Adiós, Shaquille: de cómo Towns y Porziņģis han acabado con los gigantes torpes
Brad Rempel-USA TODAY Sports​
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Adiós, Shaquille: de cómo Towns y Porziņģis han acabado con los gigantes torpes

Ya os podéis olvidar de bestias como Shaquille O'Neal o Dwight Howard: los pívots del futuro en la NBA son rápidos, pasan el balón, saben tirar de tres y la meten desde el tiro libre.
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El baloncesto profesional no es una foto fija: todo lo contrario. Como en todos los deportes profesionales, la evolución es constante… y cada vez más rápida. A medida que nos adentramos en una era donde el ritmo y el espacio ganan cada vez más importancia, el papel ofensivo de los 'gigantes' de la NBA se va volviendo irreconocible para los fans más veteranos.

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Los pívots de antaño —tipos corpulentos que eran maestros a la hora de recibir el balón bajo el aro para trabajar el uno contra uno ante la defensa— son una especie en peligro de extinción… y lo mismo ocurre con aquellos equipos que consideran esa posición como la clave del éxito.

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Hay un motivo sencillo para explicar por qué los grandullones ya no brillan como antes: los cambios de normativa que han coartado la defensa zonal de los equipos y, por lo tanto, un mayor desarrollo del juego exterior. Shaquille O'Neal y Charles Barkley se quejan desde la cabina de comentaristas sobre este cambio de estilo, que encuentra su mejor ejemplo en los Golden State Warriors de Stephen Curry.

El pívot de los Houston Rockets Dwight Howard está de acuerdo con Shaq y Barkley. "La forma en que se juega hoy en día, de fuera para fuera, de tres en tres, es ultrarrápida", comenta Howard en el periódico estadounidense USA Today. "Realmente es como si los pívots fuésemos dinosaurios, están intentando extinguirnos… pero la edad de hielo no va a llegar, así que no vamos a desaparecer", bromea Howard.

Dejando de lado su versión inspirada en Pixar —por lo de Ice Age, claro—, Howard no está del todo equivocado. Aunque a los pívots no se les pida hacer las mismas cosas que hicieron durante décadas, eso no significa que la posición esté muerta: simplemente está evolucionando.

Cuando tú y tus amigos os lo pasáis bomba destruyendo a la defensa rival. Foto de Bob Donnan, USA TODAY Sports

En lugar de la aburrida dieta de balones en el poste bajo, los grandullones ahora subsisten con jugadas salidas del bloqueo —sea cortando hacia el aro o abriéndose para tirar— y con movimientos directos. Los interiores bloquean y se perfilan para recibir abajo, pero cuando atrapan la pelota disfrutan de varias opciones: pueden machacar, pasar al tirador, buscar el corte de un compañero, fintar… y botar, algo que solían hacer poco en el pasado.

Esta evolución ha dado un salto cuántico gracias a la cosecha de novatos de gran envergadura de este año. Desde la temporada 1954-55, con la introducción del reloj de posesión, solo ha habido 76 jugadores interiores novatos que hayan jugado al menos 800 minutos y hayan registrado un índice de eficiencia por encima de 15 puntos.

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En la actualidad, sin embargo, son seis los novatos que entran dentro de esta categoría: Karl-Anthony Towns, Jahlil Okafor, Kristaps Porziņģis, Willie Cauley-Stein, Myles Turner y Nikola Jokić. Según Basketball-Reference, nunca habían coincidido tantos en una sola temporada.

De los seis, solo Okafor conserva algún parecido al pívot tradicional. Según los datos de Synergy Sports en NBA.com, el jugador de los Sixers terminó un tercio de sus jugadas dentro de la pintura, lo que le convierte en el sexto jugador que más lo hace en la liga. Su rendimiento bajo el aro ha sido 10 puntos superior al del resto de jugadores de la lista.

El resto de rookies de la NBA están ya en el límite de lo que conocemos como el hombre alto tradicional. Cauley-Stein es seguramente el pívot más rápido de la liga; la próxima vez que veas un partido de los Kings, observa cómo deja atrás a los pívots rivales y verás qué delicia.

Los Kings son bastante lamentables cuando les toca defender la pintura, y de hecho les va algo peor con Cautley-Stein en la pista; no obstante, su movilidad, tamaño y altura lo convertirán en un defensor decente con el paso del tiempo.

Al mismo tiempo, Cautley-Stein tiene un par de ventajas: cubre mucho terreno e impide tiros al aro mejor que cualquier otro pívot. De acuerdo con el sistema estadístico de Nylon Calculus, los oponentes tiran hasta tres tiros menos a canasta desde fuera cuando el bueno de Willie está jugando.

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Una vez logre mejorar en algunos aspectos —o si termina jugando para un equipo que no sea un auténtico desastre—, Cautley-Stein será sin duda capaz de condicionar los ataques del rival de la misma forma que lo hizo cuando jugaba en la Universidad de Kentucky.

Jokić, por su parte, cuenta con algunas de los mejores estadísticas avanzadas de la liga… y no solo entre los novatos, sino de todos los jugadores. Es el único jugador en la NBA que promedia al menos 17 puntos, 11 rebotes, 3,5 asistencias y 1,5 robos cada 36 minutos; al mismo tiempo, es el 22º jugador de la liga en PER (índice de eficiencia de los jugadores), el 20º en victorias compartidas cada 48 minutos y el 11º en +/- cuando está en cancha.

¿Te suena esto a chino? Normal, a mí también me lo parece un poco. Lo concretaré en términos menos abstractos diciendo que Jokić mete un 51% de sus tiros de campo, un 36% desde la línea de tres y un 81% de tiros libres; además, el serbio juega con garra y eficiencia en ambos lados de la cancha —facilitando los ataques, taponando tiros, robando balones… y, por lo general, fastidiando al equipo rival todo lo posible.

Turner no es el más ágil de los novatos grandullones… ni tampoco el que posee los números más impresionantes. Lo que sí cuenta a su favor es que es el único de la camada que lucha por estar en los play-offs al jugar en unos Indiana Pacers bastante decentes. Su retorno a las pistas después de una lesión a principios de curso y su posterior inclusión en el quinteto titular son una magnífica hoja de presentación.

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Más que nada, Turner ha sabido mantener un buen nivel en todos los rincones de la cancha. Su rango de tiro aún no se ha extendido más allá del perímetro, pero su instinto está a punto y ha logrado anotar el 42% de los tiros entre la línea de tiros libres y la línea de tres. Indiana incluso le ha dado, en alguna ocasión, la posesión decisiva de los partidos.

Porziņģis ha bajado un poco el ritmo tras su inicio explosivo —parte de la culpa es de la fatiga, pero también hay que señalar a su entrenador Kurt Rambis como responsable de la situación—, pero antes de su bajón mostró señales que apuntaban a que podría ser un jugador revolucionario: un verdadero cinco con longitud y movilidad para dinamitar una defensa por sí solo.

El mediocre índice de conversión de Porziņģis desde la línea de tres, que ronda el 33%, opaca su verdadero talento para tirar. Hay que recordar que los jugadores europeos acostumbran a sufrir más de la cuenta en el primer año en la NBA debido a la distancia diferente del triple, pero que a partir de entonces recuperan efectividad.

Los New York Knicks deberían liberar más al letón para que este tire todo lo que quiera: si Kristaps puede sobrevivir a las penurias de la Gran Manzana, probablemente termine desplegando un arsenal comparable al de Dirk Nowitzki. Ya lo ha hecho en algunas ocasiones, incluso cuando ha sufrido más de la cuenta para anotar tras un rebote ofensivo.

De acuerdo a Nylon Calculus, Porziņģis es el 15º jugador de la NBA que más puntos evita cada 36 minutos gracias a su defensa del aro; es también uno de los seis jugadores en la liga que ha logrado más de cinco tapones en cinco o más partidos distintos.

Los Knicks no lo han utilizado como pívot desde que cambiaron de entrenador, pero en el futuro esa podría ser su posición natural. Cualquier equipo con dos dedos de frente avistaría la revolución que se aproxima y le dejaría convertirse en lo que está destinado a ser. Tradicionalmente, los Knicks no han sido ese tipo de franquicia precisamente —más bien todo lo contrario—, pero el caso de Porziņģis es tan obvio que ni ellos serán capaces de arruinarlo.

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Si Porziņģis es una señal de la revolución que viene, Karl-Anthony Towns es ya toda una revelación. El compañero de Ricky Rubio en Minnesota se encuentra indudablemente entre los mejores jugadores de la liga y para el próximo año podría ser una estrella. Este año lo ha jugado todo con los Timberwolves y ha promediado 18,2 puntos, 10,3 rebotes, 1,8 asistencias y 1,7 tapones en menos de 32 minutos por partido.

Towns es uno de los mejores anotadores del curso, pero el resto de su juego también está muy desarrollado: es tremendo en los rebotes y un magnífico pasador si consideramos su envergadura. Karl-Anthony es un defensor por encima de la media y, en términos generales, es increíblemente bueno en todos los aspectos del juego… y solo tiene 20 años.

Towns es el futuro, pero al mismo tiempo ya es una realidad. Si ellos son el cambio que espera a los pívots, los aficionados podemos frotarnos las manos: nos vamos a divertir.

Si te gusta la NBA no deberías perderte los tuits del autor: @jadubin5