los 90

Homero Al Bat, las Grandes Ligas y los 90: La generación que perdió la inocencia

El pasado sábado 27 de mayo del 2017, el Salón de la Fama del Beisbol, ese exclusivo – y elusivo para un importante número de leyendas del juego – club, le dio la bienvenida entre sus filas a uno de los episodios televisivos más memorables de los últimos
29.5.17

Hablamos de la misma institución infame por no aceptar por diferentes motivos a leyendas de la talla de Barry Bonds, Pete Rose y Edgar Martinez. El mismo establecimiento con sede en Cooperstown, New York, que venera ecuánimemente a las estadísticas, que se rige por un extraño código ambigus e implícito y cuya existencia pareciera radicar en querer mantener esta idea del beisbol como algo arraigado intrínsecamente con la cultura de Estados Unidos: ambas con una historia tan extensa y rica, llena de tantos momentos triunfantes como vergonzosos.

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El mismo Salón de la Fama de un deporte que históricamente se ha caracterizado por una renuencia al cambio le da la bienvenida al episodio de una caricatura que por lo menos en sus primeros años de existencia, se caracterizó por representar valores antagónicos. Los Simpsons fue un programa cuyo espíritu innovador, iconoclasta e irrespetuoso cambiaría definitivamente el panorama televisivo, y por consecuencia, a toda la cultura occidental.

El de 1992 fue un año determinante de maneras contrastantes para el beisbol de las Grandes Ligas y también para la familia amarilla.

La popularidad de Los Simpsons iba en ascenso, empezando a convertirse en el fenómeno cultural que eventualmente entenderíamos. La tercera temporada del show inicia su transmisión en septiembre de 1991 bajo el mando de Al Jean y Mike Reiss, reemplazando como showrunners al trio legendario de Matt Groening, James L. Brooks y Sam Simon quienes ahora operan como productores ejecutivos. Aunque Groening es el creador, son los segundos los responsables estructurar el show –particularmente Simon– contratando a una camada de escritores jóvenes provenientes de Harvard, y ayudando a convertirlos en una familia verdadera con problemas cotidianos y profundidad emocional.

Jean y Reiss, siendo parte de esta primera generación de escritores, empiezan a sentirse agobiados con sus nuevas responsabilidades, al grado de mandar a reescribir siete veces el primer episodio de esta temporada. Entendían la importancia cultural del programa, cuan único era y lo extraño de que algo tan artísticamente trascendente fuera tan popular, entregándose a la difícil tarea de continuar con el ascenso.

Aunque la segunda temporada había contado con una lista de talento impresionante que prestó su voz, incluyendo a Ringo Starr, Dustin Hoffman (utilizando el seudónimo de Sam Etic), Larry King, James Earl Jones y Tony Bennett, la lista para la temporada era aún superior: Michael Jackson (bajo el seudónimo John Jay Smith), Magic Johnson, Spinal Tap, Aerosmith, Sting, Neil Patrick Harris entre otros aparecerían a lo largo de los veintidós episodios – algunos considerados en la actualidad de los más populares en la historia del show – incluyendo: Llamarada Moe (Flamin' Moe's), Bart y la Radio (Radio Bart) y Burns y los Alemanes (Burns Verkaufen der Kraftwerk).

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Sin embargo, ningún episodio de esta temporada contaría con tantos invitados, ni repercutiría tanto en el zeitgeist hasta el momento como Homero al Bat (Homer at the Bat).

Transmitido originalmente en Estados Unidos por la cadena Fox el 20 de febrero de 1992, fue el decimoséptimo episodio de la temporada y la idea de este fue sugerida por el fallecido Simon, quién peleó porque este incluyera beisbolistas populares contemporáneos y fue escrito por el excéntrico y respetado John Swartzwelder, fanático del deporte del diamante y quien ha escrito más episodios del programa que nadie con cincuenta y nueve créditos de 1989 al 2003.

En el episodio, Homero se une al equipo de softbol de la planta nuclear de Springfield, utilizando un bat que él mismo confecciona con la madera de un árbol al que le cae un rayo.

La inesperada actuación estelar del patriarca Simpson conduce al equipo a llegar invictos a la final donde enfrentarán al equipo de la planta nuclear de Shelbyville, evento en el cual el Señor Burns realiza una apuesta de un millón de dólares y que espera ganar con la ayuda de una novena reclutada por Smithers que reemplazaría al equipo original con algunos de los nombres más importantes de la época. Entre ellos, se incluía a eventuales miembros del Salón de la Fama como Wade Boggs, Ken Griffey Jr. y Ozzie Smith, otros que no han alcanzado dicho honor como Steve Sax, José Canseco, Don Mattingly, Darryl Strawberry y Mike Scioscia, además de un Roger Clemens cuyo legado aún tiene la posibilidad de ser validado con esta selección.

Una serie de eventos hilarantemente absurdos, incluyendo una adicción al tónico para el cerebro (rico en proteínas y jugos electromagnéticos) que provoca gigantismo en Griffey Jr.; Ozzie Smith quedándose atorado en el Museo del Misterio y Mike Scioscia sufriendo de envenenamiento nuclear, evita que los jugadores puedan participar en la final. Todos, con la excepción del bateador zurdo Darryl Strawberry, quien es jardinero derecho y juega la misma posición que Homero. Sin embargo, es este quien al final accidentalmente salva el día, cuando Burns en su rol de estratega coloca al diestro Homero para enfrentar al pitcher zurdo, eventualmente empujando la carrera de la victoria en la parte baja de la novena, cuando la bola lo golpea en la cabeza, dejándolo inconsciente y le otorgan la base por golpe.

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Las voces fueron grabadas a lo largo de seis meses durante la temporada de 1991 – cuando los equipos de sus respectivos jugadores viajaban a California a enfrentar a los Dodgers de Los Angeles o a los Angels de Anaheim – y a pesar de que usualmente esta tarea no era una que tomara más de cinco minutos, el equipo creativo enfrentó toda clase de dilemas, desde empatar las voces de todos en una escena donde los jugadores son hipnotizados y repiten la misma frase en una entonación similar hasta tener que cambiar el guión para que fuera autorizado por José Canseco y su esposa.

Y es que, en la versión original, Canseco se pierde el juego al despertar al lado de la maestra Krabapple. Ken Griffey Jr. le frustró no entender la línea "Hay una fiesta en mi boca y todos están invitados".

Terry Cashman, quien 1981 creó el tema Talkin' Baseball, actualiza una nueva versión Talkin' Softball que suena en los créditos finales con letra que hace referencia al episodio.

Este fue el primer episodio de Los Simpsons en vencer en ratings a The Cosby Show, su principal competencia en el mismo horario y uno de los programas más populares en ese entonces.

Los Simpsons oficialmente eran parte de la cultura popular americana, haciendo uso de unas tradiciones más importantes. Extrañamente, la curva del beisbol se dirigía en otra dirección.

Solamente un día antes de la transmisión del episodio, se transmite en la cadena televisiva NBC, The Boyfriend, un episodio de dos partes de la tercera temporada de Seinfeld, donde Jerry conoce a su ídolo, el pelotero Keith Hernandez (interpretado por él mismo y quien al igual que algunos de los jugadores en el episodio de los Simpson, tampoco está seleccionado al Salón de la Fama). No sólo son los Simpsons, es también Seinfeld, la otra comedia popular en ascenso. Oficialmente el beisbol era el deporte más popular en los Estados Unidos a principio de los noventa, pero algo en el aire indicaba que las cosas estaban preparando para cambiar.

Aunque los beisbolistas Ken Griffey Jr. y Frank Thomas eran increíblemente populares, en 1992 no había atleta más grande en el mundo que Michael Jordan, quien en unos meses dirigiría al mejor equipo de atletas profesionales cuando el Dream Team destrozara a la competencia en los Juegos Olímpicos de Barcelona, en ese mismo 1992. Magic Johnson, Larry Bird e incluso Charles Barkley no estaban tan atrás en cuestión de popularidad y todo se sentía como un perturbación generacional.

No hay una fecha o momento específico que se pueda señalar donde inició exactamente la "Era de los Esteroides", aunque ESPN señala que probablemente inició a finales de los ochenta, mientras quela explosión de los números ofensivos empezó a principio de los noventa.

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Los números de cuadrangulares aumentaron no sólo por un mayor número de jugadores que consumían esta cocción de vitaminas y hormonas, sino que también influyeron otros aspectos como que la zona del strike se hizo más chica, los parques eran más pequeños y la expansión diluyó el talento. El pitcheo, una de las tradiciones más arraigadas del deporte, se perdía en medio de la promesa de un juego más ofensivo.

Promedio de cuadrangulares por juego:

1988-1993: 0.88

1994-1999: 1.06

2000-2004: 1.10

2005-2012: 1.01

2008-2012: 0.99

*Estadísticas: BaseballReference.com

La huelga de jugadores que elimina la postemporada de 1994 y parte de la temporada de 1995 lastima al juego. Sin embargo, a finales de la década, la temporada de 1998 donde Mark McGwire y Sammy Sosa compiten por romper el récord de más cuadrangulares en una temporada ayuda a revitalizar la imagen del juego. Pero eventualmente terminarían dañándolo más, cuando se descubre que ambos jugadores eran asiduos a la ingesta de esteroides para mejorar el rendimiento.

A principio de los noventa, Estados Unidos era cool en una escala global. Twin Peaks, Nirvana, Beverly Hills 90210; todos llegaron tan rápido como se fueron y a medida que los números ofensivos del deporte se elevan con la década, como si se tratara de un hombre de mediana edad utilizando un peluquín o comprándose un convertible, el beisbol como reflejo de Estados Unidos comienza su declive cultural. Ya no es algo igual de atractivo para las nuevas generaciones como lo había sido en el pasado.

Los Simpsons dejaron de ser hace mucho tiempo este referente de rebelión cultural. Como es común que ocurra, pasaron de contracultura a cultura pop y perdieron ese filo. Sin embargo, eso no demerita la importancia e influencia de sus grandes momentos. Homero al Bat es uno de ellos.

Ese capítulo es probablemente una de las últimas ocasiones donde el beisbol podria reclamar el título de rey de los deportes en el sentido estrictamente cultural. Probablemente habrá toda clase de argumentos sobre qué jugadores merecen y no merecen estar en el Salón de la Fama –gran parte del encanto de los deportes reside en la discusión– pero algo que definitivamente no estará a discusión, es el mérito de Homero al Bat y su importancia histórica. Por una razón es que este episodio entró al Salón de la Fama, a diferencia del episodio de Seinfeld: el mejor equipo que nunca jugó un juego.