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Cultură

Una cerveza con el tipo que sacó a Plutón de los libros escolares

Este año la Fiesta del Libro y de la Cultura de Medellín trajo al astrónomo Gonzalo Tancredi. Hablé con él acerca del destino de la Tierra (y, sobre todo, de los celulares).
17.9.15
Imagen via: NASA Goddard Space Flight Center en Flickr

Medellín-

Estaba en segundo grado cuando aprendí el significado de la palabra proyecto. Se trataba del modelo a escala del sistema solar, un rito que incumbía a alumnos y padres de familia por igual. Ayudado por mi madre (o más bien al contrario) pasé varias horas tratando de dar con el azul profundo perfecto, eligiendo las esferas de icopor con las proporciones correctas y forrando pedazos de cartón paja con papel tornasolado, tratando de darle a los anillos de Saturno, mi planeta favorito, una apariencia 'realista'. Con el tiempo, mi pasión por el espacio y el esmero en los proyectos escolares se fueron apagando, pero el recuerdo del modelo y la sensación de satisfacción al terminarlo se quedaron conmigo mucho tiempo.

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Jamás imagine que casi veinte años después terminaría tomándome una cerveza y respirando humo de marihuana con el responsable de que todo eso se volviera obsoleto.

En agosto de 2006, con la ayuda de su compatriota Julio Fernández, el astrónomo uruguayo Gonzalo Tancredi logró convencer a la mayoría de los miembros de la Unión Astronómica Internacional (UAI) de rechazar la definición de planeta propuesta por el comité ejecutivo de la UAI y optar por una nueva y más estricta definición. Una que dejaba a Plutón por fuera de la lista de planetas del Sistema Solar. Nueve años después de haber sacado a Plutón de los modelos que hacen los ninõs alrededor del planeta, Tancredi ha venido a Medellín a la Fiesta del Libro y la Cultura para dictar una conferencia acerca de la "ciencia del día del juicio final". El miércoles en la tarde sacó un rato para conversar conmigo acerca de las grandes catástrofes que amenazan a la Tierra, la importancia de la vida universitaria y, claro está, de cómo es derribar un planeta entero desde una república pequeña del sur del mapa mundial.

Nos encontramos en el Parque Explora, sede principal de la Fiesta. Desde ahí caminamos hasta la entrada de la Universidad de Antioquia y luego nos dirigimos hacia unas graderías que miran hacia la cancha de fútbol de la Universidad, un lugar conocido entre los estudiantes como 'El aeropuerto'. "En realidad lo de Plutón tuvo más impacto en la cultura popular que al interior de la astronomía", me decía Tancredi mientras nos acomodábamos entre varios parches de estudiantes que además de sus porros compartían la sombra de un árbol en medio de una tarde demasiado calurosa. "Fue como desafiar esa idea de que la ciencia es inamovible y eso le causo impresión a muchas personas", me dijo.

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La decisión de quitar de la lista al más pequeño, lejano y menos sexy de los planetas, se debió a un asunto de clasificación: mientras que la UAI propuso que cualquier cuerpo que tuviera una masa suficiente como para haber sido redondeado por efecto de su gravedad fuera considerado un planeta (lo que no solo hubiera 'salvado' a Plutón sino que también hubiera metido en la lista a otros 3 nuevos cuerpos). Por su parte, Tancredi y Fernández convencieron a la mayoría de sus colegas de sumarle a lo anterior otros dos requisitos: que el cuerpo no emitiera ningún tipo de radiación nuclear y que fuera, "por mucho", el cuerpo más grande en su región solar. Al existir en su vecindad varios cuerpos de tamaño similar, Plutón perdió el título de planeta y en su lugar quedó bajo el casi humillante rótulo de 'planeta enano' .

La sutileza también tenía un significado más allá de lo estrictamente científico. "Fue el debate más candente en la historia reciente de la astronomía por varias razones. Nunca antes había sucedido que los miembros de la UAI rechazaran una de las propuestas del Comité Ejecutivo, mucho menos por iniciativa de un par de científicos de una región que no es la de mayor peso al interior de la Unión". De hecho, Uruguay a diferencia de Chile, Argentina, Brazil, Panamá, Honduras, México y Cuba no está como país afiliado a la UAI, Sin embargo, algunos cientificos como Tancredi y Fernández están afiliados de manera individual.

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La segunda razón por la que el debate alrededor de Plutón tenía un significado especial tiene que ver con la geopolítica de la ciencia. "Plutón no solo es el único planeta descubierto por un estadounidense, sino que además ocupaba un lugar especial en el imaginario del país: por algo se llama así la mascota de Mickey Mouse".

A eso debería sumarse el hecho de que en enero de 2006, seis meses antes de que Tancredi hiciera su pequeña revolución al interior de UAI, la NASA había lanzado la misión New Horizons, la cual estaba destinada para explorar el que, por entonces, era el único planeta del sistema solar en la lista de pendientes de la astronomía. De hecho, New Horizons llegó hace poco más de un mes a estar más cerca de Plutón de lo nunca antes había estado la humanidad, pero su título suena ahora mucho menos importante: La primera misión en acercarse al planeta enano de nombre Plutón.

Culpa de Tancredi./ Imagen vía Wikimedia Commons.

Volvamos al hombre. Ya sea como estudiante, profesor o investigador, Tancredi ha pasado los últimos 30 años de su vida en universidades. Cuando le pregunté por el siginificado que tiene la vida universitaria, Tancredi, quien optó por una Club Colombia pequeña en lugar de Pilsen de medio litro, y se abstuvo de comentar acerca del intenso pisquero que nos rodeaba, me contó cuales fueron las lecciones que aprendió fuera de la aulas. "Cuando entré a la universidad a comienzos de 1985 Uruguay aún vivía bajo una dictadura. Poco tiempo después la dictadura se terminó y se abrieron muchos espacios. Entonces me volví muy activo organizando asambleas y reuniones al interior de las juventudes socialistas. En ese momento no sospechaba que todo lo que aprendí acerca de hacer política me serviría en el futuro. Por ejemplo, en el momento de hacer alianzas y conseguir apoyos entre mis colegas para conseguir el apoyo que necesitaba para enfrentarme a la propuesta de la UAI", me dijo.

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A pesar de todo esto, Tancredi no vino a Medellín para hablar acerca de cómo jodió mi maqueta del Sistema Solar, ni tampoco de qué tanto su vida universitaria se distinguió de la mía. El día anterior había dictado en el auditorio del parque Explora una conferencia titulada "Historia de la vida en la tierra: La extinción como posiblidad". Por eso le pregunté de dónde viene esta obsesión nuestra por por saber cuándo y cómo se acabara el planeta. "Es una pregunta que se encuentra presente en muchas culturas y religiones. Supongo que es algo inherente a la vida misma. Creo que el solo hecho de estar vivos ya nos hace preguntarnos por cuándo moriremos", me dijo.

De hecho, la ciencia ya nos permite tener la certeza de cuándo y cómo se va a acabar el planeta. "Sabemos que en 5.000 millones de años el sol va a expandirse hasta absorber la tierra, pero ni siquiera sabemos si el ser humano estará ahi para presenciarlo". Esa afirmación tan cruda llamó la atención de un tipo que estaba sentado con sus amigos un par de gradas más abajo, el tipo se volteó y nos miro cómo si no apreciara el recordatorio fatal en pleno hueco de 2 a 4. Sin embargo, con el sol de la tarde haciendo vibrar el aire a ras del pasto, haciendo que todo en Medellín se mueva a la mitad de su velocidad normal, la posiblidad de ser absorbidos por el sol parece un hecho inminente y no una certeza lejana.

Ahora, Tancredi afirma que hay otras amenazas mucho más tangibles. La primera de ellas es la preferida de Hollywood: el asteroide que impactará la tierra a menos de que Bruce Willis esté ahí para evitarlo. "Existe un asteroide llamado Apophis que tiene una órbita similar a la de la Tierra y hace aproximaciones a nuestro planeta cada tantos años. Por un tiempo, la posiblidad de que hubiera un impacto preocupó a la comunidad científica. En los últimos años su trayectoria ha sido recalculada y sabemos que no impactará a la tierra en su próxima aproximación, que será en el año 2029. Sin embargo, a futuro, la posiblidad esta ahí". Pero a Tancredi no lo trasnocha pensar en la idea de un asteroide impactando contra la tierra. Según él, "la tecnología que tenemos nos permitiría anticipar el impacto con tiempo suficiente para hacer las previsiones necesarias o incluso evitar el impacto".

Malas Noticias para tu Iphone. Imagen via Wikimedia Commons

Sin embargo, hay un segundo tipo de amenaza que resultaría menos letal pero más preocupante. Se trata de la posibilidad de que el Sol expulse una nube de plasma en dirección a la la tierra: "estas nubes se producen cuando el Sol, producto de su actividad, expulsa partículas cargadas de energía hacia el espacio. No se trata de cuerpos sólidos, se trata de plasma, que es otro estado de la materia. Un impacto como este no tendría un efecto letal sobre la vida en la tierra, pero podría acabar con todos nuestros desarrollos tecnológicos como la electricidad y los aparatos que usan el espectro electromagnético como el internet y los celulares", me dijo de forma contundente.

Dado que cada 11 años el Sol experimenta un incremento en su actividad, el planeta ya ha pasado por sucesos como este, notablemente en el evento Carrington en 1859: en aquella ocasión, una ráfaga de viento solar hizo que los cables del telégrafo, inventado en 1841, se incendieran en Europa y Estados Unidos. "En aquella ocasión, las pérdidas no fueron significativas. Pero si sucediera hoy en día, la cosa sería muy distinta". Dado que en este momento el Sol está llegando al final de un punto alto en su ciclo, la posiblidad de que una de estas nubes de plasma llegue a la tierra es, y será, muy remota, al menos durante los próximos 11 años. Luego quién sabe. Las tormentas solares son especialmente preocupantes, ya que al día de hoy no hay nada que podamos hacer para mitigar sus consecuencias".

En caso de que eso suceda, Tancredi tiene dos noticias para ustedes: "La buena noticia es que no nos vamos a morir, la mala es que nos vamos a quedar sin internet ni celulares, lo que para muchos sería aún peor".

Mientras regresábamos por las graderías entre grupos de estudiantes que, al igual que yo y a diferencia de Tancredi, prefieren defenderse del sol con una Pilsen Grande en vez de una Club pequeña, le pregunté al astronomo cómo hace un tipo que estudia fenomenos que suceden en escalas de tiempo de miles de millones de años y que suceden a otros cuantos millones de kilómetros de distancia para preocuparse por las cosas mundanas del día a día. Tancredi rió un poco antes de contestar: "es por eso que me he dedicado a la ciencia del fin del mundo, porque es la mejor manera de conectar las dos partes".