El Baum Festival estuvo justo y necesario
Foto: Julián Gallo.

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El Baum Festival estuvo justo y necesario

Experiencias como esta confirman que en el país hay una masa local significativa que necesita sacudirse los fantasmas a punta de techno funcional.

*Fotos: Julián Gallo.

El pasado sábado 21 de mayo fueron ocho mil personas, firmes, las que recibieron el golpe.

Arrancando los de la casa a las dos de la tarde, 34 actos comenzaron sus entregas en tres stages: el Budweiser, el principal, un galpón enorme de sonido robusto; el Jardín, el secundario, acogedor como una cabañita gigante; y el llamado Link Miami Rebels (que adoptó el nombre de una promotora gringa aliada de sus pares locales), un chill out exclusivo para invitados y algunos otros que pagaron más para coctelear, relajarse y alejarse del tumulto inevitable que, afuera, horas después, ya parecía hacinamiento. Con cervecita gratis, esta zona, siempre necesaria, acogió los encuentros de buena parte de los socialitéslocales.

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Paco Osuna dominando la masa.

Desde muy temprano en la tarde y al mando de los colombianos, la música comenzó a asentarse en los 126-128 bpm. Techno, en su mayoría, algunos atisbos de tech-house genérico y contados live acts con aspiraciones de deephouse. Un programa convencional. Infecciosos estuvieron Mavidip & Steinlausky y fina la selección de discos de varios, como Adi. Pero queda la sensación de que no estaría mal que algún compatriota se saliera del programa y rompiera el uniforme. Que su expresión conectara de una manera más profunda con su momento y con su lugar.

La tarde evolucionó en euforia hacia la noche, que trajo momentos cumbre. Como el de Nicole Moudaber tronando un edit del "Born Slippy" de Underworld. Como tu papá Kevin Saunderson complaciendo a todos con su eterno "Good Life". Como Job Jobse haciendo que todo se cayera cuando liberó el "The Man With The Red Face" de Garnier. Ya en la madrugada se instalaba en la garganta colectiva la certeza de la alegría. Las puras buenas vibraciones. El baile feliz y sincronizado y el sentido de misión cumplida. Porque, de nuevo, la fiesta estaba candela. De verdad.

Fue un gran acierto del festival incorporar la carpa de Échele Cabeza con su servicio de análisis de sustancias, que se ponga por delante el tema del consumo responsable. Ignorar o prohibir solo deriva en casos fatales como el del reciente Time Warp Argentina, donde murieron seis jóvenes a causa de una presunta intoxicación con drogas. Quizá la única falencia del festival fue que se quedó corto en zonas para relajarse. Sobre todo en este tipo de eventos, en el que no solo son necesarios sino esenciales lugares propicios para que la gente se aleje de la gente y del voltaje. Para que baje el viaje. Este rebasamiento de público, afortunadamente, no trajo problemas; al contrario, evidenció el potencial de crecimiento que tiene el festival. Sin embargo, ya para el próximo año el tendrá que pensar en una nueva casa.

Precoz, en tan solo dos años de vida, el Baum se ha convertido en un fenómeno revelador que celebra la escena technera de Bogotá, principalmente aquella que se ha cultivado y formado en su club madre, el mismo espacio homónimo que, desde hace tres, siguiendo una línea que tira menos hacia un Autechre que hacia un Scuba, cumple con liberar a centenares a punta de techno concreto, en su mayoría 4/4 y al grano. Experiencias como esta, al igual que su contraparte paisa, el Freedom, confirman que en el país hay una masa local significativa que necesita sacudirse los fantasmas a punta de techno funcional, con decibeles que pegan profundo en el pecho, que sirven para neutralizar el peso del yo. Para bailar a lo tribal.

Libre de sofisticaciones, el Baum Festival es un festival muy propio para sacarse el diablo. Un festival muy colombiano, a la final.


Pille más fotos del Baum Festival 2016 aquí.