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una mentira de leyenda

Relatos de Muhammad (I): el día que Cassius lanzó su medalla de oro al río

El boxeador Muhammad Ali cuenta en su autobiografía que tiró al río su medalla de oro olímpica por culpa del racismo que imperaba en su Louisville natal... pero nadie ha logrado demostrar que así sea.

por Guille Álvarez
07 Junio 2016, 4:10pm

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Para homenajear al boxeador Muhammad Ali, en VICE Sports hemos decidido lanzar la miniserie Relatos de Muhammad. Para empezar, te traemos una historia que todavía guarda algo de enigma: ¿lanzó o no lanzó Cassius Clay su medalla de oro olímpica al río Ohio?

El germen de la leyenda de Cassius Clay fue... una bicicleta. Cuando el estadounidense tenía apenas 12 años alguien le sustrajo su preciado medio de transporte; la desaparición causó tanta rabia en el joven que decidió vengarse, y por eso empezó a boxear.

Fue otro transporte, sin embargo, el más importante en la carrera del que después se autoproclamaría The Greatest: el avión. Sí, un avión cualquiera podría haber cambiado la historia del deporte contemporáneo y haber truncado el génesis de un mito que traspasó todas las fronteras, tanto las deportivas como las culturales.

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En 1960, Clay era un chaval de 18 años que llevaba seis en el mundo del boxeo; había brillando en sus primeras incursiones en el boxeo amateur, pero aún no tenía muy claro si podría viajar a los Juegos Olímpicos de Roma del mismo año.

Muhammad Ali posa durante la entrega de medallas de los JJOO de Roma, donde ganó el oro olímpico con 18 años. Imagen vía Wikimedia Commons

Clay tenía muchas ganas de ir a Italia, pero pretendía hacerlo de la misma manera en que había ascendido en el escalafón amateur: a base de desplazamientos en tren... o en la camioneta de Joe Martin, el policía al que lloró la pérdida de su bicicleta y que posteriormente se convirtió en su primer entrenador.

Cuatro horas de paseo necesitó Martin para convencer a Clay de que volar era su única opción. "Al final lo aceptó, pero antes se metió en una tienda de excedentes del ejército y se compró un paracaídas. De hecho, lo llevó puesto durante todo el trayecto en avión. Fue un vuelo bastante agitado, y ahí estaba él, en el pasillo, rezando con el paracaídas puesto", explicó el hijo de Martin al periódico The Courier-Journal de Louisville.

Lo importante es que llegó y que, una vez allí, el boxeador se erigió como el gran parlanchín de la Villa Olímpica. De hecho, sus compañeros le rebautizaron como el 'alcalde de la villa', ya que él se comportaba igual que un político en plena campaña: se daba la mano con todo el mundo, sonreía permanentemente y no paraba de contar batallitas.

Sobre el cuadrilátero, Cassius resolvió con mucha facilidad sus tres primeros combates en la categoría de los semipesados y se llevó el oro por unanimidad ante un polaco que de día regentaba una cafetería. Zbigniev Pietrzykowsky le puso en apuros durante el primer asalto, pero la rapidez y agilidad del joven Ali acabó desgastando a su rival, que acabó sin aliento y hasta manchó de sangre el calzón del estadounidense.

"Aún lo veo con su medalla correteando por la Villa Olímpica", le contó la atleta estadounidense Wilma Rudolph al periodista y escritor David Remnick, autor de la célebre biografía del boxeador Rey del Mundo. "Dormía con ella. Iba a la cafetería con ella puesta. Nunca se la quitaba", añadía Rudolph, triple medallista en las pruebas de velocidad en Roma.

En Italia, nada parecía indicar que Cassius Clay podría desprenderse algún día de ese metal tan preciado. "Era la primera vez que dormía boca arriba", contó el joven púgil. "No quedaba más remedio, para no hacerme daño con la medalla".

A pesar de su juventud, Clay era ya un maestro de la palabrería y el autobombo, una autentica mina de oro para los periodistas deportivos. Eo no cambió ni una pizca durante su vida, por cierto.

Un reportero soviético le buscó las cosquillas con el tema del racismo en Estados Unidos, pero Clay creía que en casa las cosas podrían cambiar tras el oro. Cassius consideraba que los perjuicios irían amainando.

"Dígale a sus lectores que tenemos gente muy cualificada trabajando en ese problema, y que no dudo de su resolución. Para mí, los Estados Unidos son el mejor país del mundo, incluido el suyo en la cuenta. A veces puede resultar difícil encontrar algo de comer, pero por lo menos no estoy combatiendo contra cocodrilos ni viviendo en una choza de barro", le contestó.

Ali ejerciendo su rol como 'alcalde de la Villa Olímpica' en Roma, como le apodaron el resto de atletas por su tendencia a no callar y a dar la mano a todo el mundo. Imagen vía Olympic.org

El caso es que ni el oro ni su defensa de la grandeza de EEUU cambiaron el sesgo racial en su hogar. En Louisville, en el estado de Kentucky, Cassius pasó a ser conocido como 'el negrata olímpico'; tras pasar unos días en Nueva York paseando su medalla —colgada todavía de su cuello— y saliendo de fiesta, Clay volvió a casa y a la cruda realidad.

En el aeropuerto le recibieron el alcalde, el director del instituto, un grupito de animadoras y unas 300 personas. El problema llegó cuando unos días después se plantó en una cafetería-restaurante y se negaron a atenderle. Toda la alegría y orgullo se transformaron en rabia y enfado, y según él mismo contó en su autobiografía The Greatest: my own story, se desprendió de su medalla tirándola al río.

"Volví a Louisville después de los Juegos Olímpicos con mi reluciente medalla de oro. Fui a una cafetería donde no servían a los negros. Pensé que podía ponerles en su lugar, me senté y pedí un menú. El campeón olímpico vistiendo su medalla, y ellos me dijeron: 'No servimos a niggers aquí'. Yo les contesté que 'No pasaba nada, que no me los comía', pero me pusieron de patitas en la calle. Así que me fui al río Ohio y tiré mi medalla allí", relató Ali en sus memorias, escritas junto al escritor Richard Durham.

Hay, sin embargo, serias dudas de que esa fuera la verdad. El propio Ali dio distintas versiones de los hechos. Lo único seguro es que la medalla desapareció.

Según Thomas Hauser, autor de Muhammad Ali: His Life and Times, Clay habría perdido la medalla sin más. La anécdota de su biografía, pues, podría haber sido otro golpe de gracia del boxeador, genial con los puños y brillante a la hora de alimentar su fama con historietas.

Un amigo de adolescencia de Ali, Victor Bender, afirmó al programa estadounidense Sports Detectives que Muhammad nunca le había dicho si era cierta o no la historia del río y la medalla, pero que él "creía que la medalla se había perdido y punto".

Muhammad Ali, rodeado por los miembros de la selección de baloncesto de Estados Unidos en los Juegos de Atlanta de 1996: ese día, el COI dio una medalla de repuesto al boxeador. Imagen vía NBA.com

El asunto quedó en entredicho y Ali nunca aclaró del todo el tema —"no sé donde metí esa cosa", dijo en una ocasión—, así que es difícil saber con total certeza si la medalla se perdió en el fondo del río o en otro lugar indeterminado. Una cosa es segura, y es que el incidente posterior en la cafetería acercó un poco más al joven Cassius Clay en su reencarnación como Muhammad Ali.

Nadie encontró el metal original, el que impulsó al púgil a dar el paso definitivo hacia el profesionalismo y la leyenda. Eso sí, en los Juegos de Atlanta 1996, Muhammad Ali recibió el reconocimiento del Comité Olímpico Internacional, que le ofreció una nueva medalla de oro para reemplazar la que se extravió en el agua... o, más probablemente, en su mente.

Sigue al autor en Twitter: @GuilleAlvarez41

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