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medioambiente

El Niño desencadena la peor sequía africana en décadas y provoca una colosal hambruna

Desde Somalia hasta Sudáfrica, casi una docena de países sufren para lidiar con los recortes de comida, la pérdida de sus cosechas y con el imparable descenso de sus reservas de agua.
15.2.16
Imagen por Philimon Bulawayo/Reuters
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El sur y el este de África están muy cerca de padecer una de las peores sequías de la era moderna por culpa de El Niño, cuyas corrientes calientes y huracanadas han colocado a millones de personas a un centímetro de la hambruna, han devastado kilómetros de cosechas, y han secado ríos enteros por toda la zona.

El Programa Mundial de Alimentos estima que alrededor de 14 millones de personas se exponen a padecer severas hambrunas debido a la pérdida de sus cosechas, al astronómico encarecimiento de los productos de primera necesidad y a que los índices de precipitaciones registrados son los más bajos de los últimos 35 años. Algunos de los países más afectados son Malawi, Madagascar y Zimbabue.

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El presidente de Zimbabue, el dictador Robert Mugabe, ha decidido esta semana emular los pasos de su vecina Lesoto y ha declarado el estado de emergencia en el país. Se estima que una cuarta parte de los 13 millones de los habitantes de Zimbabue necesitan ayuda humanitaria para ser alimentados con urgencia, según informa Associated Press. Las escenas de desesperación empiezan a extenderse por la zonas más castigadas por la sequía, donde muchos llevan ya demasiadas semanas sin poder llevarse a la boca una sola comida en condiciones, y se ufanan en intercambiar la poca comida que les queda. Algunos han puesto el grito en el cielo y han acusado a las autoridades de haber castigado a la oposición de sus gobiernos, y de haberles denegado comida — una denuncia que, según AP, el gobierno de Zimbabue habría desmentido.

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En Somalia, se estima que 3.7 millones de personas "quedarán seriamente condenadas a la hambruna", durante 2016. Igualmente, se cree que 58.300 niños quedarán en serio peligro de muerte si no se les trata con urgencia. Así lo ha proclamado en un comunicado Peter de Clerq, coordinador humanitario de Naciones Unidas en Somalia.

Se estima también que una cuarta parte de la población de Sudán está en riesgo. Allí, "40.000 personas están al borde de la catástrofe", según ha informado la Organización de Comida y Agricultura (FAO en sus siglas inglesas) de Naciones Unidas. Por su parte, las autoridades etíopes informan que la sequía — que ha provocado la pérdida de cosechas y que ha disminuido la dramáticamente las cabezas de ganado — es incluso peor que la de 1984, según informa también la FAO. Entonces, la guerra y la hambruna coincidieron de manera siniestra, y dejaron un reguero de 1 millón de muertos a su paso.

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"Llevamos varios meses a la deriva. Hemos perdido a todos nuestros animales, excepto a un par de burros", cuenta Saido Ahmed Keyat, de 29 años y madre de cinco hijos, cuya familia ha perdido 200 ovejas y cabras, 15 cabezas de ganado, ocho camellos y siete burros, de acuerdo a Reuters. "Tengo a todos mis hijos desnutridos. Necesitan leche. Necesitan muchas cosas".

La sequía, que ha afectado ya a una docena de países, desde Angola hasta Sudáfrica, es el resultado de un año en que El Niño ha irrumpido con una fuerza inusitada. La irrupción de El Niño es un fenómeno natural que se registra entre cada 3 y 5 años y que provoca que las aguas ecuatorianas del Pacífico se calienten de manera muy significativa.

Mientras se espera que el Niño siga provocando el aumento de las temperaturas y el de las tormentas en algunas partes de Estados Unidos, como California, su presencia también se ha asociado con las sequías en multitud de lugares del planeta — desde Australia hasta India, pasando por Indonesia, Filipinas, Brasil y el sur de África.

Simon J.Mason, director del equipo de científicos climáticos en el Instituto para la Investigación Internacional de Clima y Sociedad (IRI) en la universidad de Columbia asegura que "se han producido multitud de precipitaciones inútiles en el sur del océano Índico. Pero, por desgracia, no ha caído casi nada sobre Madagascar y todavía menos lluvia sobre el continente".

"Diciembre ha sido un mes extraordinariamente seco en las partes más meridionales del subcontinente — Sudáfrica, Lesoto, Suazilandia y partes de Botsuana — y enero ha sido extremadamente seco en el sudeste del continente, también en Zimbabue", explica. "Últimamente ha habido muchas precipitaciones sobre Namibia, suficientes, de hecho, como para provocar inundaciones. Sin embargo, la gran parte del sur de África ha seguido seca".

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Anthony Barnston, responsable del servicio de meteorología del IRI cuenta que el vínculo entre El Niño en el sur de África, y las sistemáticas sequías es "un hecho ampliamente aceptado entre los científicos del clima".

"Las temperaturas calientes de las aguas del Pacífico tropical causan más lluvias allí, lo que desata la puesta en circulación de la célula de un viento polar a la que se conoce como circulación Hadley. Esta, a su vez, genera una tendencia a la disminución del aire y provoca la reducción de las lluvias en latitudes subtropicales tanto al norte como al sur del ecuador", explica.

El sur de África descansa sobre una latitud, añade, y la fuerza que cobra la circulación Hadley altera la potencia y la posición de las corrientes en chorro que rigen los patrones meteorológicos.

"En algunos lugares más cercanos al ecuador se registran más lluvias de lo normal durante El Niño, mientras que otros experimentan una reducción en las precipitaciones", dice.

Barnston considera que El Niño, y no el cambio climático ni las malas prácticas en la agricultura, es el auténtico responsable de la crisis que se está viviendo — y que podría extenderse durante varias semanas más, o incluso, durante meses, ya que de momento las previsiones apuntan a lluvias por debajo de lo habitual durante todo el mes de marzo.

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Claro que Mason considera que no solo se puede culpar a el Niño de los recortes alimenticios. Considera, igualmente, que las persistentes y elevadas temperaturas anteriores a la sequía y la precaria preparación para la misma, han contribuido a que los recortes en los alimentos estén siendo todavía más severos de lo esperado.

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"Debido a que allí es verano ahora, las condiciones secas también indican que ha hecho mucho calor. Así que las altas temperaturas han estado secando el suelo, lo cual no es de ninguna ayuda para las cosechas", razona.

Mason advierte también que el estado de emergencia declarado en Zimbabue "ha sido en parte motivado por el Niño y en parte por la crisis económica que asola al país".

"El sector de la agricultura todavía se está recuperando de la situación política que se vivió durante la década de los 2000. Entonces la producción agrícola cayó en picado como consecuencia de las políticas de redistribución de la tierra que se adoptaron durante la década. La economía del país, en su totalidad, quedó muy afectada debido a la pérdida de confianza de los inversores y a la retirada de la inversión internacional", explica. "Uno se puede preguntar de quién es culpa todo esto, pero lo cierto es que Zimbabue se ha convertido cada vez más y más vulnerable a la variabilidad climática debido a su incapacidad para hacer crecer suficiente comida para su población".

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