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Estas películas de Disney demuestran que desde niños ya estábamos alucinando

Alucinaciones musicales, fiesta todo el año, polvos que hacen magia... Disney siempre nos ha incitado al desorden.

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Artículo publicado originalmente en THUMP CO.

Ahí estábamos indefensos, muertos del susto, expuestos ante caras y cuerpos que se deformaban sin entender por qué, viendo cómo objetos de la nada cobraban vida para realizar una danza atemorizante que amilanaba a cualquier niño entusiasta de Disney. Aunque uno no solo se azaraba en las escenas musicalizadas, también nos divertíamos celebrando extraños vuelos surreales, con polvitos mágicos y diálogos sin sentido.

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La pregunta que nos queremos hacer es muy simple: ¿Qué putas, Disney? ¿Qué tenían en la cabeza sus directores, animadores y guionistas para que niños tuvieran que cagarse de susto con las trabas y las borracheras de Dumbo o Alicia?

Pero bueno, toda esta psicodelia se le justifica a Walt Disney pues es bien sabido que mantenía una estrecha amistad con Salvador Dalí y era amante de la corriente artística del surrealismo, y esto se evidencia en las decisiones creativas del estudio mientras Walt estuvo a la cabeza.

Sin más, le preguntamos a nuestro equipo de redactores sobre cuáles fueron esas escenas de películas de Disney que les rayaron la cabeza cuando eran niños, acá recopilamos algunas.

Dumbo (1943)

Entonces Dumbo se la pegó, pero… ¿qué tenía el trago? ¿LSD? ¡Regalen! Esa es fácilmente la pea más densa en la historia del cine animado. Además, el asunto pasa en cuestión de segundos de una prenda común con guarito a un malviaje chirrete de miedo: música dantesca, elefantes rosados y psicodélicos bailando, cambiando de color, transformando sus rostros, caminando hacia ti con una mirada siniestra hasta que te rodean. Claro, nunca falta el amigo que está igual de llevado del putas y que no ayuda para nada en ese momento agónico de la maltripeada. Luego viene el baile, primero un movimiento paquidérmico de cadera, después una especie de baile de salón/patinaje en hielo, una carrera de carros y por último, una lluvia de elefantes que se convierten en nubes. ¿Qué putas acabamos de ver? Los cinco minutos más confusos y aterradores de nuestra infancia.

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La Cenicienta (1950)

"Todo se logra con solo decir Bibidi Babidi Bu". Lo de siempre: más polvitos, todo es alegría y ¡pum!, todo se va a la mierda: ratones que se convierten en caballos, caballos que se convierten en humanos, calabazas en carrozas, perros en mozos… en fin, todo orquestado por esa dealer con pinta de señora que tiene la lengua más enredada que uno un viernes a las 4 am. Con voz estridente y envolvente, la cucha de las drogas simboliza la cultura de obtener las cosas sin el mayor esfuerzo, tan solo con decir par frases que solo ella entiende. Si tú comprendes el significado detrás del "Bibidi babidi bu", déjanos decirte, no metas más de eso.

Alicia en el País de las Maravillas (1951)

Desde 1951 nos están enseñando a metérnosla con toda sin mayor motivo. Comida, bebida y de nuevo aparece el polvito blanco. Dos locos, que a duras penas les anda el cerebro de tanto que se han dado por la cabeza, en una traba hasta envidiable, cantan a grito herido e intentan disimular la garrotera tan macha en la que andan, mientras bailan y hacen desorden por todo lado. Luego llega otro todo trabado volando y hablando de estrellitas para caer dormido con el cassette en blanco. A que te sientes identificado, a que tienes un par de amigos que te invitan a rumbear todos los fines de semana, accedes y al final de la noche siempre hay uno que después de hablar de estrellas se queda dormido en donde encuentre.

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Peter Pan (1953)

Y dele que dele al polvo. Estos se ponen a pensar en algo bonito, se recargan con un poco más de polvo de hadas y, ¡a volar!. Wendy, Juan y Miguel salen volando por la ventana y se van de parranda sin importarles ni un poco si los papás van a quedar prendidos del techo con su escapadita. Suben, bajan, atraviesan todo Londres, se dan una vueltica por el Támesis, paran a descansar el mango un poquito en las manecillas del Big Ben, porque lo deben tener a mil en ese punto. Y luego miran al cielo y deciden volar hacia la segunda estrella a la derecha hasta llegar al país de Nunca Jamás (Nunca jamás, eso decimos todos al otro día). Todo eso con un poquito de polvo de hadas. Hasta a Nana, la perrita, le echan de ese polvito y comienza flotar desde el culo. La apología a un polvito mágico que te hace volar, en serio, es muy fuerte.

La Bella y la Bestia (1991)

Ya para este momento cruzamos la barrera de lo inverosímil. Si llegamos hasta acá aceptando elefantes bailarines, niños voladores y 364 días de fiesta, una vajilla cantante no nos puede parecer descabellado. Igual no deja de confundirnos. ¿Qué te metiste para ver que toda la indumentaria del hogar baile para darte la bienvenida? Amigo, si estás viendo pocillos bailarines que te inviten a ser su huésped, estás alucinando duro. Bajo ninguna circunstancia aceptes.

Aladdin (1992)

Un personaje que solo tú puedes ver, que es de colores, se multiplica y se transforma. Te trae comida, te consigue tres nenas para que bailen contigo, te muestra tus miedos y te da el valor para enfrentarlos. Este es ese amigo que tu crees es muy bueno, que te aconseja y tiene mil opciones para que pases un buen rato pero, ¿qué tan buen amigo es en realidad? El mejor, sin duda.

¿Nos faltaron escenas? Cuéntanos aquí cuál fue tu primer acercamiento audiovisual a la psicodelia.