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Bombas, bombas, ¿qué pasa?

Resistencia Galega cumple ocho años jugando con explosivos.
16.7.13

imagen vía Hace poco estuve en la boda de un amigo que de adolescente quemaba cabinas de teléfono en nombre del nacionalismo gallego. Hoy ya no hay cabinas en las calles y mi amigo odia cualquier cosa que huela a independentismo, por lo que deduje que el pseudoterrorismo callejero en nombre de una Galicia libre había pasado a mejor vida. Pero no. Este mes se cumplen siete años de Resistencia Galega, una organización que tiene inquietos a los responsables del Ministerio del Interior.    Integrada en el Movemento de Liberación Nacional Galego (MLNG), pero aparentemente autónoma,  Resistência Galega es a su vez heredera del espíritu del desaparecido Exercito Gerrilheiro do Povo Galego Ceive (EGPGC) y está vinculada a la Assambleia de Mocidade Independentista (AMI), esos jóvenes de palestina que empiezan a hablar gallego (un gallego medio portugués) cuando entran en la Universidad de Santiago.

Todo empezó como el Big-Bang, con una explosión en la víspera del Día de Galicia en 2005, a la que seguirían muchas otras. Las bombas de fabricación casera son su pan de cada día y con ellas vienen atentando contra sucursales bancarias, sedes de partidos, oficinas inmobiliarias y concesionarios. Algunos fueron golpes fallidos, otros los desactivaron los TEDAX y unos cuantos calcinaron sus objetivos, pero lo que está claro es que son constantes. En total, 35 atentados. Perseverancia Galega. Si -como proponen los medios y el Gobierno- la consideramos banda terrorista, sería la única activa actualmente en España, con una estructura estable en el tiempo, directrices, métodos y estrategias trazadas por un colectivo organizado de personas. Su último petardazo tuvo lugar en marzo en la localidad pontevedresa de O Rosal, contra una oficina de Novagalicia Banco. Como no hubo daños personales, suponemos que los afectados por las preferentes sonrieron.

imagen vía Se acaba de celebrar un juicio contra cuatro presuntos miembros de Resistencia Galega que ha quedado visto para sentencia, donde el fiscal mantuvo la petición de condena de 20 años de cárcel para Eduardo Vigo Domínguez y Roberto Rodríguez Fiallega y 12 para Antón Santos Pérez y María Osorio López, por delitos de integración en organización terrorista y falsificación de documento oficial con finalidad terrorista, así como tenencia de aparatos explosivos. La estrategia de la defensa fue mostrarles como cuatro gamberretes con tirachinas, insistiendo en que las cargas explosivas que manejan son “como las de las ferias” y calificando su actividad de “terrorismo de baja intensidad”. Por su parte, Xose Manuel Beiras, portavoz de Alternativa Galega de Esquerda (AGE) y antiguo líder del Bloque Nacionalista Galego (BNG), jura que son solo unos rapaces cuyo único delito es haber ejercido “la indignación”. Ninguna de las dos teorías es del todo descabellada.