Hablamos con Winshluss, el asesino de Disney

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Hablamos con Winshluss, el asesino de Disney

Hablamos con Vincent Paronnaud, co-director de 'Persépolis' y autor de 'Pinocchio', quizá una de las obras maestras de la ilustración punk. Nos regala una charla y varias imágenes en exclusiva de 'Un monde merveilleux'.
5.2.15

Vincent Paronnaud es el señor que co-dirigió Persépolis junto a Marjane Satrapi, con la que compartía taller en París. Pero también es Winshluss, el autor de Pinocchio, quizá una de las obras maestras de la ilustración punk. Ahora publica 'Un monde merveilleux', un catálogo con fotos, bocetos y dibujos inéditos de sus proyectos. Un día de resaca en Burdeos, me armé de valor y quedé con él en un pequeño café francés. Apareció puntual, con casaca verde y Martens de aplastar cráneos. Se sentó, encendió un cigarro y se frotó las sienes con fuerza. Él tampoco había tenido una noche fácil, pero me concedió una entrevista y algunas de sus obras, cedidas en exclusiva para ser publicadas en VICE.

Autorretrato de Winshluss.

VICE: Música, ilustración, escultura, animación, cortometrajes… ¿En qué trabajas ahora?

Winshluss: Actualmente estoy intentando buscar financiación para un largometraje. El proyecto es algo caro y ando luchando para encontrar un modo de sacarlo adelante.

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¿De qué trata la película?

Es la historia de una mujer secuestrada en un bosque por una banda de asesinos. Ella no habla nunca durante el film y sólo escuchamos las conversaciones de sus verdugos. La idea es que el espectador sienta más empatía por ellos que por la víctima.

¿Al estilo de la pelis coreanas?

Sí, me gusta mucho ese tipo de cine. Hasta ahora, estamos acostumbrados a los finales con una especie de santa redención: el bueno gana y el malo es castigado. Es una recompensa para niños. Prefiero historias como The Chaser, donde se nos presenta a un personaje principal que, de primeras puede caernos como el culo, pero después evoluciona nuestra impresión de él.

Si por algo brillan tus cómics es por reírse hasta de lo más sagrado. No haces precisamente novelas existencialistas.

Si tuviese que abordar algunos temas frontalmente, me sería imposible. Decir "la vida es triste", "la gente es imbécil", "somos una raza de mierda" o "siempre pretendemos vivir una vida mejor que la que merecemos"… son ideas que se razonan mejor con humor.

¿Existe el humor blanco o la comedia siempre implica cierta agresividad?

En mi caso, el humor nace siempre de la rabia. Es decir, cuando algo me enfurece, acaba por desesperarme, pienso que lo que hago no sirve para nada y, entonces, utilizo el humor.

¿Es como una terapia ?

No, tampoco. Paradójicamente, siempre tengo ganas de hacer algo, algo nuevo, pero todo mi sistema creativo consiste en trabajar en algo en lo que no creo.

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¿No crees en lo que haces ?

La verdad es que no. Yo no soy un artista que utilice el arte como terapia ni ninguna de esas chorradas. Simplemente, hay cosas que me llaman la atención o enigmas en mi vida que quiero resolver. Cuando escribí Pinocchio no partí de ninguna idea en concreto. Todo empieza más bien por cristalizar una impresión o algo así.

¿Qué cristalizaste en este caso?

Puede sonar pomposo, pero detrás de mi Pinocchio yo quería hablar de la mundialización y todo lo que esta conlleva. Luego, lo que me interesaba mucho era la propia construcción de un personaje como Pinocchio: un robot que no es un héroe, ni un antihéroe, no es nada. Conseguí reducir el personaje principal a una figura que sólo se desplaza y atrae catástrofes alrededor de él. Luego, todas estas desgracias afectarán a otros personajes. Ante todo, lo que más me interesa en una historia es la empatía que podemos sentir como lectores. La gente cuando lee el cómic, proyecta muchos fantasmas en el personaje de Pinocchio.

¿Cuáles son tus inspiraciones para este tipo de narraciones cruzadas ?

Es curioso porque siempre me suelen preguntar por mis inspiraciones en la ilustración pero nunca sobre las historias en sí. Ahora tendría que pensarlo con calma. Me gusta mucho El manuscrito encontrado en Zaragoza. Todo lo que sea un poco técnico a la hora de elaborar lazos entre temas, aparentemente distintos, me vuelve loco también. En cómic, soy un gran fan de Allan Moore como guionista. From Hell, por ejemplo, es una obra de arte. El dibujo es horrible pero toda la historia detrás del protagonista es increíble.

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Generalmente, las historias, personajes o ilustración en los que te inspiras están muy influenciados por una estética de cuentos infantiles o de las viejas tiras cómicas de Disney.

Como te decía antes, a veces lo que cuento puede resultar algo triste. Por esto, el utilizar un tipo de ilustración más agradable me ánima mientras trabajo. A fin de cuentas, lo que siempre busco es volver a sentir la ilusión de cuando era pequeño. Los cómics que leía entonces eran muy inocentes y reinterpretarlos de adulto me estimula bastante. Todo esto sin olvidar que Pinocchio fue la primera película que vi en un cine con seis años.

Por mucho que digas que te gustan, da la impresión de que tu intención es más la de vengarte de todo aquello.

No te niego de que soy un gran fan del trabajo de Disney en sus primeros años. Me encanta Carl Barks y sus a aventuras de Donald. Son historias súper raras, como si el tipo estuviese metido de ácido o algo así. Al mismo tiempo, odio todo lo que hay alrededor de Disney o lo que representa hoy en día. La verdad es que, desde este punto de vista, mi trabajo es bastante ambiguo. Me dedico a masacrar algo que, en su día, adoré.

¿Qué ha cambiado para que seas tan sádico con sus personajes?

No sólo es algo de Disney; es en, general, todo el universo de los cuentos infantiles. Tú lees los cuentos de los hermanos Grimm o Barba Azul y son bien trash. Hoy, alguien que escribiese cosas así para los niños, acabaría en prisión. Es jodidamente triste que la cultura que nos precede sea más moderna que la actual. Creo que hemos perdido el gusto por la ambigüedad, la sutilidad o el misterio. La gente lee mis cómics y me tachan de enfermo. Para mi, lo único enfermo es esta sociedad.

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Otro enajenado con Disney era Robert Crumb. En el documental de Terry Zwygoff, hablaba de cómo aprendió a dibujar copiando los dibujos de sus cómics de Mickey.

Yo hacía lo mismo. Es curioso porque para mí el libro, como objeto, tiene más importancia que el original. Hace poco, cuando empecé a exponer en galerías me di cuenta de que todos los originales que he perdido tenían un valor.

Esto queda claro con la edición en falso cuero de In God We Trust, imitando a los viejos misales de iglesia.

¡Eso es! Me interesa más la finalidad de algo, por encima del proceso artístico y todo el resto. El libro es "El libro" y el resto sólo es un camino para llegar a él.

En tus tebeos es habitual encontrar falsa publicidad, pósters o tiras cómicas independientes.

Cuando era joven, en los fanzines que leía, podías encontrar cinco páginas de un personaje, cinco de otro y así. Eran como recopilatorios por números. Con Ferraille Illustré copié este tipo de estructura y, desde entonces, la sigo utilizando.

Hablan de ti como una de las figuras clave en el cómic punk europeo.

He crecido rodeado de punks, sí, pero no me considero uno de ellos. Los "no future" y otros que murieron yonkis perdidos o de sida. Al final, me resultaban patéticos. Llega un momento en el que se convierte en algo dogmático, no hay espacio para la razón: o estabas a favor o en contra. A mí lo que me interesa son los individuos que encuentro en mi vida y no el grupo al que pertenezcan.

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El speed o la coca están muy presentes también. ¿Son tu verdadera fuente de inspiración?

No, para nada. Antes, cuando hacía música, funcionaba a veces, pero con la ilustración no. Me encanta pegarme buenas farras, pero cuando hay que concentrarse es distinto. Yo tengo la teoría de que todo eso de que los artistas estamos todo el día drogados y borrachos es mitología, en el fondo. Se trata de una visión burguesa del artista que consiste en rebajar su trabajo a un segundo plano.

Recomiéndanos un cómic.

La verdad que es últimamente apenas leo cómics, ni voy al cine, ni nada. Tengo hijos y paso el resto del tiempo trabajando siempre en algún proyecto. Resulta paradójico porque produzco cultura pero no la consumo apenas. No es que no me interese, es sólo que no tengo tiempo. Lo que sí que puedo recomendar es lo que escucho ahora mientras trabajo: Death Grips. Son la hostia.

¿De qué trata el 'barbapapa' con un AK-47 que aparece al final de Un mundo maravilloso?

Lo que quería decir es que vivimos rodeados de injusticia y, como de costumbre, todo acabará basculando sobre la violencia. Hoy en día hay gente a la que no le queda nada que perder, les han quitado hasta la dignidad. A estos tipos no les pueden seguir pidiendo que besen al culo a nadie, no pueden degradarles más. Es este sistema el que generará la violencia el día de mañana.

¿Cómo alguien como tú, contrario a las moralejas y mensajes inocentes, acaba dirigiendo Persépolis de Marjane Satrapi?

Marjian y yo compartíamos el mismo taller en Paris. Yo había empezado ahacer ya algún trabajo en animación. Entonces, ella me propuso un día ayudarle con la adaptación del cómic. Es cierto que Persépolis tiene una moraleja clara, pero acababa por resultarme un mensaje noble. Yo sería incapaz de tener una mirada noble y tan interesante como la de Marjane. En mi trabajo, acabo por pervertir todo lo que toco, pero esto era distinto. Entonces, era la época de Bush, empezaron a inventar términos como "cultural shock", "eje de mal" y "toda esa mierda".