Un día en la vida de una estrella del porno: pasamos 24 horas con Amarna Miller

¿Qué hace una actriz porno cuando no hace de actriz porno?

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dic. 7 2016, 4:00am

Venía a recoger el premio Ninfa a mejor web personal de artista, pero ella aún no lo sabía. Cuando quedé con Amarna Miller acababa de llegar de la Costa del Sol donde estuvo unos días rodando su primera película no porno.

Se hospedaba en un sencillo AirBnB, un entresuelo del barrio de Marina de Barcelona en el que tenía una maleta con algo de ropa, maquillaje y una pizarrita que decía: ¡Bienvenida Marina! Ese era su nombre real, aunque prefería que la llamáramos Amarna, seudónimo que eligió para convertirse en una diva del cine erótico.

Su ajetreado día había empezado temprano a bordo de un vuelo con destino Barcelona. Después de aterrizar (con retraso) se dirigió hacia un bar próximo a su hospedaje donde le esperaba Borja, el editor jefe de una revista cultural. Se conocieron en la 24 edición del salón erótico en el que Amarna fue la anfitriona. Ahora se reunían para profundizar más en los temas que se habían quedado en el tintero.

Mientras pedía un Cola Cao con la leche templadita, el periodista le formuló la primera pregunta: quería que la actriz le hablase sobre su infancia. Emocionada, Amarna disparó una palabra tras otra convirtiéndose en una ametralladora de ilusión desenfrenada. Solo se rendía unos instantes para traducir algunos motes que se le escapaban en un perfecto inglés californiano.

Amarna vive ahora en su autocaravana en Los Ángeles, pero no siempre vivió en la ciudad de las estrellas. Se crió en Vallecas y con orgullo. La mayor parte de su niñez la pasó en una casa familiar antigua de su bisabuela plagada de reliquias que la dejaban muy flipada.

Nunca tuvo muchos amigos, sacaba buenas notas y vivía aislada del mundo real: sus padres no le dejaban ver la tele. Se definía a sí misma como la típica niña con un parche en el ojo, estrábica y con gafas, que tenía todos los números de la rifa para sufrir todo tipo de acoso escolar.

Dice haber sido una niña con miedo, muy frágil y esmirriada que casi siempre estaba enferma. Su gran imaginación y poder de convicción llevaban a otros niños de su clase a creer en cosas que ni siquiera existían. Sus progenitores le habían enseñado a hacer lo que ella quisiese, pero nunca se habían imaginado que su pequeña hija iba a querer ser actriz porno.

De un día para otro, cuando estaba a punto de acabar la carrera de Bellas Artes, la situación acabó explotando. Después de maltratarla psicológicamente, su pareja la echó de casa y de repente se encontró en la calle con todas sus pertenencias. A dos meses de emprender un viaje a Australia tuvo que encontrar otro sitio donde vivir provisionalmente.

Después de maltratarla psicológicamente, su pareja la echó de casa y de repente se encontró en la calle con todas sus cosas

Gracias a la ayuda de un amigo al día siguiente ya tenía una habitación donde dormir en un maravilloso ático de Malasaña. Aquello fue para ella como un oasis en el desierto.

Emprendedora por naturaleza, empezó haciendo fotos a sus amigas con poca ropa y fue así como se dio cuenta de un nicho de mercado que existía en el mundo de la pornografía: el del porno ético. Tras experimentar distintas facetas de ella misma acabó por montar una productora (Omnia X), que acabó cerrando cinco años después de sus inicios. Reconoce que aquello le ayudó mucho a dar una imagen pública como pornographer, además de enseñarle nociones de administración empresarial.

Decidió luchar por sus sueños de una forma totalmente perseverante. Amarna no cree en la suerte, es de las que opina que hay que trabajar duro para conseguir lo que uno quiere. Cuando le preguntan por porno o feminismo reconoce que suelta el discurso casi de carrerilla. Asegura que lo peor del porno no tiene que ver con el porno: tiene que ver con la sociedad.

Echa de menos que le pregunten por ecología, sostenibilidad o política y por ello ha decidido empezar un canal de Youtube en el que comparte con sus fans todas sus vivencias y en el que comparte libremente sus opiniones.

De lo que no se libra es de hablar de si tiene miedo o no de contraer una enfermedad de transmisión sexual. Explica que cada quince días se hace un test de ETS para comprobar que está completamente limpia y lo puede hacer en el anonimato. La productora porno de turno se asegura a través de un código facilitado en el hospital de que sus artistas cumplen los requisitos para no contagiarse entre ellos.

Cuando Borja termina la entrevista propone ir a comer. Explica que es un pozo sin fondo y que el año pasado engordó unos diez kilos. El chocolate la vuelve loca, sobretodo el de Kinder, una marca que no se vende en Estados Unidos. Lleva siempre en su mochila una bolsita de avituallamiento con unos cuantos huevos de chocolate y un plátano, por si de pronto le entra el hambre.

Lleva siempre en su mochila una bolsita de avituallamiento con unos cuantos huevos de chocolate y un plátano

Nos adentramos en el mercado de Fort Pienc aún con el periodista del suplemento, que ha decidido acompañarnos. De los cinco platos que entran en el menú la actriz pide sopa y rollitos de jamón York y queso rebozados. Nos vamos sin tomar el postre. Hay prisa. Pero por suerte Amarna lleva una de aquellas chocolatinas que tanto aprecia para endulzarnos la comida.

Mientras esperábamos un taxi, Amarna me explicó sus cábalas políticas podemitas. Ella es más de Errejón que de Iglesias, aunque asegura que no se interesó por la política hasta que no se rompió con el bipartidismo.

Su siguiente cita era con Julien Pounchou, un fotógrafo francés afincado en la Ciudad Condal con el que había contactado a través de sus redes para concertar un shooting. El piso al que nos dirigimos era espectacular: un edificio antiguo con suelos hidráulicos arreglado con mucho estilo.

Nada más llegar nos ofrecieron vino, cerveza o zumo de pomelo. Amarna pasó al set de maquillaje con Härn, una chica Islandesa a la que le gustaba la luz tan especial de Barcelona. Al poco rato vino Jorge, un estilista e influencer que con cualquier trapo de la basura te hacía un look estupendo.

Jorge trajo consigo ropa que había comprado en la Humana y la combinaba con auténtica maestría. Aunque a simple vista podía parecer que no pegaba ni con cola, finalmente el conjunto acababa resultando cool a rabiar.

Amarna sabía perfectamente que la cámara apuntaba hacia ella y regalaba su mejor rostro mientras anunciaba a los cuatro vientos que se declaraba anti 'fast fashion'. Todos los allí presentes le escuchaban atentamente mientras revelaba que en los rodajes prefería llevar ella su propia ropa interior. Se había encontrado con malas experiencias: desde plataformas de corcho hasta corsés de color amarillo pollo.

Desde los rojos más intensos hasta colores pasteles, la sesión fotográfica pasó por todas las tonalidades distintas. La sesión acabó alargándose. Julien parecía disfrutar de cada uno de los clicks que su cámara disparaba.

Se estaba haciendo tarde y Amarna tenía que prepararse para la gala de los premios Ninfa. Enfundada en un vestido verde que contrastaba con el pelirrojo de su cabellera recogió un premio que deberá guardar en el maletero de la furgoneta donde vive.

Mi día con una actriz porno transcurrió sin porno. Y es que muchas veces las etiquetas y los prejuicios no nos dejan pensar más allá. Pensamos que la vida de los artistas del cine X transcurre la mayor parte del tiempo en pelotas y con un mejunje de intercambio de fluidos. Lejos de esta fantasía Amarna se desnudó ante nosotros y nos enseñó su faceta más humana, más sincera y más real.

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