La sonda solar de la NASA ha hecho un descubrimiento inexplicable

Según los científicos, las olas gigantes y los vientos huracanados indican que “hay carencias básicas en los modelos estándar actuales del sol”.
MA
traducido por Mario Abad
13.12.19
​The Sun. Image: NASA/SDO
The Sun. Image: NASA/SDO

El objeto más rápido jamás creado por la humanidad ha descubierto que en nuestro astro se producen intensas y gigantescas oleadas de energía y soplan vientos a velocidades que ningún modelo había predicho. Ambos hallazgos son totalmente inesperados y difíciles de explicar, lo que sugiere que existen todavía muchas lagunas en nuestro conocimiento del Sol.

Durante varios días en los meses de abril y noviembre de 2019, la sonda solar Parker de la NASA se acercó más al Sol de lo que ninguna otra misión lo había hecho. El pasado miércoles, los científicos publicaron los hallazgos de estos dos encuentros cercanos en un grupo de cuatro artículos para la revista Nature.

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Pese a ser el centro del sistema solar y permitir la vida en la Tierra, el Sol es uno de los objetos celestes más desconocidos debido, claro está, al calor y la radiación tan intensos que emite.



“Ha sido muy emocionante”, me explicó por teléfono Justin Kasper, autor principal de uno de los estudios y profesor de Ciencias Espaciales en la Universidad de Michigan. “Es exploración con tecnología de vanguardia”.

Durante las dos pasadas que hizo, la sonda Parker se acercó a 24 millones de kilómetros de la superficie del Sol, superando por un amplio margen el récord de 40,23 millones de kilómetros establecido por la Helios 2 en 1976. La Parker, que pasó junto al Sol a más de 246,000 kilómetros por hora, también se ha hecho con el título del objeto más rápido de la historia fabricado por la humanidad.

En un hallazgo sorprendente, la Parker detectó nuevos fenómenos en la superficie solar a un cuarto de unidad astronómica (ua), que es la distancia entre la Tierra y el Sol. Desde allí, la sonda mostró que el viento solar —un flujo de partículas cargadas que emite el sol— rotaba en torno al astro a velocidades muy superiores a las estimadas por los modelos.

“Para gran sorpresa de todos”, señaló Kasper, “el viento solar discurría a entre 35 y 50 kilómetros por segundo alrededor del Sol en el momento de máxima aproximación de la sonda. Es decir, entre 15 y 25 veces más rápido que lo predicho por los modelos solares estándar. Por tanto, a nuestros modelos —que estudian su rotación y los flujos del viento— les falta algo esencial, y eso es muy interesante”.

Además, la Parker recibió las embestidas de una serie de ondas de Alfvén extraordinariamente intensas. Otras misiones interplanetarias ya habían registrado este tipo de ondas —energía que fluye en ondulaciones a través del plasma magnetizado del Sol— pero con mucha menos intensidad. No obstante, la Parker ha sido la primera en registrar las “olas gigantes” de la estrella.

“De forma ocasional y repentina, en cuestión de segundos, la velocidad del viento aumenta nos 300 000 kilómetros por hora”, me explicó Kasper. “Luego, durante unos segundos o cientos de segundos, el viento azotaba la nave con ese súbito aumento de velocidad para remitir después con la misma rapidez”.

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Los picos son tan violentos que distorsionan y retuercen el campo magnético al atravesarlo. “Esto da una idea de la cantidad de energía que contienen estas olas gigantes, en comparación con las ondas de Alfvén que ya conocíamos”, añadió Kasper.

Si bien todavía se desconocen los mecanismos de estas ondas, su fuerza podría explicar dos de los mayores misterios del Sol: ¿por qué la corona solar (la atmósfera de la estrella) es unas 1000 veces más caliente que la superficie del astro? Y ¿por qué de repente el viento solar acelera hasta alcanzar velocidades supersónicas a cierta distancia del Sol?

Los científicos sospechan que se produce un enigmático proceso mediante el cual se vierte calor y energía en la corona solar. Las recién descubiertas olas gigantes podrían formar parte de esta dinámica.

“Al acercarnos al Sol buscábamos bolsas de energía y las encontramos, lo cual es positivo”, señaló Kasper. “En nuestros análisis iniciales, se demuestra que contienen mucha energía, por lo que resultan fuentes de energía muy prometedoras”.

“No voy a afirmar de modo alguno que hemos resuelto el misterio, pero estos sorprendentes resultados nos permiten allanar el camino hacia la resolución de esta cuestión”, añadió.

La información recogida por la Parker pone en tela de juicio las asunciones largo tiempo establecidas sobre el Sol. Esto propiciará la creación de mejores modelos de tormentas solares que puedan afectar a la Tierra y un conocimiento más exhaustivo de la evolución de las estrellas en el universo. Lo mejor es que la misión no ha hecho más que empezar.

“Nos estamos quedando sin territorio por explorar”, dijo Kasper.