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Hoteles para vacas: Argentina debate la felicidad de su ganado

Crece la polémica en el país más carnívoro del mundo en torno a los sistemas de alimentación del ganado, el masivo impacto ambiental que pueden provocar y hasta por las flatulencias de los animales.
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Imagen vía Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria de Argentina

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Comer un jugoso bife de carne de vaca alimentada con pasto es casi imposible hoy en Buenos Aires.

Y no porque los vegetarianos hayan colonizado a la carnívora capital de Argentina; los porteños siguen degustando religiosamente su asado.

Solo que el 90 por ciento de carne que comen proviene de feedlots, donde el ganado no se alimenta de pasto, sino de granos.

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Mencionados en la industria como 'hoteles para vacas', los feedlots son lo más parecido a fábricas de carne, donde las reses son confinadas durante unos 90 días en compartimentos para engordar cerca de 250 kilos antes terminar en el matadero.

Esta técnica de producción intensiva no es nueva en Sudamérica pero su masificación — en Argentina, por caso, ya operan unos 3.000 establecimientos que acaparan el 70 por ciento de la faena anual — ha despertado una insólita polémica entre los productores agropecuarios y los ambientalistas.

Mientras que las asociaciones de defensa de los animales critican las atrocidades que deben soportar las vacas y denuncian un inmenso impacto ambiental, por su parte los criadores responden que sus factorías rurales son amigables con el medio ambiente. Incluso más sosteniles que si las reses pastaran libremente en la Pampa húmeda, insisten.

El argumento de los productores cuenta con el aval de la comunidad científica. Y es por demás sonoro: las flatulencias de las vacas. Es que el gas metano que emana el ganado bovino es el segundo compuesto que más contribuye al calentamiento global.

Según investigaciones de entidades reconocidas como la FAO, los 'escapes' del proceso digestivo del ganado son responsables del 18 por ciento de las emisiones totales de efecto invernadero.

De hecho, medido en cantidades de CO2, los bovinos contaminan más que todo el sistema de transporte automotor mundial combinado.

Este siniestro vídeo ha provocado el cierre de un matadero francés por sus atrocidades. Ver aquí.

"Al ser alimentado con granos, en un feedlot el ganado casi no emite gas metano, lo cual es mucho más beneficioso para el medio ambiente que el engorde en pastura", sostiene, en diálogo con VICE News, Santiago Doval, titular de la Cámara Argentina de Feedlot. "Además, el tiempo de engorde en un feedlot es de máximo 4 meses, contra 18 meses en el campo abierto".

Desde la otra vereda, los ambientalistas reprochan que bajo la justificación de esta reducción de gases, estas fábricas de carne someten a los animales a condiciones brutales.

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"Un feedlot es una encarnación del infierno", ilustra Soledad Barruti, autora del libro Malcomidos. Cómo la industria alimentaria argentina nos está matando. Para la periodista especializada en alimentación, "no se trata a los animales como seres vivos: están cubiertos en sus propias defecaciones, no pueden moverse, no pueden comer pasto que es lo que biológicamente necesitan… Lo único que pueden hacer es engullir granos para sumar kilos y transformarse en carne".

Imagen vía Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria de Argentina

Un país entre dos derrames

Saladillo, una localidad rural ubicada a 185 kilómetros de Buenos Aires, es quizás la prueba más acabada de la explosión del nuevo modelo de producción ganadera en la Argentina.

Ungida como la capital nacional del feedlot a fuerza de subsidios gubernamentales, en la última década cobijó a decenas de estas fábricas de carne.

El derrame no se hizo esperar: ni el económico, que favoreció a la alicaída industria ganadera local, ni tampoco el ambiental, ya que miles de vecinos se vieron literalmente inundados por excrementos y gases tóxicos.

Así lo denuncian desde la agrupación Ecos de Saladillo, quienes buscan que las autoridades provinciales declaren la emergencia ambiental en la zona: "Unos 10.000 animales grandes encerrados eliminan no menos de 100.000 kilos de estiércol por día… Son 3 millones de kilos de excremento vertidos en la tierra en un solo mes. Y eso solo con 10.000 animales. ¿Cuántos animales hay encerrados en los feedlots de Saladillo?".

Una cámara oculta muestra cómo maltratan pollos en un matadero en EEUU. Ver aquí.

Según los expertos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria de Argentina (INTA), los mayores problemas de contaminación ambiental se dan por la escasa planificación a la hora de instalar los feedlots.

"Se debe planificar dónde se instalará y el diseño de toda la estructura, como comederos instalados con suficiente pendiente y un sistema para la recolección, tratamiento y posible reutilización de los efluentes", explica a VICE News Andrea Pasinato, especialista del organismo, quien a su vez lamenta "la falta de un marco regulatorio para la creación de feedlots en el país".

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Pero no todo está perdido: algunos productores compraron avispas africanas para combatir las plagas de moscas que proliferan en estos sitios. Otros implementaron ingeniosos sistemas sustentables que transforman los gases y excrementos en energía.

Por más postapocalíptica que resulte la imagen de una vaca entubada con una mochila de plástico en su lomo, investigadores argentinos promueven una técnica que recolecta, purifica y comprime los gases que emiten los bovinos para utilizarlos como fuente energética. Sostienen que desde una heladera hasta un automóvil pueden funcionar con este biocombustible.

La felicidad de la vaca

En la Argentina, comer carne a la parrilla — el emblemático asado — es poco menos que un derecho nacional. De hecho, el ritual es una de las prerrogativas que figura en el estatuto del obrero.

De ahí que el impacto ambiental de los feedlots no sea necesariamente tema de debate en la mesa de los argentinos. Sin embargo, la ternura de la carne sí lo es. Y en esta cuestión, casi de vida o muerte para muchos, los defensores de las fábricas de carne tienen otra carta a favor.

"Por el tipo de producción, la carne de vaca criada en campo abierto no siempre es de buena calidad. Si el engorde sufre interrupciones por cuestiones climáticas o bien por enfermedades, eso repercute en la calidad de la carne", explica Doval. "En cambio en el feedlot la alimentación es continua y eso garantiza un producto homogéneo y tierno".

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Para Barruti, en cambio, una res criada en condiciones adecuadas, con libertad de movimiento y con su alimentación natural, proveerá una carne más saludable que la de "un animal estresado, sobremedicado y obeso como es el de feedlot". Y dispara: "Es una carne fofa y sin sabor, para paladares anestesiados".

Desde el INTA, Pasinato intenta zanjar la discusión: "El tipo de dieta del animal es solo una de las variables que afecta la calidad del producto. La calidad es un término muy amplio que engloba características como terneza, perfil de ácidos grasos, etcétera. No se puede concluir que una carne es mejor que la otra".

Las residencias para vacas de la tercera edad florecen en India — aquí tienes el porqué. Leer más aquí.

Por último, aparece una cuestión algo más metafísica pero no por ello menos relevante: la felicidad de la vaca. Es decir, si los animales están más contentos en sus nuevos hoteles o pastando en una pradera.

"La foto de las vacas pastando libres en la montaña con Heidi y su abuelito es una concepción humana sobre el supuesto bienestar del animal", sostiene el presidente de la Cámara Argentina de Feedlot, quien asegura que el factor principal que determina el bienestar es contar con alimento y agua a disposición permanentemente.

En línea con los ambientalistas, Barruti dice que ese argumento contradice todos los estudios de bienestar animal y replica: "Es absurdo pensar que de pronto a los animales les dejó de gustar el contacto con el sol y con el aire puro para meterse felizmente en un corral hacinado con excrementos y barro cubriéndoles la mitad del cuerpo".

Ajeno a la polémica, el argentino promedio comió 41,6 kilos de carne vacuna en 2015 año y se mantiene en lo más alto del podio mundial junto con su pequeño vecino, Uruguay, según cifras de la OCDE.

Mientras tanto, la postal del gaucho argentino arreando las vacas en la Pampa húmeda tal como la conocemos, corre peligro de extinción.

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