Comer como luchadora de lucha libre

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Comer como luchadora de lucha libre

"Pude abrazar a Sanely y sentir su estructura maciza de bronce. A mí también me cae mejor la chica debajo de la máscara. Hasta pudimos desayunar con las caras desnudas".

A Sanely le gusta comer. Mucho. Compite con su primo el Gordo. No le importa que él pese unos 120 kilos y ella ronde por la mitad. Si les ponen unos tacos, unos hot cakes o unas enchiladas enfrente comen al parejo. Sin embargo, no siempre puede darse esos lujos aunque ella coma entre cuatro a cinco veces al día. La lucha libre y, sobre todo, el fitness —los dos deportes que practica de forma profesional— le exigen una alimentación diseñada para tener un cuerpo finito, como el de una modelo de lencería, pero fuerte, macizo, duro, sin un gramo de grasa, como el de la Venus de Milo.

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"La alimentación es el 80 por ciento de todo", me cuenta la luchadora mientras fríe en una cacerola un poco de ajo y cebolla, y en otra cocina algo de arroz hervido, su primera comida de este día. "Mucha gente me ve y piensa que yo me mato en el gimnasio. Y no, la verdad no. Sí hago lo que tengo que hacer. Procuro ir diario al gimnasio, pero si no, con tres veces a la semana que vaya y haga mi cardio tengo".

Desde niña el gimnasio y el ring llamaron a Sanely. Veía a su padre, el luchador coahuilense "Mano Negra", levantar pesas para fortalecer el cuerpo, aplicar quebradoras y ejecutar llaves en la Arena México. Incluso ella y los hijos de "El Felino", "Mocho Cota", "Kung Fu", "Kato Kung Lee" y otros luchadores de la época jugaban en el cuadrilátero, entre una lucha y otra, a tirar patadas voladoras y lanzar planchitas.

La chica deseaba luchar pero su padre "Mano Negra" quería que estudiara. Tenían motivos. Era la época que casi no había trabajo para las luchadoras, no contaban con un espacio para que se cambiaran y, a veces, tenían que hacerlo en el baño de los aficionados, sin privacidad, incómodas. En ocasiones debían viajar en camioneta con otros cinco luchadores, apretados, unos sentados en las piernas de los otros. "Yo quiero que estudies", decía el "Mano Negra" a su hija y ella hacía una mueca de fastidio. Se escapaba con su hermano a la Arena Revolución y entrenaba con los otros juniors, esos que hoy son las estrellas de la lucha libre mexicana. Al final, Sanely le hizo caso a su padre y estudió psicología en la UNAM.

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Sanely comenzó a entrenar lucha libre en el 2010 pero no era constante. Tenía 28 años y su trabajo en ese entonces no le dejaba tiempo; después tuvo que viajar por un año a Chihuahua, también por motivos laborales. Al terminar ese contrato regresó a la Ciudad de México, consiguió un nuevo empleo en una delegación del ISSSTE, acomodó su horario con su jefa y en su consultorio y comenzó a entrenar lucha en la Arena Coliseo con el profesor Arturo Beristain. Apenas en el 2015 debutó profesionalmente, pero ha llamado la atención porque es una de las mujeres que ha roto con la imagen de la luchadora fuerte pero sin figura y con el cuerpo regordete.

Foto de Memo Bautista.

Sanely cocinando.

La cocina se llena de un ligero aroma dulzón condimentado. La cebolla está transparente y el ajo sazonado. Sanely vacía en la cacerola carne molida de res y la tapa para que se cueza.

Hace cuatro años en su lista de deseos de año nuevo Sanely se propuso participar en una competencia de fitness en bikini, una categoría del fisicoculturismo que busca una proporción corporal y tono muscular sin llegar a una visible definición de la musculatura, lo que llaman "rayadura". De lo que se trata es mostrar una apariencia saludable y una nutrición correcta.

"¿Estás loca?, si eres bien tragona", le dijo su amigo y entrenador. "Para eso necesitas dieta".

"En aquel entonces estaba gordibuena", me cuenta la luchadora mientras mueve la carne molida de res para que se cocine pareja y no se pegue a la cazuela. Aún conserva un leve acento norteño, recuerdo de la tierra donde nació: Torreón, Coahuila. "Tenía mis buenas lonjitas, de hecho con más nacha (nalga) y más pierna, que era donde traía la grasita. Toda la vida he hecho ejercicio, me la he vivido en el gimnasio, pero nunca había visto resultados así".

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Tenía cuatro meses para prepararse para la competencia y bajar la grasa que le sobraba a sus 65 kilos. Su preparador le dio dieta, suplementos alimenticios y rutina. Como en su trabajo tenía refrigerador llevaba comida en tuppers. Hasta la fecha lo hace. No fue tan fácil porque mientras todos comían alguna sabrosa chatarra, ella debía comer bistec asado o salmón, que si bien le ayudó a quemar grasa terminó aborreciendo.

"El gran error que cometemos es que a muchas compañeras no las lleva ningún preparador profesional. Entonces no se ven los resultados […] El (preparador) me dice qué tengo que comer, qué suplementación llevar, a qué hora y qué rutinas hacer. Yo antes me mataba en el gym, hacía unas rutinas súper pesadas y no veía resultados. Y ahorita con él, las rutinas son más leves y veo más frutos, pero es por el alimento. Me cuido para el fitness y me veo bien en el ring".

Foto cortesía de Sanely.

Sanely y su entrenador. Foto cortesía de Sanely.

Unos tres meses después su cuerpo ya se apreciaba definido. Llegaron la vacaciones de semana santa y se dio un descanso en la alimentación. Creía que lo merecía, que su coach no lo notaría, que no afectaría el trabajo realizado, así que cambió por un par de días el arroz hervido, las claras de huevo, el pollo seco, por pizza, helado y tacos. Cuando el hombre la vio en bikini a los pocos días notó algo extraño en la chica. Era imperceptible para el ojo común, pero los años preparando a otros deportista le dijeron que en ese cuerpo que estaba esculpiendo había un retroceso.

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— "¿Qué comiste? No estabas así", le comentó.
— "¡Brujo!", la chica se tuvo que confesar.

El torneo estaba a pocas semanas. El entrenador le dio una dieta más restringida. Debía recuperarse, si no lo hacía la bajaría de la competencia. No podía arriesgarse, su prestigio estaba en juego. Los siguientes días fueron los más difíciles. Los sufrió. Su prima se casaba en Puerto Vallarta. Sanely jamás había ido a la playa sin tomar cerveza. Desde su camastro veía a todos beber una chela, un clamato y ella con su cilindro de agua. Tenía que hidratarse y consumía de ocho a diez litros al día. Del buffet tomaba lo que debía comer y no más. Dormía la mayor parte del tiempo, iba al gimnasio. No podía bañarse en el mar porque la sal le provocaría retención de líquidos y eso ocasiona que no se noten los músculos. Tampoco podía hacerlo en la alberca porque los químicos para mantenerla limpia y desinfectada, en combinación con el sol podían manchar su piel y en la categoría de bikini fitness se califican detalles asociados a la belleza, como el tono y color de piel.

Al final logró competir y aunque jamás ha ganado una justa siempre llega a los cuatro primeros lugares y su preparación ya dura menos tiempo, de uno y medio a dos meses.

"No me limito. Me doy mi buena carga de carbos durante la competición. Llevo hot cakes. Terminado la competencia, la que sea, me voy directo al 'Ihop'. Chido, que les vaya bien, me voy con mi primo, mi inseparable Gordo. Y son unos tragazones", me dice la chica entre la risa. Abre la tapa de la cacerola para cerciorarse que la carne no despide nada de jugo. El vapor oloroso de la carne sazonada escapa como si de una fórmula de alquimista se tratara, inunda la cocina. Agrega pimienta y un poco de sal de ajo. Vuelve a tapar la cacerola. La carne aún no está lista.

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Foto cortesía de Sanely.

Comida de Sanely cuando va al iHop. Foto cortesía de Sanely.

"¿Qué comes en un día normal?", le pregunto.

Sanely me contesta: "A las siete de la mañana desayuno cinco claras de huevo con jamón de pavo y una taza de piña con té verde. Ahí empiezo a tomar suplementos. Tomo colágeno, vitamina E, un multivitamínico que está súper fuerte para el exceso de ejercicio, te ayuda mucho para fortalecer. Como tengo mucho desgaste en el músculo tengo que darle más para que esté bien. Me llevo mis dos comidas en tupper, la de las once y la de las tres: res y arroz hervido, un poco de algo verde, espinaca, chayote o espárragos. Todo depende. A las tres como pollo con brócoli, cebolla y morrón verde y arroz hervido. Un poco de almendras o arándanos. Me doy unos tragazones —el antojo se le nota cuando dibuja la sonrisa—. De ahí me voy a entrenar lucha libre hasta las 5:30. Al final toca la proteína con aminoácidos, después de bañarme le meto a la res. Si no estoy en competencia de fitness como lo que haga mi mamá o lo que haya en el refrigerador. En la noche voy a gym, más los suplementos que me ayudan, antes, durante y después del ejercicio. Llevo fresas para el final del entrenamiento. Cuando llego a casa vuelvo a cenar. Ahí sí le cambio. Puede ser res, pollo o atún. Los días que tengo que luchar, antes de subir al cuadrilátero tomo un suplemento que quema grasa y te da energía. Después de luchar me echo mi proteína. Vuelvo a cenar 45 minutos después. Como la dieta o lo que haya hecho mi mamá. Ayer fueron enchiladas".

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Sin embargo, el régimen alimenticio le complica la vida cuando coinciden la función de lucha y la competencia de fitness. Una semana antes de mostrarse en bikini frente a los jueces del fisicoculturismo su consumo de carbohidratos baja, también toma muy poco agua, la cual saca en el sudor mientras está en el ring entrenando o compitiendo. Lo nota porque termina con la boca seca. Paradójicamente se ve fuerte porque se hincha, la falta de agua hace que la piel se pegue a los músculos y los marque. Sí, se ve fuerte pero está débil. No es tan fácil combinar los dos deportes.

Sanely mira su guiso de carne de res. Ya no despide líquido. Vacía un poco de puré de tomate y coloca unas ramas de laurel para que de sabor.

— "¡Ay! La dieta antes de competir. Tienes puro pollo hervido, sin nada. Ni arroz", me cuenta.
— "¿No siquiera caldito?", le pregunto en tono de broma.
— "No, ni limoncito. 65 gramos de pollo hervido con 50 gramos de arroz, todo es medido y con horario. Antes de la competencia mi preparador me quita la piña, el chayote; quita mucha comida que tiene líquido y mi agua se limita. Tres o cuatro días antes sólo tomo un litro al día. En la fecha de la competencia nada de líquido. Entonces tienes que comer "como cerdo", las cargas, se le llama. Entonces, le entras al hot cake, al pastelito de chocolate… lo más rico del mundo —la chica saliva, queda claro que tienen sus antojos y cuando tiene oportunidad se desquita—, y te das tus comidas sin agua.

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Sanely continua: "Eso sí, la clave para tener tu six pack [abdomen marcado], es el pollo, como es muy seco la poca agua que tienes se la lleva y se pega más la piel (al músculo) y más se te marca. Lo desmenuzas como si fuera para las enchiladas. Sufro, pero los resultados valen la pena".

Por fin el guiso está listo. Sanely sirve dos platos y los acompaña con el arroz hervido. Pone en la mesa chile verde picado. Ella toma té y yo agua. El perfume del laurel se mezcla muy bien con el sabor de la carne y el arroz, que no tiene ningún condimento. Yo por primera vez en varias semanas cambio los chilaquiles con pollo de sábado o el tamal verde con atole por un verdadero desayuno sano.

Guisado de carne molida y arroz blanco.

Le pregunto: "¿Quién te enseñó a cocinar?".

"Me enseñó mi mamá. Me gusta cocinar. Las comidas de dieta son las más fáciles porque les quitas muchas cosas. Mi especialidad, que me salen muy ricos, son los frijoles. No creas que uso los que ya vienen en paquete. El frijol es inflamatorio, obviamente no me ayuda mucho, pero cuando no estoy en competencia me echo mis buenos tacos. Termino de comer y un taquito de frijoles", me cuenta Sanely.

Algunos de sus suplementos.

Aunque habla mucho de suplementos alimenticios me percato que no hay nada que revele que se tomó alguno antes de sentarnos a la mesa. Lo más probable es que lo haya ingerido previo a mi llegada.

"Cuando me dieron la dieta y los suplementos dije: '¿Qué es esto?'. Traes el mito: 'son chochos, son esteroides, te vas a poner como hombre'. La mujer que quiere hacer gym no lo hace porque piensa eso, que se va a poner como hombre. Si supieran lo difícil que es ponerse así. ¿Cómo le ayudo a mi cuerpo a que se recupere rápido? Pues tomo suplementos", me confiesa entre una cucharada y otra de su guisado. "Hay aminoácidos que necesita mi músculo que ni una fruta me lo da. Entonces tengo que buscar aminoácido, así literal, porque desgastas el músculo al ejercitarlo. Por más que busques en los alimentos que preparas no vas a encontrarlo. Entonces tienes que ayudarte de los suplementos.

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Cuando su coach le sugirió los primeros suplementos investigó, quería saber que iba a meter a su cuerpo. Descubrió que los aminoácidos, proteínas, vitaminas, minerales y demás chochos, como muchos les llaman, le ayudan porque su cuerpo sufre un mayor desgaste que otros al hacer dos deportes de manera profesional. Se percató también que muchos de quienes los consumen lo hacen mal, no los toma adecuadamente o no hacen ejercicio. Entonces suben de peso porque toman proteína sin hacer desgaste físico.

"'La Vaquerita', otra luchadora, me dice 'deja tus chochos'. No son chochos, son suplementos que todos lo que hacemos ejercicio a este grado (alto rendimiento) debemos consumir. No son esteroides ni nada".

Mientras desayunamos observo que Sanely no puede comer bien, la máscara de luchadora a pesar de estar abierta desde las fosas nasales hasta la barbilla no le permite abrir la boca de forma adecuada. La tela opone resistencia. Por esa razón "El Santo", el legendario Enmascarado de Plata, mandó a hacer una máscara para comer, pues la suya sólo dejaba expuestos los labios. Lo mismo le pasaba a "Mano Negra", que difícilmente podía tomar un simple vaso de agua.

Hace poco en una firma de autógrafos ofrecieron tacos de carne asada. Sanely los veía y no podía con el antojo.

"Cómele mija", le decía "Shoker" el Mil por ciento Guapo [muchos luchadores tienen una frase que le sigue a su apodo], que también es su entrenador. "Péreme profe", le contestaba ella con su acento norteño. Entonces se levantó la máscara un poco para que entrara el taco.

La chica detrás de Sanely tiene 35 años. Pero cuando porta la máscara negra con el antifaz de charol azul y plateado, que deja expuesta su cabellera larga y la parte inferior de su cara, uno podría jurar que está en los veinte. Es otra, ella lo sabe, debe cuidar al personaje y por lo tanto las formas. Sanely impone.

"Sanely me cae gorda. Es una mamona", me confiesa. "'Tu no eres así', me dicen. Yo no soy así, pero éste es un personaje. Hasta a mí me impone, me pongo la máscara y me siento así de ¡ay, caray! Con la máscara hago cosas que sin ella no haría. Yo soy algo penosa, tímida. Pero me pongo la máscara y siento que no soy yo y puedo bailar, gritar y decir cosas que sin ella no pronunciaría. Comer con la máscara es lo único que no he podido hacer bien".

Y tiene razón. Cuando Sanely se pone la máscara rompe plaza. Los labios delgados destacan, sus ojos café se tornan grandes, hasta ella misma se ve más alta aunque mida aproximadamente 1.70 metros. Sí hay alguien con quien comparar a Sanely es con "Diana La Cazadora", esa escultura que apunta con su arco a las estrellas desde la glorieta ubicada en el Paseo de la Reforma. Las dos tienen el cuerpo perfecto: piernudas y con glúteos generosos. Ambas son inalcanzables, se les mira en un pedestal y en ocasiones hasta paran el tráfico vehicular. Una y otra son mujeres duras. Yo lo sé. Pude abrazar a Sanely y sentir su estructura maciza de bronce. A mí también me cae mejor la chica debajo de la máscara. Hasta pudimos desayunar con las caras desnudas.