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Le di mi cámara a un sintecho para que documentase su vida

¿No lo hacemos constantemente nosotros en redes sociales? El fotógrafo y estudiante de publicidad Nicolás Rodríguez prestó su cámara a un sintecho pensando que a él también le gustaría retratar su día día.

por Laura Conde
16 Enero 2017, 7:08am

Documentar las propias vidas, a veces con gracia e ingenio y otras provocando vergüenza ajena, se ha convertido en nuestro deporte favorito en el siglo XXI. Casi todos –y los que no lo hacen suelen ser considerados unos excéntricos por esa masa que vive (vivimos) pegados al móvil– utilizamos las redes sociales para, en el mejor de los casos, mostrar al mundo qué hacemos y con quién, y dar a conocer a quien quiera asomarse a nuestra intimidad a familiares, novios, amigos, compañeros de trabajo, desayunos, paisajes, objetos, espacios y entornos habituales de nuestro día a día.

¿Todos? En realidad no. Porque dejando aparte a esas personas que no tienen la necesidad de hacerse selfies, que por algún extraño motivo no han nacido con la pulsión de exhibir su felicidad ante el mundo, existen otras que probablemente sí tengan el deseo de mostrar, y tengan, además, cosas interesantes que mostrar, pero que, sin embargo, no tienen móvil. Ni cámara. Ni una vida que se parezca, a priori, a la tuya y a la mía, con pies desnudos en playas paradisíacas, conciertos, gatos, afters, sobrinos, y amigos guapos y despreocupados. Que ni siquiera tienen casa. 

Sobre el hecho de que la construcción de la realidad, sin profundizar en si está o no distorsionada, es al fin el privilegio de unos cuantos, iba reflexionando el fotógrafo Nicolás Rodríguez justo antes de tomar una decisión que, de alguna manera, ha cambiado su vida, o al menos su percepción del mundo: entregar su flamante Olympus MJU 2.8 a Inspira, un homeless con el que se cruzaba a diario frente a la oficina del banco, en Segovia. "Vale más de 100 €, es una reliquia", nos cuenta, "pero sentí que era él quien tenía que usarla".

Nicolás entregó su Olympus, con su carrete intacto de 24 fotos sin estrenar, a Inspira, un sintecho rumano con el que se cruzaba a diario a la hora del desayuno –una botella de vino en el caso de Inspira– para que documentase su día a día durante un tiempo. Con este gesto, "pretendía demostrar que igual que tú tienes una vida ellos también, que igual que tú tienes cosas que contar y que mostrar también las tienen ellos, que tienen amigos, parejas, familia, filias y fobias, como todos nosotros".

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Fue así como descubrió que Inspira vivía en las frías calles segovianas "porque le daba la gana", ya que tenía familia en Zaragoza, un techo bajo el que dormir. Pero Inspira es un espíritu libre, según él mismo se define. "Nos vimos mucho durante la época en que le presté la cámara, me reunía a diario con él y su amigo inseparable Florian, y me contaban cosas sobre sus vidas. Inspira aseguraba que quería ser libre, que no quería seguir las normas, detestaba las ataduras, y por eso había elegido vivir en la calle", afirma Nicolás. Algo que, sin embargo, acababa siendo duro pese a que Inspira siempre sostuvo que le compensaba: "me contaba que tenía mucho frío, por eso empezaba el día desayunando vino".

Inspira

Cuenta Nicolás que se emocionó especialmente cuando Inspira le entregó el primer carrete. "Yo le había dado la cámara en la mano, sin funda, y cuando me la devolvió la llevaba envuelta en un papel de periódico, para no dañarla". Para él era una reliquia, probablemente la primera vez en muchos años en que alguien hacía algo por él y la primera oportunidad para reflexionar sobre una vida que es mucho más que dormir entre cartones y ver pasar las horas mirando al infinito. Una vida que consistía, fundamentalmente, "en desayunar su vino, comer lo que podía, pedir en la calle y pasear junto a Florian. Se iban al parque y estaban allí horas y horas, charlando. Se querían mucho. También tenía una novia, y otro amigo que vivía en la estación de autobuses, al que visitaba con frecuencia". Nada tan diferente, según Nicolás, a la vida de cualquiera de nosotros. 

"Le di otro carrete enseguida, quería saber más sobre su vida", cuenta Nicolás. Esto fue poco antes de perderle definitivamente la pista. A él y a su cámara, claro. "A los pocos días pasé por allí e Inspira y su amigo ya no estaban, volví a pasar varias veces y seguían sin estar". Ya daba por perdida su cámara cuando, un día, "haciendo botellón con mis amigos en un parque de Segovia se me acercó un señor cuya cara me sonaba, y descubrí que salía en las fotos de Inspira. Me dijo que sabía donde estaba mi cámara, porque Inspira había tenido que irse y tenía sus cosas escondidas en algún lugar de Segovia. Me pidió dinero para recuperarla".

Pero Nicolás dijo que no. "Sé que Inspira ha tenido que irse por algún motivo, yo creo que su hija se lo habrá llevado contra su voluntad a Zaragoza. Y que cuando la vida nos vuelva a cruzar me devolverá la cámara. Y si eso no ocurre, será porque la vida no ha querido", afirma el fotógrafo, sin ningún atisbo de preocupación. "Gracias a él, en realidad gracias a las imágenes que salieron del carrete que me entregó, he descubierto que todas las vidas se parecen. Que, al fin, todos luchamos por las mismas cosas".

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La casa de Inspira, la oficina del banco: en la foto, su cama y sus cosas.

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Largas noches junto a su "compañero de vida", como llama Inspira a su mejor amigo Florian. 

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Un buen amigo de Inspira, que generalmente duerme en la estación de autobuses. Inspira y otros prefieren dormir en un banco.

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En el parque, junto a uno de sus amigos.

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Su compañera. "A él se le ve siempre feliz, rodeado de gente que le quiere", explica Nicolás.

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A Ispira le gustaba mirar a este saxofonista. "Toca fatal", asegura.

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De visita a la estación de autobuses, donde vive uno de sus amigos.

Su alma gemela, Florian, hace flexiones en el parque.

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Aunque, claro, no todo es deporte y salud en la vida de Florian. Como en la de (casi) nadie.

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Fin de la jornada en el banco que comparten Inspira y Florian.

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Las cosas de Inspira, con un retrato que le había regalado Nicolás.

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Inspira tenía muchos amigos. Aquí uno de ellos.

Retrato del protagonista.

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