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Los alimentos de Fukushima ya son seguros para ser consumidos

Casi cuatro años después del catastrófico desastre nuclear, oficiales japoneses reportan que los alimentos producidos en la prefectura del norte del país están libres de radiación.

Casi cuatro años después del catastrófico desastre nuclear, causado por un masivo tsunami y que accionó fugas radioactivas en tres reactores de la central eléctrica en la costa Daiichi en Fukushima, oficiales japoneses han reportado que los alimentos producidos en la prefectura del norte central del país están libres de radiación y, en general, son seguros de consumir. En enero de 2015, un oficial de Fukushima llamado Tsuneaki Onami dijo para el medio Japan Today que por primera vez desde el 2011 el arroz cultivado en el área pasó los controles rigurosos anti-radiación de Japón. Cerca de 360 mil toneladas de arroz —casi toda la cosecha del 2014 de Fukushima— fue probada y toda ella estuvo lejos del límite de 100 becquerel —unidad para medir la radioactividad— por kilogramo que impuso el Gobierno después del accidente.

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A pesar de su pequeño tamaño y su limitada disponibilidad de tierras agrícolas, Japón produce cerca de 9 millones de toneladas de arroz cada año; y, debido a la importancia del grano en la dieta tradicional japonesa, su cultivo está subsidiado por el Gobierno. El desastre de Fukushima significó un golpe decisivo en los arrozales cercanos. Aunque el cultivo de arroz en la zona representa sólo una pequeña cantidad de la producción anual de Japón, las cosechas del 2012 y del 2013 fueron declaradas con un alto contenido de radiación y tuvieron que ser destruidas, según un informe enviado a MUNCHIES desde la oficina de Asuntos Alimenticios y Agrícolas de Japón. Hasta la fecha, más de 30 millones de sacos de arroz han sido probados en Japón y se han presentado disminuciones en la radioactividad año tras año.

Debido a su alta prevalencia en la dieta japonesa, el arroz ha atraído más atención respecto al efecto post-lluvia radioactiva. Pero otros alimentos japoneses fueron afectados también, aunque no tanto como podría esperarse. Los cultivos agrícolas, cuya producción puede ser controlada a través de la alimentación, ya estaban a salvo de la radioactividad y fueron declarados seguros para ser consumidos poco después del accidente nuclear. Pero los alimentos silvestres que no pueden ser controlados por la mano del hombre continúan siendo un peligro.

Kho Morishita es un representante del Ministerio de Agricultura, Silvicultura y Pesca (MAFF por sus siglas en inglés) de Japón. En un correo electrónico, le dijo a MUNCHIES que dado el alcance de la fuga radioactiva en Daiichi, la seguridad en el suministro general de alimentos en Japón es tranquilizadora.

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"El efecto de los alimentos sigue siendo muy limitado por ahora", dijo. Señaló que los alimentos silvestres, como setas y carnes de caza —ciervo y jabalí, que se alimentan de la vegetación que puede absorber radioactividad del suelo— siguen siendo un peligro. "En cuanto estos productos se detectaron se impusieron inmediatamente restricciones en su distribución," dijo.

Es sorprendente que, a pesar de que los niveles de radioactividad tienden a acumularse rápidamente en pescados y mariscos, los peces migratorios japoneses que han sido probados han presentado niveles muy bajos de radioactividad. Los peces que no migran y permanecen en aguas cercanas a la costa donde se encuentra la planta de energía son más riesgosos; desde el accidente, toda actividad pesquera en la zona ha sido, y continúa siendo, suspendida, según un segundo informe compartido por Morishita para MUNCHIES.

La desconfianza en la seguridad alimentaria entre los japoneses —y entre personas de otros países que consumen productos japoneses exportados— sigue siendo un problema.

La descontaminación de los cultivos agrícolas tras el desastre de 2011 fue bastante sencillo. Para quitar el suelo contaminado de las tierras de cultivo, el suelo fue despojado con equipo pesado, se excavó en la tierra a niveles más profundos de lo normal —a cerca de 11 pulgadas— y las capas superiores del suelo y del subsuelo también fueron reemplazadas con otras en un proceso llamado labranza inversa. Para los árboles frutales, como de uvas, caqui, manzanas y peras, la corteza superficial fue raspada. Así, los niveles de contaminación bajaron a casi un 90 por ciento. Los árboles frutales más jóvenes o más delicados fueron poderosamente lavados, reduciendo así los niveles de contaminación alrededor del 55 por ciento.

Como resultado de estas medidas, la comida japonesa es ahora segura para ser consumida. De todos los alimentos que han sido conscientemente probados desde 2011 —incluyendo cereales, vegetales, frutas, carne y leche —los niveles de contaminación total han caído a un insignificante 0.18 por ciento.

Aún así, como señaló Morishita, la desconfianza en la seguridad alimentaria entre los japoneses —y entre personas de otros países que consumen productos japoneses exportados— sigue siendo un problema. "El escepticismo público sobre la comida japonesa tras el accidente nuclear es algo importante" dijo. Sin embargo, dadas las rigurosas y públicas pruebas en los alimentos, "estoy seguro de que pronto se recuperará esa confianza", dijo. Aunque quizás no inmediatamente. "Me encanta Japón y trato de apoyar a su economía, pero no tocaría ese arroz ni con una cuchara de ten pies de longitud", dice un comentario en el artículo que Japan Today escribió.