Escalar una de las montañas más difíciles del mundo cambia la forma en la que ves la comida

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Escalar una de las montañas más difíciles del mundo cambia la forma en la que ves la comida

En la montaña, llevo una mezcla de lo que usan los triatletas: barritas y mezclas de frutos secos, pero también comida de verdad, como sándwiches y bebidas energéticas.
18 Agosto 2015, 4:00pm

Cuando te imaginas escalar el Monte Everest, probablemente te imaginas a hombres en enormes trajes escalando una montaña, pero es posible que no entiendas lo que conlleva el ser un alpinista profesional. Es muy peligroso y la gente muere. Incluso sabiendo que sus familias y amigos se preocupan por ellos a la distancia, los alpinistas tienen que asumir riesgos; lidiar con los "alimentos como combustible" es una parte importante del control de ese factor de riesgo.

Mi dieta no es muy refinada. Soy un pseudo-foodie. Me encanta ir a restaurantes. Trato de ser orgánico y equilibrado, pero cuando estoy en el modo de entrenamiento, prácticamente como lo que quiero. En los días previos a las grandes expediciones de escalada, que son a gran altura y cubren largas distancias, puedo comer de todo – son casi una excusa. Es necesario construir grasa y músculo porque estás en constante movimiento. Necesitas masa.

En el modo de entrenamiento soy como un bote de basura. Como, como, como. Tengo una total debilidad por el pay y el pastel. He estado en expediciones en las que pierdo 9 kilogramos, y ya que solo mido 1.72 metros y peso 72 kilogramos (cuando estoy en forma), perder ese peso es mucho. He estado haciendo expediciones durante 15 años, por lo que mi cuerpo ha desarrollado un sentido de las mismas. Se vuelve eficiente.

The North Face Meru Expedition, 2011

Jimmy Chin en MERU. Cortesía de Music Box Films. Foto de Renan Ozturk.

En la montaña, llevo una mezcla de lo que usan los triatletas: barritas y mezclas de frutos secos, pero también comida de verdad, como sándwiches y bebidas energéticas. Es increíble cuando te das cuenta de lo poco que tu cuerpo necesita para sobrevivir porque tu metabolismo reconoce lo que está sucediendo. Tu cuerpo es hiper-eficiente allá arriba, y ahí es cuando la comida se convierte realmente en combustible. Cuando estás teniendo un día importante en la montaña, no te puedes preocupar mucho por cómo sabe algo. Es igual que el gas en el tanque.

La Aleta de Tiburón es una formación en un pico llamado Monte Meru, una ruta que ha visto más intentos y más fracasos que cualquier otra en el Himalaya. Aunque la Aleta de Tiburón no se discute mucho en el mainstream, se ha ganado una gran reputación en el corazón interior de la comunidad profesional de alpinistas, sobre todo debido a los intentos fallidos.

Las personas que han pasado mucho tiempo sobre alturas técnicas y de gran altitud son los que suelen intrigarse y motivarse por el hecho de que ha habido tantos fracasos en esta montaña, incluyéndome. Para un alpinista profesional, ese tipo de reputación puede convertirla en la primera ruta de ascenso codiciada: se convierte en parte de tu legado y te pone en las filas de la historia. Nadie ha sido capaz de ir más allá de cierto punto, así que, como alpinista, esto te muestra en dónde estás colocado.

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Renan Ozturk durante el descenso del campamento después de 17 horas. Cortesía de Music Box Films. Foto de Jimmy Chin. Conrad Anker en MERU. Cortesía de Music Box Films. Foto de Jimmy Chin.

Tomé el reto de la Aleta de Tiburón con Conrad Anker y Renan Ozturk en 2011. Conrad Anker es un alpinista legendario con una larga historia de hacer ascensos locos por todo el mundo. También es mi mentor. Comenzamos a escalar juntos en 2001 y, con el tiempo, se ha convertido en un muy buen amigo; tenemos una conexión profunda y hemos estado en expediciones muy difíciles y desafiantes juntos. Es un atleta increíble y altamente cualificado en todos los ámbitos del alpinismo: alpina, grandes paredes, en hielo y en roca mixta. Renan Ozturk es cinco o seis años más joven que yo, pero ha invertido tiempo en las grandes montañas en Pakistán y Alaska. Antes de 2008, no lo conocía muy bien, pero Conrad lo conocía y pensé que estaría bien para nuestro viaje. Confío en el juicio de Conrad.

Todos sabíamos acerca de la reputación notoria de la Aleta de Tiburón y sabíamos que tendríamos que tomar de cada una de nuestras experiencias como alpinistas individuales. Tienes que ser bueno en la escalada alpina: Conrad y yo hemos estado escalando el Everest y más allá. Como alpinista técnico, es necesario invertir un poco de tiempo en escalar grandes montañas –Nepal, Alaska– así como Yosemite, y también necesitas habilidades en alpinismo sobre hielo. Todos tenemos nuestras propias fortalezas; es por eso que es importante contar con un buen equipo, por lo que podemos aprovechar el conjunto de habilidades de los demás. Hay múltiples maneras de subir montañas, pero, para nosotros, la alpina y la de grandes paredes son las técnicas que consideramos como las mejores. Queríamos subir la Aleta de TiburónUna vez que empezamos a subir, nos mantuvimos subiendo.

Cuando empaco alimentos para una expedición como la Aleta de Tiburón, los divido en dos partes: los alimentos para los campamentos base y para los de escalada. Si me voy por dos meses, debo empacar una hielera con alimentos de lujo como las gomitas, el chocolate, un buen té y miel para el campamento base, donde no estás tan preocupado por el peso. Pero cuando se trata de comida para escalar, el peso se convierte en un problema, por lo que estamos tratando de sopesar la comida contra las calorías y las proteínas.

Comer en la mañana en una montaña es un reto. Tienes que derretir la nieve para que se convierta en agua y así utilizarla para cocinar e hidratar los alimentos, como la avena. En el momento en que esté lista para comer, te la tragas. Durante el día, estás buscando un momento para comer porque siempre estás realizando una tarea, ya sea que estés amarrando, cargando mochilas, llevando bolsas hacia y desde un lugar, guardando el campamento, apilando las cuerdas u organizando el equipo. Si se te cae o sujetas algo mal, se acaba el viaje. Hay una gran presión mental y poco tiempo para parar, almorzar y disfrutar la vista.

La cena es uno de los pocos momentos de alivio –a pesar de que ha sido un largo día y solo quieres preparar la comida– porque estás agotado y quieres ir a la cama. En la cena sobre Meru, consumimos alimentos liofilizados como cuscús con un par de trozos de salami, queso parmesano, y rociados con aceite de oliva que llevábamos en botellas de plástico de Coca-Cola, porque están hechas para soportar presiones de altura y se pueden llevar por todos lados.

Mientras relatas el día y hablas sobre los planes para el futuro, hay espacio para respirar y tiempo para bromear un poco. En el comienzo de cada subida, tus conversaciones son acerca de tus relaciones, pero conforme avanzas en las expediciones, la discusión se torna hacia la comida. Estás ocupado racionando comida, pero también hablas acerca de la gran cena de carne toscana que te gustaría preparar: de cómo vas a ir a la tienda a buscar carne increíblemente jaspeada, alimentada con pasto, y de cómo la vas a cocinar. Si has llegado a este punto de la conversación en tu ascenso, no es necesariamente algo bueno hablar de ello. Has intentado, hasta ahora, evitar llegar a ese punto, porque tu cuerpo se está básicamente comiendo a sí mismo. Estás quemando una cantidad insana de calorías y no estás consumiendo las suficientes para mantener la normalidad.

The North Face Meru Expedition, 2011

Renan Ozturk en MERU. Cortesía de Music Box Films. Foto de Jimmy Chin.

Parte de lo que se necesita para ser un buen alpinista es el estimado de cuánto tiempo se tarda en subir una montaña. Los años de experiencia te ayudan a conjeturar cuánto avanzarás cada día y la cantidad de comida que necesitas llevar. En Meru fuimos ambiciosos. Pensamos que podríamos hacerlo en siete días, así que nos trajimos suficiente comida para ese espacio de tiempo. Nos encontramos con una tormenta que duró cinco días. El ochenta por ciento de la montaña aún estaba por encima de nosotros, así que estábamos colgando en un espacio del tamaño de una cama doble para ese período de tiempo. Cortamos nuestras raciones por la mitad mientras esperábamos. Terminamos subiendo por un total de 19 días, lo que resultó en estirar la comida para siete días durante 19, mientras quemábamos una tonelada de calorías. Un buen equipo siempre cuida de los demás, por lo que estás consciente de no comer más que nadie y asegurarte de que todo el mundo obtenga lo que necesita.

La corteza de parmesano es en realidad comestible. Si la asas en la estufa, su sabor es como un pedazo de queso frito al que nos gusta llamar "rostis". Sabes que estás en una expedición cuando todos están a la espera de una pieza de aproximadamente dos centímetros de corteza de queso. Habla mucho de las condiciones. Es un poco absurdo, estar sentado alrededor de una pequeña estufa pensando, soy muy afortunado de estar comiendo este pequeño pedazo de corteza, lentamente mordisqueándola. Cuando se acaba, tomas el aceite que queda en la punta de los dedos por agarrar los rostis y te frotas toda la cara en las grietas de tus manos porque tu piel está tan agrietada y seca. Nada se desperdicia.

¿Quieres saber más sobre la experiencia de Jimmy Chin subiendo la Aleta de Tiburón? Echa un vistazo a MERU, el documental dirigido y producido por el propio alpinista de clase mundial, que se abre en Nueva York, Los Ángeles, y ciudades seleccionadas el 14 de agosto. Le sigue un despliegue nacional.