Todas las fotos por Olya Ivanova

Fotos de mujeres al frente de sus comunidades en la campiña rusa

"Una mujer de pueblo es con frecuencia la jefa de familia. El bienestar de todos en la familia depende de ella".

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15 septiembre 2017, 4:00am

Todas las fotos por Olya Ivanova

A pesar de que las áreas rurales constituyen una gran parte del territorio de los diez millones y medio de kilómetros cuadrados de Rusia, las comunidades de los pequeños poblados permanecen invisibles. La mayoría de las personas se trasladan a las grandes ciudades en busca de trabajo y mejores oportunidades. Pero si dejamos a un lado las urbes, los pueblos, privados de infraestructura y fondos estatales, se quedan en el olvido. Sin embargo, la vida allí no se detiene. La fotógrafa rusa Olya Ivanova es una de las pocas personas que captura la vida contemporánea de las comunidades remotas.

Ivanova comenzó a visitar los pueblos de todo el país en 2009 mientras trabajaba como fotógrafa para una revista rusa. Se enamoró de la atmósfera al instante. "Hay un sentimiento especial de libertad, principalmente debido a la forma de comunicación, totalmente diferente a las costumbres de la ciudad", explica. "No hay extraños, todo el mundo está involucrado en la comunidad. Las relaciones podrían ser de todo menos formales, extrañas o frías. A veces hay verdaderos dramas e intrigas, pero todo el mundo se preocupa por los demás. Descubrí una comunidad cerrada de personas que viven una vida completamente diferente a la mía, así que mi principal interés fue capturarla desde el interior".

A pesar de que la sociedad rusa sigue siendo muy patriarcal, las mujeres del pueblo resultaron ser los verdaderos pilares de la comunidad

"En 2013, me invitaron a una expedición en la región de Vologda, en un pequeño pueblo a orillas del río", me cuenta la fotógrafa. "Es un lugar espectacular, con bosques espesos, ríos rápidos septentrionales, gente ruda... Nos llevó como seis horas llegar en coche desde la ciudad cercana de Vologda. Si no lo conoces es poco probable que lo encuentres. Tuve suerte de vivir con los habitantes locales, ir a cortar el pasto con ellos, hacer hotcakes y cuidar a sus hijos. Un año más tarde, regresé y tuve la suerte de presenciar el Día del Pueblo, una festividad de los pueblos de toda Rusia que se celebra en diferentes días del verano. "

En este día todos los jóvenes, niños y nietos que trabajan en las ciudades regresan a la villa. "Se coloca una enorme mesa comunitaria para beber y comer, y todos bailan al ritmo de la música en vivo en la discoteca local. El centro de la fiesta es la Casa de la Cultura, un establecimiento que funciona como bar, sala de baile y teatro. En este sitio la gente prepara sketches y representaciones, canciones, poemas y comedia. En el escenario hubo todo tipo de personas: políticos locales; la poeta Katya, que trabaja en la tienda de la ciudad vecina; la tía Ira con un acordeón y un bigote falso..."

Mientras observaba y fotografiaba la fiesta, Ivanova se dio cuenta de que la mayor parte del trabajo lo hacían las mujeres. Los hombres estaban en su mayoría ausentes, y a los pocos que encontró no les gustaba ser fotografiados. "Los hombres se niegan a participar en el Día del Pueblo. No bailan, cocinan ni ayudan a organizar las festividades, ya que lo perciben como una debilidad. Las mujeres llegan a la celebración con vestidos de estampado de leopardo y tacones altos, mientras que los hombres llegan de tranquis y con una botella de cerveza en el bolsillo, pero aun así hay cinco mujeres por cada hombre, así que son bienvenidos".

A pesar de que la sociedad rusa sigue siendo muy patriarcal, las mujeres del pueblo resultaron ser los verdaderos pilares de la comunidad. Hicieron la mayor parte del trabajo —en sus hogares y en el pueblo— y ejercieron un verdadero poder social. "Una mujer de pueblo es con frecuencia la jefa de familia. El bienestar de todos en la familia depende de ella, ya que se encarga de garantizar que todos estén bien alimentados y sanos, además de ocuparse de la casa. Los hombres tratan de fingir por costumbre que tienen todo el poder, pero por lo general son totalmente dependientes de sus esposas", dice Ivanova.

La fuerte presencia de mujeres en la comunidad está determinada en parte por la demografía: la esperanza de vida de los varones en Rusia apenas llega los 65 años, y muchos hombres abandonan los pueblos para encontrar trabajo. Estos factores contribuyen a la presencia de una improbable matriarca invisible en el corazón de una sociedad obsesionada con la masculinidad: "No he revisado las estadísticas, pero realmente parece que hay más mujeres en los pueblos. Los hombres suelen irse para conseguir trabajo, ya sea en los sitios de construcción o conduciendo tráilers. Con frecuencia, los hombres mueren antes de los 50 debido al alcoholismo", explica Ivanova.

La fuerte presencia de mujeres en la comunidad está determinada en parte por la demografía: la esperanza de vida de los varones en Rusia apenas llega a los 65 años

"También hay una teoría que después de la Segunda Guerra Mundial, cuando muchísimos hombres murieron en batalla, la actitud de las madres solitarias hacia sus hijos se reblandeció, así que crecieron infantiles y débiles. Factores como la ingesta de alcohol barato, el servicio militar corrupto y violento, el alto nivel de agresión, conducir sin cinturón de seguridad, contribuyen a que disminuya la esperanza de vida de los hombres".

Después de años de fotografiar la Rusia rural, las mujeres del pueblo siguen siendo el tema favorito de Ivanova. Sus heroínas son de diferentes edades y profesiones, pero todas forman parte del arquetipo que ilustra perfectamente el papel de la mujer en la sociedad rusa, o al menos lo que se espera de ellas. "Una mujer de pueblo es fuerte, puede hacer casi todo por sí misma, realmente no necesita un hombre para trabajar en la casa o criar a los hijos", dice Ivanova. "Una mujer hace todo el trabajo que supuestamente realizan los hombres: cortar el pasto, cargar los troncos pesados, cortar madera.

"Ella trabaja mucho, pero nunca se queja. Tiene un corazón muy grande, ama a sus hijos y a otros niños, ayuda a sus vecinos y familiares, pero aun así sueña con un hombre fuerte. En la discoteca del pueblo todas las chicas de vestidos de estampado de leopardo y tacones altos cantan en coro su éxito favorito: 'Oh, qué hombre, quiero tener tus niños, tus hijos y tus hijas'. Esa parece ser la única función de los hombres".

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