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El mexicano que utiliza impresoras 3D para reconstruir cráneos

Christian cayó desde el segundo piso de su casa. Esa vez no atendió a la advertencia maternal: “te vas a caer”.
9.1.17

Christian cayó desde el segundo piso de su casa. Esa vez no atendió a la advertencia maternal: “te vas a caer”. Momentos después yacía en el suelo con una fractura de cráneo.

Christian se accidentó el 4 de agosto de 2015. Todavía estaba de vacaciones, pero le faltaban pocos días para entrar a la secundaria. Era martes y después de la caída, el mundo hizo una pausa para él y su familia, durante más de tres meses. De lo poco que recuerda su mamá del momento, resalta una sola cosa: al caer de una forma tan extraña, a Christian le queda “la pierna derecha arriba del hombro", no podía imaginar que eso resultaría en algo peor. Cuando llegaron al hospital, la realidad no pintaba nada bien. El golpe provocó una lesión de ocho centímetros en la media occipital y una severa inflamación del cerebro, lo cual orilló a los doctores a quitar un pedazo de cráneo para que el órgano se pudiera expandir sin estallar contra la superficie del hueso.

A poco más de un año del hecho, así lo recuerda Juan Eduardo Pérez de la Torre, cirujano plástico de profesión, quien se dedica hoy a reconstruir piezas craneales con impresoras 3D, para aquellas personas que han sufrido la misma suerte que Christian. El cirujano plástico afirma que esta técnica ofrece una alternativa menos costosa, menos riesgosa, con recuperación más rápida y de mayor precisión a pacientes que requieren alguna reconstrucción de hueso derivado de algún traumatismo. No es ningún disparate. Hoy las impresoras 3D no son sólo artefactos para crear juguetes, armas o hasta autos. Son capaces, también, de cambiar esquemas. Son una realidad que, junto con la medicina, puede salvar y mejorar la calidad de vida de muchas personas con una condición muy específica.

Después del accidente lo importante era salvarle la vida al niño de 11 años que, además, tenía un pronóstico adverso: “los médicos me decían que en cualquier momento se nos podía ir”, recuerda Verónica, la mamá de Christian. A Christian le cerró la piel y quedó su cerebro tapado, pero vivía sin la protección de la bóveda craneal. Permaneció así en terapia intensiva un par de meses y uno más en piso debido a las fracturas y contusiones que también sufrió por la caída.

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De la Torre cuenta que conoció a Christian a los dos meses y medio de su accidente. En ese momento aún tenía el cerebro inflamado y el defecto no se apreciaba por completo. A partir del contacto y de pláticas con amigos y colegas, De la Torre formó un protocolo de investigación para crear placas craneales con impresoras 3D. Era un momento propicio si consideramos que, años atrás, el especialista ya había estudiado la combinación de la cirugía plástica y los gadgets -como las impresoras 3D- como una alternativa para la reconstrucción de ciertas partes del cuerpo. De ahí surgió la propuesta de probar en Christian el nuevo método ideado por el médico jalisciense y su equipo.

"El proceso lleva algo muy similar con máquinas carísimas. Esto que hacemos en 3D, se produce con máquinas que hacen estereolitografía, (un proceso rápido, inventado en 1986, pero muy costoso)”.

A partir de ello, y en una lluvia de ideas con sus colegas, llegaron a la conclusión de que podrían hacerlo también en una impresora 3D. "Hoy por hoy podemos utilizar esta tecnología para hacer una pieza que requiere la exactitud milimétrica que implica la cabeza… y lo mejor: a bajo costo”, dijo.

Es cierto. En la actualidad, se usan diferentes técnicas y tecnologías que llegan a ser poco estéticas, implican mayor tiempo en el quirófano o son menos precisas. El costo de la opción actual, de alta tecnología y que ofrece la misma precisión, sin embargo, puede ser sorprendentemente más elevado comparado con la técnica de Juan Eduardo.

El precio aproximado de las placas más estéticas en el mercado, oscila en 200,000 pesos, sin contar la cirugía. En tanto, aquellas que sólo brindan protección pero dejan de lado la apariencia, cuestan de 30,000 a 50,000 pesos, también sin incluir el procedimiento médico.

“(Además) la diferencia con el titanio u otros materiales, es que en éstos, la adecuación de la pieza es en el quirófano, lo que aumenta la duración de la cirugía y la posibilidad de infección. Nosotros llegamos con la pieza ya ajustada al cien por ciento, sólo para atornillarla”, explica el médico.

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Por ser el primer paciente del protocolo, Christian pagó sólo 2,000 pesos por la reconstrucción tridimensional de la tapa del cráneo, en vez de 30,000 a 200,000 pesos; es decir, solo cubrió el costo del material con el que se hizo su prótesis; pero con los siete siguientes pacientes (cuatro ya operados y tres en proceso), De la Torre y su equipo, acordaron fijar el costo de recuperación en 13,000 pesos.

El material con el que hacen las prótesis es polimetilmetacrilato (PMMA) un acrílico que se utiliza comúnmente en implantes dentales y reconstrucciones de diferentes especialidades, como la odontología. Además de ser más barato que el titanio, el PMMA permite la observación del paciente a través de rayos X. El titanio, en cambio, lleva consigo diversos problemas, y la temperatura es uno de ellos: si el paciente se asolea, el metal se expande y puede provocar dolor, y aunque es resistente y no se rompe, sí se puede doblar y con ello comprimir el cerebro y dañarlo.

"El polimetilmetacrilato se usa desde hace más de 60 años, nosotros sólo ideamos una forma más de manipularlo. Aunque hay quien ya lo haya hecho en el mundo, cada quien tiene su técnica, y nosotros logramos una que ofrece una reconstrucción a muy bajo costo", afirmó De la Torre. Eso sí, es un proceso largo y complejo, pues toma entre 10 y 20 días generar cada pieza, explica.

El proceso inicia con la creación de un molde a partir de la imagen tomográfica del área faltante, para después intervenirlo con diseño digital y con ello obtener el archivo e imprimirlo en una impresora 3D (por ahora provista por la empresa Createbot). Una vez obtenido el modelo, se utiliza para crear la pieza final.

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Hoy, Juan Eduardo ha recreado y perfeccionado este procedimiento en 7 pacientes más para los que ha reconstruido copias casi idénticas del fragmento de cráneo que perdieron por un traumatismo. El protocolo de investigación, desarrollado en el Hospital Civil de Guadalajara, concluye a finales de este año y está listo para avanzar.

"Con estos pacientes podemos establecer (un nuevo método), pues tenemos una muestra significativa de que este proceso que estamos desarrollando sirve a la par de una prótesis en extremo costosa y con un plus estético".

Christian está por cumplir un año desde su operación, y se ve tan normal que no parece que vivió una craneoplastia. Ahora está de regresó en la secundaria.

Por resultados como los suyos, es que el equipo de De la Torre no quiere que esto se quede en un simple protocolo. La intención es crear un laboratorio con el que puedan seguir produciendo placas de bajo costo. Mientras tanto, él y su equipo, continúan avanzando.

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