanecer cerca al corazón de la madre durante las horas siguientes a su nacimiento, algo que tampoco se permite en Colombia, donde los bebés son alejados de su madre, tratados con brusquedad y puestos en sala-cunas donde, además, con frecuencia pierden su identidad y son cambiados.

Michel Odent también demostró que la oxitoxina, hormona que segrega el cuerpo para iniciar el proceso de parto, no se segrega si hay de por medio producción de adrenalina, la hormona del miedo. Así pues, es normal que una mujer que es desvestida, obligada a permanecer acostada con un dolor muy fuerte sin poder agacharse, sentarse, ducharse con agua caliente, abrazar a sus seres queridos (de quienes ha sido alejada), bailar, cantar o simplemente descansar, es normal, digo, que la mujer empiece a segregar grandes cantidades de adrenalina que obstaculizarán la oxitoxina, lo que detendrá el proceso de dilatación e incrementará el tiempo de parto que llevará inevitablemente a la cesárea de emergencia y todas las violencias que esto acarrea.

Gracias a todas estas evidencias yo logré cuestionar mi paso por un hospital durante el parto. Me empoderé como protagonista y única persona a cargo de las decisiones y asumí mi parto como un aprendizaje, una ceremonia de paso hacia una vida más consciente, donde soy yo quien decide.

El bebé debe permanecer cerca al corazón de la madre durante las horas siguientes a su nacimiento, algo que tampoco se permite en Colombia, donde los bebés son alejados de su madre, tratados con brusquedad

Tuve un parto humanizado y no clinicalizado, me regalé un parto con luces tenues, sin gritos, con música suave, sin episiotomía y sin desgarros, porque parí arrodillada. También le regalé a mi hijo la posibilidad de nacer sin violencia. Pero no lo digo sólo yo, la encuesta nacional de Profamilia dice: Es importante resaltar que la mortalidad infantil está altamente relacionada con la autonomía de la mujer, cuando la mujer no puede tomar decisiones por su cuenta, la mortalidad infantil es mucho más alta que cuando la mujer es autónoma. La diferencia es especialmente importante en el caso de la mortalidad neonatal, pues cuando las mujeres no tienen la última palabra en ninguna decisión, la mortalidad neonatal es de 24 por mil, comparada con 10 por mil cuando tiene la última palabra en todas las decisiones estudiadas.

El parto humanizado más que decir dónde y cómo parir, lo que hace es empoderar a las mujeres entregándoles todas las herramientas para que tomen las mejores decisiones en relación a si mismas y a su entorno, evitando así la violencia tétrica, perdón obstétrica.