vacaciones

Toda la mierda que te traerán tus amigos y familiares de sus vacaciones

Magnéticos de nevera o souvenirs del súper del aeropuerto, las mejores formas de descubrir que no le importas a nadie.

por Pol Rodellar
09 Agosto 2018, 3:00am

Fotografía por el autor

Con el verano llega también ese momento en el que la gente empieza a terminar sus vacaciones y llegan a casa con alguna sorpresa para ti, algo que han encontrado en ese país que han visitado y que consideran que te gustará. No es que quieran regalártelo sino que se sienten obligados a traerte algo para que creas que les caes bien y que piensan en ti pese a estar a más de 1.500 kilómetros de distancia.

Tú no quieres ese regalo porque sabes que será una mierda y no sabrás cómo reaccionar pero tranquilo, en este juego nadie quiere participar: a ellos les jode profundamente tener que buscar y comprar ese regalo y a ti te genera una pereza increíble recibirlo, porque sabes que será terrible y tendrás que fingir sorpresa y alegría. Pero, nadie sabe por qué, hay algún tipo de fuerza ahí fuera que nos obliga una y otra vez a hacerlo, a traer algún tipo de souvenir para la peña.

regalos souvenirs de mierda
Foto vía el usuario de Flickr Paul Wilkinson | CC BY 2.0

MAGNÉTICO DE NEVERA

Bueno, este es de los más fáciles, el típico souvenir comprado en una tienda de souvenirs, lamentable. Estos regalos te los compran porque no tienen ni idea de qué tipo de persona habita bajo tu piel y no saben qué te gusta y tampoco quieren indagar más. Es el regalo “por defecto”, entre gracioso, útil y con una clara referencia al país que han visitado (normalmente salen edificios famosos de ese lugar o algún elemento gastronómico destacable). Este regalo de mierda ha hecho que todos tengamos en la nevera imanes que no queremos de países que nos importan bien poco, una actitud humana extraña pero a la vez maravillosa; de la misma forma, las personas se agarran hasta la muerte a sus parejas, a esas que ya hace años que no quieren.

REGALOS DE AEROPUERTO

Este es el regalo sincero, el “¡hey!, es que no me he acordado de ti en todo el viaje y al final he decidido comprarte un peluche de un perro vestido con el típico traje holandés”. La mayoría terminan en la basura pero es que es el sitio donde el tipo que te lo regala espera que lo deposites, incluso el diseñador de este peluche sabe que su target final son los vertederos. Todos los implicados en este juego sabéis que aquí estáis manejando un material tremendamente jodido, pero no pasa nada.

Eso sí, si el regalo de aeropuerto es comida (rollo una sobrasada de Mallorca), entonces estará de puta madre. Recordad, si un regalo te lo puedes meter por la boca es que es un buen regalo, o al menos eso dicen.

LA BROMITA

Los regalos broma. Sirven para disimular que esa persona no tiene ni idea de con qué mierda obsequiarte y encima quedar como alguien divertido, el Chandler del grupo. Realmente el que te hace un “regalo broma” es un cretino sin escrúpulos incapaz de pensar en los demás, de hecho, el tipo cree muy seriamente que cuando se muera, todo desaparecerá, que la existencia terminará cuando ya no pueda percibir nada, el típico síndrome de “protagonista de película”.

En fin, los regalos broma pueden ser un saco de serrín, una hamburguesa del McDonald’s de hace cinco días, un disco de Eros Ramazzotti o una gorra de “I ❤ París” (cuando tus “colegas” han estado en Lisboa).

COMIDA TÍPICA DEL SITIO ESE

Esta es buena, la comida siempre superará cualquier otro regalo (ya lo he dicho antes), por muy sentimental o emotivo que sea. El problema es que cuando te han regalado esa lata de foie gras te han dicho “bueno, ya la abrirás cuando vengamos a enseñarte las fotos eh…”. Entonces estarás atrapado, aunque no sea un imperativo real, te verás obligado a almacenarla hasta que, efectivamente, vengan a tu casa a molestarte para enseñarte esas terribles fotos de la Borgoña; al final esos cabrones han comprado el foie gras para catarlo ellos.

EL REGALO DE COLECCIONISTA

Una vez borracho te inventaste que coleccionabas sobres de kétchup del Kentucky Fried Chicken, de distintos países, “Tengo casi 200”, dijiste. El tema es que es la quinta vez que esta gente llega de sus viajes fascinantes por todo el mundo y te traen un sobrecito rojo de estos y ya no sabes cómo decir que NO hace falta, que era una puta broma. ¿Qué clase de loco coleccionaría estas mierdas? Lo peor es fingir que te hace una ilusión increíble pues se supone que estás ampliando tu colección, que es una de las cosas que te hace más feliz del mundo.

Esto tiene un doble juego, cuando lo cogen de un KFC en Bangkok o en Austin, siempre comentan entre ellos que “venga, pillemos un sobre de kétchup para el tarado ese”. Esto es lo que has conseguido con tus bromas de borracho (aparte de perder tres parejas y seis curros).

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Foto vía el usuario de Flickr UggBoy♥UggGirl | CC BY 2.0

UN BOLÍGRAFO DE HOTEL

Lo mejor que te pueden regalar, uno nunca sabe cuándo podrá necesitar un boli para escribir un poema, ¿verdad? Es un regalo de mierda por lo que no tienes que fingir que te gusta o que te sorprende. Es una forma de comunicar que “he estado de viaje y tampoco he tenido tiempo de pensar en ti porque me lo he estado pasando bien pero no pasa nada, te quiero igual”. Es una forma de comunicar pensamientos y emociones un tanto complicadas sin tener que evidenciarlos o comunicarlos con palabras, cosa que resulta lo más incómodo de estar vivo.

UN LIBRO ESCRITO EN OTRO IDIOMA

Te regalan esta mierda solo para que veas lo curioso que es el alfabeto árabe, en ningún momento pretenden que leas este libro, que es la función principal de un libro, cosa que convierte el regalo en algo completamente inútil, como colgar un disco de vinilo en la pared.

Pero no pasa nada, el libro irá bien para calentar las frías noches de invierno, no por las maravillosas historias que cuentan esos extraños símbolos sino por sus hojas combustibles que lanzarás a ese cubo del salón en el que a veces haces hogueras.

HISTORIAS MARAVILLOSAS…

…que no quieres escuchar. Aventuras “graciosas” que les han pasado a tus tíos en China, historias que tendrás que escuchar una y otra vez durante el resto de tu vida. “Ese mono le robó el pasaporte a Juan y tuvo que perseguirlo por toda la calle, pobre Juan que hacía como 10 años que no corría”.

No hace gracia, encima la historia es inventada, a Juan solo le cayó el pasaporte al suelo y un mono lo cogió y lo tiro al ver que no era comida. La cara de Juan, cada vez que su esposa cuenta esto, es la representación de la desesperación más absoluta; ella se ríe de él a través de una mentira que ya ha escuchado 30 veces y la gente la acompaña, todos se ríen de Juan y nunca ha sido capaz de decirle a su esposa que pare ya de contar esta mentira porque sabe que no serviría de nada y la discusión solo haría avanzar ese inevitable divorcio que sabe que vendrá y que le dejará sin un duro por el resto de su vida.

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