La batalla por el corazón de Estambul continúa

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La batalla por el corazón de Estambul continúa

Otro fin de semana de muerte, gas lacrimógeno y abuso policial
18.6.13

Fotos de Oren Ziv

El sábado por la noche, las tiendas de campaña y las banderas instaladas en el parque Gezi de Estambul fueron destruidas, y sus habitantes desalojados a base de gas lacrimógeno, cortesía del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan. En respuesta, protestas antigubernamentales (en su mayoría, pero no exclusivamente, compuestas por jóvenes turcos de clase media) tomaron las calles del país todo el fin de semana, levantando barricadas y peleando con la policía antidisturbios.

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El domingo, después de una mañana de gas lacrimógeno en Estambul, Ankara y otras grandes ciudades, Erdogan dio un mitin a defensores del gobierno en las afueras de Estambul. Diseñado para ser una muestra de unidad nacional bajo su Partido Justicia y Progreso (AKP), se mostró desafiante y paranoico, burlándose de los manifestantes usando la palabra "marginales" y acusando a la prensa internacional, CNN y la BBC en particular, de "provocadores".

Los manifestantes acusan a esa retórica incendiaria de Erdogan de ser la causante de la brutalidad policial que, durante las últimas semanas, ha dejado cinco muertos (entre ellos un policía), unos 5.000 heridos y, este fin de semana, más de 400 arrestados. El sábado por la noche, una manifestante embarazada perdió a su bebé. Muchos de los arrestados eran doctores que estaban presentes como voluntarios para dar ayuda a los manifestantes heridos (los doctores, vestidos con sus batas blancas, fueron rápidamente identificados). Alrededor de 150 detenidos siguen desaparecidos, y las autoridades se niegan a revelar su ubicación a los abogados.

Erdogan, que se mantiene a flote por tres victorias electorales consecutivas, sigue siendo popular. Pero es evidente que su futuro le preocupa a tal grado que decidió convocar un mitin masivo al estilo soviético en Estambul para reafirmar su apoyo. Ahí, Erdogan habló frente a un público de 300.000 personas durante dos horas. Lo acompañaban un retrato gigante de su persona y banderas turcas que ondeaban entre el público, mientras las cámaras de televisión capturaban una flotilla de barcos que se unían a la celebración sobre un Estrecho de Bósforo vacío (los barcos que unen el lado europeo con el asiático de la ciudad fueron cancelados, probablemente para evitar la llegada de más manifestantes al centro).

Erdogan dijo a sus simpatizantes, muchos de los cuales fueron transportados en camiones para la ocasión, que "Taksim no es Turquía", mientras los vecindarios del otro lado de la ciudad se sumergían en una nube de gas lacrimógeno. La policía antidisturbios intentaba acabar con las barricadas instaladas apresuradamente por los manifestantes cerca del parque Gezi y la plaza Taksim. El lunes por la mañana, era evidente que ni los manifestantes sin líder ni el propio Erdogan están interesados en reducir la intensidad de la situación. A pesar de una prensa turca que se autocensura, las noticias detalladas sobre la violencia policial ha aumentado en las últimas semanas, lo que ha llevado a que un gran sector de la sociedad se una en contra del primer ministro y su partido socialmente conservador. Erdogan está en estado de negación sobre el poder de las redes sociales, incluso de los mensajes de boca en boca. Cada noche, en muchos barrios en Estambul, se ve a las mujeres asomarse desde las ventanas, golpeando ollas y sartenes, los conductores pitando el claxon, en apoyo a los manifestantes en las calles.

Lo que debía ser un fin de semana relativamente tranquilo se convirtió en uno sin descanso. El sábado por la noche, durante un extraño y tenso asedio, el lobby de un lujoso hotel en Taksim, el cual había servido de enfermería improvisada y refugio para manifestantes en el parque, fue bombardeado con gas. En medio del caos, la policía irrumpió en el hotel para confiscar máscaras, cascos y soluciones anti-gas lacrimógeno. Las multitudes cerca de Taksim también estaban siendo dispersadas con gas lacrimógeno y cañones de agua que contenían spray pimienta, para quemar la piel de los manifestantes.

En las calles laterales, vi como le arrancaban la camisa a algunos hombres, antes de ser rociados con el chorro corrosivo. Nisantisi, el barrio más lujoso en el centro de Estambul, parecía ser el punto focal de los ataques con gas este domingo. Los testigos en la zona dicen que algunos residentes abrieron sus puertas a extraños que se asfixiaban por el gas, algunos de ellos vomitando, y que la policía los perseguía porra en mano. Los residentes del lugar me informaron que el asfalto estaba repleto de latas de gas vacías y balas de goma.

El sábado por la noche vehículos militares entraron en Estambul para ayudar a la policía antidisturbios, señal de que Erdogan había subestimado la magnitud del resentimiento contra su retórica y sus tácticas divisivas. Además, el domingo, otros mil policías volaron de diversas provincias en Turquía para ayudar a mantener el orden. Quizá ahora Erdogan reconozca que la situación se le está descontrolado.

El martes pasado cuando la policía retomó Taksim, lo que llevó a un levantamiento similar aunque menos intenso, muchos turcos con los que hablé estaban sorprendidos por el trato que habían recibido los manifestantes, por la cantidad de gas que se había usado y la postura tan agresiva que había adoptado Erdogan. Pero, llegado el fin de semana, aquellos involucrados en las manifestaciones se habían adaptado; lo sorprendente de los enfrentamientos recientes es que, para muchos jóvenes turcos, cargar con una máscara de gas, un casco de construcción y gafas es la norma.

Una fuerte lluvia y la fatiga resultaron en una mañana de lunes tranquila en Estambul, aunque las manifestaciones esporádicas continúan a una menor escala. La tensión continúa en Ankara, donde se ha visto una mayor presencia policial en las últimas semanas. El ambiente en las calles, y en los departamentos de la gente, es un ambiente de ansiedad. Los turcos con los que he hablado y que participan en las protestas no saben cómo acabará esto. Pero tras el espectáculo desafiante de Erdogan y el maratón de manifestaciones de este fin de semana y los arrestos, está claro que nadie tiene planeado retroceder en el futuro próximo.

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Sigue a Jonathan en Twitter: @jonwiltshire

Aquí puedes ver nuestro documental sobre la situación actual de Turquía:

El levantamiento de Estambul