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¿Por qué Jean-Luc Godard es tan importante para el cine?

Una breve retrospectiva sobre el alcalde de la Nouvelle Vague.

En París a finales de los cincuenta, un joven llamado Jean-Luc Godard se dedicaba a hacer una película que definiría su estilo y formaría parte de una revolución cultural como ninguna otra: La Nouvelle Vague. Luego de Breathless, este director se convirtió en pilar del cine francés que movió las mentes de bastantes en su momento.

La Nouvelle Vague, también conocida como New Wave Francés, fue un movimiento cinematográfico que surgió a finales de 1950, entre sus exponentes más grandes, independientemente de Godard, destacan François Truffaut, Jacques Rivette, Claude Chabrol, Éric Rohmer y Agnès Varda, pero hoy, hoy toca sólo Godard.

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No a la educación, sí a las películas

Se fue de Suiza, el país que lo crió, para irse a París, la ciudad donde nació, a estudiar etnología en la afamada Sorbona. Sus horas de estudio las dedicaba a estar en la cineteca respirando películas, interpretando historias y desarrollando un interés más fuerte que cualquier diploma de universidad. Sustituyó su carrera por las ganas de filmar, pero a falta de dinero, hablaba de ellas en Cahiers Du Cinéma, una revista cuyo personal estaba formado por los geniecillos franceses del momento amantes de las películas.

A mediados de 1959, dijo “acción” por primera vez en la realización de su película más aclamada, Breathless, la misma que lo posicionaría como un creador incomparable, como un intenso y como un revolucionario. La edición que lo caracteriza nació en esta producción, y como muchas cosas geniales, por accidente. Los cortes, la yuxtaposición de imágenes y sonidos, diálogos que parecen poemas existenciales y un distanciamiento grandísimo de las películas que ya existían, fueron la fórmula del éxito perfecta que nadie había descubierto hasta que él empezó a filmar.

Locura y Técnica

Muchos escritores de guiones y control-freaks dirían que está loco. Cuando Godard escribía sus guiones no lo hacía sentado frente a su máquina de escribir toda la noche, cigarro tras cigarro, hoja tras hoja. Más bien, si su inspiración lo permitía, 5 minutos antes de grabar, probablemente en una libreta, servilleta o papel arrugado, escribía las líneas que correspondían para ese día, y con mucho éxito, todo saldría bien.

¿Qué encontraban en el set de una película de Godard? No había set, los escenarios eran lo más real posible. Su cinematógrafo estrella, Raoul Coutard tuvo mucho que ver al romper las reglas e impulsar la revolución del cinéma verité. Con cámara en mano, salían a las calles a filmar las escenas del día, pero también a espiar y documentar los rostros anónimos de la ciudad. Entre ellos dos hicieron muy pero muy delgada la línea que divide documental con ficción, uno de los atractivos más imponentes de Breathless, aparte de Jean Seberg en todo su esplendor y la nariz de Jean Paul Belmondo, ambos protagonistas de este romance.

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El alcalde de una ciudad llamada Nouvelle Vague

Si bien es cierto que Godard no fue el único que movía la nueva ola de cine francés que ocurría en los sesenta (lo acompañaban Francois Truffaut, Éric Rohmer, Claude Chabrol), si era un pilar importante en este grupo selecto de realizadores. Sus ideas pasaron a ser las líneas del manifiesto invisible para pertenecer y mover La Nouvelle Vague. Sus técnicas innovadoras le daban un aire de libertad a la forma en que exponían sus historias. En Francia no estaban preocupados por hacer que los actores se vieran bien frente a la cámara, ni les importaba el orden ni la creación de un encuadre perfecto. Realizar una historia y contarla a través de imágenes y sonidos, consistía en una aventura que se completaba un día a la vez, no había dinero para producción y el personaje no era tan importante como sus acciones.

La Nouvelle Vague shockeó a todos porque era demasiado diferente, demasiado exquisita y mucho más cercana a la realidad que una película de Hollywood con Marilyn Monroe como protagonista. Todos fueron atraídos por lo incorrecto y lo reflexivo.

Anna Karina fue su musa y nadie podrá decir lo contrario

Luego de haber visto a la próxima protagonista de varias de sus películas en una publicidad de jabón, Jean-Luc Godard le ofreció a Anna Karina el papel protagonista de Breathless, pero ella dijo que no. Luego, le ofreció el de Le Petit Soldat, y ella dijo que sí. El interés comenzó a crecer entre miradas y diálogos, y el gesto de un nuevo amor impulsaba la creación de este cineasta.

Se casaron, ella quedó embarazada, perdió el bebé, se deprimió y se divorciaron. Justamente acá se ancla Godard para hacer Vivre Sa Vie, protagonizada por Anna Karina, cuyo personaje Nana muchas veces es ella misma. En Le Mépris, Brigitte Bardot dice las mismas palabras que Anna a Jean-Luc cuando peleaban y en Pierrot Le Fou se despide de ella y de todas las películas que hicieron juntos. Estuvieron casados desde 1962 hasta 1967, el periodo de tiempo donde él cosechó sus éxitos cinematográficos, pero también donde expuso al máximo su lado oscuro y triste como consecuencia de su matrimonio con Anna Karina, su musa por excelencia.

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La percepción

En su bolsillo, Godard suele cargar libretas con ideas de su próximo guión, en su mente él es paciente enfermo y su historia rayos X. Su necesidad de hacer películas está en exponer sus “enfermedades”, las mismas que pueden tener muchos, y conectarse a esa sensación inconfundible de verdad que puede causar un largometraje al verlo; verlo es escuchar las imágenes y ver los sonidos, diría el hombre en cuestión. Ir al cine no se trata de perderse, se trata de encontrarse.

Hoy tiene 87 años, sus películas tienen mucho de política y maneras de la sociedad en la que vivimos, aprovechándose de la tecnología cinematográfica para acercarnos más a sus historias. Su época de éxito ya pasó, pero el Godard de 30 años que vive dentro del Godard de hoy, sigue sintiendo la necesidad de expresarse haciendo las películas que quiere con libreta en mano.


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