Kanye West
Randy Holmes/ABC vía Getty Images

Kanye West contra la fama

Verga.
22.10.18

Artículo publicado originalmente por Noisey US.

I. Los nuevos Medici

Desde que Jesse Eisenberg se puso unas sandalias Adidas para pretender inventar Facebook, los emprendedores de la tecnología han querido imaginarse a sí mismos como renegados fuera del sistema, que luchan contra ortodoxias rígidas y estáticas, diseñadas para reprimir la innovación y convertirnos en drones (pero no de la forma divertida y lucrativa). No creo que estén mintiendo; creo que estos hombres jóvenes con corazones de viejos empleados de empresas de seguros creen genuinamente que sus proyectos van a llevar a la humanidad a un mundo mejor y renovado, incluso cuando son completamente inconscientes frente a siglos de legislaciones laborales o simplemente quieren reinventar el bus urbano una y otra vez. Simulan una visión global, pero en realidad viven en un circuito cerrado, que se autojustifica y se autoperpetúa.

El hecho de que Estados Unidos se haya creído tan fácilmente ese mito de que Silicon Valley es este extraño híbrido entre Robin Hood y Walt Disney, es una muestra de muchas cosas, entre ellas la forma en la que nuestra política ha engendrado un sector público cada vez más ineficaz, que, a su vez, ha justificado el uso de apps y leyes y visiones de mundo que consideran arcaicos a los sindicatos y patanes a los taxistas. Vivimos en un periodo en el que hay tanta información disponible para nosotros, que puede llegar a ser paralizante. Los más admirables y militantes entre nosotros han organizado eventos locales y han luchado por un cambio considerable. Sin embargo, la mayoría de nosotros se ha adaptado al aislarse o meterse de lleno a ese microcosmos, a volverse agotadoramente cínico o dolorosamente honesto en Twitter, que para el momento de la redacción de este texto cuesta unos 28 dólares.

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Todo esto, así como todo sobre…todo, se trata de Kanye West. Dejando de lado la música, la fase actual de la vida pública de Kanye West empezó con una gira de prensa en el otoño de 2013, que debía coincidir con su gira de Yeezus, que fue exquisitamente escrito y contaba con una montaña falsa y un escenario que vibraba y era extremadamente bueno. Esa gira de prensa fue en la que él se sentó con los presentadores de radio, con los ojos vidriosos, y despotricó una y otra vez de la industria de la moda que no lo aceptaba. ¿Recuerdan que en todos los perfiles de revistas describían la forma en la que hablaba Obama como si fuese en párrafos? (¿se acuerdan cuando insultó a Kanye?) En 2013 Kanye hablaba en tirones largos, irregulares y difíciles de entender. No era un fluir del pensamiento, porque poca gente puede tener monólogos internos que suenen así. Era más bien como si un texto predictivo de iPhone hubiese pasado años discutiendo sobre marcas de ropa y de… Semi-Pro.

Estas entrevistas fueron ridiculizadas y rechazadas por unos y analizadas en busca de significados crípticos por otros, de la misma manera en que todo lo que hace Kanye es burlado y alabado a la vez. Alguna vez dijo algo sobre compararse a él con Walt Disney a pesar de no sentir una aparente simpatía por los nazis, ni una habilidad para humanizar a roedores. En su mayoría, los fans perdieron la paciencia con su fijación por la moda. Pero toda esa locura tenía al menos un punto sólido. Su famoso “How, Sway?!” fue en respuesta a la noción —postulada por enésima vez por el enésimo presentador— de que si Kanye no conseguía el apoyo institucional y de infraestructura que buscaba —para hacer zapatos asequibles o diseñar hoteles— simplemente debería "hacerlo él mismo". ¿Cómo? Si Kanye estaba endeudado por hacer zapatos, ropa, Late Registration. La idea de que si Nike lo jodía, él debía irse a Nebraska o Malasia y construir su propia fábrica (¿con sus manos, Sway?), era y sigue siendo absurda.

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Esta versión de Kanye West era, al menos en el tono, disruptiva. El grado hasta el cual infiltrarse en Adidas o en la Semana de la Moda de Nueva York (o la de París, o la de Londres) es subversivo o sirve de algo significativo, puede ser debatido. Pero la sola presencia de Kanye (y con frecuencia sus sensibilidades) parecía perturbar al poder institucional. De eso se trata Yeezus, cuando no era un sueño febril de crisis de mediana edad. Él rapeaba burdamente sobre tener sexo con amas de casa blancas y sobre la industria de las cárceles privadas. El estilo de su música reflejaba los argumentos que desarrollaba. Tal y como dijo en una entrevista sobre por qué poner la alegre "Bound 2" al final del álbum: "Te deja creer que todo está bien. ¡Pero no todo está bien!".

En 2013 Kanye sabía que las ideas caricaturescas que tenía para rediseñar el mundo, necesitaba explotar el poder literal y físico de marcas e instituciones multinacionales que ya existían y que, al menos a nivel tonal, eran ampliamente escépticas de él. En entrevistas, él explicó que la única forma en la que podría llegar a sentarse con las personas que controlaban las fábricas de zapatos o los complejos de construcción era siendo una figura enorme, brillante e irreprochable en la música. De alguna forma, los álbumes fueron los medios para un fin, la piedra angular en la que todo esto dio la vuelta.

En esa conversación con Sway, antes del amargo “How?!”, Kanye contó que su reinvención del mundo solo podía ocurrir en una ventana de tiempo que cada vez se hacía más pequeña. Él entendía —y esto es en realidad una crítica muy lúcida sobre el poder corporativo— que lo único que estas compañías multimillonarias tenían que hacer para deshacerse de él, era desgastarlo. "Te estoy diciendo", le decía a Sway, "yo soy Warhol. Soy el artista con más impacto de nuestra generación. Soy Shakespeare, ¡en persona!". Sway asiente respetuosamente. "Así que quién va a ser la nueva familia Medici que se levantará para dejarme crear más? ¿O acaso quieren marginalizarme hasta que se acabe mi momento?".

Ya no estamos en 2013. Kanye ya no habla sobre hacer asequibles los Yeezys; está hablando de carros voladores. Está haciéndose amigo de los fundadores de Twitter y está publicando pantallazos de conversaciones de iMessage con caritas felices con el tipo que inventó Snapchat, sobre cómo los likes y los seguidores son "métricas de vanidad". Todas las conversaciones son sobre "positivismo". Sigue publicando links de artículos sobre esclavitud carcelaria, pero están enterrados entre los mensajes de adoración a Candace Owens y Elon Musk. Se ha vuelto inofensivo y optimista cuando el resto del mundo solo se sostiene en sus sillas por el miedo; esa información que a nosotros nos paraliza fluye por su espalda hacia una piscina en algún lugar de Hidden Hills.

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El poder en el que él parece estar interesado no es el poder para tener influencia y construir fábricas en Nebraska o Malasia. Es ese dinero de Monopoly, abstracto, de "pre-ingresos" que ni tú ni yo podremos ver o tocar, pero que los adultos de la habitación aseguran que está ahí. Ya no hay más Yeezuses, no más descontroles en teletones. Él está, sin duda, fuera de su momento, Kanye ha permanecido como una figura central en la cultura pop simplemente porque todos parecemos concordar en que él es central para la cultura pop; no porque esté haciendo alguna cosa vital o particularmente interesante, sino porque ha creado un loop autosostenible de meet-and-greets y almuerzos con famosos. Es como Esperando a Godot pero él solo está esperando a que Jack Dorsey termine su juego de squash. Puede aparecerse en TMZ cuando quiera y esperar en contra de la esperanza que todavía pueda enfocar media hora de nuestro tiempo en él. Pero la influencia real ya no está, y no parece regresar pronto.

II. Esto estaba muy bien escrito pero la reseña parece perder su foco en el contenido del álbum y en vez de eso se concentra en la personalidad y el comportamiento de Kanye, y cómo eso afecta tu habilidad para reseñar objetivamente el álbum

Hace unos meses, un editor de periódico que sigo en Twitter publicó que las reacciones frente a los álbumes más recientes de Taylor Swift y de Kanye West tenían que ser tinturadas en gran parte por nuestra percepción colectiva frente a las personalidades públicas que son estos artistas, ya que —decía el editor— álbumes anteriores habían sido culpables de los mismos pecados estéticos. Claro, él está en lo cierto al decir que la crítica popular se ha desviado hacia la biografía moralista y especulativa. Pero sobre todo en el caso de Taylor Swift, creo que se equivoca; la claridad estilística que una vez hizo de música algo único e innegable se ha embarrado de colaboraciones trilladas y convertido en una maquina ultra calculada de pop que se siente profundamente cínica y anónima.

Para ye, sin embargo, la cuestión es más compleja. Primero que todo, el editor al que sigo está equivocado: The Life of Pablo fue mediocre y juntado a las malas, y su reputación se ha impulsado por un grupo muy pequeño de grandes canciones. Pero antes de este junio, Kanye nunca había sacado algo tan malo como ye. Es confusa y terriblemente malo, y no de la manera medianamente divertida en la que a veces se hacen álbumes terribles por super estrellas del rap (ver Encore). Tiene siete canciones pero se siente interminable; empieza con un monólogo repetitivo y monótono antes de llegar a unos flows tipo Souncloud que están tan sedados que parece una parodia. Menciona la bipolaridad pero no tiene nada medianamente interesante que decir al respecto; culpa las reacciones de sus comentarios de esclavitud a problemas financieros; lo presenta torpe en el micrófono, y no de la manera encantadora de College Dropout. Todas las emociones, salvo la petulancia, se sienten fingidas. Esto no soy yo intentando analizar el valor moral (o lo que sea) de ye; es simplemente una interpretación vacía por parte de West. Es difícil imaginar a una de estas siete canciones haciendo parte de Pablo que, nuevamente, es un álbum regular con estándares mucho más bajos que incluso los de sus predecesores más impulsivos y afanados.

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Entre más tiempo pasaba escuchando el álbum —esto quiere decir semanas, meses después de que desapareció de la radio; la inercia de Kanye no es lo que solía ser— más pensaba que ye se benefició de todo el escándalo que lo precedió. Cada vez que alguien me proponía una reexaminación del álbum, o lo defendía, o incluso solo coqueteaba con la idea de que no era tan malo como pensábamos que era inicialmente, me hablan de esto siendo un documento de un artista atormentado, de un colapso de una celebridad pasando en tiempo real, o de un hombre perturbado que busca respuestas.

El problema es que todo eso son proyecciones de los observadores. La música en ye, en su mayoría, no refleja eso. Hay hooks cálidos de Charlie Wilson y hay por fin otra muestra de Kid Cudi en un álbum de Kanye, pero el protagonista (West) suele presentarse plano aquí. El último track, "Violent Crimes", por ejemplo, generó ira en junio por tener ideas regresivas frente al género, pero el problema creativo es en realidad que el verso de Kanye es acartonado y pesado. En "No Mistakes" —la del hook de Charlie Wilson— Kanye intenta mostrar una celebración excesiva y grande, pero al final le queda faltando. Como en el verso antes del cambio de beat en "I Thought About Killing You", pareciera que fuera una pista vocal que luego sería reemplazada por una toma con verdadera emoción. Estos son solo gestos. Más frustrante aún, si bien el álbum se vende como un trabajo confesional y crudo, hay muy poco donde podamos ver a Kanye abordado, o al menos catalogando, a sus demonios. Si lo vemos como una sección cronológica en su página de Wikipedia, esta era —la de la gorra, la fogata en Jackson Hole, la locura triste de todo esto— es un punto de quiebre importante para Kanye. La música en sí misma es solo una nota al pie.

Claro, la idea —de que las reacciones al apoyo estridente y desinformado de Kanye a Trump ayudara en vez de afectar— va en contra de todo lo argumentado por quienes son más compasivos (o entusiastas) del apoyo a Trump. Se trata de legiones de fans de Trump y/o Kanye tanto en línea como en la vida real que alegan cualquier supuesto "prejuicio" de algún crítico u oyente que disfrute el álbum menos que ellos. Esto sucede por una objetividad imaginada, donde la "objetividad", que en realidad significa "más similar a mi visión de mundo", ha existido desde que existe la misma crítica. Para ser claro, muchas de las reseñas de ye abordaron más las presentaciones de Kanye que la música en sí misma. Esto es un reflejo de algunas tendencias de la crítica moderna, sí, pero también es el más (y tal vez el único) ángulo interesante. La música, nuevamente, palidece en comparación a todo lo que vino antes de ella.

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Y con todas las quejas sobre las reseñas de ye siendo un álbum tibio, no encontré en ninguna parte un argumento de estos fetichistas de la objetividad sobre la música misma. Su defensa era una postura política per se: ¿quién eres tú para cuestionar a Kanye por [apoyar la presidencia/criticar a Obama/etc.]? ¿Por qué no eres más bien otro libre pensador más?

III. Smack DVD

En mayo de 2005, cuando la tercera temporada del Chappelle's Show ya estaba en producción, Dave Chappelle renunció. Dejó 50 millones de dólares en la mesa y encendió en llamas la amistad con su viejo colaborador. En entrevistas posteriores, explicó que había empezado a sentir que algunos espectadores se reían de y no con él y los sketches de su show, que usualmente tomaba posturas provocadoras frente a la raza. El catalizador fue un miembro blanco del equipo que entró a carcajadas con una pieza en la que una figura pixie intenta reforzar estereotipos antinegros; el chiste, según Dave, era sobre los estereotipos, pero ya el daño estaba hecho y sintió que no había nada que podía hacer para detener a esta extraña maquina Faustiana que lo había hecho rico, pero que también permitía que hombres blancos sosteniendo el boom se rieran de la misma forma que sus abuelos se habrían reído en un show de minstrels. Dave no pudo soportarlo. Así que se fue a África.

Cuando volvió a Estados Unidos al final de ese año, probablemente tuvo que empezar a reparar algunas relaciones personales que fracturó, y tenía que preocuparse por salvar lo que solo meses atrás parecía ser una carrera imparable. Y además de eso, tuvo que confrontar rumores: que fumaba crack, que estaba loco. Así que hizo lo que cualquiera hubiese hecho y fue Inside the Actors Studio con James Lipton.

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Todo este episodio es cautivante. Dave es gracioso y asombrosamente inteligente; aborda buena parte del terreno, pero lo más fascinante tiene que ver con el peso que genera Hollywood y cómo lentamente y dolorosamente lo acaba a uno por dentro. Dave habla de famosos comediantes negros que enloquecieron, se quebraron, o tuvieron rachas de una presión absurda en las que fueron llamados "locos" por los mismos tabloides que los llevaron a esas instancias. Cuenta la historia de su cumpleaños número 24, cuando se enteró de que su papá había sufrido un infarto, pero lo abandonó para volar de Ohio a Los Ángeles solo para tener una reunión con los ejecutivos de la cadena, que insistían en verlo en persona solo para poder insistir en volver a hacer el casting de su piloto con una mujer blanca en vez de una negra. En un punto, él prende un cigarro y le dice a James Lipton: "Uno no puede dejar de ser famoso. Puedes ser infame. Pero no dejar de ser famoso".

No voy a pedirles que sientan compasión por el Kanye West de 2018, porque no sé cómo lograría eso y porque yo, como cualquier persona sensible, estoy cansado de que él le siga dando visibilidad y legitimidad a niños de 19 años con trajes y banderas en sus nombres de Twitter, que llaman a Trump "Mr. President" y usan "Chicago" como jerga racista. Pero sí quiero que imaginen por un segundo lo que sería si, por el resto de sus vidas, cada mal paso que den sea seguido por miles de extraños que se preguntan qué pensarían sus fallecidas madres de ustedes en este momento.

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No hay un botón de apagado para esto. La fama ya no es efímera como solía serlo; nadie se desvanece. Ya no hay one-hit wonders como antes; cuyos nombres apenas podías recordar y que ahora podrían estar trabajando vendiendo carros y de repente un reportero de Time lo encuentra en su 25vo aniversario o algo así. La gente simplemente permanece en un purgatorio de apariciones en discotecas y presentaciones en Kimmel y con contratos con Atlantic. No es difícil ver cómo una figura como Kanye West empezaría a resquebrajarse ante esto. Y esto no es para hablar de las aparentes y confesadas condiciones mentales de Kanye; es inútil que intentemos actuar como psiquiatras aficionados, y fue así además como llegamos a esta situación en primer lugar.

"Maybe I should stop being real / maybe I should get on Twitter"

Pero mientras que para nosotros Kanye parece estar desmoronándose, él insiste que está perfectamente. En los últimos años las presentaciones de Kanye se han visto reducidas a unos cuantos brotes de locura, vinculado con nueva música pero siempre eclipsándola. Ha llegado a un nivel de fama en el que la fama misma es su razón primaria de ser famoso. Todos recuerdan lo buena que era la música, pero desde hace unos años —quizá cuando dio un discurso en los VMAs en los que dijo que se postularía para presidente en 2020 y creímos ingenuamente que lo haría como demócrata— cruzó el umbral para ser una celebridad flotante y amorfa, donde los escándalos son vida y todo el resto merece una atención secundaria. Esto es como si la rapada de Britney Spears le hubiese tomado dos años y se la pasara llamando a Ty Dolla $ign para que cortara las partes más difíciles.

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Una cosa que es inquietante sobre esta transformación es que él no lo ha hecho muy bien en esta nueva faceta. La torpeza en Kanye para controlar a la prensa y a las redes sociales contrasta fuertemente con la forma en la que su esposa navega esos mismos canales. Kim, sin importar lo que piensen de ella, se ha vuelto extremadamente buena para crear y mantener un ser público que es masivo y lucrativo y que siempre está dispuesto a volver a ella cuando lo necesita. Keeping Up With the Kardashians dejó de ser un reality hace unas cuantas temporadas; ahora es controlado completamente por Kim y su madre y funciona como propaganda, mostrando desde el enfoque de la familia los eventos públicos que los espectadores vieron meses antes en Instagram o TMZ. Kanye, por otro lado, da entrevistas impulsivas, intermitentemente lúcidas, luego dos entrevistas más para aclarar la primera y retractarla. Siempre ha tenido esa racha: era encantador y relacionable. Pero cuando lo hacía en 2007, no le estaba diciendo a los votantes negros que "abandonaran las plantaciones democráticas". Ahí no hay mucho encanto.

Actualmente, Kanye parece creer que su llamado (sin contar los carros flotantes) es provocar. Que genuinamente apoye a Donald Trump está más allá de la discusión; ha dicho muchas veces que su apoyo es radical simplemente porque la gente no quiere que le de voz a eso. ¿Hay valor en el hecho de que una celebridad se libere de ortodoxias anquilosadas? En teoría, claro que sí. Pero en vez de provocar a los de pensamientos ortodoxos, Kanye simplemente les dio voz a algunos de los argumentos más estúpidos y de mala fe que los conservadores han hecho por años. ¡Escribió un tweet sobre los republicanos liberando a los esclavos! Hace unas semanas, cuando anunció un nuevo álbum llamado Yandhi (programado para el mes pasado pero retrasado para la semana de Acción de Gracias), Kanye empezó a tweetear y hablar sobre la "cancel culture". Dijo que se avergonzaba de no haber defendido a su amigo A$AP Bari, quien había sido acusado y arrestado por agresión sexual ( el caso fue rechazado en agosto por la fiscalía de Los Ángeles).

Tal vez haya algo interesante por ser explorado: lo que significa para una persona el reconciliar su amor por un amigo acusado de actos atroces. Pero Kanye no estaba interesado en probar nada de eso, al menos en público. Se describió a sí mismo como un "Jedi" y dijo que la "cancel culture" no podía detenerlo. Luego, cuando se apareció en las oficinas de una revista musical, profesó su amor por XXXTentacion y 6ix9ine —acusado de un abuso domestico macabro y del uso de un menor en un acto sexual, respectivamente— con quienes había grabado.

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Lo frustrante es que estas apariciones públicas, la fijación por provocar, al final no tiene ningún mensaje, ningún fin significativo. Puedo hacer esto y no me puedes detener no es una idea revolucionaria. Fue reforzada durante las elecciones de 2016: hay menos regulaciones duras en nuestro comportamiento de las que pensamos, y sin vergüenza uno puede salirse con la suya en básicamente todo. No hay adultos en la habitación y de hecho nunca los ha habido. Por supuesto que nadie va a arrestar a Kanye por hacer una canción con 6ix9ine; simplemente es una mala idea, musical y (al menos en la opinión de muchos) moralmente.

De muchas formas el arte comercial se ha convertido en una especie de tierra baldía híper capitalista. Los clicks son agnósticos y la máquina sigue moviéndose. Lo que la hace confusa para nosotros, y que probablemente envalentona a Kanye, es lo mucho que suele ser ridiculizado por estar en lo correcto. Pienso en cosas tan cargadas como decir que "George Bush no se interesa por los negros" y tan inofensivas como él insistiendo, años antes de que los críticos le pusieran atención, que Rihanna era una de las artistas centrales de la música. Ha sido reivindicado una y otra vez. Por lo cual, cuando la gente ve que Kanye "siempre ha sido así", están siendo simplistas y no del todo precisos. Sí, siempre ha sido extraño y narcisista y no muy conectado con los detalles granulares de cualquier tema. Pero sus apariciones públicas solían estar impulsadas por ideas, o al menos por canciones, que eran provocadoras e inspiradoras. En este momento solo hay un vació frío y trumpiano en el centro de todo.

IV. Tenemos un gran show para ustedes esta noche

Justo antes del Weekend Update, Kanye West se vistió de botella de agua, salió con su colaborador de 18 años, y rapeó ante la televisión gringa sobre mamadas.

"I Love It" es un éxito legítimo e ineludible. El beat es increíble (Es… extraño que haya sido co-producido por el tipo que hizo "Brooklyn's Finest"). Durante el verso de Kanye se siente el desespero, porque así es: el tipo que grita en el set de TMZ sobre cómo nos va a sacar de la matrix está pasando a simplemente estar muy excitado al lado de un rapero de la mitad de su edad. Pero la canción pegó en radio de una forma que ninguna de las de ye pudo, porque es cinética y viva y se siente terminada. Es llevada casi en su totalidad por Pump, la esperanza de la escena mainstream de Soundcloud, probando que su voz delgada puede funcionar en tipos distintos de producción. No es difícil imaginar un mundo en el que Kanye se consagra y "I Love It" lleva a Pump la estratosfera del arte; dicho eso, es difícil imaginar un mundo en el que Kanye se consagra y aún así se siente impulsado a hacer "I Love It".

Después de su tercera canción ("Ghost Town"), en los agradecimientos, Kanye tomó el centro del escenario y le dijo a la audiencia de SNL que había sido "matoneado" en los camerinos por la gente que no quería que se presentara con la gorra de Make America Great Again. NBC cortó en las versiones de la costa oeste y de Hulu, pero el material sobrevivió en las historias de Instagram de Chris Rock. El domingo en la mañana hubo teorías sobre por qué había sido cortado de algunas transmisiones: ¿acaso NBC estaba censurando la libertad de expresión? ¿Lorne Michaels se salió de sus cabales? ¿O simplemente el show siempre acaba a la 1 en punto?

En el material de Rock — que fue transcrito en parte por el Times y HipHopDX y etc., pero también por Breitbart— Kanye dice "90 por ciento de las noticias son liberales. 90 por ciento de la TV, Los Ángeles, Nueva York, los escritores, raperos, músicos… así que es muy fácil hacer que todo se vea muy, muy unilateral". Luego entra de repente en canción: "I thought this country said that I could be me". Hay más clips regados grabados por Mike Dean y otros. En un punto, Kanye dice: "Saben que es como el plan que hicieron: sacar a los padres de su hogar y promover el bienestar. ¿Alguien sabe sobre eso? Eso es un plan demócrata".

Mientras todo esto pasa, la banda está tomando agua incómodamente, y los miembros del elenco están parados estoicamente detrás de él. "Gracias por darme este espacio", dice Kanye. "Sé que algunos de ustedes no están de acuerdo". Dos días después, Kenan Thompson, quien ha estado en SNL desde 1995, salió Late Night With Seth Meyers y comparó la experiencia con la de ser tenido como rehén.

Habría algo gracioso, en 2013 o en 2007, sobre Kanye hablando de cambiar la sociedad, solo para después bailar en el escenario de SNL vestido de Perrier, con sus brazos colgando y su rostro con una sonrisa congelada. Todavía lo hay, si uno puede apagar su cerebro por un segundo. Sigo pensando en Kanye y las prisiones: la forma en la que el tema se ha estirado desde los días en que los tipos de dead prez le enseñaban a estructurar canciones; a "New Slaves"; incluso ahora, cuando se toma selfies con Charlie Kirk. Desearía ser una de esas personas que se aferra a la esperanza de que esto sea un gran engaño en el que él termina drogando a Trump y firmando un decreto que libera a todos los convictos por drogas o algo así. Pero probablemente termine con The Breakfast Club. Y luego todo vuelve a empezar.

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