Salud

Los astronautas del Apolo tienen problemas cardiovasculares por la radiación espacial

La exposición a las tremendas radiaciones del espacio sideral y la ausencia de ejercicio físico explicarían por qué los astronautas que participaron en el programa Apolo tienen cinco veces más probabilidades de morir por una complicación cardiovascular.
8.8.16
Imagen vía NASA

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Este artículo fue publicado originalmente en Motherboard.

Los astronautas que participaron en el programa espacial Apolo han padecido unos índices desproporcionados de problemas cardiovasculares. Así lo concluye un artículo publicado en la revista Scientific Reports el pasado jueves.

Su autor, Michel Delp es un psicólogo de la Universidad de Florida y ha contado con la ayuda de algunos de sus colegas de departamento para realizar su investigación. La probable causa que explicaría los problemas corolarios sería la exposición de los astronautas a las radiaciones del espacio sideral. Estas habrían sido experimentados durante las expediciones lunares, y serían extremadamente más elevadas que las radiaciones a las que se han enfrentado los astronautas cuyas labores se han restringido a misiones de órbita baja o terrestre (LEO en sus siglas inglesas).

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La investigación se ha centrado en analizar las causas del fallecimiento de siete astronautas de la misión Apolo, y en compararlas con las de 35 astronautas implicados en programas LEO, y otros 35 que jamás han salido al espacio exterior.

Delp y su equipo han advertido que, habida cuenta de la existencia de campos geomagnéticos en la Tierra, se ha asumido generalmente que los astronautas confinados a las misiones LEO, o aquellos que han participado en pequeñas expediciones lunares, apenas registran riesgos sustanciales en términos cardiovasculares relacionados con la radiación espacial. Y tal parece ser la causa que lo explica todo.

'El estudio ha concluido que el 43 por ciento de los astronautas del programa Apolo (tres de siete) han fallecido por algún tipo de problema cardiovascular'

"La experiencia humana con los viajes espaciales ya había demostrado que, a menudo, la exploración del espacio sideral está asociada a varios riesgos para la salud", advierten los autores. "Mientras los seres humanos contemplan enviar a hombres a Marte o habitar la Luna de manera prolongada, lo cierto es que los riesgos para la salud aumentarán conforme la duración del periplo espacial se dilate.

Cuanto más tiempo pasen los tripulantes lejos de la órbita protectora de la magnetosfera, mayores serán los riesgos para su salud. Durante estos viajes interplanetarios, los astronautas quedarán expuestos a múltiples fuentes de radiación ionizada, como lo que forman los rayos cósmicos intergalácticos, los acontecimientos provocados por las partículas solares y la radiación atrapada en los Cinturones de Van Allen (zonas de la magnetosfera donde se concentran las partículas cargadas).

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El estudio ha concluido que el 43 por ciento de los astronautas del programa Apolo (tres de siete) han fallecido por algún tipo de problema cardiovascular. Básicamente, por tres tipos de complicaciones: insuficiencia coronaria, infarto de miocardio, aneurisma o derrame cerebral, o cualquier forma de trombosis.

Se trata de unos índices hasta cuatro o cinco veces más elevados que los que experimentan los astronautas de las misiones LEO, o aquellos que no han llegado nunca a formar parte de misión espacial alguna. Sin embargo, el tamaño de la muestra que incumbe a astronautas del Apolo es muy pequeño (necesariamente), y el artículo advierte que habría que ser muy cauteloso a la hora de sacar conclusiones definitivas sobre cualquier riesgo para la salud.

James Irwin fue el primer astronauta del Apolo en morir a causa de un infarto masivo. Imagen vía NASA

Presumiblemente, y con semejante límite en mente, Delp y su equipo han aplicado los mismos principios para estudiar los efectos de la radiación en roedores de laboratorio.

Los pequeños ratones fueron sometidos al equivalente a 14 días de radiaciones espaciales, a la pérdida de peso simulada o a alguna combinación de ambas. Los ratones fueron analizados de nuevo seis meses después. Se trata de un periodo de recuperación que comprendería una cuarta parte de la vida de un ratón de laboratorio, que sería comparable, aproximadamente, a 20 años en la vida de un ser humano.

Los investigadores han descubierto un bajón significativo de las funciones arteriales en los ratones irradiados, sin embargo no han descubierto efecto alguno que pueda ser achacado a la ingravidez o a la ausencia de peso.

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En concreto, los ratones del espacio exterior habrían exhibido una disminución de la vasodilatación —una relajación de las paredes que recubren los vasos sanguíneos— relacionados con la capa más recóndita que recubre la capa de endotelio.

"Habida cuenta de que la insuficiencia del endotelio vascular es fundamental en la patogénesis de la enfermedad vascular, tamaños efectos adversos arteriales podrían provocar enfermedades arteriales oclusivas, como el infarto de miocardio o el derrame cerebral", han escrito Delp y su equipo.

"Los hallazgos sugieren que, en lugar del 'efecto del trabajador saludable', los viajes a través del espacio exterior de corta duración en los que han participado individuos altamente educados, entrenados y físicamente preparados, resultan en un elevado riesgo de morir por causa de alguna suerte de accidente cardiovascular. El importante factor medioambiental que explicaría este fenómeno no es otro que la radiación del espacio sideral".

Delp no es el único que ha estudiado los vasos sanguíneos de los astronautas. Los investigadores han detectado incrementos anormales del aumento de la rigidez arterial en astronautas que se han pasado seis o más meses en órbita que serían parecidos a los mismos incrementos achacables al proceso de envejecimiento.

Se cree que tales consecuencias se deben a cambios en la presión arterial, y a la relativa falta de ejercicio físico que se registran en entornos ingrávidos. Este hecho en particular está siendo actualmente investigado como parte del experimento vascular Echo, que está siendo llevado a cabo por un equipo de investigadores canadienses.

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