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Habibi funk: Buscando al James Brown marroquí

Fadoul tenía una garganta nacida para el R&B y el soul.

Fadoul en directo. Todas las fotos cedidas por Habibi Funk.

Fue durante los años de la mano dura de Hassan II, los pantalones de campana y el pelo a lo afro en el Marruecos de los setenta cuando Fadoul empezó a subirse a los escenarios. "Hacía funk con una actitud muy punk-rock", cuenta Jannis Stürtz, el productor berlinés que descubrió por casualidad al James Brown marroquí en una tienda de quincallería electrónica de Casablanca. De no ser por él, los discos de Fadoul seguirían acumulando polvo al fondo de un estante y su música habría caído aún más al fondo de un olvido todavía más polvoriento. Porque de Fadoul no se acordaban ni en su casa. Literalmente. Hasta que llegó Stürtz.

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La primera vez que Stürtz visitó Marruecos lo hizo como manager del músico Blitz the Ambassador, que tocaba en el festival Mawazine que se celebra todos los años, hacia el mes de mayo, en Rabat. Un tiempo después volvió a Marruecos para volver a acompañar al músico en una aparición en la televisión marroquí. En aquellos días, el productor berlinés no sabía que lo que se encontraría unos días después se convertiría en una obsesión. Parece la historia del descubridor de la adolescente que acaba convirtiéndose en supermodelo: "un muy feliz día de 2012 estaba paseando por la medina de Casablanca cuando se le ocurrió entrar en una de esas tiendas que salpican todo el Magreb y que venden televisores de tubo, altavoces, aparatos de radio y proyectores. Todo con esa buena capa de mugre que parece convertir en antigüedad valiosa lo que no es más que un trasto viejo", relata.

Jannis Stürtz

Jannis Stürtz de compras.

Pero había algo de mucho valor para Stürtz entre toda aquella cacharrería. Había música. Montañas de discos. Tantos que Stürtz pasó un día entero desenterrando tesoros: "detrás de toda esa basura había vinilos, y entre ellos llegó a mis manos uno de Fadoul et les Privilèges. Lo primero que me atrajo fue la estética de la portada. Se veía que no era un disco de música tradicional y, al darle la vuelta, James Brown aparecía en los créditos. Entonces supe que estaba ante algo muy bueno".

Los créditos correspondían a la canción "Sid Redad", una versión del "Papa´s got a brand new bag" .

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Se fue al hotel, escuchó el disco cantado en darija –el dialecto del árabe que se habla en Marruecos- y se entusiasmó tanto que terminó obsesionado con el James Brown marroquí, como lo bautizó. Fue imposible encontrar algo de él en internet, así que siguió viajando por Marruecos y preguntando, hasta que dio con alguien que había tocado en Golden Hands, una de las bandas que por aquella época compartió escenarios con Fadoul. Quería conocerle, pero le dijeron que había muerto en Casablanca en 1991. Tenía 50 años.

El siguiente paso natural fue buscar a su familia. Preguntando a amigos de juventud, llegó hasta el barrio de Casablanca al que se mudó su hermano. Al llamar al timbre apareció Doha Fadoul, una chica de 21 años, que resultó ser la sobrina del cantante y compositor. No le había conocido porque Doha nació cuando él ya había fallecido, y ni siquiera había oído hablar de él, a pesar de que su padre es el hermano del artista desaparecido. Los padres de Doha no quisieron hablar de la muerte de Fadoul, pero accedieron a pasar la tarde con el productor berlinés hablando de su música.

"Aún conservaban dos discos de Fadoul, que no habían vuelto a escuchar desde hacía décadas porque no tenían tocadiscos" . Hasta un día, el año pasado, en el que Stürtz les llevó uno. "Pasamos un rato estupendo escuchando su música", recuerda el productor.

Fadoul

Portada de uno de los discos encontrados de Fadoul.

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Desde entonces, a Doha le ha picado el gusanillo de la música que hacía su tío. "Fue sorprendente y al mismo tiempo fascinante conocerlo musicalmente. Nunca antes me había interesado por la música que se hacía en el Magreb en aquellos años pero, con su música, que es una mezcla de lo oriental y lo occidental, tengo la impresión de estar viajando", cuenta Doha desde Francia, donde vive ahora.

Además de cantar y componer canciones, Fadoul fue actor de teatro, artista de circo, pintor y hasta compositor de jingles de marcas de jugo de naranja que se pasaban en la televisión marroquí. Fadoul tocó y trabajó en Europa y de allí, cree Stürtz, se trajo las influencias que impregnan su música, la cual sale poderosa y fresca desde una garganta nacida para el R&B y el soul.

Con más viajes y yendo de un sitio a otro, de una tienda a otra, en Rabat, en Agadir y en Casablanca, Stürtz ha llegado a encontrar cinco discos en total. Uno de ellos es un álbum completo que van a reeditar para añadirlo a la colección de canciones que ya tienen remasterizadas. "Yo ya estaba en Jakarta Records y, trabajando en un sello de música, parecía razonable hacer algo con el hallazgo" .

A Jannis le aburre la fusión, no le interesa la música tradicional y sabía que lo que tenía entre las manos era tan sabroso que no necesitaba florituras. "Lo de mezclar chaabi (música popular magrebí) con electrónica ya lo hacen otros. A mí lo que me interesa es hacer accesible esa música tal y como se grabó, sin alterarla" . Con Fadoul y con otros artistas que hacían funk, pop y reggae en el Magreb –Marruecos, Túnez, Argelia y también Egipto- en los años 60, 70 y 80 nació Habibi Funk, un proyecto que contiene delicias que son desconocidas para el público occidental y que han sido olvidadas por el público magrebí.

Con todo el material recopilado, Stürtz inició la tarea de conseguir las licencias para reeditar y remasterizar las canciones, que ha ido agrupando a medida que las iba encontrando. En el café de la Renaissance de Rabat, donde nos hemos citado, empieza a desenvolver los discos que descubierto unas horas antes en una de las tiendas de la medina de la capital marroquí. Y anuncia un lanzamiento: "Este último disco que he encontrado de Fadoul es un álbum completo del 83, en formato cassette. Hace sobre todo reggae, ¡pero también rap!". El cassette se lo hizo llegar un coleccionista argelino: "Suena tan bien que hubiera pagado 400 euros para conseguirlo".

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