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más sabe el diablo por viejo que por diablo

Paul Pierce, Jason Terry, el troleo y el arte de envejecer sin gracia

Paul Pierce y Jason Terry han protagonizado dos carreras largas y han conocido el éxito. Ahora aportan su saber hacer a sus equipos... y no siempre se trata de algo puramente deportivo.
5.5.15
Photo by Geoff Burke-USA TODAY Sports

Ningún jugador sobrevive durante una década y media en la NBA sin haber aprendido algunos trucos por el camino; pero esto tiene menos que ver con el crecimiento personal que con la supervivencia en un deporte sin piedad. Jordan y Kobe lograron convertir sus partidos mediocres en perfectos a base de evitar atacar el aro en cada jugada. Duncan y Malone desarrollaron nuevos movimientos en la zona para compensar su pérdida de velocidad. Steve Nash se entregó en cuerpo y alma al ejercicio, la dieta y las siestas para mantener su cuerpo fresco.

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Jason Terry y Paul Pierce también han cambiado y refinado su juego, pero una parte importante de su capacidad de supervivencia se debe a su ingenio. Terry y Pierce han destacado en estos play-offs como los archi-trolls, incansables máquinas de molestar a los fans de cualquier equipo que no sea el de la camiseta que llevan. Estos dos jugadores, tan distintos entre sí, se han convertido en maestros del arte de envejecer sin gracia, y lo han hecho con una sonrisa perturbadoraen el rostro.

Su baloncesto aún es buenísimo, por supuesto. Ambos jugadores están aún en las pistas por su habilidad a la hora de meter canastas clave. Pero a los 37 años, y ambos con un anillo en su estantería y muchos millones en el banco, los dos han parecido encontrar una nueva razón para jugar: los abucheos cargados de odio del público.

Al final de sus carreras, Terry y Pierce se han mantenido en la élite a base de despertar la negatividad, la fuente de energía más pura de la NBA. Esta fuerza imparable les mantiene vivos, les hace peligrosos y les confiere mucho más poder que los 18 puntos por partido que suman de media entre los dos esta temporada.

¿La fuente de la eterna juventud? Dedicarse a gritar a desconocidos a lo largo de una década y media. A Paul Pierce le funciona. — Foto de Geoff Burke, USA Today.

A Pierce siempre se le asociará con el verde de los Celtics: será el uniforme que vista en su placa del Hall of Fame, y su camiseta colgará de las vigas del The Garden de Boston relativamente cerca de la que llevaba Larry Bird. Aquello en lo que se ha convertido Pierce en la etapa post-Celtic de su carrera, sin embargo, es bastante más interesante. Mediada la treintena, el californiano se ha transformado en una especie de mercenario, en un cabrón que encima está orgulloso de serlo. Paul ha jugado en dos equipos en las últimas dos temporadas… y ha ayudado a los dos a alcanzar los play-offs.

Pierce muestra, además, muy poca identificación hacia estos equipos más allá del servicio que les presta. En una entrevista reciente, el ex escolta de los Brooklyn Nets aseguró que el equipo neoyorkino "habría colapsado" de no haber sido por él y Kevin Garnett. Los dos estuvieron allí, sin embargo, y ayudaron a los Nets a superar a los Toronto Raptors en la primera ronda de los play-offs. Con su nuevo equipo, los Washington Wizards, también ha conseguido eliminar al conjunto canadiense. Pierce ya predijo que esto ocurriría cuando aseguró que Toronto "no tiene ese 'algo' que hace que te preocupes".

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Fuera algo calculado o pura maldad (o las dos ca a la vez), lo cierto es que esta declaración no fue más que el primer movimiento de Pierce en su partida de ajedrez contra Canadá. Antes del primer partido de la serie entre Raptors y Wizards, el presidente de los primeros Masai Ujiri declaró que los comentarios de Pierce "no le importaban una mierda". El jugador californiano, como era de esperar, metió 20 puntos y arruinó la celebración en el Air Canada Centre. Pierce se pasó el partido sonriendo, como si deseara poder mirar a los ojos uno por uno a los fans de los Raptors después de cada tiro anotado. Cuando le preguntaron sobre el exabrupto de Ujiri al término del encuentro, Pierce contestó: "typical Ujiri [típico de Ujiri]". Además, pronunció mal el nombre para que sonara algo como "Yuri". Un troleo en toda regla.

Después de que los Wizards lograran una ventaja de 2-0 en la serie y trasladaran la eliminatoria a Washington, Pierce gritó: "¡no quiero volver a pasar la aduana!". Era la forma de Pierce de predecir el 4-0 y de anunciar a Toronto que no pensaba volver. En el tercer partido de la eliminatoria, Pierce metió 16 puntos en los dos últimos cuartos y acercó a su equipo a la siguiente ronda. Cuando los Wizards sellaron su pase con la cuarta victoria seguida, el californiano ayudó a hacer realidad su predicción metiendo 14 puntos con siete tiros.

Una de las imágenes más fáciles de encontrar por Internet: Jason Terry con la boca abierta. — Foto de Troy Taormina, USA Today.

Mientras Pierce ha adoptado el rol de villano en los últimos tiempos, Jason Terry lleva interpretando este papel desde su debut. El jugador de Seattle se ha pasado 15 años siendo el troll jefe en la NBA. Como en el caso de Pierce y Boston, a Terry se le recordará siempre en Dallas, con la casaca de los Mavericks. Jason seguramente sea el mejor socio que Dirk Nowitzki haya tenido jamás: ha jugado más temporadas junto al alemán que Steve Nash y Jason Kidd juntos y ha servido mejor que nadie de portavoz para el callado gigante bávaro. Su capacidad anotadora fue importante en la victoria de los Mavericks en el campeonato de 2011, y su celebración del avión tras anotar un triple se hizo popular tanto entre los niños como entre los adultos en Dallas. La pretemporada del año en el que los Mavericks ganaron el anillo, Terry llegó a tatuarse el trofeo Larry O'Brien en el bíceps.

(Paréntesis: esto último del tatuaje pareció bonito hasta que Terry se fue un año a Boston y se tatuó el escudo de los Celtics con el mismo trofeo. El resultado no fue el mismo, claro. Cerramos paréntesis).

Ahora, después de una escala en Brooklyn, Terry se ha establecido en Houston… desde donde ha participado en la eliminación de su ex equipo, los Mavericks. Durante la serie no es que se haya comportado de formaespecialmente irrespetuosa: simplemente ha recordado a los fans de Dallas lo que se siente al estar en el bando contrario al de Jason. Antes de la eliminatoria, Terry aseguró que en Houston había "los mejores fans del mundo delbaloncesto" tras haber jugado allí durante apenas una de sus 16 temporadas en la élite. Esto puede no ser exactamente un bofetón en la cara, pero desde luego no hizo ninguna gracia a los aficionados de los Mavericks, que le consideraban uno de ellos.

Sea como fuere, los fans de Houston tienen poco que ver con el asunto. Terry, como Pierce, no dice estas cosas porque las piense necesariamente: lo dice porque hacerlo forma parte de su trabajo en este fase de su carrera. Sí, según las estadísticas decir tonterías frente a un micro no debería ayudar a jugadores como Terry o Pierce a anotar canastas decisivas: no hay ningún dato científico que lo pruebe. Y sin duda, aún es más difícil confirmar que las sonrisas insufribles que pasean por la pista después de meter esas canastas tengan un efecto en sus rivales.

Por fortuna, sin embargo, el juego es bastante más complejo de que los números dicen, y si habéis seguido la NBA, podréis confirmar cómo estos dos se alimentan y sacan fuerzas de ese mismo odio que generan. Dejemos, pues, los números a un lado: vosotros ya conocéis la verdad.