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Colapsar también es un proceso: apuntes sobre el olvido de los Washington Wizards

Por mucho tiempo, Ernie Grunfeld y los Wizards han estado cómodos en la mediocridad. Este año se están revelando, y se siente que el plazo está por vencerse.
5.4.16
Photo by Bill Streicher-USA TODAY Sports

Aquí les va algo que ciertamente no es una coincidencia: a menos de 24 horas luego de que su equipo despachara a los Washington Wizards, el dueño de los Warriors, Joe Lacob, declaró lo siguiente de la NBA:

"Estamos, probablemente, años luz más adelantados en estructura que cualquier otro equipo, en planeación, en cómo solucionamos las cosas", dijo. "Vamos a ser un dolor de cabeza para el resto de la NBA por mucho tiempo."

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Es natural sentirse de esta forma después de mirar el marcador y atestiguar el caos organizacional y la disfunción enraizada de los Wizards. En términos de estructura, planeación, y ejecución, los Warriors pueden que estén, o no, a años luz de los Spurs, del Thunder, o de los Celtics, pero esto es indiscutible: por el simple hecho de ser cualquier otro equipo que no sean los Washington Wizards, están, por defecto, a años luz de los Wizards.

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Es revelador que Lacob hable de la estructura y planeación cuando evalúa la posición dominante de su organización en la NBA: buenos equipos y buenas organizaciones se enfocan en el proceso. "El Proceso" como concepto ha sido arrastrado por el lodo por su asociación con los cerebritos Sixers, quienes han desgastado al "Proceso" como ningún otro equipo en su intento por persuadir a sus fans para que olviden los lamentables años de basquetbol. Pero incluso los Sixers cuentan con un plan detallado para saber cómo le harán para ser buenos de una forma duradera y significativa. Los Celtics practican su proceso de enfoque en todos los niveles: mientras que Danny Ainge está ocupado acumulando bienes valiosos para el futuro como parte de un plan para construir una mole sustentable, Brad Stevens dirige tranquilamente a sus jugadores para ignorar los aciertos y errores, y concentrar su atención a la ejecución del plan de juego, como lo ha hecho en sus campañas Cenicienta de NCAA con Butler.

Ahora consideremos a los Wizards: Ernie Grunfeld ha sido un desastre, en su mayoría, como general manager. Cualquier proceso razonable consideraría primero un plan coherente para armar el plantel. Los Wizards nunca han contado con uno. Grunfeld le otorgó a Gilbert Arenas uno de los peores contratos en la historia de la NBA, y también a Andray Blatche. Tarde que temprano intercambió a Arenas por el que es de hecho en peor contrato en toda la historia de la NBA, la bomba de humo de 100 millones de dólares de Rashard Lewis. Se comprometió a armar la base menos impresionante Arenas/Antawn, Jaminson/Caron Butler, al conjuntar a Blatche con Nick Young y JaVale McGee, bautizándolo como "The Big Three". Seleccionó a Jan Vesely con la sexta selección del draft de 2011, dos lugares antes de Kemba Walker y cinco antes de Klay Thompson. En toda su carrera como general manager en la NBA, la cual se extiende 27 años atrás, Grunfeld solo ha seleccionado a un jugador All-Star en 2010: John Wall, la selección número uno de ese año. Después, dispuso a Wall para que fuera enseñado, de todas las personas posibles, por Gilbert F. Arenas.

Cuando un novato hace todo el trabajo. Foto por Jason Getz-USA TODAY Sports

Luego de que los Wizards se ganaran un sembrado en los playoffs de aquella atroz Conferencia del Este de 2013, Grunfeld fue premiado con una extensión de contrato. Esta decisión, una de las más catastróficas, podría ser la más representativa de la era actual de los Wizards: en lugar de formular una estrategia exitosa a largo plazo, la organización se enfocó en resultados baratos.

Randy Wittman, de igual forma, ha sido un entrenador inútil. Sus equipos siempre han sido conocidos por jugar con un estilo anticuado a la ofensiva; él mismo se ganó la reputación de bruto por rechazar las matemáticas públicamente y de forma tan irritante como solo él sabe hacerlo. Pero el equipo llegó a la postemporada, y venció a unos Bulls desesperados y con insuficientes jugadores, y después a unos Raptors famosos por jugar mal en partidos importantes. A Wittman también le ofrecieron una extensión de contrato.

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Este tipo de recompensas que funcionan muy poco se extienda hasta la duela: Wittman es conocido por arrebatarle minutos disponibles para los jóvenes jugadores, mientras que prefiere darle minutos a tipos como Gary Neal y J.J. Hickson, el tipo de jugador con el que Grunfeld se ha asegurado que el plantel esté bien despachado: basquetbolistas marginados de la NBA que no pueden ayudar a un equipo a alcanzar otra cosa que la mediocridad. Jugadores jóvenes como Kelly Oubre —quien algún día puede que llegue a ser un buen basquetbolista de la NBA, si es que ve minutos en la duela— son clavados a la banca por el tipo de errores que son inevitables a la hora de desarrollar a un recién llegado, o peor aún, por fallar disparos. Los minutos de juego de Kevin Seraphin como Wizard se basaron en el hecho de que lograra encontrar el fondo de la canasta con su robótico drop-step. La temporada de segundo año de Otto Porter se le fue retrocediendo con el balón por el miedo de ser banqueado si se atrevía a lanzar y fallar un tiro. Incluso las rachas de buenas actuaciones no son suficientes para ganarse constantes minutos de juego: Oubre fue un respetable titular de relleno durante nueve partidos en diciembre y enero, tirando mejor que el 50 por ciento desde el arco en 23 minutos por partido. No ha disputado más de 10 minutos en ningún juego desde el 20 de enero.

La cara que pones cuando el coach te va a sacar por ser demasiado joven. Foto por Brad Mills-USA TODAY Sports

El resultado de todo esto es un equipo y una organización que cree en nada, no tiene expectativas, y no cuenta con un plan con excepción de adecuarse conforme se avanza. Uno podría perdonar todas estas cosas si los resultados fueran significativos, pero no lo son, y nunca lo han sido. Los Wizards era un equipo de último sembrado en los playoffs en las débiles disputas de la Conferencia Este. Ahora que la conferencia ha subido de nivel, son solo un recuerdo, un equipo sin lugar en postemporada o selección en el draft, y con una incierta base de jugadores jóvenes estancados en un plantel con contratos de un año. Todo su plan para el éxito futuro yace en una transformación voluntaria de talento que deje más dinero, más éxitos, y una mejor organización para que se juegue al basquetbol jurásico de Wittman en un Verizon Center semivacío.

Luego de su devastadora derrota ante los incompetentes Sacramento Kings del miércoles por la noche, Bradley Beal dijo esto de su equipo y compañeros:

"Ladramos demasiado. Decimos lo que necesitamos hacer. Nos gritamos el uno al otro. Ni siquiera podemos culpar a Witt si así lo quisiéramos, pero al final del día somos nosotros los que jugamos. Hacemos cosas torpes en la duela como no contar con un hombre en transición, o no saber en dónde está colocado un jugador en media cancha. Tenemos lapsos mentales que arruinan nuestro partido y terminan por herirnos a la larga. Todos en el equipo ya estamos grandecitos, es cuestión de querer jugar o no."

Este es un ejemplo perfecto de implosión. Dependiendo de tu perspectiva, estas podrían ser malas noticias: ¿Qué se espera de su futuro su tienes a tipos desahogándose y culpándose mutuamente en entrevistas después de los partidos? El hecho que los Wizards hayan reclamado su posición como el hazmerreir de la Conferencia Este es un resultado que nadie habría podido vaticinar al arranque de la temporada.

Aún así, como fan de la NBA que está al pendiente de la liga y envidia a los Warriors, Spurs, Thunder, Raptors, Hawks, Celtics, y hasta a los Bucks; como alguien que ve a equipos inteligentes tomar decisiones para el futuro; quien ha visto el largo y oscuro túnel de una extensión de contrato más para Grunfeld y, mínimo, un año más para Wittman; quien se inquieta por apoyar a un equipo que desperdicia selecciones de draft y espera en la mediocridad hasta recibir un milagro: para esa persona, para mí, esta implosión es parte de un proceso, donde un cambio a la larga es muy probable que suceda. Y por lo tanto, por primera vez y por el momento, apoyo este proceso. ¿Y saben qué? Es todo una dicha.