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Porno, sudor y lágrimas

<i>Porn & Pains</i> es el primer libro de Elisa Victoria, una joven escritora sevillana que se autodescribe como “estudiante de los peores colegios de barrios desoladores y expuesta a la extrema hostilidad de la más baja horma con chándal de marca”.

María Yuste

Elisa Victoria

Un rollo de papel higiénico que se confunde con un rollo de película, el sobre que envuelve una declaración sincera de amor y un manchurrón de semen. Este es el mosaico, o tal vez el jeroglífico, que decora la portada de Porn & Pains (Esto no es Berlín, 2013), el primer libro de Elisa Victoria, una joven escritora sevillana que se autodescribe como “estudiante de los peores colegios de barrios desoladores y expuesta a la extrema hostilidad de la más baja horma con chándal de marca”. Superviviente del extrarradio español con el porno como cálido refugio, dedica su libro a este primer amor de adolescencia en una extraña, pero bella, mezcla de fichas de actrices porno,  historias cortas, memorias y cartas de amor en las que deleitarse con la belleza escondida detrás de las escenas más sórdidas.

VICE: El otro día pillé en la tele Una conejita en el campus y me acordé de ti y de tu precioso libro. Creo que es porque el personaje de la chica Playboy (Anna Faris) está tratado con la misma ternura con la que tú has hablado de tus chicas del porno. ¿La has visto?

Elisa Victoria: No la vi pero me llegaron los anuncios que son casi lo mismo. Los tráileres te lo cuentan todo. Como en el “previously” de Juego de Tronos, que te resumen tres temporadas en cuarenta segundos. Ahí te das cuenta de que no pasa casi nada. En Los Soprano no hay “previously”, no cabe. De todas formas me puse contenta, me gustan mucho esas películas malas con tantos colorines. Son muy bonitas.

Pues, en resumen, la conejita se hace amiga de las marginadas de la universidad y las ayuda a abrirse al mundo exterior. Creo encontrar cierto paralelismo porque tú le dedicas el libro al porno por haber sido un último consuelo en las peores situaciones y, además, lo defines como “el único refugio cálido que nos queda a los dolientes”. ¿A qué te refieres exactamente?

Hay mucha gente que está perdiendo la cabeza por recibir un abrazo sincero, gente demasiado frágil y tímida como para meterse una raya sin ganas o irse de putas. Supongo que también los hay que no tienen el cuerpo ni para hacerse pajas, pero yo había identificado a un montón de sujetos en mi misma situación y creí detectar este patrón. Personas muy torpes socialmente que están deseando amar y que se atiborran de pornografía. Ver a esas chicas guapas adoptar posturas y mirar fijamente a la cámara es lo más intenso y romántico a lo que puede aspirar este sector.

Precisamente, a la hora de hablar de tu libro, el porno vende mucho pero en él también hay mucho de autobiográfico en el extrarradio español y a ratos me pregunto si no es más un libro de memorias. Aunque también hay mucha ficción...

Tienes razón en todo. El libro está mezclado de una forma loca y sinestésica. Mi propia historia, la de los que me rodean, la de las actrices porno que sobrevuelan todo, incluso la vida de personas que no conozco. Las estrellas de las que hablo son un hilo conductor porque su presencia ha sido constante en los momentos más oscuros, pero el libro va de los momentos oscuros en sí. Los de ellas, los míos, los tuyos, los de cualquiera.

Y, ¿cómo, de repente, surgió la idea para un libro tan peculiar?

La idea surgió de la única forma posible: estando muy sola y muy triste en el mismo cuarto donde a los diecisiete años me habían llamado por teléfono de madrugada para decirme que me iban a matar por Chilindrina [fea, sin estilo]. Entonces ya tenía veinticuatro años, sentía que había sido devuelta al humillante lugar del que nunca debí salir y, por primera vez, me pareció un punto de partida digno. En mi habitación de adolescente, de regreso a los brazos de mi madre, acepté con templanza el papel que me había empeñado en negar desde niña.

¿Cómo fue eso?

Ocurrió en Sevilla, claro, en un barrio feo y remoto. A mediados de julio, con el portátil tirado en la cama después de haberme pegado un atracón en Xvideos. Lo que más recuerdo de mi primera juventud es echar infinitas tardes con el color virado de calor mirando porno por hacer algo. El porno era lo único interesante que pasaba, lo demás era una porquería. Las actrices eran madrinas fieles, imágenes a las que adorar, a las que encomendarse. Encontrarme ahí otra vez resultó clarificador y vertiginoso y decidí estrechar mi propia desgracia y la de mis semejantes en lugar de intentar esconderla de nuevo debajo de la alfombra, una estrategia ridícula que no había servido de nada. Esto sí, esto sí sirvió. Estoy aquí hablando contigo y tú eres canela en rama. Aquel día no concebía semejante gloria.

En la discreción del extrarradio pasan las peores cosas”, es otra de tus frases lapidarias. ¿Qué es lo peor que has llegado a presenciar o a vivir?

No he visto tantas cosas malas en el sentido espectacular de lo criminal. Donde pasé la mayor parte de mi pubertad y adolescencia presencié y sufrí todo tipo de abusos clásicos cuya crueldad es relativa. Trampas, insultos, collejas, tirones de pelo, robos, escupitajos llenos de mocos, pasillitos interminables, leves acosos sexuales a las chicas guapas. Cosas de canis. Aunque los canis son inofensivos si los comparamos con la cantidad de carroñeros que hay husmeando el campo de batalla en busca de víctimas que todavía muevan la colita. Había un guiri raro en una furgoneta dando vueltas alrededor del instituto enseñándole una polla enorme a todas las niñas pardillas que veía. Seleccionaba expresamente a las pardillas. En particular, con esa frase me refiero a que los barrios mortecinos están llenos de cuarentones avispados que saben que muchas de las chiquillas solitarias que andan por ahí encorvadas no son ni feas ni cobardes, conclusiones que los jóvenes de su entorno cercano son incapaces de sacar.

Adentrémonos en lo pornográfico. El libro incluye hasta un anexo con la terminología del porno explicada para los no iniciados. Creo que lo único que no queda claro después de la lectura es cuál o cuáles son tus géneros favoritos.

Esta pregunta es muy jodida, María. Supongo que si alguna vez hubiera participado de esas legendarias pajas en pandilla con ambiente distendido significaría que he tenido amigos en los que confiar a una edad temprana y eso lo cambiaría todo. Yo misma siento una enorme curiosidad por saber qué ven los demás porque me parece relevante, revelador y muy íntimo. Pero entiendo que el porno de cada uno es de cada uno. No me abochorna en absoluto que la gente sepa que me pongo morada de esa mierda, pero si miran el historial de mi navegador y sale a la luz lo que he estado viendo exactamente entro en una espiral de pataleta, como si me leyeran la página del diario donde confieso qué chico me gusta o encontraran una foto recortada de Take That cubierta de corazones rojos. Sé que no es tan importante, pero no puedo evitarlo. Me da vergüenza.

Algo que sí dejas bien claro que Alisha Klass es tu actriz favorita, “tu niña bonita”. ¿Recuerdas vuestro primer encuentro?

Claro. Yo tenía dieciséis años y ponía a descargar todo tipo de cosas en el Kazaa. No era muy selectiva entonces, pero en esa época estaba en racha de culos y casualmente me vi con un recopilatorio de vídeos de la culerísima Alisha Klass; una suerte de montaje de grandes éxitos suyos. Duraba unos cinco o seis minutos, lo que era para mí bastante. Es difícil describir lo que sentí, pero me impactaron mucho su coleta, su voz, su risa y lo húmeda que llevaba siempre la piel, tersa y brillante, resbaladiza. Gracias al tatuaje que tenía encima del culo me fue fácil identificarla y desde entonces he recurrido a ella sin parar. Creo que no soy la única porque llevo su página de fans en Facebook y los mensajes que recibe son sin duda los más tiernos. Las ilustraciones de Elena López Macías en el libro van de esto, de la esquiva Alisha recibiendo cartas de amor.

Oye, ¿y qué te pasó con Jayna Oso?

Cuando creé los clubes de fans pasé totalmente desapercibida, entonces las normas de Facebook eran otras y yo solo pretendía brindar homenaje a mis actrices favoritas. Pero Jayna Oso estaba en campaña de retirada de la industria y cuando vio que había una página suya me escribió muy enfadada exigiendo que la cerrara. Le hice caso, además se me quitaron las ganas de verla. Bueno, alguna vez la he vuelto a buscar, las cosas como son. Nunca he sido orgullosa.

¿Por qué crees que se inventó algo tan asqueroso como que su padre había abusado de ella y que encima le gustó?

No quiero difamarla ni nada parecido, ya me ha demostrado que tiene malas pulgas y yo no sé nada de su vida. Lo que pasa es que en las entrevistas cuenta eso y no me creo su versión, albergo mucho respeto hacia las niñas abusadas y no me hace gracia su cuento. Tal vez es la más perjudicada de todas, la reina del libro. Jayna, no te enfades conmigo, te he visto hacer un montón de cosas guapas, no me gusta que nuestra relación haya acabado así.

¿Sabes si Porn & Pains ha llegado a oídas de las actrices porno españolas?

No lo sé, no suelo tener contacto con gente del porno. Lo de Jayna Oso fue un caso aislado e inusual. En una entrevista mencioné que Amarna Miller me caía bien y ella me hizo llegar unas bonitas palabras. Es una chica muy dulce e inquieta. De Rebeca Linares y Diana Dean, que sí salen en el libro, no tengo noticias. Tampoco pretendía ponerme en contacto con actrices porno ni mucho menos, de hecho me puede llegar a abrumar un poco. Yo estoy fuera, no soy una experta, solo una gran espectadora. No es algo difícil de encontrar.

El porno español aparece casi de refilón, ¿cómo ves la escena aquí?

La escena aquí se está poniendo divertida, solo nos hacen falta unas cuantas Amarnas más que sepan elegir vestidos bonitos y pasen de depilarse a fondo.

Nos has hablado largo y tendido de tus heroínas en el libro pero, ¿y en el bando masculino? ¿Hay algún actor que te haya enamorado?

También me fijo en ellos, claro, pero no me enamoro, no me asalta esa urgencia por averiguar de dónde vienen. Resulta predecible que hable de Rocco Siffredi pero es verdad que me impresionó mucho la primera vez que lo vi. No físicamente, eso me da igual, es que llevo años aplaudiendo fuerte su labor como coreógrafo. Qué gran talento, qué atrevimiento, qué espontaneidad. Manuel Ferrara también tiene muchos gestos encantadores de ese tipo.

Y ahora que a todas gusta James Deen, ¿a ti qué te parece?

Me gusta mucho el estilo de James Deen, es muy divertido, muy fresco, se apunta a todas las parodias y las clava con una gracia indecible. Además en el libro hay mencionada una escena suya a la que guardo mucho cariño, la de los limoneros junto a Haley Paige en Virgin Territory.

¿Qué escena era esa?

Es una escena loquísima que empieza con James Deen y Haley Paige muy románticos admirando su cosecha de limones. Son muy valiosos los limoneros para ellos, gran motivo de orgullo, y se empiezan a preocupar por la posibilidad de que llegue alguna puta y les robe. Unos segundos serían suficientes para que ocurriera la desgracia. En efecto, se distraen un momento y aparece Joanna Angel, la novia real de James, que les empieza a robar los limones metiéndoselos dentro de un body transparente que lleva y que parece ser su disfraz de puta. Los planos de Joanna son un poco inquietantes, hay cierta intención detrás. Los protagonistas se indignan muchísimo y acuden para tratar de disuadirla. La cosa deriva en forcejeo sexy y se ponen a follar con una gran presencia de limón como elemento erótico. Arriesgan a muerte y consiguen aguantarse la risa toda la escena, se pasa muy bien. Esta película la dirigió la propia Haley Page, actriz que murió en lamentables circunstancias siendo muy joven y a la que yo apenas había prestado atención. Cuando vi su obra ella ya estaba muerta y pensé en su enorme talento perdido, en que no le había rendido el debido culto en vida. Además, aprecio mucho los limones, yo también tengo un limonero, se me hace todo muy celestial.

Volviendo al extrarradio, cuando te propuse esta entrevista prometiste contarme la historia de cómo (y cito textualmente): “el puto gordo que más bolitas babeadas me tiró a la nuca en el instituto quiso ligar conmigo a los diecinueve años en una discoteca”...

Esta especie de Cartman desarrollado pero sin ningún chiste bueno que ofrecer me tenía achicharrada. Por suerte se acabó el instituto y no le volví a ver hasta que un año después fui con una amiga a una discoteca penca y nos encontramos con su pandilla. Mi Cartman estaba borracho y se vino flechado. Nos cansamos en medio minuto de la broma, le sacamos el dedo y salimos corriendo. Nos gritó que éramos unas putas y a mí me pareció su mejor halago. A estas alturas he intentado desarrollar el sentido de la piedad y estoy segura de que se habrá convertido en un hombre próspero y amable. Nosotras también hemos dejado de hacer cortes de manga en discotecas canis. Postrémonos juntas bajo la Vía Láctea y demos gracias a Alá por todas las cosas feas que antes pasaban y ya no.