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4 cortos para degustar la estética de Wes Anderson, Del Toro, Gondry y Nolan

Las micronarrativas de estos directores no le piden nada a sus largometrajes...
9.1.18

Como las muestras gratis de perfumes, o las versiones personales de tortas dulces de dos kilos de peso, un corto metraje de autor puede cumplir el mismo rol que un largo: deleite visual, tensión en el argumento, satisfacción con el desenlace. Con esa idea trajimos pequeñas muestras del estilo que tienen estos directores, y que los diferencian del resto. Para que puedan degustar los que no tuvieron la suerte, y para que aquellos que sí la tuvieron, se den otra probada.

Doodle Bug, de Christopher Nolan

Esta narración logra tensar el ambiente al máximo con una mínima cantidad de elementos. Un actor, una locación, un zapato y algunos efectos precarios le alcanzan al director para disparar la sorpresa en nuestro paladar.

En Doodle Bug se aprecia una génesis de esa manera tan Nolan para crear una atmosfera que refleja, de manera fiel, el interior sentimental del personaje.

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Está presente la reflexión sobre la complejidad de la mente humana, de ese funcionamiento caprichoso de la psiquis; que puede liberarnos o dejarnos amarrados en un círculo tan real como permitamos que sea.

Détour, de Michel Gondry

Sé que hay personas por ahí con ganas de hacer una película, y es muy probable que no lo puedan hacer por falta de presupuesto. También es muy probable que tengan un smatphone. Si es tu caso, tenemos una sugerencia: dejar las selfies de lado y comenzar a fimar.

Es lo que hizo el director de tantos videos de Björk y los White Stripes, en este corto que publicó a mediados de 2017.

Para filmar utilizó un teléfono Apple y accesorios tales como un micrófono. Nada que implique una inversión descomunal. Para editar utilizó un software que está disponible por 15 dólares en la tienda de aplicaciones. Claro que también contó con el talento de Michel Gondry, pero no podemos conocer el alcance de nuestro potencial hasta ponerlo a prueba.

Así que, a grandes rasgos, la receta sería: mirar Detour de Gondry para inspirarse, y luego salir a cocinar ese cortometraje soñado que parecía inalcanzable.

Geometría, de Guillermo Del Toro

El director de “El laberinto del fauno”, en un estado de pureza brutal, explora la amargura personal y la presión familiar, que siente una persona ante un fracaso escolar.

El resultado es un delicatesen gore con toques de humor sarcástico. Todo para soltar una moraleja clara, y un personaje que atraviesa un proceso de aprendizaje sangriento.

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El film se publicó en 1987 y es un claro reflejo de la estética y temáticas de terror que se exploraron en la filmografía de esa década. Los rituales satánicos al modo de Evil Dead y ese ímpetu de sangre desmedida y sin sentido. Logra generar esa fascinación por lo asqueroso, para taparse los ojos con la mano y dejar los dedos abiertos.

Bottle Rocket, de Wes Anderson

Mediados de los ´90, la Universidad de Austin. Un joven Andenson escribe un guion junto a su amigo Wilson. Wes dirigirá y Owen será el protagonista, su ladero en pantalla será su hermano Luke.

Si bien es en blanco y negro, se nota que utilizaron equipos de filmación con una calidad respetable. Quizá sea un prejuicio personal, pero es posible que la familia Wilson haya facilitado el equipamiento. El padre de Owen y Luke, además de trabajar en el ámbito publicitario, estaba a cargo de un canal de televisión en Dallas, a cuatro horas de Austin.

Cuando personas talentosas tienen el apoyo indicado, el resultado puede ser grandioso. Este es uno de esos casos.

“Bottle Rocket” fue premiado en el festival de cine independiente de “Sundance”. Esto motivó a al productor de Los Simpsons, James L. Brooks, a invertir para llevar la idea a largometraje.

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